Gijón como nostalgia

Mientras el Jovellanos se llenaba con "Volver a empezar", en Oviedo la gente disfrutaba del punk surrealista de Lagartija Nick. Esa es la clave.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Se cumplen 40 años del rodaje de “Volver a Empezar”. Medio Gijón se reencontraba este sábado con las idas y venidas de José Luis Garci por la ciudad, junto a Antonio Ferrandis, José Bódalo y Agustín González. Esto tenemos que hacérnoslo mirar porque es muy sintomático. El psicoanalista nos diría que necesitamos desengancharnos de la melancolía. Gijón se ha vuelto un yonkie de la nostalgia. El caso es que mientras Gijón volvía a ver en el Teatro Jovellanos “Volver a empezar”, en Oviedo la gente disfrutaba del punk surrealista de Lagartija Nick. Esa es la clave.

Ya he dicho alguna vez que “Volver a empezar” es un seminario de 80 minutos sobre el arte de morirse, el arte de recordar, el arte de vivir en el pasado, entre el canon de Pachelbel y el “Begin the Beguine” de Cole Porter. Lo malo de la nostalgia es que siempre es contagiosa y ha conseguido que Gijón tenga nostalgia no solo de Garcí, sino del Xixon Sound, de Vicente Álvarez Areces y así en este plan. Quiere decirse que la ciudad siempre se compara con otro tiempo, dejandose poblar por fantasmas del pasado, de un tiempo y un paisaje mejor y peor, que anulan cualquier novedad, cualquier impulso porvenirista que haga converger nuevas miradas cinematográficas, musicales, sociales, económicas y políticas.

“mientras Gijón volvía a ver en el Teatro Jovellanos “Volver a empezar”, en Oviedo la gente disfrutaba del punk surrealista de Lagartija Nick”

Volver a Garci es volver a 1982 y comprender que España se abrazaba a la socialdemocracia, a un Sporting que aspiraba a todo y no se tambaleaba entre los puestos de descenso en la tabla de la segunda división. Efectivamente, el cine de Garci es un devenir nostálgico, fantasmagórico y también vitalista, ese vitalismo noir que amarillea las páginas de la vida. Gijón vive ahora en esa cárcel de oro que es la vejez y reclama que todo tiempo pasado fue mejor. No es de extrañar que la iniciativa de Jesús Martinez Salvador (FORO) haya triunfado, descubriendo una placa en el hotel Asturias, proyectando la película y respirando la naftalina del pasado. Ha dicho el propio Garci que no ha ido a la celebración porque todos sus amigos están muertos. He aquí la honestidad de un director que descubre que la vida, llegada cierta edad, se convierte en un impostura. Como diría Azcona: los muertos no se tocan. 

Nacho Vegas, Nacho Álvarez y josele García, de “Manta Ray”, en La Plaza, epicentro del Xixón Sound. Foto: La Plaza.

El concejal de Foro ha tendio otra idea de concejal de cultura: que venga Bruce Springsteen, o sea, que vengan los grandes conciertos, o sea, más pasado, más madera, más nostalgia. No tenemos nada contra el Boss, que ha visitado la ciudad en otras ocasiones, en otros gobiernos. Al viejo héroe de la clase obrera le pasa como a Clint Eastwood o Woody Allen: ya lo dieron todo, cualquier mierda que hagan, por mala que sea, no ensombre nada de todo lo anterior. Sin embargo, estas ocurrencias de Martínez Salvador ponen de manifiesto que Gijón está fuera de los circuitos culturales y que desconoce las programaciones que se diseñan en otras ciudades, cómo se formulan, por qué y para qué se hacen. La nostalgia como ideología se convierte en el gobierno de los fantasmas, ay. 

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