Feijóo y el milagro de los leprosos

Se afianza un presidente del PP que fulmina sin piedad dentro y fuera de su partido, mientras el barco, gobernado por Sánchez, trata de mantenerse a flote bajo la tormenta.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Igual que Jesús obró desde la cruz el milagro de los panes y los peces y después curó a los leprosos, así obró Alberto Núñez Feijóo con los suyos en cuanto llegó al Teatro Campoamor anunciando la buena nueva de un partido que había olvidado completamente la crisis de febrero, la corrupción, el desastre en la gestión de su partido y la amenaza de Vox. Aventuró como un profeta a los afiliados y cargos públicos que llegaría a la presidencia del Partido Popular con cuatro mayorías absolutas en Galicia y anticipó que, si no necesitó de pactos entonces, tampoco los necesitará después.

Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia, ya no habla como candidato a la presidencia del PP. Ayer, ante el señorío de derechas de la capital asturiana, se plantó como candidato al gobierno de la nación, iniciando una campaña electoral aparentemente limpia, basada en las certezas y la experiencia en su gobierno, como una roca previsible e inamovible, inmune al desgaste en las tomas de decisiones.

Alberto Núñez Feijóo y Teresa Mallada, en el Teatro Campoamor de Oviedo. Foto: Iván G. Fernández

Feijóo sabe que no es un político que llegue a la Moncloa desde la nada. El público, clavado a la butaca, tenía la sensación de que iba otra vez a ganar unas elecciones, como si Vox no hubiera existido nunca, como si Ayuso tampoco y Pablo Casado sólo fuera un mal recuerdo que algún afiliado le afeó, cuando ya estaba finalizando el acto, provocando el alboroto de la platea. Se había vuelto a obrar el milagro de los leprosos. “¡Presidente, presidente!”, le gritaban. El muerto al hoyo y el vivo al mogollo.

El presidente gallego llegó a Oviedo con 1.800 avales recibidos en la región y después de un consejo de gobierno para defender la unidad de la nación, el Estado de derecho, las libertades y presentarse como la única alternativa posible al gobierno “sin fracturas, ni populismos ni alianzas con los independentistas”. Afirmó que su gobierno no entendería de cuotas ni de vetos, en el que sólo estarían los mejores: “parece que lo más razonable es que un autobús lo conduzca un tío que sabe”. También dijo que la alcaldesa de Barcelona nombró al último ministro de Universidades, Joan Subirats, al que no conocía nadie, ni siquiera Sánchez. “En mi gobierno, los ministros los nombro y los ceso yo”, afirmó contundente, a sabiendas de que las discrepancias entre el PSOE y Podemos son el talón de Aquiles del gobierno de Sánchez.

Alberto Núñez Feijóo y Teresa Mallada, en el Teatro Campoamor de Oviedo. Foto: Iván G. Fernández

Ha convertido la seriedad en el eslogan de su campaña, aunque en el Campoamor sólo se leía un “preparados” que no decía nada ni convencía a nadie al comienzo de la jornada. Ayer alardeó de su gestión, abonando la frivolidad progre para los que gobiernan a golpe de tweet y foto en Instagram. “Política es hacer unos presupuestos rigurosos, no escribir una frase guay”. Afrontó la gestión de Pedro Sánchez como la de un cobardón incompetente que se escudó en las competencias de las autonomías para evitar el desgaste de la pandemia y ahora se ampara en las de la UE para no tomarlas ante la crisis económica de una guerra: “está esperando a que los problemas los resuelvan otros, dando una homilía de vez en cuando”. Ufano, anunció a los presentes que, a escasas horas de este mitin, su gobierno había aprobado una ayuda de 200 millones para los ganaderos y un bono de 100 euros para la luz de las familias más amenazadas por las crisis, mientras Sánchez había sido incapaz de aprobar un estatuto nuevo para las empresas electrointensivas, provocando la desaparición de Alcoa en Avilés, A Coruña y San Cibrao. “Es fácil ser guay cuando no has visto una acería en tu vida”.

“Feijóo ha elaborado un argumentario más centrado en sí mismo que en todo lo demás, quizá porque todo lo demás es cumplir con la ley, la Unión Europea y buscar la eficiencia sin discrepancias internas”

Feijóo también fue duro con el cierre de las termoeléctricas del carbón. “Sánchez las cerró todas de golpe, mientras en Alemania hay operativas 40”. No hubo tiempo para lamentos, ni redenciones. El movimiento se demuestra andando. Feijóo ha elaborado un argumentario más centrado en sí mismo que en todo lo demás, quizá porque todo lo demás es cumplir con la ley, la Unión Europea y buscar la eficiencia sin discrepancias internas. Es un oteador de la estabilidad. Está dispuesto a convertir La Moncloa en una fortaleza. Defendió al político de principios que se preocupa de las políticas y no de los políticos. Como Felipe González, también citó la palabra mágica, la “centralidad”, para gobernar y llegar a pactos: “el PP tiene la mano tendida, pero no firma cheques en blanco”.  También reivindicó las figuras de la transición y rebajó las de sus contemporáneos hasta convertirlos en una caricatura: “con los políticos de hoy, todavía estaríamos discutiendo la Constitución”.

La prueba del algodón del presidente gallego serán los pactos que pueda cerrar antes de que comiencen las elecciones. Ha leído con acierto a Felipe González y la experiencia de Yolanda Díaz con su reforma laboral lo confirman. “Para bien o para mal, tengo una hoja de aciertos. Hice pactos con el INSALUD, con los líderes de los sindicatos de Correos, con partidos de distintos colores, porque era lo mejor en determinados momentos. No para quedar bien, sino para defender a la gente”.

Teatro Campoamor, en Oviedo. Foto: Iván G. Fernández

Sabe que la financiación autonómica puede ser un trampolín definitivo para que se pase cuatro años gobernando el país. “En los últimos tiempos, hemos tenido trayectoria de hacer pactos en las comunidades autónomas”. Hoy lidera el frente que defiende los criterios de dispersión y envejecimiento frente a Ximo Puig, en la negociación de la financiación autonómica, posiblemente la plataforma que le puede hacer ganar las elecciones, si andaluces y catalanes le siguen. Lo primero es muy probable, lo segundo prácticamente imposible.

Parece que Feijóo se quiere situar fuera del tablero del sistema, como un primus inter pares, un mirlo blanco, como una tabla de salvación para un país desgastado por la pandemia primero y la inflación después, haciendo del gris de su gestión el mayor atractivo de su candidatura. Lo cierto es que se afianza un presidente del PP que fulmina sin piedad dentro y fuera de su partido, mientras el barco, gobernado por Sánchez, trata de mantenerse a flote bajo la tormenta, con la astucia de un marinero que calcula la fuerza del viento. Estas elecciones, con Sánchez, Díaz y Feijóo, serán apasionantes.

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