“El tecno puede ser una herramienta para un nuevo mester de juglaría”

Joe Crepúsculo presenta en la Sala Tribeca de Oviedo su 'Trovador tecno', un disco con sonidos makineros y electrónicos.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Es heredero de Almodovar o Lynch, pero en lo suyo, un tecno-pop tan oscuro como luminoso, con una carga de profundidad que remite a Heidegger y a Bergson, a la filosofía punk, al viejo romancero español que vuelve a ser nuevo, que emerge del medievo y después se consagra con Quevedo y Shakeaspere entre sueños, sonetos y tragedias, ofreciendo una serie de personajes noctívagos, españoles, espectrales, lúcidos y siniestros, comprometidos con el futuro y la realidad, supeditados a una idea: si no puedes transformar el mundo, al menos, es posible destruirlo. Joe Crepúsculo hace música para adultos, pero su voz es tierna, amable, generosa, reconfortante. Acaba de publicar Trovador tecno que ya, en el título, es el manifiesto que se adhiere a una tradición y ha encontrado en la mákina, el tecno y el pop, la carroza sonora desde la cual expandirla, contagiarla, transmitirla. Joe Crepúsculo tiene algo de Fernando Arrabal, de hombre surrealista que con Aaron Rux, Las negris o Abel de Los Vinagres, golpea la realidad como si esta fueran molinos de viento. Muerto sin sepultura como estaba el tecno español, ha bastado el latigazo de azufre, el deslumbramiento oscuro de la prosa de Joe Crepúsculo, en un falso monólogo, para que toda la escena musical se levante clamorosa y vuelva a ser una rave a la que no le falte anfetamina. Este jueves estará en la Sala Tribeca a partir de las 21.00 horas.

Trovador tecno es un disco muy cañero. Me da la impresión de que pretendías inyectar cierta filosofía punk, donde se expresa el deseo de cambiar el mundo, al menos de destruirlo.

Sí, sobre todo quería publicar un disco con unos personajes que estuvieran al margen de la sociedad, muy radicalizados. Lo que dices del punk es cierto. Tiene bastante de eso. Son personajes que están destrozándolo, cambiándolo o al menos limándolo y siempre de una manera muy radical. Es el caso del tema José House

Precisamente en esa canción, José House, hay una mistificación de esos tipos alucinados que se manifiestan como heraldos negros dispuestos a cambiar el orden, salirse de la vida convencional, dispuestos a destruir para tranformar.

Es un personaje de la noche al que siempre nos hemos encontrado. quería hacer un disco tecno, con una pincelada de profundidad, con matices de lo inmediato. Llevándolo a la literatura, he pretendido construir personajes que se dan de hostias con la realidad, con otra de más calado, más shakespereana, donde la cultura latina está conectada con la cultura anglosajona, a través del bakalao.

“el tecno es un género que se mira mal porque se relaciona con la fiesta, con la noche y, sin embargo, ofrece muchas oportunidades musicales ”

El bakalao te sirve de hecho para contraponer un hedonismo individualista con otro más social y colectivo que se siente apartado del sistema o camina en otro circuito y que también se empotra contra la vida cotidiana. En el fondo, subyace un discurso político que rompe o una manera de participar del placer que no sintoniza con el sentido del placer del indie, pegándome de hostias con la realidad y reconociéndola.

Tiene mucho de eso y la profundidad conceptual que pretendido añadir, dotando de profundidad con un discurso punk

Hay un discurso punk que no renuncia a pensar el tiempo. De hecho, cuando escuchaba Pensar el tiempo me venía a la cabeza algún que otro filólsofo como Henri Bergsón que distinguía entre el tiempo físico, ese que se mide matemáticamente, y el tiempo de nuestra conciencia.

Es cierto. Fíjate que no había pensado en Bergson pero ahora que lo dices puede ser. Heidegger, con el que está emparentado y si no he sido más explicito es porque quizá me parecía demasiado radical. En Velo de maya se habla conocer la realidad a través de los sentidos, muy a la manera de Shopenhauer o la manera de Kant. Esas son las armas que te permite haber estudiado filosofía.

Es que en tus discos sí hay un poso filosófico que se articula perfectamente con el tecno y con el pop o casi canciones makineras devolviéndole un sentido a la realdiad.

Y con este disco lo he querido hacer de una manera más radical y con pretensiones duraderas. Me hacía mucha gracia coger un género como la mákina que, en cierta manera, ha sido denostado. Y yo, después de haberla estudiado y dedicado tiempo, me parece que es un género que se mira mal porque se relaciona con la fiesta, con la noche y, sin embargo, ofrece muchas oportunidades musicales y compositivas. No es mucho peor que otros géneros.

Y si es por un asunto de drogas, la pregunta pertinente es saber cuántas benzodiacepinas se necesitan para acariciar la verdad.

Jjjaja. Es una buena pregunta. No lo sé. Trovador tecno es un ramillete de canciones diferentes y al final es pop.

La técnica no ha cambiado demasiado a la hora de componer.

El disco está hecho mano a mano con Aaron Rux y la base la ha hecho él. Es mi amigo y una persona muy importante en este disco.

Trovador tecno permite comprobar que la electrónica construye una buena trama para contar historias como en el mester de juglaría. El tecno es hoy una buena herramienta para componer nuevos romances.

A mi, el mester de juglaría y el de clerecía me parecen muy inspiradores. Todo el asunto oral de aquellas canciones que se transmitían me parece tremendamente interesante. Me gustaba la idea de poder contar nuevas historias, incluso la ilusión de que se mantuvieran en el tiempo desde la oralidad y el tecno como una herramienta para un nuevo mester de juglaría con el que la gente se lo pase bien.

Por otra parte, hay algo muy lynchiano en este disco, en los ocho que llevas, y es la dislocación de las voces, que ofrecen un sentido dramático de la canción. Me detengo en esta idea porque, en otra línea del rock pop electrónico como León Benavente, también empieza a tomar presencia esas dualidades en una misma escena.

Yo siempre he introducido o me he desdoblado en personajes diferentes en una misma escena o en una misma canción o historia, para salirme del yo y crear otras historias.

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