“Parece que el Himalaya te da más prestigio, pero no hay que desmerecer lo que tienes al lado de casa”

La alpinista catalana Araceli Segarra habla este viernes en el Auditorio Teodoro Cuesta dentro de les XXXIV Xornaes Montaña Mieres.

Recomendados

Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Araceli Segarra (Lleida, 1970) llegó a la montaña primero desde las profundidades, ya que se inició en la espeleología a los 14 años para pasar después al exterior: verticalidades y cresteos, hielo y pedreros. Así le colocaron “la etiqueta” en 1996 como la primer montañera del estado español en ascender al Everest, aunque no es la hazaña que ella más destaca en su currículum. De hecho considera que las etiquetas, más que otra cosa, son limitantes y que hay montes que marcan mucho más que un 8.000. Esta alpinista más que himalayista dará mañana viernes la charla ‘Alpinismo, una filosofía de vida… en constante cambio’ dentro de les XXXIV Xornáes Montaña Mieres.

La alpinista catalana Araceli Segarra. Fotos cedidas: Jordi Canyameres.

Hacemos esta entrevista por teléfono, a media hora de su coche mientras baja del Aspe, en la zona de Candanchú (Pirineos), tras hacer una vía de hielo. La otra media hora charlamos de la que se quita los crampones y las botas rígidas y descansa descalza en su furgoneta, al calor de una sopa miso acompañada de Alfons Valls, su marido. Es autora de ‘Ni tan alto, ni tan difícil’ (2013) y de la serie de cuentos infantiles Tina y las siete cumbres, de los que también es ilustradora.

¿Qué nos vas a contar en ‘Alpinismo, una filosofía de vida?

Puntos suspensivos ‘… en constante evolución’, que es lo que más importante aunque no esté el título completo. La idea es que evolucionamos. Yo empecé en este deporte con una edad y una mentalidad y con los años ha cambiado. Y mi necesidad, mi manera de entenderlo, ha ido cambiando. Una cosa que quiero transmitir es que las cosas están en cambio, evolucionan, tenemos nuevas perspectivas de lo que hacemos. Es el concepto filosófico de este deporte. Cuando tenía 14 años y descubrí la montaña era el concepto puro de aventura, emoción, descubrimiento, compañerismo ligado a la incertidumbre de esa aventura. Con los años, cuando te has hecho un montón de veces las mismas vías, ya aventura aventura no es… con los años cambia y el descubrimiento es más interior. La montaña tiene ahora otro matiz, más espiritual. La faceta competitiva sigue ahí, pero más calmada y sobresale más esa parte espiritual, de descubrimiento interior. La montaña no se acaba a los 50. Cuando tenga 80 y pico algún que otro 8a (grado muy alto de escalada) lo voy a tumbar (se vuelve a reír). Por eso el título va por ahí. En mi charla hago una travesía por varias edades y montañas de mi vida con estos conceptos. Voy a hablar también de educación con los cuentos de Tina para introducir la igualdad de género.

Araceli Segarra con la colección de Tina y las siete cumbres. Foto cedida: Alfons Valls.

Porque, además de alpinista, eres escritora, ilustradora, das charlas…

Trabajo en varias áreas de la comunicación, pero no sé qué soy (risas). Etiquetarse es complicado y te acaba limitando. Yo soy una persona que se busca la vida. Intento trabajar en diferentes áreas de la comunicación como la radio, la tele, ilustrando… Mis charlas no siempre van en la línea motivacional, algunas son más conceptuales.

Mencionas las etiquetas, que no te gustan nada, pero llevas la de la primera mujer del estado español en subir al Everest.

Hice el Everest porque me contrataron para hacer una película en IMAX completamente diferente; nos metimos por una de las vías más difíciles, sin oxígeno, ni cuerdas fijas ni sherpas. Yo me considero más alpinista que himalayista. Precisamente este domingo se reestrenó este documental, que lo han digitalizado y remasterizado a 16ks con una calidad visual superior a cuando se rodó, y ahora lo van a pasar en los cines IMAX de EE.UU. para saltar luego a otros países.

También señalas que esas etiquetas ocultan en cierta manera montañas que tenemos más cerca de casa.

Una de las cosas que voy a hacer en la charla es hablar de las montañas al lado de mi casa, en la Cerdanya, en el Pirineo catalán tocando Francia y tengo el Cadí cerca. Parece que el Himalaya te da más prestigio, ¿no?, pero no hay que desmerecer lo que tienes al lado de casa.

¿Has hecho actividad en Asturies?

Íbamos a venir estos días, aprovechando el viaje, a Peña Santa de Castilla, pero se nos complicó con trabajo. Conozco el Urriellu. Lo cierto es que estando en la Cerdanya tiras más a los Alpes.

Foto: Araceli Segarra

Ahora mismo la vega del Urriellu es una de las zonas más transitadas y masificadas.

La masificación está en todas partes. Mira, hay una muy típica en Cataluña, el Pedraforca, que es, con Montserrat, donde más rescates se realizan. La montaña está de moda, en auge. Me parece interesante que haya más personas con un objetivo que aburrirse en un centro comercial.

La gente se federa para saltarse durante la pandemia los cierres perimetrales pero ¿nos formamos para salir a la montaña?

¡Somos delincuentes genéticos! (bromea). Esto de la formación está cambiando. Mi marido es guía de montaña y antes trabajaba en rescates de montaña. Últimamente lo están llamando para hacer cursos de montaña en fines de semana. El último que dio eran seis chicas y un chico. Le contratan clubes. Yo aprendí en un cursillo en un club, pero ahora hay tanto papeleo y responsabilidades que se contrata a guías, por ejemplo, para formación en esquí de montaña, maniobras, riesgos… Hay un pequeño auge en este tema. Creo que va por oleadas: hubo una primera marea para salir a la montaña y ahora hay una segunda de formación. Hay grandes himalayistas como Ferrán Latorre, Oriol Baró… que son guías; hace 20 años era imposible ganarse la vida, pero hay un cambio de mentalidad.

Escalando en hielo. Foto cedida: Alfons Valls.

Y está todo este tema del guía benévolo, que parece que no se puede quedar con cuatro colegas para salir al monte por las responsabilidades burocráticas…

Esto viene de los yankies, que denuncian por todo. Por eso los guías tienen sus seguros de responsabilidad y los arneses te vienen con instrucciones de lo que se puede o no hacer con ellos. Es esta cosa de no responsabilizarnos de nuestros actos…

Tengo que decirte que te sigo desde adolescente, eres uno de mis referentes femeninos en la montaña de aquella época.

¡Anda, qué me dices! Sí que es cierto que éramos pocas, pero ahora ya sí que hay más mujeres, sobre todo en escalada deportiva y en roca. No es fifty fifty, pero sí que alguna vez se ven más chicas que chicos. En alpinismo o en Alpes ya no se ven tantas, cuando hay más riesgo, hay que abrir vía con friends… En cambio en himalayismo sí se ven más chicas porque el riesgo está más controlado.

Ya que hablas de este control del riesgo, ¿por qué crees que es esto, quizás por la indefensión aprendida desde pequeñas de que las chicas no podemos, o no debemos, hacer determinadas cosas?

En mi opinión, aunque harían falta estudios, es que puede que haya una parte genética de la mujer como procreadora ancestral, esa parte de protectora, nos falla este ímpetu de hacer un largo sin saber si hay o no seguros nos cuesta más, y los hombres, sin tener esa información, tienen el ímpetu, valoran el riesgo pero de otra manera. Creo que debe haber algo de esto, pero la mayoría de la razón se lo lleva el tema educacional. Muchas veces nosotras somos las machistas sin darnos cuenta porque lo hemos mamado culturalmente, la idiosincrasia… pero sí que es educacional. Es esa protección en casa de la niña frente al niño, de él puede llegar más tarde…  de comentarios como el qué guapa frente al qué valiente para ellos. Aunque algunos de estos adjetivos ya empiezan a cambiar. Antes si andábamos saltando por ahí y así nos decían marimacho, que siempre me cayó como un puñal. Me gusta más en inglés, tomboy, o en catalán, chavalot. Igual es que cuando te dicen las cosas es inglés suenan mejor… (risas). Esa educación hay que cambiarla de raíz, pero llevará tiempo. Este domingo tengo una charla para mujeres en el Mobile Congress; cuando hablamos para prepararla en cinco minutos conectamos todas: son ingenieras informáticas, directivas… en un terreno tradicionalmente masculinizado. El caso es que si en el monte lo tenemos complicado, laboralmente es más difícil. Por eso es importante este tipo de reuniones en las que te sientes identificada con otras mujeres, y eso hace que no abandonen.

Recogiendo cuerda. Foto cedida: Alfons Valls.

Comentabas precisamente que cada vez se ven más mujeres en la montaña, y solas, que también es motivo de comentario por parte de los paisanos.

Es que esa educación la tienen inculcada en el tuétano de los huesos, y no se dan cuenta. Hay otra palabra en inglés maravillosa para definirlo: mansplaining. El otro día estaba con una gente y viene un tío a decirme cómo tenía que poner las pieles de foca. ¡Si hace 30 años que hago esquí de montaña! O a veces estoy en mi mundo feliz y vienen a explicarme lo que tengo que hacer. ¿Pero os escucháis cuando habláis? ¡Esto es la palabra mansplaining!

Me parece destacable el hecho de que no sólo hay más mujeres, sino que hay más mujeres de más edad.

Ha habido, no sé si por la pandemia y por el auge de salir a correr. Se ven muchas mujeres más mayores haciendo esto del nordic walking por ejemplo… Si es para conseguir más gente feliz, haciendo deporte y yendo menos al médico, bienvenido sea.

¿Y en qué andas metida ahora?

Haciendo alpinismo, escalada en roca… la pandemia nos rompió los esquemas que vamos retomando, pero siempre me programo un viaje al año. Son proyectos relativamente modestos pero que son taaan interesantes personalmente… Estoy metida en un curso de narrativa para aprender a escribir, estamos ahora con la escena, en el Ateneu de Barcelona. Lo que quiero es que no me duelan mucho las rodillas para seguir haciendo monte.

Actualidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí