Comandanta Dora, el sandinismo sigue vivo en ti

El régimen del sátrapa Daniel Ortega condena a ocho años de cárcel a la histórica guerrillera nicaragüense, que fue ministra de Sanidad en el primer Gobierno del FSLN

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Managua, capital de Nicaragua, 22 de agosto de 1978. Un comando del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) asalta el Palacio Nacional de Nicaragua, sede del legislativo títere de la dictadura somocista. La operación, bautizada por el grupo guerrillero como Muerte al Somocismo, la lleva a cabo el comando sandinista Rigoberto López Pérez, que debe su nombre al poeta nicaragüense que perdió la vida al tirotear mortalmente al tirano Anastasio Somoza. El comando guerrillero se disfraza, hábilmente, con uniformes de un cuerpo de élite de la Guardia Nacional somocista, y entra hasta la cocina en la sede del legislativo títere de la dictadura: secuestra a diputados y senadores, pide a cambio de la liberación de esa gentuza la libertad de presos políticos, y que se difundan por los medios de comunicación del régimen los comunicados sandinistas.

A Tachito Somoza, el último heredero de la dictadura fascista, se le ponen los cojones de corbata: esa guerrilla, inspirada en el ejemplo de aquel romántico Augusto César Sandino, va a por todas; a esa guerrilla le huele el aliento a libertad y a pólvora, y eso no hay dios que lo pare. “De esta no me salvo ni con todo el apoyo militar de los gringos”, pensará quizás el dictador. Con todo, el cabrón de Tachito libra de esa, libra también cuando el sandinismo libera Managua, y con Managua libera todo el país. No libra Tachito doce años después, cuando en su dorado exilio en Paraguay un comando guerrillero acribilla con fusiles de asalto y con un lanzagranadas la limusina en la que viaja el dictador por la lujosa avenida Francisco Franco de Asunción.

La comandanta Dora Téllez, en una incursión del FSLN.

Volvamos al principio. Al frente de aquel comando que asalta el Palacio Nacional de Managua, formado por dos docenas de guerrilleros y guerrilleras, están Edén Pastora como comandante cero, Hugo Torres como comandante uno y Dora María Téllez como comandanta dos del FSLN, tercera en el mando en esa operación. Dora tiene apenas 23 años, se ha criado en una familia de clase media, se sumó al Frente Sandinista mientras estudiaba Medicina, viajó a Cuba para formarse en “cirugía de guerra” y para instruirse en técnicas de combate. Al regresar a su país libra su primer combate en el Frente Norte, en la coordillera Dipilto Jalapa, que separa Honduras de Nicaragua. Después se convierte en una sombra inalcanzable, en un fantasma ilocalizable para las tropas de aquella infame dictadura nicaragüense apoyada política y militarmente por Estados Unidos. Las fuerzas a cargo de la comandanta Dora comienzan a golpear aquí y allá, se despliegan con toda su rabia y su replegaban silenciosamente sin que puedan seguir sus pasos, esos pasos de botas guerrilleras que se pierden en la espesura amiga de la selva o en la espesura del silencio amigo del campesinado…

Triunfa la Revolución y Dora Téllez se convierte en ministra de Sanidad del primer Gobierno sandinista, con lo que ello supone: vacunas que salvan miles de vidas nicaragüenses olvidadas, políticas de anticoncepción que otorgan la libertad de decisión a las mujeres, acceso a la sanidad para todas las personas… El sandinismo hace de la salud uno de sus grandes ejes de transformación social.

Dora Téllez, en un acto de reconocimiento del Frente Sandinista.

El sandinismo, como movimiento, vive tiempos de bamboleo tras el “fracaso” de la Revolución sandinista (eso que llaman “fracaso” es en realidad una invasión militar e ideológica orquestada por los Estados Unidos). En 1995 Dora Téllez y otros legítimos representantes del histórico FSLN se desmarcan de esa apropiación del movimiento sandinista que ya está perpetrando Daniel Ortega, con el que la comandanta Dora compartió los momentos más duros y más tiernos de la lucha.

Ortega ya está en otra onda, la épica del sandinismo le queda lejana. Le quedan lejanos todos los sacrificios que asumió el pueblo sandinista durante la dictadura y durante los días, no menos duros, tras el triunfo de la Revolución, cuando la primera potencia militar del mundo asumió como principal objetivo ideológico y estratégico someter a ese pequeño país centroamericano de seis millones y medio de habitantes. A Daniel Ortega le quedan lejanos los sacrificios de Augusto César Sandino, de Rigoberto López, del cura asturiano Gaspar García Laviana, el Comandante Martín, que entregó la vida, arma en mano, defendiendo todo aquello que representaba el sandinismo y que sigue representando el sandinismo, y que nada tiene que ver con lo que defiende el sátrapa, corrupto y sinvergüenza Daniel Ortega.

El régimen del sátrapa, corrupto y sinvergüenza Daniel Ortega sigue procesando, condenando y encarcelando a toda la disidencia. Su último objetivo es Dora María Téllez, a la que su régimen acaba de condenar a ocho años de cárcel por un delito de “conspiración”. El régimen de Ortega condena a aquella guerrillera que con un par de ovarios y apenas 23 años se puso al frente del asalto de la libertad, fusil en mano, y que hoy en día sigue luchando, con un par de ovarios y con 68 años, para que la libertad eche raíces en Nicaragua.

Comandanta Dora, el sandinismo sigue vivo en ti.

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