El documental “Altsasu” llega a Gijón envuelto en una nueva guerra cultural de las derechas

Foro, Cs, PP y VOX contra la proyección de este sábado en el MUSOC, con la batalla por la memoria del final de ETA como telón de fondo.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).
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El 15 de octubre de 2016 ocho jóvenes agredieron a dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en un bar de Alsasua, Navarra, mientras estaban fuera de servicio. ETA ya había anunciado por entonces el fin de su actividad armada. Durante el juicio, el Fiscal describió los hechos como un acto terrorista y reclamó entre 12 y 62 años de prisión para los ocho jóvenes acusados. La Audiencia Nacional rechazó los cargos de terrorismo, pero les condenó a sentencias que iban de los 2 a los 13 años de prisión. La fiscalía apeló el fallo en 2018, insistiendo en la existencia de un delito de terrorismo, pero el recurso fue rechazo en 2019.  A partir de ahí, todo lo acontecido después forma parte de un relato que acompaña a las sentencias.

“La Audiencia Nacional rechazó los cargos de terrorismo, pero les condenó a sentencias que iban de los 2 a los 13 años de prisión”

Pero el relato de lo que sucedió en Alsasua no sólo está comprendido en una sentencia, también se tejió durante tres años en los periódicos de las hemerotecas y en los reportajes de los informativos de las televisiones y las radios que no se despegaron de un proceso polémico que enturbiaba la desaparición de la banda terrorista ETA. En ese conjunto de relatos, declaraciones y versiones se engarza también el documental que se presenta este sábado dentro del ciclo de películas que, entorno a los derechos humanos y el pensamiento crítico, organiza el MUSOC, la Muestra de Cine Social y Derechos Derechos Humanos de Asturias que organiza Acción en Red con el apoyo de diferentes instituciones públicas y entidades sociales.

Una imagen del documental Altsasu (Gau Hura)

“Altsasu (Gau Hura)” es una pieza documental que sigue los pasos de los ocho condenados por agredir a los dos guardias civiles y sus parejas. Desde la Asociación Profesional de la Guardia Civil en Asturias, JUCIL, han advertido que “en estos hechos execrables solo hubo unas víctimas, los agentes y sus esposas, y unos agresores condenados, que son a los que se pretende blanquear en este documental”. En la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón, uno de los agentes defiende que “es vergonzoso porque, además, es un caso juzgado y estamos hablando de un intento de linchamiento”.

Los partidos de la derecha representados en el Ayuntamiento de Gijón también han criticado la proyección que tendrá lugar este sábado a las 19:30h en el Centro Municipal de El Llano. Para Ciudadanos es también un intento de blanqueamiento. Foro exige que Altsasua no se proyecte en un equipamiento municipal mientras PP y Vox tachan el documental de ser proetarra. Desde la organización del festival se defienden afirmando que la obra es otro trabajo más dentro del ciclo que, como es habitual, busca generar debate. En ese marco de reflexión, participarán Sara Buesa, vicepresidenta de la Fundación Fernando Buesa, hija del parlamentario vasoc socialista asesinado por ETA en el 2000, Naira Zamarreño, hija de Manuel Zamarreño, concejal del PP en Rentería asesinado por ETA en 1988 y Manolo Vizcay, primo de Mikel Zabalza, detenido y maltratado junto a este en 1985  por la Guardia Civil. El acto, online, será de 11h a 13h en el canal de Youtube de Acción en Red, pero también podrá seguirse en El Café de Macondo y en Radio Kras.

El cineasta Marc Parramon. Foto: Docs Barcelona Festival

El documental dirigido por Amets Arzallus y Marc Parramon expone el tratamiento mediático del caso Altsasu y su relación con la sociedad española. Los medios de comunicación construyeron entonces una narración sobre el día a día del llamado “Caso Altsasu” ligado a la hostilidad y la violencia que mantuvo encendido el fantasma del terrorismo después de que este hubiera anunciado su final. El documental, que ya se pudo ver en la pasada edición del prestigioso Festival DocsBarcelona pretende mirar al futuro tratando de cerrar las heridas sin olvidar la división política y social que el terrorismo de ETA fraguó en el País Vasco.

Ficción y terrorismo

El terrorismo de ETA ha construido dos versiones de la paz, dos versiones del diálogo y por extensión, dos versiones de lo que es la España constitucional y, lo que es peor, dos versiones de lo que es y debe ser un español. Ya no se trata de condenar el terrorismo, se trata de aceptar la legitimidad democrática de quienes aceptaron participar en las instituciones después de que el monstruo asumiera que la via armada no era la solución para el País Vasco. Es precisamente en este agujero negro donde la guerra cultural alimentada por la derecha se despierta recurrentemente, en ausencia de ETA, convocando a los viejos fantasmas de un discurso que hoy carece de sentido.

“Se trata de aceptar la legitimidad democrática de quienes aceptaron participar en las instituciones”

Es curioso que  ningún partido de la derecha se atreviera a denunciar la novela de Fernando Aramburu, “Patria”, quien desde la equidistancia política, humanizaba una tragedia contemplada desde los dos bandos. Nadie dijo nada de “Maixabel”, película que se proyectó en la última edición del Festival Internacional de Cine de Gijón y que contó con la presencia de su directora, Iciar Bollaín, a la que se le otorgó el premio Mujer de Cine después de defender la reconciliación y el perdón sin necesidad de recurrir al olvido. En consecuencia, algo sucede en la derecha que despierta su ira o la mantiene apagada en función de quienes son los que tratan de formular un discurso que busca el examen y, sobre todo, la reconcialiación, sin sacrificar la memoria del dolor. ¿Acaso el dolor de la derecha es distinto o más legítimo que el de la izquierda?

Icíar Bollaín en el FICX. Foto: Tania González Peñas

El 26 de octubre de 1985, el cuerpo de Mikel Zabalza apareció flotando sobre las aguas del Bidasoa. En el marco de una operación contra ETA, Zabalza que no tenía ningún vinculo con la organización terrorista, fue detenido por la Guardia Civil y después torturado durante su interrogatorio hasta causarle la muerte en los cuarteles de Intxaurrondo. Pero Zabalza, conductor de autobús en San Sebastián, no fue el único. Agentes del instituto armado arrestaron a Zabalza; a su pareja, Idoia Aierbe; y al primo de Mikel, Manuel Vizcay. Mientras que en Orbaizeta fueron detenidos dos de sus hermanos, Patxi y Aitor Zabalza, y en Rentería, Ion Arretxe. Ninguno fue jamás condenado por pertenencia a ETA. Todos salieron a los pocos días en libertad. Todos menos Mikel Zabalza. Apareció muerto en el río Bidasoa, pero nadie creyó la versión oficial. Había demasiados agujeros, demasiados lapsus. El caso Zabalza formó parte de la guerra sucia contra ETA.

Por entonces, José Barrionuevo, ministro del Interior, mantenía un flemática defensa de la acción policial ante el portavoz del PNV Marcos Vizcaya, en el Congreso de los Diputados, llegando a afirmar un 23 de diciembre de ese mismo año que sólo había dos versiones en ese asunto, la de la  Guardia Civil y la de los amigos de ETA. Pues bien, han pasado diez años desde que ETA anunciara el fin de la lucha armada y en un momento en que el que victimas y victimarios retoman el proceso de reconciliación, la doctrina de las dos versiones sigue en pie, conformando uno de los pilares identitarios del centro derecha.

Quizá ese es el gran problema de la derecha española, incluso de una derecha regionalista, que necesita convocar a los espectros del pasado para poder sentirse legítima en un proceso político con más de 40 años de historia donde lo que se pone a prueba es la democracia. Es por eso que Ciudadanos denuncia que el documental “Altsasu” es un blanqueamiento del terrorismo. Ciudadanos, como antes UPyD, conforman proyectos políticos estériles cuando se proyectan hacia el futuro y continentales cuando miran hacia el pasado. En realidad, el documental de Parramón y Arzallus trata de esclarecer el contexto político en el que se produjo, efectivamente, un linchamiento que aceleraba el vértigo de la paz. Lo que Ciudadanos, el PP, Foro o VOX no han comprendido todavía es que la mejor derecha liberal es aquella que confía en los juicios morales de sus ciudadanos. Porque el fin de ETA marcó el fin de la violencia terrorista, pero no el final de las heridas, y sobre estas siguen y deben seguir volcándose nuevas historias, nuevos relatos, desde la ficción o desde la realidad, imprescindibles desde cualquier punto moral para no caer en el maniqueísmo de las versiones oficiales.

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