Pilar Sánchez Vicente descubre a otra gran Jovellanos

La escritora gijonesa presentó en El Manglar su última novela, 'La hija de la marea'.

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Comunicadora excepcional, la escritora Pilar Sánchez Vicente (Xixón, 1961) atrapó desde el minuto cero al público que se acercó en la tarde de ayer hasta El Manglar a la presentación de ‘La hija de las mareas’ de la mano de la asociación La Ciudadana. Comadre de Oro, destaca en su obra literaria las figuras femeninas y la lucha feminista, “un timón en su vida”, como destacó la abogada Gema Arbesú, quien introdujo el acto.

La presentación, que posteriormente dio lugar a debate con el público, se convirtió en una charla entre la autora y Chelo Veiga, coordinadora de la Red Municipal de Bibliotecas de Uviéu. “Ya sé que no venís a verme a mí, sino que venís en solidaridad con Chelo”, señaló Sánchez Vicente en relación a la situación que viven las bibliotecas ovetenses y sus trabajadoras.

Chelo Veiga, Pilar Sánchez Vicente y Gema Arbesú. Foto: Alisa Guerrero.

Nada mejor que una buena conocedora de la obra de la gijonesa como Veiga, que destacó la presencia de Sánchez Vicente en los diferentes personajes femeninos que aborda en sus trabajos, en este caso una supuesta hija ilegítima de Gaspar Melchor de Jovellanos, Andrea Carbayo de Jovellanos: “cada novela es un mundo diferente pero en todas está Pilar”, destacando “la fuerza, valentía y constancia de las mujeres” de sus libros.

‘La hija de las mareas’, precuela de ‘Mujeres errantes’, es “una novela histórica con algunas situaciones y personajes que son realidad, lo que nos invita a aprender y conocer, y ahí se nota la labor de documentalista e historiadora”, apunta la bibliotecaria. “Claro, siempre estoy presente en todos los personajes que construyo, nos enriquecemos continuamente” declara la interpelada, que afirma navegar por la época en la que sitúa la novela “y siempre descubres algo”. Ahí está la impronta que deja su formación como historiadora, en su caso medievalista, aunque esta novela está situada entre los siglos XVIII y XIX, en ese momento en el que se pone fin al Antiguo Régimen y en el que se ve perfectamente, al decir de la creadora, “el sistema de casta y clases”.

‘La hija de las mareas’ es la precuela de ‘Mujeres errantes’. Foto: Alisa Guerrero.

Veiga destacó también la presencia “importante” del asturiano en la novela, que “una mujer escriba en asturiano”, algo que no dejó pasar por alto ya que “no nos educaron en nada de esto: ni en que las mujeres escriban ni en que las mujeres escriban en asturiano“. Sánchez Vicente destacó en este punto la importancia de mujeres como la propia Xosefa Xovellanos o de la riosellana Enriqueta González Rubín, “la primer muyer en escribir una novela en asturiano, ‘El viaxe del tíu Pachu el Sordu a Uviedu’ (1875).

La gijonesa no quiso dejar pasar el hecho de que “lo del asturiano es un temazo. Jovellanos y su hermana Xosefa tienen una conciencia clarísima de que al pueblo no se le enseña. El deber de las clases privilegiadas es proteger la lengua, las costumbres y las tradiciones. De hecho los poemas de Xosefa tienen una carga social tremenda, lo que nos da una idea de cómo se pervirtió el discurso después. La historia que estudiamos es la que escriben señores blancos, sentados en un despacho con un pigmeo disecado. Y eso son 40 años de este país que tenemos y que hace que sigamos con los mismos sistemas”.

Veiga relaciona el discurso con los personajes de la novela y la falta de conciencia de clase actual, a lo que añade Pilar Sánchez Vicente “y de conciencia crítica. Ahora las clases están muy diluidas”.

Un momento de la presentación organizada por La Ciudadana. Foto: Alisa Guerrero.

Andrea Carbayo de Jovellanos, que monta dos periódicos, que trabaja mano a mano con Olympe de Gouges y que es impresora, también es perseguida por el inquisidor Valdés. Sánchez Vicente quiere destacar la importancia del descubrimiento de la imprenta para la difusión de las ideas y el papel de los medios de comunicación, que “no dicen la verdad” apunta Veiga. “Hay un catálogo en la Biblioteca Nacional de muyeres impresoras del siglo XIX impresionante. Me gusta construir con los furacos de la historia porque esas mujeres no nacieron de repollu y berza” en relación a que ese momento es el culmen de momentos anteriores, algo que Andrea experimenta en Oxford, en París, en su trabajo con De Gouges. “Con el Antiguo Régimen no hay libertad de prensa ni de imprenta, salvo una ventana que se abre con Pepe Botella“, recuerda la escritora.

Esa falta de libertad también pasa porque a las mujeres “ni las mentan ni ponen luz sobre ellas. No entiendo por qué el 51% de la población tenemos que justificar que salimos en la Historia“, reivindica Sánchez Vicente. Esta reivindicación no quita para que escriba también personajes de hombre “muy interesantes”, como señala la bibliotecaria. Pero lo que sí deja claro la primera es que “los cambios de siglo siempre tienen algo de mítico, en el caso de Andrea supone el fin de las paisanas sanadoras, curanderas, de las muyeres que tenían sabiduría y que se las persigue”.

Andrea, precursora en muchos aspectos, fue borrada de la Historia, como tantas otras mujeres. Sánchez Vicente recrea el Xixón de la época, el Uviéu de la infancia de la hija de Jovellanos, el Oxford donde asiste, vestida de hombre, a importantes descubrimientos de la medicina actual y el París en el que, acompañada de Olympe de Gouges, lucha por los derechos de las mujeres y vive de cerca la Revolución Francesa para, a su vuelta, coincidir con la Guerra de la Independencia.

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