“El movimiento libertario es mucho más que Madrid y Barcelona”

El historiador y anarquista valenciano Vicent Bellver publica 'Hilos rojinegros. El movimiento libertario en Valencia en el posfranquismo (c.1968-c.1990).

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Héctor González
Héctor González
Es historiador, sindicalista y anarquista.

Vicent Bellver (Valencia, 1989) es historiador y anarquista. Probablemente, lo primero sea una consecuencia de lo segundo, pues desde hace años este profesor de secundaria ha dedicado buena parte de su tiempo a investigar el movimiento libertario en la ciudad de Valencia. Dos periodos han merecido su atención: tardofranquismo y transición, por un lado, y democracia, por otro. Fruto de estos estudios, durante este recién finalizado 2021 ha visto la luz Hilos rojinegros. El movimiento libertario en Valencia en el posfranquismo (c.1968-c.1990) (Madrid, Postmetrópolis, 2021), un resumen de su tesis doctoral.

Un libro sobre el anarquismo en Valencia y un arco temporal peculiar ¿Por qué el anarquismo, por qué Valencia y por qué este periodo de tiempo?

Creo que los motivos pueden imaginarse con facilidad. Me autoidentifico como anarquista y participo en colectivos e iniciativas antiautoritarias desde hace años. Me interesaba esa historia más o menos reciente del anarquismo porque, en cierta medida, aún sigue presente (las divisiones dentro del anarcosindicalismo, algunas radios libres y ateneos de entonces…), aunque es posible que cada vez menos. Me rondaba la pregunta de cómo “habíamos” llegado hasta aquí. Por otro lado, el anarquismo sigue ocupando poco espacio en las historias de las izquierdas, los movimientos sociales y el sindicalismo que se centran en el último tercio del siglo XX e inicios del XXI. Evidentemente, es un mundo o un entorno minoritario, pero creo que ha tenido importantes contribuciones en las luchas recientes y no siempre se le ha reconocido.

Vicent Bellver atendió a Nortes para hablar sobre su nuevo libro.

Respecto a València, es mi ciudad, donde he desarrollado una buena parte de mi actividad y, quizás, era de donde me era más fácil empezar a tirar el hilo de la investigación. De todas maneras, tengo que reconocer que, al principio, ésta la enfoqué atendiendo a todo el Estado español, pero hubo un momento en que tuve que tomar elecciones y decidí centrarme en un enfoque local, “micro” si quieres, para poder abarcar colectivos, ateneos y otras formas organizativas, así como para ampliar el arco cronológico. De hecho, aunque me he fijado en València, he intentado tener siempre el ojo en contextos más amplios.

Por lo que hace a la cronología, también en un primer momento, tenía otra idea: quería empezar con la muerte de Franco y abarcar hasta los primeros 2000. Sin embargo, eso suponía un tiempo y una fuerza de las que no disponía entonces y, además, seguramente por la formación como historiador, acabé dándole más peso a los años del tardofranquismo y la llamada “transición”, que eran un poco el “meollo” de la cuestión por el “boom” libertario de entonces y la escisión de 1979.

¿Es Valencia una de las grandes desconocidas del movimiento libertario?

Pienso que sí, pese a ser la del País Valenciano la segunda regional en número de afiliación y ocurrir aquí algunos hechos de importancia (el congreso de impugnación al V Congreso en 1980, por ejemplo), tengo la sensación de que València y el País Valenciano apenas aparecen y, cuando lo hacen, es de pasada y casi siempre muy centrado en alguna de las problemáticas internas, como la supuesta infiltración trotskista que hubo aquí. Se deja de lado, pues, toda una serie de aspectos que creo nos podrían dar una mayor riqueza para la comprensión del período (la reaparición de Mujeres Libres o Juventudes Libertarias, las relaciones entre ateneos y militancia sindical…). Y no solo ocurre con València, creo que regionales como la de Aragón o el País Vasco y lo ocurrido en ciudades como Zaragoza o Gasteiz podrían también darnos una serie de claves interesantes para repensar el movimiento libertario en todos esos años.

“El anarquismo sigue ocupando poco espacio en las historias de las izquierdas, los movimientos sociales y el sindicalismo”

En el caso valenciano, además, y esto va más allá del anarquismo, la historiografía ha dejado de lado la historia de las izquierdas y los movimientos sociales en la historia reciente. Al tratar los años de la “transición” se ha prestado alguna atención al conflicto nacional, pero sabemos poco del campo de las izquierdas. Si no me equivoco o se ha hecho muy recientemente, ni siquiera contamos con algún trabajo para los y las comunistas. La obra de referencia del sindicalismo valenciano en aquellos años es casi coetánea (1982). Así que imagínate para el campo de las izquierdas radicales… Excepción son los trabajos de Josepa Cucó sobre el Movimiento Comunista, los de Pau López sobre el movimiento LGTB y algunas memorias de militantes recientemente editadas. Esto da lugar a algunos fenómenos llamativos. Por ejemplo, sabemos que València fue un importante foco contracultural, a la que se dedicó en 2019-2020 una exposición en un museo valenciano reivindicado ese legado, pero, en cambio, no sabemos muy bien cuál fue su sustrato o el porqué de esa efervescencia creativa.

¿Hay un exceso de preocupación por Madrid y Barcelona desatendiendo otras zonas importantes o peculiares?

Desde mi punto de vista, sí. En el relato o, mejor dicho, en los relatos sobre el movimiento libertario encontramos, en gran medida, ese sesgo. Con Madrid ocurre que a veces se ha superpuesto lo ocurrido en la Regional CNT con la historia del anarcosindicalismo en el Estado. Ocurre esto en uno de los imprescindibles que es Relanzamiento de la CNT de Juan Gómez Casas. Él escribe desde su experiencia en el Comité Nacional y su obra es la referencia, de manera que, puede que inconscientemente, se ha repetido esa narración. El caso de Catalunya es un poco diferente. Dentro del conjunto del Estado, la presencia del anarquismo allí y, sobre todo, en Barcelona ha sido objeto de atención, tanto para este período de la “transición” como en la época del anarquismo “clásico” (años veinte y treinta del siglo XX). Si a esto le sumamos algunos hechos como las Jornadas Libertarias de verano del 77, la huelga de gasolineras del año siguiente o el atentado contra la sala de fiestas Scala, lo que tenemos es que nos aparece una narración “fundamentalmente” catalana. Entre una cosa y otra ha quedado poco espacio para otros territorios.

Hablas de hilos y no de hilo, esa elección no es inocente ¿Qué pretendes reflejar?

El título original de la tesis era en singular y, con hilo, me refería a ese pasado y memoria anarquista que recorría -y recorre- la contemporaneidad. En las entrevistas que hice a militantes anarquistas de los setenta y ochenta me encontré que el pasado, ya sea como memoria familiar o de compañeros y compañeras que vuelven a los locales tras la muerte de Franco, como la historia del movimiento libertario, era un importante factor a la hora de llegar a identificarse como anarquistas. El hilo rojinegro, pues, era esa especie de continuum que recorría desde finales del siglo XIX hasta entonces. Sin embargo, para el libro optamos tanto el editor, Pablo Sánchez León, como yo por referirnos en plural, ya que ese pasado y memoria dentro del anarquismo es bastante plural. Creo que esto ocurre con todas las identidades políticas de izquierdas, pero no podemos dejar de lado que dentro del anarquismo encontramos, tanto históricamente como en la actualidad, formas de entender este que pueden llegar incluso a parecer contradictorias. No es lo mismo la memoria de los grupos de acción, la de aquellas personas que eran naturistas y vegetarianas como la de las grandes huelgas del anarcosindicalismo, aunque estas militancias convivían y conviven. Por otro lado, también quise centrarme en diferentes formas organizativas que no fueran el anarcosindicalismo, ya que hasta ahora es a la que mayor atención han prestado historiadores e historiadoras.

La portada del reciente libro de Vicent Bellver.

El movimiento libertario era más que el anarcosindicalismo, pero ¿era mucho más que el anarcosindicalismo?

No se puede negar el papel central de la CNT, especialmente en los setenta. Existen iniciativas al margen o incluso en contra, como las de los grupos autónomos, cercanos a lo que sería o entendemos como el insurreccionalismo, pero, efectivamente, son muy minoritarias. En el libro comento que la identidad obrerista, a diferencia de lo que ocurrirá después en los ochenta, está muy presente cuando muere Franco, un momento de gran conflictividad sociolaboral. En palabras de algún entrevistado, “la gente tenía hambre de sindicatos”. Eso y el papel casi mítico como organización explican que la mayoría de la gente que se siente libertaria se afilie a la CNT. Esto, sin embargo, va cambiando con el panorama de división que crean las escisiones y con las transformaciones que suponen la crisis económica y la desindustrialización. Seguramente el anarcosindicalismo sigue siendo la forma organizativa preponderante, pero los grupos, ateneos, radios libres… se van configurando, cada vez más, como un terreno en el que actuar según avanza la década de los ochenta. Y, ojo, muchos y muchas de las que están en estas iniciativas siguen vinculadas a la CNT o lo que acabaría siendo la CGT. Por tanto, me atrevería a decirte que, aunque en un principio todas esas iniciativas nacieron de gente de la CNT, estas, progresivamente, fueron haciéndose independientes. Una independencia que en algunos casos se hubo de “luchar”, pues el conflicto interno del anarcosindicalismo con las escisiones acabaría también salpicando.

Defiendes la tesis de que el anarquismo no llegó “demasiado tarde” a la transición. Esta postura no ha tenido mucho recorrido hasta ahora.

Sí, el “demasiado tarde” se trata de la postura preponderante en la academia. Según ésta, el peso del pasado hizo que la CNT, sobre todo, pero también el resto del movimiento libertario no llegara a “engancharse” en una sociedad, la de la década de 1970, que era ya muy diferente a la de la época de la II República y la guerra civil y que, según se dice, era el modelo a imitar. Claro que hubo algunas personas, algunas de ellas provenientes de los exilios, que se pudieron quedar ancladas en cierto pasado mítico, sin duda. Pero creo que esta tesis no contempla algunos aspectos importantes. Entre ellos, el hecho de que anarquismo de los setenta conoce los debates ideológicos y organizativos de las izquierdas europeas de entonces. De hecho, alguna de las personas que han defendido la tesis del “demasiado tarde” habla de las posturas integrales presentes entonces, aquellas que quieren fijarse en todas las vertientes de la dominación, como incluso adelantadas. Esto no deja de ser paradójico. Pero no solo. Una parte importante de la militancia viene de las luchas obreras y respondía a un modelo de conflictividad que sí podía haber sido posible y que resultaba atractivo. No hay que dejar de lado que una parte de la militancia proviene de otras identidades políticas anteriores, como de los diferentes comunismos. Más que “demasiado tarde” creo que la opción que representaba el anarcosindicalismo y el anarquismo quedó como una especie de “vía muerta” según fue perfilándose esa “transición” (la “ruptura pactada”, el modelo de relaciones laborales que se establece…).

“Ateneos, centros sociales y radios libres son una parte importante de la acción y de la sociabilidad anarquista”

Prestas mucha a atención al fenómeno de ateneos, centros sociales y radios libres.

Antes te comentaba que la historiografía se ha centrado, sobre todo, en la CNT y que pensaba que estaría bien abrir el campo de visión, tanto a organizaciones “históricas” (FAI. Mujeres Libres, Juventudes Libertarias) como a todo ese mundo. Conocemos poco esas historias y creo que ateneos, centros sociales y radios libres son una parte importante de la acción y de la sociabilidad anarquista. Yo personalmente he estado bastante cercano a ellos, como oyente, persona que va a coger libros e incluso formando parte de uno de ellos, El Punt, y, en mi caso, jugaron y juegan un papel clave. Hoy en día creo que ateneos y radios libres se han visto desplazados por el hecho que en internet puedes encontrar casi de todo desde tu casa, de manera que son las actividades el momento en el que podemos “encontrarnos” e intentar tejer resistencias.

Tu fuente primordial es el testimonio y la historia oral. ¿Por qué primas esa fuente frente otras como la prensa o la documentación orgánica?

La investigación no quería ser una reconstrucción de la vida orgánica de la CNT valenciana ni un repaso pormenorizado a todas iniciativas que surgieron, sino una investigación sobre cómo vivieron y cómo recuerdan aquellos años una serie de personas que estuvieron activas en esos años en València dentro del entorno libertario. A lo mejor no se ve reflejado demasiado en el libro, puede que un poco más en la tesis, pero sí hay detrás todo un trabajo de fuentes como las que comentas, sobre todo porque necesitaba tener una cronología, organigramas de la CNT… a la hora de hacer las entrevistas. Tengo la sensación de que los relatos anarquistas sobre la transición y la democracia aún ocupan un lugar muy periférico a la hora de pensar ambos períodos y quería intentar hacer un ejercicio de recuperación de estos. Creo fervientemente que son unas historias que merecen la pena ser contadas, por eso la tesis y el libro.

Haces hincapié sobre conceptos como la “emocionalidad” y la “subjetividad”. ¿Qué te mueve a utilizarlos y qué pueden aportar a la historia?

Como te comentaba, quería darle importancia a la vertiente más “humana” de esas historias. A veces nos fijamos demasiado en los enunciados y debates ideológicos, hitos llamativos… Pienso, como historiador y activista, que, sin embargo, nos movemos muchas veces por cosas más “prosaicas”: relaciones familiares, de amistad, sexoafectivas, algo que nos emociona (una noticia o un hecho que nos conmueve, enfurece…), la música o algunos ambientes, como puede ser el de los centros sociales. Si me permites la boutade, muchas veces el compromiso puede venir más de las cosas que te comentaba antes que leer a Bakunin.

“Los relatos anarquistas sobre la transición y la democracia aún ocupan un lugar muy periférico a la hora de pensar ambos períodos, y quería intentar recuperarlos”

Esos análisis sobre subjetividades y emociones, ¿no corren el riesgo de alejarse de análisis críticos sobre los fenómenos y de orillar una búsqueda de respuestas y conclusiones de carácter objetivo?

Sí, comparto tu preocupación y fijándome en esos aspectos más “subjetivos”, no pretendía quitar peso a aspectos más estructurales, sino combinarlos. Por ejemplo, pertenecer a un sindicato está socialmente mucho más aceptado a mitad de los setenta que ahora, después de toda la campaña de descrédito de estos que ha habido durante décadas. Ese “atractivo” de entonces se manifiesta de diferentes maneras: hay personas que están llevando una labor de agitación que consigue arrastrar a buena parte de la plantilla, ocurren cosas como la afiliación masiva de los trabajadores y trabajadoras a un sindicato y votan en asamblea a cuál, otras personas lo hacen porque tienen a algún amigo o amiga… Hay una frase, que tiene bastante recorrido dentro del “gremio” que dice que “la historia es la ciencia del contexto”, creo que atendiendo a esa parte subjetiva enriquecemos esos contextos.

¿En qué situación se encuentra hoy el anarquismo valenciano y español? ¿Hay un punto de inflexión con la pandemia en algún sentido?

No sé si ahora mismo soy capaz de hacer ese diagnóstico, pues llevo un par de años un poco al margen por motivos laborales y personales. Pero si tuviera que trazar un panorama del anarquismo valenciano diría que después del 15M hubo un pequeño boom, que consiguió conectar con gente muy joven y con grupos autónomos feministas. Esto, sin embargo, se enfrió a la altura de 2015, con la llegada al gobierno autonómico y municipal de la coalición progresista del Botànic. Ateneos y centros sociales se han mantenido, el anarcosindicalismo tuvo alguna crecida en afiliación y, en los últimos años, algunas de las personas nos habíamos centrado en las luchas por la vivienda. Tengo la sensación de que esta evolución que te cuento es similar a la del resto del Estado. Justo antes de que se declarara la pandemia había cierta conflictividad, luchas en los barrios, por la defensa del territorio… que, aunque se han mantenido, han perdido fuelle con la situación sanitaria. El contacto con los cuerpos de los otros y otras, la ocupación del espacio público… son cosas que se han hecho difícil ahora y que han tenido siempre un papel importante en la militancia anarquista. Yo mismo no he podido seguir mi compromiso con el colectivo que estaba, el Sindicat de barri del Cabanyal, por el trabajo y por la propia pandemia.

¿Qué puede o debe aportar el anarquismo a nuestra sociedad actual?

El anarquismo es una forma de estar en el mundo que tiene mucho que aportar. Se basa en ideas y prácticas, como la crítica a la autoridad y la acción directa (“tomar y hacer en vez de pedir y esperar” que decía la gente de la autonomía de los noventa), clave para la emancipación, tanto individual como colectiva. Sin embargo, y aunque soy bastante optimista, la verdad es que la situación actual, con el gran avance del individualismo y el consumismo, creo que no son un terreno demasiado fértil. Llevo un par de cursos trabajando con adolescentes y el panorama no es demasiado halagüeño. Entre sus modelos a seguir están youtubers, la extrema derecha ha conseguido tener cierto atractivo entre la gente joven vendiéndose como irreverente, silencios por parte del profesorado ante temas que pueden resultar “polémicos”… Pero bueno, entre algunas personas si surge interés, queremos entre algunos compañeros lanzar una asamblea de profesorado que trate todo esto desde una óptica libertaria… Poco a poco.

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