Oficialidad rima con progresividad, pero sobre todo con velocidad

Los retrasos de Barbón y las exigencias "ayusianas" de Foro han terminado por bloquear la reforma del Estatuto a menos de 17 meses de las elecciones.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Los astros parecían alineados al inicio de esta legislatura. Todo apuntaba a que Asturies superaría por fin esa anomalía histórica que lleva arrastrando desde la Transición democrática: la no oficialidad del asturiano y del gallego-asturiano. Al tradicional apoyo de las izquierdas al reconocimiento de nuestra llingua, se sumaba por primera vez un presidente socialista sensible a la reivindicación asturianista, y un partido liberal dispuesto a apoyar la reforma del Estatuto de Autonomía. ¡Voilá! El ambiente de optimismo era tal que hasta la Xunta pola Defensa de la Llingüa Asturiana anunció la manifestación del sábado 16 de octubre de 2021 como la última por la oficialidad. Fue un acontecimiento histórico que nadie quiso perderse. Todo parecía pues a punto de cocción, hasta que, misterios de la política asturiana, ha dejado de estarlo. Con elecciones el año que viene, el tiempo juega en contra de una reforma estatutaria que para entrar en vigor necesita ser aprobada no solo en la Junta General sino también en el Congreso de los Diputados. Si lo primero parece complicado lo segundo ya comienza a entrar en el terreno de la ciencia ficción.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Daniel Ripa, ex secretario general de Podemos Asturies, fue en septiembre de 2020 el primero en dar la señal de alarma sobre la necesidad de acelerar si se quería llegar a la doble aprobación. No iba desencaminado. Le cayó sin embargo la del pulpo por insinuar que quizá Barbón buscaba dilatar los tiempos para no tener así que mojarse sobre qué modelo de normalización lingüística iba a seguir Asturies, más allá de su conocido y brillante eslogan de “una oficialidad amable y a la asturiana”. Se acercaban las primarias de Podemos y parte de su partido le acusó entonces de buscar protagonismo y “minutos de gloria”, poniendo incluso en peligro la reforma estatutaria. Con la legislatura casi en su recta final y la negociación bloqueada, el tiempo ha dado la razón a Ripa, aunque ya sabemos que eso en política vale muy poco.

“El tiempo ha dado la razón a Ripa, aunque ya sabemos que eso en política vale muy poco”

No solo Ripa advirtió que el ritmo caribeño que Adrián Barbón imprimía a la negociación estatutaria resultaba peligroso para llegar al final de la legislatura con los deberes hechos. También la Xunta pola Defensa de la Llingua Asturiana se pronunció en ese sentido. En noviembre de 2021 la histórica organización asturianista afeaba a la Federación Socialista Asturiana que todavía no hubiera puesto sobre la mesa ninguna propuesta de reforma del Estatuto. También por esas fechas, el periodista Víctor Guillot, buen conocedor de las profundidades del socialismo asturiano, escribía en Nortes que el presidente “comenzaba a estar cansado de tanta cooficialidad”.

Adrián Barbón. Foto: Iván G. Fernández

Si quizá el plan del presidente era conseguir el acuerdo sobre el asturiano en el final de esta legislatura, pero dejando para un segundo mandato la parte más conflictiva, la ley qué regulará el desarrollo de la oficialidad, es decir, derechos, obligaciones y porcentajes escolares, las exigencias ayusianas de Foro Asturias han terminado por bloquear una reforma que parece gravemente atascada a 17 meses de las próximas elecciones autonómicas. Presionado por el ala más conservadora del partido, que no se termina de creer la reconversión de los postcasquistas al regionalismo bien entendido, Adrián Pumares ha tenido que ir a la mesa de negociación con una carta a los Reyes Magos que incluye la rebaja del impuesto de sucesiones. Desde la reforma de 2017 solo 200 herederos directos pagan este impuesto, pero eso es lo de menos. Para las derechas suprimir sucesiones es una batalla cultural. Quien lo consiga se llevará el trofeo a casa. Para Podemos e IU resulta por supuesto inaceptable que el reconocimiento de un derecho civil sea a costa de rebajar los impuestos a los más ricos. A Foro sin embargo no parece generarle contradicciones pedir por la línea 1 más dinero para atención primaria o carreteras en el Suroccidente, mientras por la línea 2 se reclama renunciar a ingresos fiscales. El populismo siempre son los otros.

Sergio Hidalgo, alcalde forista de Salas, y Adrián Pumares, líder del partido, visitando el argayu de Tineo. Foto: Foro Asturias.

¿Y Barbón? ¿Qué hace Barbón? Todo apunta que ganará pase lo que pase. Si finalmente alguien cede y hay fumata blanca se apuntará el tanto de ser el artífice de una reforma histórica que ha logrado el consenso de la izquierda y el centro liberal. Si la negociación fracasa siempre podrá echar la culpa a los otros y pedir una mayoría reforzada para reformar el Estatuto en la próxima temporada. Ventajas de ocupar la centralidad del tablero. Por cierto, la cuestión del asturiano tiene a día de hoy otro ganador. La ultraderecha. VOX ha convertido la lucha contra la oficialidad en su vía para construirse un espacio político y comerle terreno al PP y Cs. Que haya o no oficialidad es lo de menos. La bandera de la lucha contra el asturiano le dará un buen puñado de votos.

¿Estamos a tiempo de salir de este atolladero? Dependerá mucho de cómo lo jueguen Podemos e IU, de los cuatro actores que se sientan en la mesa de negociación, los dos que históricamente más comprometidos han estado con el asturiano. Tendrán que hacer equilibrios, pero sobre todo ser rápidos. Oficialidad rima con progresividad. Las izquierdas no pueden avanzar en derechos civiles y culturales a costa de equidad y justicia fiscal. Oficialidad rima también a día de hoy con velocidad. O se llega a un pacto rápido o la decepción puede ser enorme. Foro Asturias no puede subirse al guindo de las rebajas fiscales, pero las izquierdas deben dirigir su presión también hacia Barbón. El presidente tiene la máxima responsabilidad en que hayamos llegado hasta aquí, y posee las herramientas para desbloquear la reforma autonómica. Ahora debe demostrar que también tiene la voluntad política para usarlas.

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