Entre la esperanza y el miedo: la miopía.

Con dos escaños y unas pocas vallas Vox tumbó el deseo del 60% de los asturianos: ver la oficialidad reconocida en el Estatuto.

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Nicolás Bardio
Nicolás Bardio
Es politólogo, escritor y creador de juegos de rol.

En política existen dos grandes fuerzas que mueven a las masas: la esperanza y el miedo. La alegría, el amor, el odio… son sólo variaciones de una de las dos. Barack Obama y el Yes we can fue la campaña de la esperanza; en cambio, la de Joe Biden, su ex-vicepresidente fue la campaña del miedo a que Trump siguiese en el poder. Podemos, en 2014 y 2015 fue el partido de la esperanza, y con esa esperanza se alzó con más de 70 escaños como nunca ninguna otra tercera fuerza ha vuelto hacer. Más adelante, en 2019, el PSOE de Pedro Sánchez se hizo con una victoria abrumadora basada en el miedo al trifachito (PPC’s y Vox se habían hecho la foto en Colón y parecía muy posible que gobernasen los tres).

Sin embargo, miedo y esperanza no son igual de efectivos. El miedo es eterno. Hay miedos que están anclados en lo más profundo de nuestro subconsciente: nos da miedo la oscuridad desde niños (y ahí la tenemos en cada película de terror); nos da miedo el otro, el desconocido, lo desconocido (y eso explotan los partidos racistas); nos da miedo lo que no conocemos; sea un idioma, una persona o que algo pueda salir mal durante un proceso. La esperanza, en cambio, es efímera. Se puede alargar más o menos, la Iglesia Católica llegó incluso, en pleno medievo, a ser capaz de alargarla durante toda la vida y decir que “todo es un valle de lágrimas”. Pero hasta el valle de lágrimas más oscuro, profundo y largo de recorrer, necesita detrás una meta, una Ítaca a la que llegar.

“Los partidos de la reforma estatutaria han caído en una gran miopía”

Los partidos de la reforma estatutaria han caído en una gran miopía. Frente a los partidos del miedo (a que nos obliguen a hablar asturiano, a que esto sea como Cataluña, a que venga el nacionalismo asturiano, a que la lengua nos arruine, a que vengan las siete plagas…); se había articulado un bloque de la esperanza (esperanza de que haya igualdad de derechos, de que seamos una autonomía de primera, de que recuperar el control de nuestro aeropuerto haga que no debamos seguir viajando por Santander, a que al controlar nuestras cercanías no tengamos que mantener estos tiempos de espera ridículos…). Algunos líderes, sobre todo los del PSOE y Foro, tenían un extra de esperanza: eran nuevos, eran distintos a lo que nos habían acostumbrado sus antiguos partidos, eran mejores…

Y sin embargo, este “bloque de la esperanza” fracasó: No fueron capaces de ponerse de acuerdo. Dieron carpetazo al Estatuto y cerraron meses o años (veremos si sólo hasta mayo o más) la puerta de la esperanza.

Con dos escaños y unas pocas vallas Vox tumbó el proyecto del 60% de asturianos


El miedo sigue en el mismo bando: ese miedo al distinto, a la diversidad, al avance, al ser asturianos además de españoles en lugar de renunciar a lo que somos para ser otra cosa… no se ha ido. Al contrario, ha crecido. En cambio, ahora el bando de los miedosos tiene también algo de esperanza: han hecho zozobrar al 60% de los asturianos, han hecho fracasar con tan solo 2 diputados, una negociación de 27. Han probado que son “útiles” con muy poca cosa: dos diputados y un puñado de vallas. Ellos pueden hacer cosas. Realmente pueden evitar que la izquierda gane.

Campaña de Vox en Mieres.

Frente a eso, en el bando de la esperanza la esperanza se va perdiendo: ¿Qué promesas puede hacer ahora Barbón e IU en 2023 cuando hemos visto que son incapaces de llegar a un acuerdo con Foro a un acuerdo por 35 millones de euros? ¿Cómo van a movilizar a los votantes? ¿Qué son 35 millones de euros para una comunidad autónoma cuando hay ciudades que gastan muchísimo más? (El Calatrava de Uviéu, por ponerlo en comparativa, costó 360, más de diez veces más; y eso hablando de los sobrecostes, pues su presupuesto inicial era de 72 millones de euros, más del doble de la reforma de Foro). La credibilidad queda muy dañada, se pierde la esperanza: ¿Cómo van a hacer nada el año que viene, cuando la derecha suba, si este año no han podido?. Desde luego que el PSOE va a ganar las elecciones por incomparecencia del PP, pero la movilización electoral no va a ser la misma. La mayoría absoluta con la que algunos sueñan puede quedarse en agua de borrajas con una participación muy baja que va a penalizar a IU por su patético papel en toda esta reforma, va a afectar a Podemos (por sus divisiones internas, y más aún si va en coalición con IU) y afectará también al PSOE, al que le ha faltado liderazgo en todo este proceso. Foro, desde luego, desaparecerá. ¿De qué sirve un partido que hace como que pacta pero luego no y que no consigue nada? Ni 35 millones, ni 1, ni una chapa de recuerdo de Estuve en Benidorm y me acordé de ti. No tienen nada que ofertar ni a los asturianistas que votan en clave de país/de lengua (pues fue Foro el que puso problemas desde el primer momento) ni tampoco a la derecha pragmática, pues demostraron ser incapaces de llegar a acuerdos.

La carta del miedo no está disponible

Desde luego, se puede pensar, que a la izquierda le queda por jugar la carta del miedo. De hecho, Adrián Barbón ya la está jugando en la campaña autonómica de Castilla y León donde el dilema es O PSOE o Vox. El caso es que, a parte de que no puedes basar tu campaña constantemente en el miedo (y más aún cuando eres Presidente y puedes hacer mucho más que meter miedo) en Asturies las vallas de Vox las tenemos todos en la cabeza. ¿Que viene Vox? ¿Y qué va a hacer? ¿Parar el estatuto? ¿Hacer que no haya TPA en asturiano? ¡Oh vaya, que eso ya lo ha hecho!. Desde luego, muchos iremos a votar con la nariz tapada a lo menos malo que encontremos, como muchas veces hemos hecho, pero sabemos bien que no es el caso de todos los asturianos que votaron por la izquierda en 2019. Finalmente, por no dar 35 millones a Foro (Por ponerlo otra vez en retrospectiva, menos de lo que costó el Carlos Tartiere) y una victoria táctica, le estamos dando una victoria estratégica a Vox: La izquierda va a desmovilizarse y bajará en escaños, la derecha pactista y atacada por los fascistas va a desaparecer y Vox a crecer. Si 35 millones de euros, 1/176 parte de los 6185 millones de euros que costó la T4 de Madrid era el precio a pagar por evitar esto, me parece que era barato. Una pena no haberlo pagado.

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