“Asturias fue una escuela de represión policial”

El historiador avilesino Pablo Alcántara acaba de publicar “La Secreta de Franco. La Brigada Político Social durante la dictadura”, el primer estudio monográfico sobre la policía política del régimen

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Si para Balzac, en el siglo XIX, la novela podía aspirar a sustituir al registro civil, la historia de las peores décadas del siglo XX se escribió sin embargo en los archivos de las policías políticas: la Ojrama zarista, luego la KGB soviética, la Gestapo de los nazis, la Securitate de la Rumanía de Ceaucescu, la CIA en los años de la Guerra Fría…y también la Brigada Político Social (BPS) del franquismo, que Manuel Vázquez Montalbán definió como “la guardia pretoriana del régimen”. El historiador avilesino y colaborador ocasional de Nortes, Pablo Alcántara, ilustra así lo que significó ese cuerpo policial para la dictadura: “En los últimos años del franquismo hay cierta ruptura con el régimen entre los militares, jueces o abogados, que tradicionalmente habían apoyado el franquismo, pero en la BPS no hay ninguna ruptura o crítica”.

Hablamos con Tata a propósito de su libro “La Secreta de Franco. La Brigada Político Social durante la dictadura” (Editorial Espasa) en una cafetería a muy pocos metros de la antigua Dirección General de Seguridad, hoy edificio de la presidencia de la Comunidad de Madrid, donde tuvieron lugar algunas de las peores sesiones de tortura por parte de los agentes de la BPS. Una cafetería frecuentada en su día por policías de la Brigada, y donde en 1974 ETA puso una bomba que le costó la vida a trece personas.

Habla al comienzo del libro de los problemas y las trabas administrativas para acceder a la documentación: los supuestos “hornos de la Transición”, la Ley de Secretos Oficiales…

Podría escribir otra tesis solo sobre las dificultades de acceso a la información. Muchos historiadores nos quejamos mucho de las trabas que se ponen. No es solo la Ley de Secretos Oficiales, sino otras como la de Patrimonio Histórico o la ley que impide acceder a datos de personas que no lleven al menos 25 años muertas. El expediente de Billy el Niño, por ejemplo, no se va a poder consultar hasta 2045. Muchas cosas sobre los últimos años del franquismo y de la Transición de momento no podemos saberlas con documento oficial.

Luego se habla mucho de que en los setenta, con Martín Villa, se quemaron archivos, pero no sé hasta qué punto es cierto o no. Pero al menos que, la documentación que hay, la dejen consultar. Han pasado ya cuarenta o cincuenta años, y ya es hora de que podamos acceder a esa información. Cuando se habla de políticas de memoria democrática muchas veces se olvida esto, que hay que permitir el acceso a la documentación y a los archivos. Es fundamental para poder saber la verdad. 

¿Cree que ha existido un interés deliberado en dificultar el acceso a la documentación?

Creo que sí. Muchas de las personas que estaban activas en el franquismo y la Transición están jubilados o muertos, pero muchos de sus hijos y nietos siguen ahí. No quieren que se sepa su pasado. Muchas de las fortunas de este país, o de las personas que han conseguido altos cargos en democracia, lo consiguieron por su papel en el franquismo: trabajo esclavo, tortura, represión…Al final, estudiar esta época del ultimo franquismo y de la Transición es cuestionar el régimen actual, sobre todo por la impunidad en la Transición. Es evidente que los franquistas no iban a juzgarse a sí mismos, pero en la Transición la BPS y el Tribunal de Orden Público cambiaron de nombre, pero no cambiaron las personas ni sus métodos de actuar. Esta gente pudo campar a sus anchas con sus métodos de tortura y de represión, y siguieron manteniéndose en altos cargos. Tenemos el caso de Portugal, donde hubo agentes de la policía política de Salazar que fueron juzgados, pero aquí no pasó eso. La impunidad es uno de los pilares que sustenta el régimen actual.

¿No hubo ningún tipo de depuración en la policía durante la Transición?

Se heredó todo el aparato represor. A medida que la Transición se iba modulando la represión fue decreciendo, pero gente como Roberto Conesa o como Claudio Ramos Tejedor, que fue jefe de la BPS en Asturias, mantuvieron altos cargos. Mantuvieron sus puestos, condecoraciones, altas pensiones y jubilaciones jugosas. No hubo ningún tipo de depuración en la BPS, y apenas hubo críticas. Solo Gregorio Morán y algún periodista más se atrevió a alzar la voz preguntando qué hacía toda esta gente de la policía política de la dictadura en un régimen supuestamente democrático. Ni el gobierno de UCD ni los del PSOE hicieron nada por cambiar eso y, con la excusa de la lucha antiterrorista contra ETA, se mantuvo a esa gente en sus puestos. Las pocas voces que lo criticaron fueron encarceladas o multadas por ello.

Roberto Conesa es uno de los protagonistas de su libro y uno de los policías más importantes durante toda la dictadura franquista

Conesa me sirve para hacer un balance de lo que fue la actuación de la BPS contra guerrilleros, estudiantes, obreros…Conesa estuvo en la detención de las Trece Rosas, al poco de acabar la Guerra Civil, y estuvo en el 79 participando en un supuesto caso de espionaje a políticos del PSOE y del PCE. Martín Villa dijo que Conesa era un fiel servidor suyo, casi un amigo, y que lo iba a defender a muerte. Barrionuevo lo mismo: dijo que nanai, que esa gente le servía en la lucha contra ETA.

“La impunidad de la policía franquista es uno de los pilares que sustenta el régimen actual”

La Ley de Amnistía, aprobada para liberar a los presos políticos de la dictadura, sirvió también para decretar la impunidad de los policías torturadores

La lucha por la amnistía era una lucha histórica del movimiento antifranquista, pero la utilizaron para meter por debajo la impunidad de los crímenes del franquismo. En las sesiones de Cortes del Congreso, cuando se aprobó la Ley de Amnistía, de izquierda a derecha hablaban de no abrir heridas y tal; pero no hacían referencia al segundo artículo, que es fundamental para entender que no se han juzgado los crímenes del franquismo. De eso no se hablaba en esa época, sino de que la amnistía era un paso importante. La verdad es que la mayoría de los presos políticos salieron antes de la ley de amnistía con indultos o amnistías laborales. La Ley de Amnistía fue un intento de reparación, pero por debajo metieron la ley del punto final. Y el PSOE ha dicho que la Ley de Amnistía no se toca, porque sigue viviendo en ese mito de la transición modélica, maravillosa y pacífica. Hasta que no se supere eso…

¿Qué caracteriza a la Brigada Político Social como policía política y no como policía a secas?

Primero por su ideologización: es una policía al servicio del propio régimen. En el año 42 se promulga una ley por la que los miembros de la BPS tenían que estar de acuerdo con los principios del movimiento nacional.

Pablo Tata posa con su libro por la puerta trasera de la antigua Dirección General de Seguridad FOTO: Isabel Permuy

Esa ley en la que se reconoce, explícitamente, que el régimen es un “estado totalitario” y su policía una “policía política”

Sí. De hecho, en los últimos años del franquismo hay cierta ruptura con el régimen entre los militares, jueces o abogados, que tradicionalmente habían apoyado el franquismo, pero en la BPS no hay ninguna ruptura o crítica. La otra característica de la policía política es el uso de la tortura y de la infiltración para meterse en la vida social. Los boletines de investigación social hablan de dónde vivían, lo que hacían, su vida diaria, su pareja, dónde se reunían, de qué hablaban…Tenían un control total de la vida social de la oposición antifranquista. Muchas veces, el mismo Jorge Semprún, se transmite la imagen de que era una policía cutre y chusca, pero yo no creo que fuera tan así. Creo que la BPS era una policía que analizaba muy en frío todo lo que pasaba, y que no era una policía que actuaba a lo loco. Creo que al final, en los 60-70, fue ineficaz sobre todo con el tema de ETA, y se vieron desbordados con los cambios sociales. También es que en esa época la oposición antifranquista se preparó para hacer frente a la represión, y muchos ya sabían quién era el chivato, quién el infiltrado…y a la BPS le resultó más difícil vigilar a la oposición.

Cuenta que los agentes de la BPS recibían una prima superior por detener a un sindicalista que a un narcotraficante o a un proxeneta

Sí, eso lo define totalmente. Para el régimen franquista era más importante detener a quien hacía huelgas o se manifestaba que a gente que se dedicaba a la pornografía o la prostitución. Para la dictadura lo más importante era mantener el orden político.

Dice también que la BPS recibió formación de la Gestapo y de la CIA

La Gestapo tiene mucho que ver en el nacimiento de la BPS. En el año 38 hay un pacto entre las policías alemana y española para detener a gente que ha luchado en las Brigadas Internacionales, a los exiliados republicanos en Francia…Había una cooperación económica y política. En el año 40 es cuando viene Himmler a España y se entrevista con las autoridades policiales y, al año siguiente, surge la ley de policías y se crea la BPS y otras leyes de orden público. La Gestapo entrena a gente de la BPS en técnicas de tortura y represión. Es una cosa que hay que estudiar mucho más.

Y con la CIA, ya en el contexto de la guerra fría, España pasa de ser una dictadura enemiga a ser un aliado contra el comunismo. Diferentes miembros de la BPS viajan para recibir cursos de formación. En aquel momento surge la tortura de la Escuela de las Américas, y es un contexto en el que aparecen diferentes manuales de tortura psicológica.

“En Asturias el movimiento obrero y estudiantil perdieron el miedo a enfrentarse a la policía franquista”

Hay una cosa que remarca en el libro, y es que no hay que pensar que los policías de la BPS eran simplemente unos individuos sádicos y brutales que disfrutan con la violencia, sino que existe todo un sistema organizado, con una estructura muy bien definida y un ecosistema ideológico muy claro, para que esos individuos se comporten de ese modo.

Había muchos miembros de la BPS que torturaban y golpeaban, pero otros muchos se dedicaban a una labor más intelectual, a escribir libros y propaganda. Eran individuos normales. De hecho, Eduardo Común Colomer, uno de los miembros de la BPS, fue periodista antes que policía. Era gente normal y corriente que se metió a la BPS como una forma de luchar contra el enemigo subversivo. Se habla mucho de la tortura, pero antes de la tortura hay un proceso de análisis y de propaganda en el que la BPS juega un papel fundamental. Hay editoriales, fundaciones, revistas y, en fin, un aparato ideológico muy importante para entrenar en la lucha contra la subversión y acabar con la oposición antifranquista.

Dice que la BPS tenía una “política de seguridad basada en la sobredimensión de amenazas internas: barrios conflictivos, grupos subversivos…” ¿Existía cierta paranoia con un supuesto enemigo interno, una antiespaña que conspira para infectar el cuerpo nacional, y es labor de la BPS extirpar ese germen de la sociedad? Hay, por ejemplo, referencias bastante recurrentes a la masonería

Se crean dos tipos de boletines: los antimarxistas, que duran hasta el 45 y son más ideológicos, y luego los boletines informativos, más puramente policiales. El propio Comín Colomer habla mucho de la antiespaña. Otro personaje interesante es el policía Mauricio Carlavilla, que decía que en toda la historia de España lo progresista estaba representado por homosexuales, masónicos, antiespañoles…Colomer dice también que, desde sus inicios, la masonería ha sido la culpable de todos los destrozos de la historia de España.

¿Tenían los detenidos algún tipo de derecho judicial: presunción de inocencia, presencia de un abogado…?

A partir de los años 50 hay un intento de reglar el procedimiento, sobre todo por la condena al régimen por parte de Europa. Hay un intento de crear una especie de legislación civil sobre detenidos, pero se la saltaban a la torera. En el año 59 se aprueba la Ley de Orden Público, con la que se supone que los detenidos solo podían estar tres días detenidos en comisaría y luego tenían que ir al juzgado o para casa. Pero con los estados de excepción, que se aprobaron doce entre el 62 y el final del franquismo, la policía podía hacer lo que le diera la gana: ir a tu casa de madrugada sin orden judicial, tenerte en calabozos durante semanas sin asistencia médica o sin tener una acusación en firme. Era muy frecuente decir que iban a detener a tu mujer, a tus hijos o a tu madre, y algunas veces los detenían. Y era solo por meter presión, una forma de chantaje psicológico.  

El historiador Pablo Tata FOTO: Isabel Permuy

¿La represión de la revolución de Asturias en 1934 sirvió, en cierto modo, como escuela para los policías de la BPS?

Es verdad que algunos de estos policías participaron en la represión de 1934, pero más en Cataluña que en Asturias. No he encontrado nada que lo confirme, pero estoy segurísimo de que hubo policías que participaron en la represión del 34 en Asturias. En el libro aparecen policías que actuaron en la dictadura de Primo de Rivera y en la República, y que estaban especializados en detener a gente del movimiento obrero y anarquistas. Estoy seguro que tiene mucho que ver, porque Cataluña y Asturias fueron una escuela de represión policial.

Sí que es verdad que en el franquismo hay una ruptura respecto a la policía anterior, con una depuración de sus elementos republicanos. Pero hay antecedentes. Muchos de los policías que estaban en zonas republicanas actuaron como quintacolumnistas, y muchos habían participado en la represión durante la República. De hecho, algunos fueron recompensados por ello y eso les sirvió luego como un signo de fidelidad al régimen franquista.

Hábleme de Claudio Ramos

¡Puff! Es un personaje muy interesante. Precisamente quiero pedirle ahora al Ministerio del Interior su expediente, porque acaban de cumplirse 25 años de su muerte. Ramos tuvo mucho que ver con la represión al movimiento guerrillero y al movimiento obrero en Asturias. Muchas personas a las que entrevisté para el libro-Vicente Gutiérrez Solís, Anita Sirgo-le recuerdan como uno de los principales torturadores. Luego, como muchos otros jefes, se lavó las manos.

Él se dedicó a infiltrar a gente en movimientos clandestinos, a detener y a torturar. Fue uno de los principales represores del franquismo. En los años 70, cuando ETA empieza a matar, lo mandan a Bilbao y a San Sebastián. Y allí no mandaban a cualquiera. Claudio Ramos empieza en el año 46 y en los años 60 era uno de los principales jefes de la BPS en Asturias. Estuvo en las principales operaciones contra la oposición antifranquista en Asturias y participó en la represión y en las torturas. El hombre iba a las cuencas a reprimir a la gente, allí lo recuerdan perfectamente. Luego se libró de todo y vivió muy bien con una jubilación de oro.

Cuenta que la ocasión en la que más cerca se estuvo de sentar en el banquillo a miembros de la BPS, el propio Claudio Ramos incluido, fue a raíz de unas manifestaciones contra la guerra de Vietnam en Oviedo

Sí, hubo dos manifestaciones contra Vietnam, en el año 68. Yo entrevisté a una de las que participó en aquello, que ahora vive en Australia, y me contó cómo pusieron una denuncia contra el gobierno civil y llegó a haber una acusación. Claudio Ramos y otros policías tuvieron que ir a testificar. Tras la manifestación, algunos estudiantes se escondieron en el edificio histórico y a la salida les detuvieron. En comisaría hubo torturas y, unos días después, en una asamblea de estudiantes, contaron lo que había pasado. Los estudiantes fueron a recoger firmas, sobre todo de catedráticos como Gustavo Bueno o Alarcos, y vieron que la cosa estaba cogiendo repercusión.

Tiene mucho que ver con el asalto a la comisaría de Mieres del año 65, que es algo muy interesante y muy poco conocido en Asturias, ¡si hasta salió en el New York Times! Yo no he encontrado ningún episodio parecido durante el franquismo. En Asturias, el movimiento obrero y estudiantil perdieron el miedo a enfrentarse a la policía y esta ve peligrar el statu quo. Utilizaron sus cabezas de turco intentando lavarse la cara. Luego el tribunal les absolvió y no les pasó nada.

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