El baile de la oficialidá

El objetivo del "procesismo asturiano" no era otro que consolidar la marca Barbón, asociada a Asturies, siguiendo la estela de Feijóo en Galicia y Revilla en Cantabria.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y diputado de Podemos Asturies.

Informes secretos de la oficialidad que encarga una parte del gobierno y desconoce la otra. Oficialidad amable que es tan amable que no cambia nada. Propuestas de expertos desoídas y que quedan en un cajón. Peticiones de dimisión y mociones de censura de las derechas a Barbón. Globos sonda de nuevos partidos que luchen por la oficialidad. Y la convicción de que la batalla cultural, que parecía ganada tras la histórica movilización del 16 de Octubre, cada vez está más perdida. Parece muy lejana la reforma del Estatuto de Autonomía en esta legislatura, no porque no pudieran dar los números sino porque casi nadie está ya por abrir el melón de nuevo. Escaldados, repletos de contradicciones y con un movimiento social que mira el proceso fallido con depresión, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué falló? Volvamos unos meses atrás, al Día de Asturies y revivamos estos decisivos meses en una cronología de esta reforma. 

La oficialidad quema al presidente sobrado 

8 de septiembre de 2021, Palacio de la Reconquista. Se van a conceder las medallas de Asturies en un sorprendente acto donde Adrián Barbón entrega los reconocimientos en todas y cada una de las categorías de galardonados. Premia a los ocho padres del primer Estatuto de Autonomía y a la vez pone a nuestra tierra de ejemplo de feminismo. Ese era el nivel de sobrada del presidente autonómico, henchido por los datos de vacunación y el control de la pandemia. La expectación es máxima, se espera un anuncio en relación a la reforma estatutaria asturiana. Gatillazo. El anuncio no llegará esa jornada, a pesar de los trajes de gala, pero sí días más tarde, con la apertura de una ronda de reuniones en el Palacio de Presidencia. El proceso, tras un año de retraso (algo que denunciamos en 2020), había comenzado. Tras los mensajes favorables que Adrián Pumares llevaba meses lanzando, la reforma tenía que haber sido un paseo triunfal que finalizase con un texto registrado en diciembre, coincidiendo con el 40 aniversario de nuestro primer Estatuto. Comenzaba el baile. 

“Tras los mensajes favorables que Adrián Pumares llevaba meses lanzando, la reforma tenía que haber sido un paseo triunfal”

Después de una ronda con los partidos donde sólo Podemos acudió con un documento de desarrollo estatutario, la negociación entraba en una vía tropical, a la espera de que Foro, que había calificado de poco ambiciosas las ideas del presidente, presentase sus propuestas. Lo haría en el debate sobre el estado del país, a mediados de octubre: eliminación del impuesto de sucesiones, cheque bebé y plan de vías en Xixón. La lista de exigencias, una mezcla de programa electoral y carta a los reyes magos, sorprendió a propios y extraños e hizo evidentes dos cosas. La primera, que lo que había vendido Adrián Pumares sobre la posición de Foro era humo: no tenía la mayoría en el partido y el acuerdo no dependía de él. La segunda, que no habría oficialidad sin concesiones a los ex casquistas. Pero había una cuestión más llamativa. El órdago de Foro estaba encima de la mesa y el presidente se había adentrado demasiado en el río como para volver a la misma orilla. Era la primera vez que Adrián Barbón no contaba con todas las cartas ganadoras en una negociación.

Adrián Barbón. Foto: Iván G. Fernández

Hagan un repaso: El presupuesto de 2019 lo aprobó el PSOE con la abstención de Foro y el voto a favor de IU y una exdiputada de Cs. Entre los logros que exhibieron entre esos tres partidos no dio ni para comprar una fregona: una rebaja fiscal para las familias que tengan un segundo hijo en el medio rural, que no se ha podido cuantificar, o una oficina de captación de inversiones que tenía más pinta de agencia de colocación de exdiputados. El presupuesto de 2020, irrechazable con una pandemia mundial, fue pactado con Cs, Foro, IU y Podemos. Todos contentos, todos a disgusto. El de 2021, con IU, Cs y la abstención gratis de Podemos, fue aprobado antes de tener que negociar. Eran tan jugosas esas cuentas que hasta se permitieron regar con 150 millones a los promotores privados de Sogepsa, para pagar su deuda. Una vergüenza. La geometría variable ha permitido articular una mayoría gubernamental instalada en dos partidos a la izquierda y dos a la derecha, una puja a la baja donde la competencia por salir en la foto rebajaba hasta la nada la necesidad de hacer concesiones a uno y otro lado. La acción política del presidente se convertía en un monólogo donde no necesitaba llegar a acuerdos con contenidos. Pero con el Estatuto el truco de siempre deja de funcionar a la FSA, el voto 27 es tremendamente valioso… y se hizo valer.

“El Estatuto pasa a ser un debate que quema al presidente”

Sólo existía una combinación posible estatutaria: Foro, Podemos, IU y PSOE. Y cada voto era necesario. La geometría variable no sirve, la presión mediática no funciona y romper la baraja tiene un coste. Al establecer Foro sus condiciones, el Estatuto pasa a ser un debate que quema al presidente: no tiene tanto poder como había hecho creer. Es la primera vez, en todo su mandato, que Barbón se ve contra las cuerdas. Si el Estatuto salía adelante, tendría que realizar concesiones significativas a Foro… y al presidente no le gusta hacer concesiones. Y si no salía perdería su principal apuesta política de esta legislatura. ¿Qué hacer? ¿Salir del proceso o seguir adelante? Cualquiera de las dos opciones implicaba desgaste … así que Barbón escogió guardar silencio.

El procesismo asturiano 

Estamos en noviembre de 2021 y ya ha bajado la resaca de la histórica movilización por la oficialidad del 16 de octubre. Comienzan a escucharse voces en la FSA que dudan de la rentabilidad de este desgaste. Lo cuenta Nortes en exclusiva, pero es un secreto a voces en los mentideros políticos. Y es que el plan de Barbón comienza a chirriar: abrir la negociación con un perfil alto, mantener en su desarrollo un perfil muy bajo y dilatorio en el tiempo, y dejar que las demandas de unos y de otros produjeran cualquiera de estos dos escenarios: 

Opción a) que bloquearan la negociación, lo que le permitiría ir a las elecciones como el partido (ÉL) que necesita una mayoría más amplia para superar los bloqueos y exigencias de los partidos que no piensan en el interés general o simplemente no saben llegar a acuerdos (LOS DEMÁS). 

Opción b) que la negociación saliera adelante, pero dilatada en el tiempo, por lo que se llegara a las elecciones de mayo de 2023 con el Estatuto aprobado en Asturies pero bloqueado en Madrid. Se habría logrado la reforma estatutaria, proyecto primordial del presidente, pero no habría ningún efecto polémico de su implementación, como el traslado a las escuelas o la administración de la oficialidad. No habría que explicar a nadie en qué consistiría la oficialidad amable.

Cabecera de la última manifestación por la oficialidad. Foto: Iván G. Fernández

La política, hoy en día, está más en las guerras culturales, que en los cambios materiales. Si los políticos poco pueden hacer para actuar ante los efectos económicos y sociales provocados por el neoliberalismo, la solución es poner el foco en lo inmaterial. Y preferentemente en cuestiones culturales que no tienen por qué materializar en leyes y derechos. Para Díaz Ayuso es más fácil hablar de la libertad en los bares (cuyo horario de cierre no fue en pandemia muy diferente del asturiano), que solucionar el problema de la vivienda. Guillem Martínez explica este cambio de ciclo al relatar las innovaciones del procesismo catalán: el truco consiste en hacer como que se está construyendo un cambio político sustancial que nunca llega porque no se está haciendo nada para alcanzarlo. Hacer como si se estuviera a punto de lograr algo de tremenda importancia para lo que ni siquiera hemos empezado a hacer nada. La utilidad es que el horizonte político de lo que se está, teóricamente, construyendo sirve de marco político que moviliza electorado, articula debates y elimina responsabilidades sobre el resto de cuestiones sociales y económicas sobre las que se tiene escaso control. Y si no se logra el objetivo, siempre habrá unos culpables que habrán bloqueado el avance inexorable de la historia. 

¿Cómo es posible que se tarde un año en comenzar la negociación y que después de seis meses de “trabajo” no haya ni un sólo borrador?

La construcción del debate de la reforma estatutaria es montado por el PSOE en base a esos parámetros. Es un marco cultural de un nuevo modelo de Asturies, impulsado por el presidente, que no necesita llevarse a cabo para tener efectos. Él impulsaría esa nueva Asturias, que no es menos que nadie, que busca su lugar en el Estado y que trata a la cultura propia con el reconocimiento que se merece. Es útil en el terreno temporal, porque cubre el vacío entre el marco pandemia (2020 y primer semestre de 2021) y el marco fondos europeos (segundo semestre de 2022 y 2023). Lo llamativo de esto es que es una acción declarativa en lo cultural, que busca el rédito electoral, pero que no necesita convertirse verdaderamente en ley. Recapitulemos: ¿Cómo es posible que un partido con 20 diputados y con la presidencia del Principado se reúna con 3 partidos que suman 7 diputados entre los tres y no les presente ninguna propuesta? ¿Cómo es posible que se tarde un año en comenzar la negociación y que después de seis meses de “trabajo” no haya ni un sólo borrador del articulado, ni siquiera cuando llega la semana que se había fijado como fecha límite? Si hubiera negociaciones extensas, ¿por qué ninguna reunión duraba más de 20 minutos? ¿Y cómo es posible que ninguna propuesta de desbloqueo saliera de Barbón? En el amago de reforma de 2003-2007 se produjeron varios miles de páginas de documentos e informes, en ésta sólo hay tres páginas. ¿No es extraño? En realidad no. Barbón jugó a mirar desde fuera la crónica de una muerte anunciada. Mientras el resto de actores entraban a un juego que nadie podía ganar, él se sentó a comer palomitas.

El problema no es que se bloqueara la negociación, sino que nunca comenzó como tal. O mejor: que aunque llevar a buen término la negociación era deseable, no era la misión principal del proceso. El objetivo no era otro que consolidar la marca Barbón, siguiendo la estela de Feijóo en Galicia y Revilla en Cantabria, mimetizando su nombre al de Asturias (“Sólo yo defiendo a Asturies”). La ventaja de llevar a cabo este proceso por medio de una guerra cultural es que no necesita defender a Asturies de verdad y, por tanto, no requiere alzar la voz en materia económica o de infraestructuras ante el gobierno central. Y si al final, por lo que fuera, saliera adelante, viene la mejor parte: la ‘oficialidad amable’ del presidente era tan ‘amable’ que nunca fue capaz de explicar si iba a cambiar algo.

Empezó en Uviéu, pero terminó en Xixón

Si la “negociación” estatutaria comenzaba el pasado 8 de septiembre, su liquidación se hacía oficial subido a una UVI móvil en Cangas este 7 de febrero del 2022. Lejos de la esperanza de reanimación que aún pudiera provocar entre algunos la elección de ese dispositivo sanitario, su mensaje estaba claro y era previsible. Animaba a los ciudadanos a esperar a 2023, cuando “tendrán la oportunidad de decidir si quieren dotar de 27 votos necesarios para esa reforma del Estatuto”, o lo que es lo mismo, ¿Queréis oficialidá?, dadme a mí los 27 diputados necesarios o esto seguirá bloqueado para siempre”. Un plan sin fisuras.

Paradójicamente, para una reforma que iba a incluir la capitalidad de Uviéu por primera vez en el Estatuto, su bloqueo iba a estar en Xixón, pero por diferentes motivos. Volvamos atrás nuevamente.  

Adrián Pumares. Foto: Iván G. Fernández.

Verano de 2019. La dimisión de Carmen Moriyón tras ser cabeza de lista de Foro y el progresivo alejamiento de Cascos, dejaban a Foro Asturias encabezado por Adrián Pumares, ex concejal de Llaviana como Barbón, con sensibilidad por el asturiano, y proclive a llegar a acuerdos con la FSA. Una idea transgresora para un partido que había crecido contra el PSOE. Y esa idea comenzó a sonar bien en la cabeza de Adrián Barbón. ¿Por qué no ayudar a consolidar un espacio de centro, de carácter asturiano, que diera estabilidad a la geometría variable (=puja a la baja) durante la siguiente legislatura, ocupando el espacio de la caída del Ciudadanos asturiano, que históricamente había basculado en la órbita del PSOE? Foro Asturias parecía el candidato ideal para ello. Adrián Pumares podía convertirse, sumado al apoyo de IU, en el diputado 23 que garantizase la aprobación de leyes y presupuestos hasta 2023 y en el diputado 27 pro-oficialidad. 

Sin embargo, algo empieza a fallar. O a salir bien. Tras aprobar dos presupuestos al PSOE, expulsar a Cascos, apostar por la oficialidad y recibir ataques en vallas (y fuera de ellas) durante dos años, la cuadratura del círculo de Foro funciona: su electorado de derechas se mantiene mientras, por medio de la negociación del Estatuto, aumenta la relevancia de sus propuestas fiscales y se afianza su perfil transversal. La derecha útil. Liberado de Cascos, Foro se muestra tremendamente resistente en las encuestas en dos de los feudos con menor simpatía por la oficialidad, en Xixón, donde podrían volver a gobernar, y en el Occidente, donde el alcalde de Salas se convierte en referente de las movilizaciones por las infraestructuras. La fortaleza les hace subir el órdago: o cesión fiscal, o nada. O volver a la estación de tren de Moriyón, o nada. Pero también tienen dificultades. La brutal campaña de acoso de Vox a Adrián Pumares moviliza simpatías en las izquierdas, pero también provoca un run run incómodo en el electorado de derechas sobre la oficialidad. Con menor agresividad, la línea editorial de las dos principales cabeceras supone un martillo pilón diario. Como consecuencia, la guerra dentro de ese partido se recrudece. Eliminado Cascos, las alianzas entre sectores asturianistas y los localistas no tienen por qué mantenerse. No habrá oficialidá gratis.

Valla publicitaria de Vox contra Pumares y la oficialidad del asturiano. Foto: Iván G. Fernández

Esto enciende las alarmas en la FSA, que lleva a cabo un creciente distanciamiento de Foro entre noviembre de 2021 y enero de 2022. Y es que si realizaran concesiones significativas en la negociación estatutaria en el terreno fiscal o en el Plan de vías, se legitimaría a su principal rival para arrebatarles la alcaldía de Xixón, como ya hizo Carmen Moriyón en 2011. Además, se lanzaría un mensaje subversivo: el presidente puede perder en las negociaciones. En el palacio de Presidencia lo saben: Apaguen los plomos. Rápido.

La respiración artificial de Cs

Diciembre de 2021. Las alarmas de la FSA cambian la dinámica negociadora: “Cuidado con Foro, hay que dar aire a Ciudadanos”. Por eso, los presupuestos para 2022 traían una novedad significativa: Ciudadanos se convertía en el socio preferente del PSOE. El partido de Inés Arrimadas presenta varias ventajas estratégicas frente a Foro: no va a volver a resurgir como partido, tiene diputados que le permiten junto al PSOE sumar mayoría absoluta y sus cargos están en un sálvese quien pueda para pillar cacho. Es decir, se le está dando vida a alguien que no va a ser un competidor directo, salvo en la cola de empleo en Amazon. Hay una agenda legislativa impulsada por el vicepresidente Cofiño, de reforma de la administración en un sentido neoliberal, que sólo puede ser aprobada apoyándose en Ciudadanos. No se olviden de esto: El legado del presidente Barbón probablemente no será el Estatuto de autonomía sino la reforma de la administración pública en un sentido neoliberal. Por eso, las leyes de reforma de la administración, como la “Ley omnibus” de Medidas Administrativas Urgentes aprobada el mes de diciembre que permitía la privatización de las declaraciones responsables, o la futura Ley de Empleo Público van a llegar pactadas entre el PSOE y Cs.

“Hay una agenda legislativa impulsada por el vicepresidente Cofiño, de reforma de la administración en un sentido neoliberal”

Desde Podemos e IU se vio venir. Adelantamos en octubre un calendario que fijaba la presentación de la reforma estatutaria para la primera quincena de diciembre. Se quería no sólo alertar de las dilaciones indebidas en el proceso sino también expulsar a Ciudadanos de la negociación presupuestaria. Si la oficialidá entraba en el acuerdo, Ciudadanos saldría. Mientras tanto, el PSOE caminaba en la dirección contraria: incluía 5 millones de euros para el cheque bebé en el presupuesto, una propuesta de Foro que la FSA concedería como logro a Ciudadanos. Una sorpresa dado que una ley de natalidad y de demografía era la única demanda de las presentadas por Foro en la negociación estatutaria que podía alcanzar un acuerdo rápido entre las cuatro fuerzas. ¿Por qué regalarías una propuesta que puede desbloquear el acuerdo estatutario a uno de los principales competidores directos del partido con el que quieres acordar? Porque el respirador artificial del PSOE había cambiado de bando.

Juan Cofiño, vicepresidente asturiano. Foto: Iván G. Fernández

A pesar del factor Ciudadanos y de la desidia del PSOE, la oficialidad ha estado cerca. La disyuntiva era muy simple: Sin concesiones no habría oficialidad. ¿Aceptarlas y reformar el Estatuto o rechazarlas y esperar hasta las elecciones de 2023? Y en caso de aceptarlas, ¿cuáles de ellas? ¿Se puede poner precio a la oficialidad, como rebajar impuestos? Independientemente de cuál sea nuestra respuesta a estas preguntas, Adrián Barbón ya había contestado por nosotros: Era la hora de que acabara el baile.

Ya sólo queda el juego de las sillas.

Suena la música y los actores invitados comienzan a danzar en círculos. Saben que la música parará en cualquier momento y nadie quiere quedarse sin su asiento. ¿Quién será el culpable de haber paralizado unas negociaciones que nunca arrancaron?. Es la batalla. o mejor dicho, el baile por el relato.

Estamos en enero de 2022 y la ansiedad se instala en el presidente. Hay que cerrar, en una u otra dirección, la reforma estatutaria. IU comete el error de poner la fecha límite del 31 de enero, fecha a la que se agarra la FSA. Ultimátum a Foro. Se cambia el ecualizador: la cosa ya no va de qué y cómo pactar sino de quién es el culpable del fracaso, hemos pasado de la negociación a la presión y batalla pública. Estamos en la “estrategia elecciones 2023”. En un primer acto, se produce un primer rechazo en bloque de las izquierdas a las exigencias de Foro. Era un error levantarse de la mesa y Podemos picó inicialmente el anzuelo, lanzando frases como “tendremos 24 horas encendido el teléfono por si cambian de opinión”. Empieza la presión en prensa y todas las miradas se dirigen a Foro. Se había quedado sin silla… ¿O no?

La ruptura entre los partidos de izquierdas llegaría tres días después, con una propuesta fiscal lanzada por Podemos que rebajaba impuestos a las rentas más altas (en torno a 150 euros en el IRPF) y suponía un recorte de 35 millones de euros en recaudación (el doble de la cuantía del recorte fiscal pactado en la rebaja del impuesto de sucesiones entre PP y PSOE en 2016), aunque también incluía otros elementos más progresivos. La propuesta, que inicialmente no estaba cuantificada y que partía de un documento interno preparado para servir de guía por si se abrían negociaciones fiscales, era desconocida por IU. Más dinamita tras una precipitada presentación pública de la nueva dirección podemita, que quería asegurar el logro público de ser quien desbloqueara el Estatuto a la vez que buscaba desmarcarse de la anterior dirección asturiana de Podemos. Como consecuencia, Izquierda Unida, de la noche a la mañana, pasa a convertirse en el foco de reproches y en culpable en la plaza pública de las redes sociales de la paralización de la oficialidad. El baile de la oficialidad tenía una nueva parada. 

Rafa Palacios y Sofía Castañón Foto: Iván G. Fernández

La puesta en escena de la propuesta de desbloqueo de Podemos contaba con un importante déficit: incumplía algo que podríamos llamar coloquialmente la fórmula morada-rosa-roja. Esta fórmula cuenta con tres premisas: 1) el PSOE, Podemos e IU comparten electorado y hay competencia entre ellos; 2) cualquier iniciativa que sea identificada claramente como un logro de Podemos Asturies o tenga una gran relevancia, va a contar con el bloqueo del PSOE, que, en un caso extremo, preferirá favorecer a IU, dado que desconfía más del crecimiento electoral de Podemos que de IU; y 3) sólo cuando el PSOE tiene dependencia de Podemos y/o existe una fuerte presión social hacia ellos, pueden aceptar esas iniciativas. Es decir, la posibilidad de que el PSOE asturiano acepte una iniciativa parlamentaria de Podemos es inversamente proporcional tanto a la relevancia de la propuesta como a la identificación de esa medida en caso de aprobarse como un logro de Podemos por parte de la ciudadanía, a no ser que exista una relación de dependencia y una fuerte presión en la opinión pública mayoritaria. Pongamos un ejemplo: la gratuidad del 0 a 3 es identificada socialmente como una medida que Podemos Asturies puso en la agenda y tiene una gran relevancia porque supondría ganar un nuevo derecho en Asturies. Por lo tanto, el PSOE no la va a aceptar, mientras exista competencia electoral con Podemos y no esté obligado aritméticamente a ello, a menos que necesite de los votos de Podemos y la opinión pública y movilización impulsen esa demanda. Eso sucedió en esta negociación de la reforma estatutaria: la propuesta de desbloqueo podemita habría convertido la oficialidad en un logro de esta fuerza política y, al ser uno de los temas centrales de la legislatura para los socialistas, era inaceptable para Adrián Barbón. Sólo entre bastidores y con una acción consensuada, sin claros ganadores ni perdedores, era posible solventar este problema. Por eso, como ha explicado el miembro del comité negociador por parte de Podemos Pablo M. Testa, la puesta en escena unilateral suponía la ruptura de la unidad entre Podemos e IU y, más grave, afianzaba la pérdida de la confianza entre las cuatro fuerzas: la cosa ya no iba de cómo se desbloqueaba sino de quién sería percibido como culpable en 2023 de permitir este fracaso.

“El presidente sale también muy tocado de esta negociación fallida”

Como no podía ser de otra forma, la propuesta de Podemos fue aceptada con entusiasmo por Foro. Por motivos ideológicos (a nivel de cuantía, iba más allá de su expectativa de subir el mínimo exento en sucesiones a 500.000 euros) y por motivos tácticos (permitía quitar el foco de la culpabilidad de Foro y endosarlo a PSOE e IU). Entre los aspectos positivos, quedaba claro que la cuestión no era si se ponía o no precio a la oficialidad, sino cuánto estábamos dispuestos a pagar, y que frente a la apatía, había margen (y necesidad) de negociación y de no aceptar el fracaso del proceso. Por el contrario, desde CCOO, UGT, PSOE e IU, se alertaba de que sólo se iba a legitimar el discurso anti-impuestos de las derechas de que existiría un infierno fiscal con demasiados impuestos a los ricos: trasladar a Asturies el mito ayusista del oasis económico madrileño, que se habría logrado, según las derechas, con una mezcla de bajada de impuestos y políticas neoliberales de privatización del Estado y no por la situación privilegiada de Madrid como capital. Las réplicas a esta argumentación desde el movimiento de reivindicación lingüística, donde una parte puso el foco en IU, fueron contundentes: ¿Por qué hay quien tiene la piel muy fina sólo cuando lo que se negocian son nuestros derechos? ¿Acaso no se han pactado históricamente cosas peores? ¿No es 35 millones un precio razonable por ganar un derecho negado durante décadas?

Si bien IU se había quedado de pie y sin silla y la presión crecía, hizo una cosa novedosa o quizás, conforme a su cultura, tradicional. En vez de entrar en pánico y pasar de a a b, optó por quedarse quieta y firme, hasta que el viento soplara en otra dirección, mientras trasladaban la presión a Foro, PSOE y Podemos, que si quisieran podrían sumar mayoría para emprender las reformas fiscales. Afortunadamente para la coalición de izquierdas, el esperpento culminaba con la entrada en escena de los partidos de derechas, dispuestos a estudiar la propuesta fiscal de los morados. Es difícil de saber qué habría sucedido sin ese capote (probablemente, se habría seguido la fórmula morada-rosa-roja), pero el movimiento del PSOE se produciría de inmediato: no iban a tocar la fiscalidad y, con eso, la oficialidad quedaba en vía muerta. Se cumplía el peor escenario posible para Podemos: sin reforma estatutaria, con las relaciones muy deterioradas con IU y viendo recordado ad infinitum por el PSOE que estaba dispuesto a reducir los impuestos a los más ricos. Por si había alguna duda, Adrián Barbón terminaría dando carpetazo: nos veremos en 2023. Lamentablemente para sus intereses, el presidente sale también muy tocado de esta negociación fallida. 

¿Está el asturiano hoy más cerca de ser oficial?

A nivel social, el tiempo dirá si hemos avanzado posiciones. Durante meses se ha abierto un debate democrático, se ha normalizado la importancia de la oficialidad de la llingua y se ha pensado otro modelo de Asturies. La coalición por la oficialidad está liderada por sectores de falantes de asturiano y gallego-asturiano, una juventud movilizada que defiende la cultura asturiana y activistas de izquierdas y autonomistas que buscan superar esta anomalía. Pero esa coalición se asienta en una amplia base social de los tres partidos de izquierdas que es favorable a una oficialidad que no provoque demasiados cambios, sin retraer excesivos recursos del Estado del Bienestar, y como un símbolo de la modernidad y cultura de Asturias. Que se haya vinculado la oficialidad a bajar impuestos a los ricos y reducir recursos para el Estado del Bienestar: ¿ha hecho ganar simpatías o antipatías entre el electorado de las izquierdas? ¿Ha ganado para la causa a más gente entre los votantes del PSOE? ¿Ha permitido que crezca el discurso de Vox de que la oficialidad traerá costes inasumibles e imposiciones? El chapucero cierre de la reforma, con los informes sobre el asturiano supuestamente desconocidos por el gobierno, las contradicciones del presidente Barbón o la constatación de que su oficialidad amable era un camelo, ¿nos han hecho retroceder posiciones? No lo olvidemos: Asturies debe quitarse sus complejos, pero sin didáctica para la mayoría de la población la oficialidad no se acercará. 

Superllingua. Foto Iván G. Fernández

El bloqueo del Estatuto tiene consecuencias que van más allá de no lograr la oficialidad. Nos condena a continuar siendo un territorio con un autogobierno de tercera, con un Estatuto obsoleto, y con dificultades para buscar nuestras propias soluciones en materia económica y social ante los retos del futuro. Y es que un nuevo Estatuto tenía unas profundas implicaciones en materia de autoestima colectiva, abriendo puertas a una nueva concepción de nuestra tierra, y tenía una función estratégica, como ha explicado Iyán González en Nortes. Lo que estaba en juego era si Asturies iba a dejar de ser un agente pasivo en el mapa territorial estatal. 

Es cierto que en este proceso de reforma estatutaria no hemos sido capaces de impulsar un proceso social constituyente que fuera más allá del movimiento lingüístico y que generase alianzas entre las bases de las fuerzas sociales y políticas, como demanda Pablo M. Testa. Pero también que la decepción actual va a llevar a la desmovilización. Pocas veces un proyecto legislativo en el parlamento ha contado con decenas de miles de personas en las calles empujándolo. Como consecuencia, las expectativas sobredimensionadas provocarán un descrédito en la clase política por la desilusión de miles de personas.

La decepción también conduce a la búsqueda de soluciones mágicas. Quemar los puentes entre los tres partidos minoritarios de la negociación estatutaria y exculpar al PSOE siempre fue una mala idea. En el baile de la oficialidad, la silla del partido del presidente siempre estaba reservada con su nombre escrito. La música nunca paraba de sonar para ellos, mientras otros competían por escurrir el bulto. Adrián Barbón ha intentado construir el mito de que la oficialidad estaba a punto de lograrse y que los bloqueos de unos y de otros lo impidieron. Sólo la Xunta Pola Defensa de la Llingua Asturiana le instó durante meses a registrar una propuesta de reforma en el parlamento, ya que era el único grupo con diputados y diputadas suficientes para hacerlo (de hecho, el incremento de competencias en el Estatuto podría aún reformarse con los votos de PSOE, Podemos e IU). La realidad es que si el baile de la oficialidad no apunta al único partido con capacidad para haber impulsado el proceso, cerrar la reforma le saldrá gratis. La única alianza con capacidad de desbloqueo es la que nos deje de ser estatuas y permita bailar a un son propio y diferenciado a la FSA, rompiendo la jaula en que el PSOE mete a las fuerzas satélites. Un son propio asentado en alianzas sociales entre partidos y movimientos sociales, más allá del movimiento lingüístico. Y es que mientras todos bailemos la música pero la FSA ocupe siempre una de las sillas, sin moverse, buscaremos culpables en vez de exigir soluciones a quien debe proveerlas.

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