Tampa Antifascista: Cuando la capital mundial del tabaco se volcó en defensa de la República

La comunidad española, empleada en la industria tabaquera norteamericana, recaudó fondos y se movilizó en apoyo a la democracia española.

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Luis Argeo
Luis Argeo
Es periodista, escritor y cineasta. Junto con James D. Fernández ha sido comisario de la exposición "Emigrantes invisibles: españoles en EE UU (1868-1945)", organizada por la Fundación Consejo España-EE UU.

En 2022, la conservación de nuestra historia depende de los caprichos con los que poderosos turoperadores gestionan nuestras vacaciones. Esta repentina idea me lleva a pensar en la ciudad de Tampa, que se ha quedado fuera de nuestros libros escolares y de los destinos de oferta promocionados en las agencias de viaje españolas, siendo como es -al igual que Miami Beach o el mundo mágico Disney de Orlando-, un lugar en Florida propicio para la ensoñación y donde tiempo atrás vivían con utopías. Tampa brilla, pero es destino que reluce por su pasado. Hace poco más de un siglo, miles de inmigrantes levantaron una ciudad desde las fábricas donde manufacturaban los envidiados cigarros habanos. Dichos espacios de trabajo, en la actualidad, acogen centros comerciales o empresas dedicadas al ocio (paradojas del capitalismo), mientras el turismo se posa con discreción sobre las calles de Ybor City, el barrio tabaquero de la ciudad. Sus casitas de museo, sus calles históricas y las fachadas cuidadosamente retocadas, o el viejo tranvía que usaban los obreros para ir a trabajar se convierten cada día en fotografías y postales para el disfrute de visitantes y gentes de paso…

Seleccionando hojas de tabaco en la fábrica de Cuesta Rey Co., en Tampa. (archivo Emigrantes Invisibles)

Yo desde aquí les invito a un viaje en el tiempo, en busca de sueños y utopías.

A mediados del siglo XIX, Tampa apenas figuraba en los mapas americanos como el pueblo costero junto a un fuerte militar dominado por el ejército confederado. Fue a partir de 1885, tras el desembarco de los empresarios tabaqueros que huían de la decadente Cuba española, cuando dicho lugar comenzó a crecer en habitantes y en importancia comercial: puerto, ferrocarril, talleres, negocio y necesidad atrajeron a inmigrantes cubanos, españoles, italianos, alemanes… En poco tiempo, todos ellos convirtieron aquel poblachón en la capital mundial del tabaco. Entre los españoles, los asturianos pasados por Cuba se hacían notar más que los demás. Algunos descendientes de aquellos inmigrantes rememoran a duras penas las viejas historias del Balneario Naturopático del doctor Argüelles, las severas huelgas en la fábrica de Ignacio Haya o la vida en el barrio Candamo, llamado así por la procedencia de sus vecinos. Son sólo tres ejemplos. Son evocaciones de una época no vivida por ellos en primera persona, son recuerdos heredados. Estos descendientes nacieron en el memorable hospital del Centro Asturiano de Tampa, cuando ser socio de este club social proporcionaba cobertura médica, además de acceso a su hospital y su cementerio. Haber nacido en ese ya desaparecido hospital los incorpora al pasado que hoy documentan las lápidas del camposanto. El cementerio asturiano de Tampa aún se puede visitar.  Sus lápidas talladas y enmohecidas hablan tanto como los vivos.    

Exterior de la fábrica de tabaco del asturiano Celestino Vega, en West Tampa (archivo Emigrantes Invisibles)

En la cantina del majestuoso Centro Asturiano de Tampa, los viejos siguen maldiciendo como antaño. Desata la bronca una reñida partida de dominó o los juegos de naipes entre amigos. Sus recuerdos se desvanecen entre las ocho mesas de la sala, como el humo de los cigarros habanos y los cagamentos. Fuera, en el jardín, dos placas conmemorativas pasan inadvertidas para el visitante distraído. Una recuerda a los voluntarios de Tampa que se alistaron en las Brigadas Internacionales para luchar en defensa de la República Española. Otra celebra la ayuda que el pueblo de Tampa brindó a la República en tiempos de guerra. Hay quienes saben ver sueños rotos en dichas placas. Los de cuantos inmigrantes pretendían regresar a casa con algo de dinero ahorrado -la guerra se lo impidió-, y los de cuantas personas vieron en aquella lucha la defensa de una utopía: un mundo justo.

Un lector instruye y entretiene a los trabajadores de una fábrica de tabaco en Ybor City, Tampa. (archivo Emigrantes Invisibles)

Para encontrar huellas de la movilización por la defensa de estos sueños hay que dirigirse al campus universitario de la Universidad de South Florida. En el edificio de la biblioteca universitaria se ubica el archivo que preserva la colección histórica de la Tampa que se volcó con la Guerra Civil española. Cartas, fotografías, documentos y objetos que evidencian la movilización política en Tampa y la participación de los emigrantes en la contienda del 36.

Un boleto para el gran picnic organizado en el parque La Columna de West Tampa, 23 de mayor de 1937, conserva en su parte trasera la letra del glorioso pasodoble “El soldadito español” modificada para ser cantada como “El miliciano”. Esta versión solía escucharse en todos los actos que El Comité Popular Democrático de Ayuda a España organizaba para promover la defensa a las tropas leales y captar la atención entre los inmigrantes de la ciudad. Como la mayoría de obreros y campesinos españoles repartidos por los Estados Unidos, los tabaqueros de Tampa se posicionaron en favor de la España Republicana.

Delegados del Comité Popular Democrático de Ayuda a España de Tampa posan en Nueva York frente a las cuatro ambulancias adquiridas con fondos recaudados en Tampa. Las ambulancias fueron enviadas a Cruz Roja Española en septiembre de 1937. (archivo USF)

Leopoldo González fue un emigrante de origen asturiano que trabajó como tabaquero en Tampa. Su afición a la música nos llega en forma de partitura. Él compuso el himno antifascista para todos los inmigrantes españoles en los Estados Unidos. ¡NO PASARÁN! «Pero pasaron», se oye en la cantina del Centro Asturiano. El archivo histórico conserva, también, evidencias de un panfleto en el que Leopoldo González dedicó un poema a Dolores Ibárruri. Se vendía a 5 centavos. Hoy apenas sobrevive la portada.

Las tradicionales luchas sindicales y las lecturas libertarias en las fábricas, los mítines cubanos que promovieron la independencia de la isla desde la ciudad tabaquera, y el ambiente de reivindicación constante que se vivió en las calles de Tampa desde su fundación favorecieron el activismo entre españoles cuando comenzó la guerra en España. Las colectas de dinero mediante programas festivos fueron destinadas a comprar alimentos para los huérfanos de la guerra, y ropa, y máquinas de coser, y ambulancias. Casi cada semana se celebraba alguna función teatral, o bailes, o marchas con mítines propagandistas. Combinando los legajos del archivo con la visita al ostentoso teatro del Centro Asturiano, cualquiera conseguirá evocar dichos eventos, en los que solían participar familias enteras, niños, abuelas…

Muy comentado debió de ser el fatal accidente de tráfico que en marzo de 1938 acabó con la vida del alcalde de Gijón, Avelino González Mallada. Ocurrió en Woodstock (Virginia), saliendo de Nueva York en su larga gira propagandística por las colonias de inmigrantes españoles. ¡Cuántos fondos podría haber recaudado! Mallada nunca llegó a Tampa. El Comité Popular Democrático de socorro a España sí recibió, en agosto de 1938, al delegado de la Cruz Roja, S. J. Philmore y su esposa Olga para tratar asuntos importantes. Asilo, refugiados, ayuda. Las caras de anfitriones y anfitrionas -se fotografiaron en dos tandas con el matrimonio- aún albergan sonrisas de esperanza. Se ven en las fotografías que conserva el archivo universitario.

¿Cuánta ayuda salió de Tampa para favorecer la causa republicana? Corren tiempos en los que todo se cuantifica, así que la respuesta podría darla un telegrama de la época. Lo envió José Martínez, presidente del Comité Democrático Popular tampeño de Ayuda a España. Dirigido a José Giral, quien presidía el Consejo de Ministros del gobierno en España. Le informa que la colecta de 2.000 dólares recaudada por el comité ha sido enviada al embajador español en Francia, don Álvaro de Albornoz

Desde Tampa, no solamente se envió dinero para fortalecer la lucha contra el ejército sublevado. Algunos hombres cruzaron el oceáno y vieron con sus propios ojos la guerra. Y murieron por una causa. Y por proteger el sueño de sus padres emigrados: volver a una España más justa. Las cartas que enviaron desde el frente, a sus padres y amigos, al presente, permiten conocer tales ideales. La placa de bronce en el jardín del Centro Asturiano solamente les conmemora.

Destaca entre ellos la figura de José García Granell, tampeño de emigrantes asturianos, tabaquero de Ybor City. Se alistó en el batallón internacional de la Brigada Abraham Lincoln. Protagonizó un reportaje de la revista Mundo Gráfico, el número 1337, publicado el 16 de junio de 1937. En él describe desde Madrid el fervor con que se vive desde Tampa la guerra en España. Enumera a otros brigadistas tampeños: “Somos doce. Y todos han caído muertos o heridos. Estos son los camaradas muertos: Salsita, Pérez, Guijarro, Maldonado, Abelardo Valdés, Arturo Tanez… Supieron morir como buenos. Los demás del grupo hemos sido heridos. Ybor City puede sentir el orgullo de sus muchachos que aquí vinieron a defender la causa de los trabajadores. El pobre Salsita, el pobre Guijarro, el pobre Valdés…”. Granell cayó prisionero y desapareció en abril de 1938.

Retrato del brigadista José García Granell publicado en Mundo Gráfico (1937)

En el archivo de Tampa se conserva el fragmento de una carta que Granell dirigió al director del periódico local La Gaceta, Victoriano Manteiga, en el que afirma: “… que me debo a la causa de la Democrática República Española, y únicamente España me pueda mandar. Para servirla, una, y sirviéndola estoy, contento y sabiendo que, mientras la República me necesite, a sus servicios estaré. Hasta la muerte, ahora y siempre, José García Granell”.

En 2022, la democracia en el mundo cabe en un centro comercial que abre sus puertas hasta caída la noche en el interior de una vieja fábrica de tabaco de Tampa. Pasan ante ella turistas despistados, camino de Disneyland. ¿Cabe ahí de verdad? ¿Acaso cabe ahí un mundo justo?  No pregunten a los turoperadores. Acudan a un archivo histórico y puede que encuentren la respuesta.

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