De la falta de mataderos móviles y el problema de encontrar macelo

Junto con los minimataderos, suponen soluciones territoriales para los ganaderos, sobre todo los de avicultura, que tienen que buscarse la vida fuera de Asturies

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

La voluntad política es la que en muchas ocasiones marca la diferencia para que los proyectos, sean de la índole que sean y que llevan aparejado el asentamiento de población en el medio rural, avancen o lleguen a punto muerto por parte de aquellas personas que quieren emprender un nuevo camino. O de las que ya llevan parte andada pero están a punto de arrojar la toalla por las trabas que encuentran.

Si ayer hablábamos de la venta directa de los pequeños productores y la creación de obradores comunitarios en los que dar salida de excedentes a través de la transformación, otro problema que se encuentra en el medio rural, y que atañe al sector ganadero más allá del vacuno, es el establecimiento de minimataderos y mataderos móviles que les haga la vida más fácil y se la abarate en costes a la hora de sacrificar a los animales. Y eso que existe una normativa estatal, el Real Decreto 1086/2020, de 9 de diciembre, por el que se regulan y flexibilizan determinadas condiciones de aplicación de las disposiciones de la UE en materia de higiene de la producción y comercialización de los productos alimenticios y se regulan actividades excluidas de su ámbito de aplicación. “Ahora falta implantarlo en Asturias”, comenta Noelia García Fernández, de la granja de huevo en ecológico PitaSana, en Bual. Y hace referencia a la voluntad política, como ya ha ocurrido en Galicia, con el apoyo de la Deputación de A Coruña y el Concello de Brión para arrancar con el primer matadero móvil de España, o Cataluña a la hora de impulsar la reglamentación autonómica.

Asturies cuenta con cuatro mataderos privados, en Xixón, Noreña, Mieres y Tineo, centrados en vacuno y porcino. Tres de ellos están ubicados en la zona central de la región que dejan huérfanas a las alas, más ruralizadas que toda la zona de desarrollo industrial, aunque también con una importante presencia del sector primario. No existen mataderos de aves, salvo un par de particulares en Morcín y Llanera, incapaces de absorber toda la demanda de la región. Esto se traduce en desplazamientos tanto dentro como fuera del Principado (Zamora, Lugo, Segovia…), lo que encarece y hace muy costoso para las productoras esta fase y que limita e incluso echa para atrás a otras posibles interesadas en montar sus iniciativas en este sector.

Ovejas pastando. Foto: Iván G. Fernández.

La demanda se centra en dos modelos: los minimataderos, con una capacidad más acorde a las pequeñas explotaciones asturianas, o los mataderos móviles, que consisten en un remolque integrado con las diferentes salas y zonas de trabajo, que no necesariamente iría a las diferentes explotaciones, pero que podría instalarse temporalmente en puntos concretos que facilitase o acortase y abaratase los desplazamientos de los ganaderos.

Minimatadero

La casería Los Valles de La Llera (Colunga), de la que es titular Pilar Collada Álvarez, lleva cuatro años trabajando en un proyecto de minimatadero de aves en la zona oriental, que podría dar servicio también a Cantabria o incluso Euskadi, comunidades en las que tampoco existe este servicio. Cuenta que su existencia facilitaría la implantación de al menos cuatro productores de ave en ecológico que de momento no se animan porque el tema del sacrificio es una complicación por la que, sí o sí, tienen que pasar.

Los Valles crían pollos de pita pinta y se ven obligados a matar en Lugo. Los costes les limita a 100 pitos al mes, lo que les supone unos 500€ entre pagar al matadero (que les cobra a un euro el kilo de pollo) y desplazamientos. Son ellos los que se encargan de hacer el transporte en vivo, mientras que el refrigerado lo lleva a cabo una empresa, ya que los pitos una vez sacrificados o se congelan, para lo que precisaría sacar otro registro sanitario, o se reparten en frío a los clientes, fundamentalmente restauración y carnicerías, y ahora también una distribuidora. Para abaratar costes lo que hace es juntar todos los encargos para hacer un solo viaje al mes.

“En realidad no necesitamos un gran matadero que sacrifique 1.000 pollos a la hora, con 80/100 nos es de sobra en Asturies porque nuestras explotaciones no son grandes”, explica Pilar Collada, que cuenta que una de las trabas que encuentra a la hora de arrancar su proyecto es encontrar un sitio adecuado que cumpla la normativa. El otro es entrar en una convocatoria de las ayudas LEADER, “que tan solo te dan un escaso mes y medio para presentar todo y solucionar los problemas que se puedan plantear. Yo estoy esperando por un minimatadero integrado que encontré en Italia, que no me terminan de dar respuesta, y me salgo del plazo. La verdad es que con el paso del tiempo voy perdiendo las ganas”.

Los productores centrados en cría de pollos tienen que salir de la región, mientras que los de huevos hacen sacrifico in situ. Foto: Alisa Guerrero.

Asumir un matadero móvil desde lo particular resulta muy costoso y señala la idoneidad de que lo asuman las administraciones (regional, local, comarcal…) con cargo a la voluntad política, solicitando, por ejemplo, un LEADER, que también va dirigido a éstas además de a emprendedores particulares o entidades sin ánimo de lucro. “Sería la leche. Nos harían un auténtico favor”, comenta Collada. Y es que el desplazamiento ya no sería el mismo, aunque tuvieran que hacerlo a un concejo limítrofe, lo que facilitaría también que más gente se pusiera en avicultura, afirma.

Ambos mataderos podrían asumir el sacrificio tanto en ecológico como en no ecológico, priorizando el turno de los primeros para mantener la trazabilidad y evitar la contaminación cruzada. Y en ambos se podrían sacrificar todas las especies según la normativa.

Vaciado sanitario

Otro problema existente es lo que llaman el vaciado sanitario, que afecta sobremanera a los productores de huevo y no tanto a los de ave de cría, cuando tienen que reponer un lote de gallinas. En el caso de cría, están divididas por lotes en parques separados; cada vez que se sacrifica un lote, que de mano ya es destinado para carne, se espera un período entre 15 y 20 días, aunque en el caso de Los Valles llega al mes, durante los que se llevan a cabo controles de salmonelosis y otros.

La cosa se complica para los productores de huevos, que se ven obligados a sacrificar lotes enteros de gallinas y, ante la dificultad y escarnio para la economía, de transportarlas a mataderos fuera de la región, lo hacen in situ. “El matadero móvil sería la solución. Yo cada año y medio tengo que cambiar el lote, unas 500 pitas, y en teoría se podrían aprovechar para carne, pero como en Asturias no existe ninguna otra opción y los mataderos grandes no quieren desplazarse a las granjas pequeñas, se matan en la propia instalación, se llama a Proygrasa y se incineran, que es súper contaminante, porque al no pasar por un matadero no se puede aprovechar para carne. La única solución en España es el sacrificio in situ, que se hacía cuando había una plaga”, explica Noelia García. Añade que esta manera de proceder se comenzó en Extremadura como alternativa, pero que la opción idónea pasa por esos minimataderos o mataderos móviles, “como apostaron en Galicia, que es muy costoso, y por eso aquí no quieren hacerlo público”. Ese supuesto coste, en realidad, acaba repercutiendo en los productores y ganaderos, que ven incrementados los suyos cada vez que llega el momento del sacrificio del animal.

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1 COMENTARIO

  1. Ahi está el matadero comarcal de Cangas de Onís, muerto de risa, gracias a los ayuntamientos de la mancomunidad.
    Hay que organizarse desde lo pequeño, desde las asociaciones vecinales o pequeños productores, porque desde lo “público”, hace ya tiempo que no trabajan para la mayoría, los pequeños productores.

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