“El tiempo ha permitido vislumbrar el grado de toxicidad que había en el indie”

La escritora gallega Cristina V. Miranda firma La entusiasta, una primera novela que destapa el machismo y clasismo de la escena musical independiente en los 2000´s

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Cristina V. Miranda firma como Gala de Meira su primera novela, La entusiasta (Ed. Dosmanos, 2021), un relato generacional que desvela la cara oculta de la escena indie española y pone de manifiesto cómo un movimiento musical que se decía alternativo, también era tóxico. Al machismo de la época, se sumaba un hedonismo de corte clasista y terriblemente individualista que ha prevalecido hasta nuestros días. Con este paisaje, Miranda ha moldeado la figura de toda una generación dispuesta a entregarse con todo, sin saber realmente a quién ni con qué coste. La novela está muy lejos de ser un ajuste de cuentas, aunque sí ha irritado a algunos músicos. Por el contrario, es una novela de corte realista, en un Madrid nocturno, hambriento y urbano que trata tanto de la pérdida como de la iniciación a la vida adulta, con una gavilla de canciones de la escena indie que permiten descubrir a una escritora con un nervio poético, eléctrico y crítico abrumadoramente sólido, fulgurante, sentimental y de largo recorrido, en la tradición de otros escritores como Kiko Amat, Liv Albertine, Hornby o Nick Cohn. Porque La Entusiasta es una novela luminosa y musical sobre el naufragio y la amistad, sobre la importancia de la música y quizá, también, la primera novela española que, desde una honestidad visceral, ofrece claves para entender una parte de nuestra cultura, la más áspera, la más afilada, la más vertiginosa, y también, por qué no, su vértice más egoísta y cruel, el que resulta más difícil de reconocer cuando también se ha pertenecido, sin un ápice de rencor ni arrepentimiento. Miranda inicia como narradora un camino muy prometedor y desarrolla en estos momentos, junto a su marido, el músico Auto Sacramental, un poemario nuevo con actuaciones en directo. El próximo 7 de mayo, presentará La entusiasta en el café y librería Toma 3 junto a Cova de Silva y Tono Permuy.

-Crees que con esta novela se destapa la pátina de narcisismo que envolvía a un sonido que terminó convertido en una industria del entretenimiento.

Creo, por una parte, que en los años de los que yo hablo el indie ya formaba parte de una gran industria y por la otra, sí que se destapan muchas actitudes tóxicas que entonces no nos llamaban la atención, pero este no era el objetivo de la novela. No pretendía ningún ajuste de cuentas aunque es verdad que el libro me ha dejado muy a gusto (risas). Lo que sucede es que cuando empecé a escribirlo no pensaba que fuese a ser publicado y esto me dio una libertad para hablar de ciertas cosas que con un contrato editorial en la mano quizás no habría tenido. Se es mucho más libre cuando escribes pensando en que no lo va a leer nadie.

Pero después sí que ha sido leído y, de alguna manera, confirma lo que ya se sabía.

Vivíamos en un momento de mucha hipocresía y puritanismo y había ese rumor insano que justificaba que muchas cosas que nos pasaban eran por nuestra culpa. El tiempo ha empezado a poner las cosas en su sitio. El tiempo y la perspectiva nos han permitido vislumbrar el grado de toxicidad que había en cierta escena musical. En aquel momento estábamos demasiado ocupados pasándonoslo bien como para hacer autocrítica de un ambiente tóxico, paternalista, hedonista, clasista, machista. Había unos juegos de poder en las relaciones terribles. Era un momento en el que las canciones contenían letras aparentemente inofensivas, canciones que hablaban de amor, pero de un amor chungo, tóxico. Y creo que no se había escrito ni hablado de esta generación que, por otra parte, es una generación muerta, dinamitada por las redes sociales.

En ningún momento leí la novela como un ajuste de cuentas, sino como la resituación de una persona que cambia de paradigma con el paso de los años y cierto temor a haberse equivocado en aquel tiempo, aunque tampoco con demasiados reproches vista su figura desde el presente. Yo tampoco he hecho una lectura feminista, pero sí una lectura femenina.

– Yo, más que ninguna otra cosa, quería escribir una novela sobre la pérdida. Deseaba explorar un sentimiento tan transformador como la pena, capaz de convertirnos en algo muy distinto a lo que estábamos destinados a ser. Me interesaba hacer ese arco de transformación de alguien inocente y con ciertas inquietudes, procedente de una zona rural de Galicia, una entusiasta (que muchos califican como grupi) en cuanto aterriza en esa escena indie de los primeros 2000s. Es un sentimiento que conozco bien, aunque yo no sea la protagonista. Eso es lo que más me interesaba, narrar la transformación del personaje, alimentada por la pena, y quería desarrollarlo a través de la ficción, entre otras razones, para sentirme más libre.

“Quería crear un personaje que diese voz a muchas de las chicas que estábamos por allí en aquellos años, que pudiese ser cualquiera de nosotras”

Lo has remarcado en varias ocasiones.

Sí, porque el libro tiene dos capas, está la historia de ficción de la protagonista y luego toda la descripción de lo que fue aquella escena de festivales y burbuja indie y, en este caso, todo lo que cuento es veraz. Quería crear un personaje que diese voz a muchas de las chicas que estábamos por allí en aquellos años, que pudiese ser cualquiera de nosotras. Me apetecía mucho el juego ficción / realidad, el acto de construir una historia ficticia integrada en esa escena que ha sido real, jugando con bares y grupos inventados. En definitiva, componer un universo nuevo en el que se confundiera lo real y lo inventado.

Una vez que se sale de la escena, es fácil caer en los reproches o los juicios morales y esta novela no los tiene.

Creo que la historia se trata con ternura, al menos lo intento. La protagonista es una víctima de lo que le sucede. Una persona atrapada en la pena, que ha perdido las ganas de vivir. Ese es el detonante de la historia y en su caso se narra cómo vuelve a conectar con la vida a través de la música, una música que la arrastra a la fiesta, el sexo, los hombres, la escena. El descubrimiento de algo que le hace sentir viva, que le da sentido a su vida pero que al mismo tiempo es también lo que la destruye. En el libro quería explorar las emociones del deseo y la culpa. Esa culpa que lo inunda todo. La cultura que he consumido siempre estaba protagonizada por personajes solitarios, románticos, perdedores, pertenecientes al underground del lado más freak y en este caso quería dar voz a la chica aparentemente superficial, la chica alegre.

Cristina V. Miranda. Foto de Tamara de la Fuente

La entusiasta está repleta de personajes entrañables. Pienso en sus amigas casi como flotadores salvavidas. Cada una tiene su momento y son grandes momentos que admitirían cada una de ellas tener una novela propia. Lo digo porque irrumpen en pequeños relatos que, enseguida, se sumergen en la vida de la protagonista. Por otra parte, tampoco sobre ellas recae ningún juicio moral. Vivieron cada momento con plenitud sin valorar las consecuencias. Y en esto me quiero parar. Está muy presente que es, a pesar de la pena, una novela luminosa, que no juzga a nadie, o al menos, eso queda en manos del lector.

Me obsesionaba mucho no caer en juicios morales, por eso decidí escribirla en primera persona a pesar de que pudiese confundirse al personaje principal conmigo. Quería que se leyese desde la inocencia de alguien que lo está viviendo todo por primera vez, alguien que no tiene la información que tenemos ahora para poder decir, esto estaba bien o mal. Quería relatar las cosas como eran y dejar cada que cada lector extrajese sus propias conclusiones. La novela transcurre en los años previos al 15M, al #metoo, palabras como empoderamiento o sororidad parece que siempre han formado parte de nuestro vocabulario, pero en el 2007 no existían. No teníamos ni idea y esa inocencia en las relaciones, ese entregarse al otro, ir a por todas, tenía un coste. La novela busca tratar todo esto sin aplicarle una mirada de hoy en día, lo que se cuenta es exactamente lo que sucedía.

Tienes una gran experiencia en la gestión cultural, a través de festivales, catas. La entusiasta es una novela tan honesta como visceral, ¿cómo crees que ha sido recibida desde la industria del ocio y de la música?

La novela está funcionando muy bien, la verdad, y lo que más me alegra es que la entienda la gente que no vivió aquellos años. Uno de mis miedos era pensar que había escrito una novela que solo íbamos a entender los cuatro que estábamos entre el Nasti y el Fotomatón, pero me están llegando muchas cosas de gente muy ajena a todo aquello que parece que la están entendiendo y disfrutando. Por mi parte he enviado la novela a gente que formó parte de aquello y que la han leído pero que prefieren no promocionarla, y me parece bien también (risas)

“el indie Era una escena muy autocomplaciente, con un buenismo superficial que escondía dinámicas muy chungas”

Supongo que tampoco te sorprendió.

No claro, pero como te digo para mí lo más importante es que haya trascendido a la escena de la que trata y que gente de ámbitos muy diversos haya podido conectar con las emociones que se cuentan. Me hizo especial ilusión un medio cubano que hizo una reseña preciosa y no se me puede ocurrir un lugar más lejano a todo el cosmos del que habla el libro. Muchas chicas jóvenes también me han escrito diciéndome que conectan con las cosas que les suceden a las protagonistas, aunque las vivan ya desde otra perspectiva. Y a ver, también gente de la escena como Guille Mostaza, que sale citado varias veces en el libro, se han hecho eco, pero no ha sido la tónica general. Por parte de la escena indie de la que habla el libro es precisamente donde he notado un mayor silencio, y oye, me encantaría que me llegasen más cosas… creo (risas).

La novela aborda un mundo inconfundiblemente hedonista, propio de un hedonismo de primera juventud, pero también se aborda exponiendo un mundo individualista que, aún hoy, creo que sigue siendo una trituradora de carne. No me gusta pensar que el indie fuera solo eso, es más, creo que no lo es. Y de ahí que, estando de acuerdo con Lenore y yo mismo lo he publicado, creo que habría que ampliar el foco, como ha hecho Santiago Auserón hace unos días a la hora de defender el sentido crítico de la realidad que también tuvo La movida, en los 80.

En la novela se pone de manifiesto la parte tóxica de aquellos años 2007, 2009… Era un mundo muy hipócrita. Las bandas masculinas que tenían cierto discurso e ideología, después observabas que lo que decían no se correspondía con sus comportamientos. Algo chocaba. Era una escena muy autocomplaciente, con un buenismo superficial que escondía dinámicas muy chungas. Lo que ha sucedido con el Xocas el mes pasado que todo el mundo se ha llevado las manos a la cabeza hace unos años era lo más normal. En el 2007, si tu te emborrachabas y alguien se aprovechaba de ti era culpa tuya y además ya te valía, eso no lo cuestionaba nadie. Han tenido que pasar 15 años para que lo veamos como una violación. Entonces, la culpa era de la mujer. Te habías emborrachado, qué esperabas. Y eso no lo dudaba ni un solo tío del indie por muy de izquierdas que fuese. Lo que pasa en la noche se queda en la noche, me han llegado a decir. Se entendía que existía un acuerdo tácito. Pero ¿a quién beneficiaba ese acuerdo? Los tabús están para romperse. La diferencia que marca La entusiasta y otras novelas del género es que nosotras también podemos ahora hablar de todo, al igual que los tíos han hablado siempre de todo.

Lo que me llama la atención y he comentado en alguna ocasión es que la derecha, incluso el votante de 30 o 40 años de Vox participa de los hábitos de consumo cultural de la izquierda. Han perdido el pundonor por sus ideas y la repugnancia a estar en una escena que presumía de ser progre. Y eso destapa un poco el cúmulo de contradicciones que hay en la industria del indie y también en tu novela.

Esta novela pone de algún modo las cartas sobre la mesa. En esos principios del 2000 todo era amable. La gente de Vox ya existía, no se han creado con la irrupción del partido, ya estaban ahí pero no sentían que sus privilegios estuviesen en juego. Esa amabilidad aparente convertía las peores dinámicas en algo inofensivo. Todo eso tenía que dinamitarse. La amenaza hace que todo salga a la superficie. Y yo personalmente creo que es bueno para saber donde estamos todos. En esto tengo que darle la razón a Lenore. Decir que eres de izquierdas es muy fácil pero ser coherente con tus actos es más difícil. Gente que se considera de izquierdas y por sus actos no lo son, hay muchos. Y votantes de Vox, supongo lo mismo.

Cuando hoy observas o vas a un macrofestival, ¿qué valoración haces?

Los festivales de aquel 2007 ya habían explosionado, estaban viviendo el gran momento pero todavía podías ir al Primavera Sound estando medianamente cómodo y sabiendo a lo que ibas. Ahora todo se ha difuminado. La gente que iba con su excel, quiero ver esto y esto otro ya no va. Ahora vas a ver a Bad Bunny al lado de RIDE. El FIB era entonces indie ingles, el Sonorama español, la izquierda aquí, la derecha aquí. Todo eso ha volado por los aires.

“Tendríamos que pensar cuáles son los ingredientes con los que se construye una grupi, por ejemplo: cuando la Rockdeluxe o Mondosonoro no incluye a un solo grupo de mujeres durante años”

Cuando leía la novela no tenía la sensación de que me estuvieran contando algo que hubiera sucedido hace mucho tiempo. Al contrario, entendía que no había cambiado nada.

Supongo que todo esto seguirá sucediendo. No lo sé, porque yo ya he echado el candado (risas). Algunas chicas jóvenes que han leído el libro me comentaban que siguen viviendo las mismas dinámicas, lo que ha cambiado es la manera de afrontarlas, el constante sentimiento de culpa es lo que hemos empezado a dinamitar. Eslóganes como “sola y borracha quiero llegar a casa” entonces eran algo impensable y son muy necesarios. Hemos sido capaces de articular un discurso no solo desde la mujer responsable sino desde la que se lo quiere pasar bien y no pedir perdón a nadie por ello. Muchos llaman grupi a la protagonista de la novela, pero tendríamos que pensar cuáles son los ingredientes con los que se construye una grupi, por ejemplo: cuando la Rockdeluxe o Mondosonoro no incluye a un solo grupo de mujeres durante años o los que aparecen son solo de tías talentosísimas mientras casi cualquier grupo amateur de señores recibe aplausos. En este sentido lo que han hecho las Hinds me parece la hostia, no en términos musicales sino de cambiar las dinámicas de la escena. Coger una guitarra sin tener mucha idea pero un carisma brutal y decir qué pasa. Ojalá hubiera habido unas Hinds cuando yo tenía 14 años y ya me sentía mayorcísima como para empezar a tocar un instrumento. Todo está en los referentes y en lo que el mundo te dice que puedes o no puedes hacer. Todo lo que te rodea te puede convertir en una grupi o en una rock star

La mayoría de los ensayos y novelas que abordan la música o un movimiento suelen estar firmados por tíos. Pienso en Kiko Amat, Nick Hornby, Simon Reynolds. Salvadas excepciones, pienso en Live ALbertine con Música, Ropa y chicos o en Kim Gordon (Sonic Youth) con La chica del grupo, ¿por qué no hay más mujeres escribiendo esos libros?

Pienso también en Rat Girl de Kristin Hersh de Throwing muses, pero siempre son visiones de mujeres que formaron parte de la escena como artistas. Yo echaba en falta un relato escrito por la entusiasta, por la fan.

Cristina V. Miranda .

Y que fueron tremendamente vapuleadas por la industria. Da igual que estuvieran arriba o abajo. Todas concluís en el mismo lugar: menuda puta mierda.

Supongo que sí, aunque eso lo ves con el tiempo, en el momento en que lo estás viviendo no es una mierda, por eso despertar de aquello es tan revelador. Al final todos esos libros denuncian lo mismo, el machismo intrínseco que nos afecta a todas y nos lleva a competir entre nosotras, a no tomarnos en serio o a criticar ciertas actitudes provocadoras en lugar de apoyarlas. Por eso mismo, la novela es sobre todo un homenaje a la amistad. La vida de La entusiasta la salvan sus amigas. Todas están locas, todas están heridas. Todas se sienten culpables, pero se tienen las unas a las otras para decirse, nada es para tanto. Tira millas y ya está. Esa es la parte luminosa del libro.

Fue una época en la que teníamos la necesidad acuciante de reinventarnos cada cierto tiempo. Estaban las amistades que permanecen hasta hoy y aquellas otras que se rompen, porque es un clima toxico.

Ese fenómeno de estar reinventándose entiendo que está más ligado a las redes sociales. En 2007 teníamos MySpace y comenzaba a irrumpir Facebook. Y todo tuvo una trascendencia capital en la manera de relacionarse. Era la muerte de una generación y el nacimiento de otra. Esto de reinventarse todo el tiempo, de decir a todo el mundo quién eres continuamente comenzó con MySpace. Antes estaba el garito, había que salir a la calle para que te viesen, estaba el pintarte tus labios rojos o rosas, el vestirse con una camiseta floja o ceñida, todo eso era una manera de identificarte con los demás y ya era una manera de relacionarse. Con FB o MySpace bastaba una frase contundente. Cambia la generación. De repente puedes reinventarte a golpe de click. De aquella época sigo conservando al grupo duro de amigas, grupo de salvadoras de vida. Los colaterales que fueron “tus mejores amigos”, en el momento que dejamos de salir los sábados con ellos, también dejaron de ser amigos. Eso seguirá siendo así. Lo veo muy parte de cualquier escena. En el momento que te salgas por lo que sea, desaparecen. Lo bueno es quedarse con los que importan.

“El mercado está lleno de sellos nuevos, independientes y chulísimos que lo petan más que cualquier grupo de Subterfuge”

Me gustan esas novelas que cuentan la vida a través de canciones. Tú lo haces en la novela. Casi es un género literario en sí mismo. Ya hemos citado antes a Kiko Amat y creo que está muy presente en este libro, ya no solo porque la música también marca una pauta o un ritmo en la narración, sino porque hay un espíritu muy underground que pretende buscar el sentido de la tribu.

Kiko es mi referente absoluto. Me encantaría que fuera una tía, pero es Kiko. Kiko Amat me cambió la forma de entender la literatura. Él escribía para hablar de sus amigos. Si no lo hacía él, quién lo iba a hacer. Esa idea me voló la cabeza y así lo quise hacer yo. Contar nuestra historia, que puede ser más o menos glamurosa, pero es la nuestra.

Si el indie está muerto, qué carajo estamos escuchando ahora

Lo que nos dice spotify (risas), tampoco creo que el indie esté muerto, pero sí aquel indie. Esa industria amable para bien o para mal ya no existe. Las majors y sus sellos pequeños para sacar las cosas indies ya no funcionan. Eso se ha dinamitado. Hoy cualquiera puede tener su sello y que le vaya increíblemente bien. El mercado está lleno de sellos nuevos, independientes y chulísimos que lo petan más que cualquier grupo de Subterfuge. Y Subterfuge lo hace guay pero hay que ponerse las pilas. Yo también trabajo en festivales y contrato grupos. Y al final, aunque no quieras siempre acabas mirando cuánta gente sigue a un grupo en Instagram antes de contratarlo, esa es la dinámica de mierda que vive ahora la música ‘de festivales’ pero eso ya para otra entrevista (risas).

Esta bien que lo digas, porque en el fondo de tu novela está eso. La admiración por los grupos y las relaciones humanas están alimentadas por una canción o unas cuantas. Pero esa otra farlopa, quien la suministra, al final, es la industria.

Es quien mueve los hilos, aunque uno pueda pensar que los mueve una misma. Por qué triunfa una cosa y no otra. Hoy la industria es Spotify, ni siquiera Sony. Da igual que Sony saque un pelotazo que si no está en Spotify, no es nada. Y dentro de 10 años ya veremos. Comienza a haber músicos que retiran su catálogo de allí.

Pero no todos son Neil Young.

Claro. En España no hay ninguno. Y la sensación que te queda es que todos estamos dominados por el algoritmo. Como tu decías antes, siguen pasando esas cosas, pero en el 2007 no existía o, como mucho, empezaba a existir. Somos puro algoritmo. Lo que escuchamos es eso. Yo escuchaba a Nacho Vegas porque era lo que también escuchaba mi hermano mayor. Ahora escuchamos lo que Spotify quiere.

¿Y la literatura se salva del algoritmo?

Por lo menos hasta que empecemos a leer libros creados por el algoritmo de Zuckelberg, que imagino que los micrófonos ya están en ello. Yo soy la primera atrapada, uso mucho Instagram, lo que me salva es la literatura y la aldea.

Y la maternidad, que te hará tomar otra perspectiva.

Uy, eso sí que le da la vuelta todo. Después de parir, le quedan a una muy pocos miedos y vergüenzas.

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