La lección antifascista francesa para el PP y el PSOE

La izquierda y la derecha de Francia bloquean a la ultraderecha mientras Vox entra en el Gobierno de Castilla y León con la permisividad, por acción o permisión, de los dos grandes partidos

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Francia is different. Y perdón por la boutade (lo compenso con un término francés, aunque lo meta a calzador). Anoche, tras la primera ronda de los comicios presidenciales casi todas las candidatas y candidatos dejaron claro, o al menos dejaron caer, que no hay que votar a Marine Le Pen en la segunda vuelta. Jean-Luc Mélenchon, etiquetado por medios franceses e internacionales como el candidato de la extrema izquierda, fue de los que insinuó que el mal menor para la segunda vuelta es Emmanuel Macron. Por cierto, la Francia Insumisa a la que representa Mélenchon logró un resultado titánico que están ninguneando muchos medios en su análisis simplista de los resultados electorales: logró casi un 22% de los votos, apenas dos puntos menos que la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, y casi diez veces más que el Partido Socialista Francés, que huele a muerto, como huele a muerto la derecha gaullista. Y todo eso seguramente avala la tesis destituyente-constituyente de que la quinta república francesa se va al carajo: bienvenida sea la sexta, aquí llevamos ochenta y pico años esperando por la tercera.

Desde esos parámetros que algunos medios llaman frívolamente “extrema izquierda” hasta la derecha rancia, excluyendo al candidato que se presentaba a la derecha de la ultraderecha de Le Pen, Éric Zemmour, en Francia parece que todas las formaciones políticas tienen claro que en la disyuntiva entre una candidatura fascista y una candidatura de otro signo político hay que decantarse por el mal menor. Eso se llama realpolitik y la clase política habituada a ostentar el poder, al norte o al sur de los Pirineos, se supone que está habituada a ella. Pero resulta que Spain is different, mon Dieu. Hoy ha tomado posesión el Gobierno de Castilla y León, en el que el Partido Popular le cede a los fascistas de Vox tres consejerías que no son moco de pavo: Agricultura, Empleo y Cultura y Turismo.

Es la primera vez que el partido ultra pasa a formar parte de un Ejecutivo autonómico, a pesar de que los neofranquistas de Abascal renegaban de la “España de las autonomías”. En la Francia actual, descompuesta políticamente, con un régimen moribundo y con todo lo que se quiera, no habría un PP que le tendiera la mano para compartir Gobierno con un grupo fascista ni habría tampoco un PSOE que no tuviera la altura de miras necesaria para dar de paso, aunque fuera con su abstención, un Gobierno en solitario del PP antes de permitir que se asentaran en el Ejecutivo de Valladolid los herederos políticos del fascismo de Franco. Pero al PSOE quizás le interesaba más buscar el posible degaste del PP posando en la foto con Vox.

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