“Casi todas las profesiones son muy exigentes, pero ésta está integrada en tu vida y, o la disfrutas, o la sufres”

Charlamos con la periodista radiofónica Pepa Fernández, que ha venido a Uviéu con su programa ‘De Pe a Pa’ con motivo de los Encuentros Cincuenter, de periodismo, de cincuentañeras y de mujeres referentes

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Lleva casi la mitad de su vida trabajando en Radio Nacional de España, 29 años, a los que hay que sumar otros 10 desenvolviéndose en el medio radiofónico. Esta cincuenter de 57 años de nombre Pepa Fernández ha sido la voz de los fines de semana durante 20 años, entre 1999 y 2019, de muchas personas, entre las que se encuentra servidora. En 2019 pasó al diario, haciendo la segunda parte de las mañanas en Radio Nacional de España (RNE), “el magazine más cultural”, un formato en el que se encuentra muy cómoda.

La radio es su medio, con el que se crió mientras su abuela, modista, la tenía encendida mientras trabajaba y atendía lo de casa y su madre trabajaba fuera. Antes de empezar la carrera de Periodismo ya trabajaba en una emisora y, tras pasar por Ràdio 4 de RNE, dio el salto a Radio 1.

Con su actual programa, ‘De Pe a Pa’, y parte de su equipo se acercó hasta Uviéu para emitir en directo desde el teatro Filarmónica el pasado viernes en el marco de los II Encuentros Cincuenter que concluyen hoy.

¿Qué referentes tenías cuando empezaste?

Yo siempre cuento que me enganché a la radio escuchando en mi casa cuando era pequeña a Luis del Olmo. Mi magia de la radio era Luis del Olmo. Pero después de los años admiro a muchísimas mujeres periodistas, por ejemplo Rosa María Calaf, que me parece un referente maravilloso de mujer íntegra, de mujer digna, estupenda. Almudena Ariza me parece otra periodista excepcional; lo que ha hecho estos días atrás en Ucrania es de premio diario. Ha habido mujeres que me han inspirado pero también muchos hombres. Mis referentes cuando yo empecé eran prácticamente todos hombres. Iñaki Gabilondo me parecía un gran maestro, Carlos Herrera… eran hombres más que mujeres.

¿Puede que la radio sea un medio más masculinizado?

Las mujeres siempre han estado presentes en la radio, pero durante muchos años los programas “de peso” los llevaban siempre hombres y las mujeres quedaban relegadas a una voz bonita, a un programa femenino, a estas cosas. Hasta que hubo un boom y las mujeres empezaron a tomar cualquier franja en la radio. Yo creo que ha sido un medio que nos ha discriminado poco en realidad. Me parece más peligrosa en ese sentido la televisión que la radio porque, al final, la televisión es imagen, y a partir de una determinada edad la imagen nos hace bastante daño. La radio te da mucha más vida, mucha más tranquilidad.

Pepa Fernández lleva 39 años disfrutando del periodismo, una profesión exigente y absorbente. Foto: Iván G. Fernández.

Tú eres también profesora en la Universidad Ramón Llull, ¿tienes más alumnas que alumnos? En mis clases de la facultad éramos como 120 mujeres por 7 hombres.

Siempre he tenido muchas más alumnas que alumnos. En el mundo del periodismo salen más mujeres que hombres, pero hay más mujeres que se quedan por el camino a la hora de alcanzar puestos de dirección porque las obligaciones personales y la cosa biológica todavía nos marca. Yo creo que no nos va a marcar para siempre, pero ahora mismo sí todavía.

Los puestos de dirección y la parte técnica sigue siendo una cuestión de señores en su mayoría.

Cuando entré en la radio creo que no había mujeres técnicas y ahora hay muchas, aunque siguen siendo más hombres, pero son buenísimas porque la cosa de las capacidades en el mundo de la radio no se pone en duda. Tiene la misma capacidad para ser un técnico o un periodista radiofónico un hombre que una mujer, no creo que haya ninguna diferencia en eso, no se ha cuestionado, pero es cierto que hay un momento en el que a los puestos directivos acceden muy pocas mujeres y tampoco te sé decir si eso se debe a que haya un machismo en la profesión, que no creo, sino que las mujeres tenemos en cuenta otras cosas en nuestra vida que nos pesan más a veces por voluntad y a veces sin voluntad. Hay mujeres que con este trabajo tan absorbente prefieren equilibrar la cosa, pero hay veces que no puedes, que las circunstancias te llevan a tener que renunciar. Conozco a compañeras que han tenido dos, tres hijos y que las pobres no pueden con todo. No es que el trabajo te esté pidiendo más, es que la vida personal te está exigiendo que no le dediques al trabajo todo lo que deberías dedicarle, ¿se entiende lo que quiero decir? Es una parte elección y otra parte presión pero, al final, seguimos siendo cuidadoras, madres, hijas, hermanas. Hay una edad en tu vida que dejas de ser hija y te conviertes en madre de tus padres, y eso nos marca mucho.

¿Qué trabajo implica el de la radio, que no son solo esas tres horas en antena?

Eso es importantísimo que lo entienda la gente. Tres horas de antena equivalen a más del triple preparando. Hay un trabajo detrás que no se ve. Cuando yo trabajaba los fines de semana todo el mundo me decía “¡qué suerte, solo trabajas dos días a la semana!” y yo me reía porque estoy toda la semana en modo radio. Descansaba teóricamente lunes y martes, pero la gente te llamaba igual porque nadie piensa que estás descansando. Ahora los sábados y domingos no te suele llamar nadie para cosas de trabajo.

Esto es una cosa muy de periodista, que trabajamos sin horario.

El periodismo es la vida. Hay una barrera entre la vida y la profesión muy difusa. Hay trabajos que son así: no puedes decir ahora no soy periodista, ahora no estoy trabajando. Todo el día estoy absorbiendo cosas, pensando esto se merece una entrevista, esto tal… ¡qué interesante, éste es un tema para una entradilla! Estoy pescando todo el día. Es un trabajo muy absorbente y reconozco que, o te gusta muchísimo, o te conviertes en un desgraciado o desgraciada. Es tal la presión y la exigencia que o lo disfrutas o no puedes. Yo lo equiparo, en otro nivel, al mundo de la medicina. Casi todas las profesiones son muy exigentes y necesitan que las quieras, pero ésta es que está integrada en tu vida y, o la disfrutas, o la sufres. Yo la he disfrutado mucho, no me quejo en absoluto y la vivo intensamente y la disfruto.

No es que el trabajo te pida más, es que la vida personal te exige que no le dediques al trabajo todo lo que deberías dedicarle

Es una especie de droga para quienes amamos la profesión.

Total. Los primeros años, cuando estaba con el programa del fin de semana, las vacaciones se me hacían eternas. Ahora menos, porque yo creo que la edad te enseña un poco. ¡Qué ganas de volver al trabajo! Ahora ya no lo digo (risas). Yo siempre voy anotando, llevo el móvil lleno de notas con ideas, incluso si desmontan una grúa delante de casa.

Pepa Fernández durante la entrevista realizada en el hotel AC Fórum de Uviéu. Foto: Iván G. Fernández.

Haces un magazine con formato de contenedor cultural, no tanto actualidad en sí, ¿cómo se rellena ese tiempo?

No te lo vas a creer, pero estamos desbordados de temas. Es cierto que en los últimos 25 años  de mi vida he optado por la radio más tranquila, de suplemento de fin de semana o de suplemento cultural de un periódico y, por fortuna, la dirección de Radio Nacional ha respetado mi manera de trabajar y me ha colocado en lugares donde yo puedo hacer un programa cultural, que es lo que a mí me interesa. Pero es que no te puedes imaginar, bueno, sí te puedes imaginar, qué te voy a contar a ti, la cantidad de libros que se publican, la cantidad de discos que se editan, la cantidad de espectáculos que se hacen. El mundo de la cultura es inabarcable y hay muchas cosas muy buenas que muchas veces se nos escapan porque no damos abasto. Y yo, que soy una de esas periodistas que se leen todo, jamás he hablado de un libro sin leérmelo completo, ¡pues imagínate cómo es mi vida! Tenemos un contestador automático y el otro día llamó un señor y decía “yo lo de Pepa no lo entiendo, no me salen las cuentas, cómo puede leerse todos los libros, ver todas las obras de teatro…” y le dije “pues efectivamente, es que no vivo para otra cosa”. Yo vivo para esto, qué le vamos a hacer. Y claro, la disfruto, si no ya te digo que sería muy desgraciada.

Lo cierto es que hay muchas cosas no mainstream y hay mucho para contar ahí.

Hay mucho para contar. Yo creo que se puede contar todo, lo difícil es hacerlo interesante. Mi teoría es que todo se puede contar y todo se puede hacer interesante, pero tienes que encontrar la persona que lo haga interesante, no todo el mundo sabe contar las cosas. Hay gente que sabe mucho de un tema, pero no lo sabe explicar ni hacerlo interesante. Y en la radio es muy importante eso. A mí me sugieren muchas veces “oye, ¿por qué no haces una sección de esto o de lo otro?”. No me digáis esto, decirme quién puede hacer esto. Nosotros tenemos una sección de latín y cultura clásica, que la llevo arrastrando desde el fin de semana, que fue una idea de Forges. Una sección de latín puede ser un peñazo, en cambio encontré a la persona idónea, Emilio del Río, profesor de latín que la hace ágil, divertida, interesante. Entonces se convierte en una maravilla.

Siempre tenemos muchos expertos, que son hombres, ¿cómo trabajáis esa representatividad, porque también hay mujeres expertas?

El fin de semana ciertamente tuve algunos problemas para encontrar a mujeres que estuvieran dispuestas, y esto es una muestra de cómo han cambiado las cosas y cómo son todavía. En el fin de semana me acuerdo hace veintitantos años que buscaba una mujer del tiempo y no encontré a ninguna que estuviera dispuesta a trabajar en fin de semana. Y acabé contratando a un hombre del tiempo, que es estupendo, pero tenía un empeño especial que fuera una mujer, y no la encontré. En cambio ahora veo que hay muchas mujeres, alguna habrá que esté dispuesta a trabajar el fin de semana. No era solo encontrar una mujer, sino una mujer dispuesta a trabajar el fin de semana, a viajar, que viajábamos fines de semana. A veces no es una cuestión de voluntad, sino que no la encuentras. En cambio entre semana me resulta más fácil encontrar a mujeres para colaborar en el programa.

¿Y aprecias que haya unas franjas de edad que seamos más o menos visibles, por la razón que sea, a lo mejor porque a los 30 estamos maternando y a los 50 ya estamos fuera?

No te creas, tengo compañeros la mayoría más jóvenes y compañeras, y compañeros, más mayores que yo, así que no te sabría decir que haya un rango de edad. Hay una franja de edad entre 30 y 40 con gente muy activa en redes sociales, con mucha visibilidad, que se mueve mucho y están ahí, y diría que son los que tienen ahora más presencia gracias a las redes. Por ejemplo la boticaria García, Marian, que la contraté hace muchos años en el fin de semana. Es una persona conocidísima gracias a las redes y a que está en muchos medios. Tengo una doctora que se llama Ana Molina, muy activa también en Instagram y eso da mucha visibilidad. Esto las mayores de 50, 60 no lo tenemos, no nos hemos aliado tan bien con las redes como para tener esa visibilidad que ellas tienen.

para intentar ser lo más imparcial posible tienes que tener muchas fuentes de información y no te puedes quedar con las redes sociales

Después de tus años de experiencia, ¿cómo aprecias el uso de la radio? La chavalería no lee prensa, no escucha radio, no ve tele… solo consumen redes sociales, que son muy parciales.

Da un poquito de miedo. El panorama que nos espera da un poquito de miedo. Y yo eso lo he visto en la facultad. He visto cómo se ha ido degradando la cultura general; hay una cultura muy tecnológica, de unos temas muy concretos que les interesan, pero la cultura general que tuvimos en un determinado momento ya no se tiene. Entonces me preocupa cómo van a ser esas generaciones de periodistas que no tienen el hábito. Recuerdo cuando empecé la carrera de periodismo, ya trabajaba en la radio, y el primer día de carrera nos contaron “aquí hay que venir todos los días con un periódico, el que queráis. Y si es posible, ir cambiando de periódico”. Y formaba parte de la obligación de estudiar leer el periódico. Ahora esto no se hace. Y fíjate que en una tablet o en el móvil tienes todos los periódicos, pero tengo muchas dudas sobre cómo será el periodismo del futuro. No tengo claro que vaya a ser mejor; va a ser distinto, pero no sé si va a ser mejor. Porque para intentar ser lo más imparcial posible tienes que tener muchas fuentes de información y no te puedes quedar con las redes sociales porque no son fiables, son muy buenas para algunas cosas, pero no son fiables.

Yo tengo la imagen de la radio como un medio muy de mujer, quizás por esa imagen que tengo de mi madre o de mi tía siempre escuchando la radio. Pero eran las que estaban en casa y tenían ese acompañamiento que, aún así, mujeres que no pudieron estudiar o no tuvieron acceso a otro tipo de información, están muy al día a través de la radio. ¿Cómo crees que es la gente que escucha la radio ahora?

Te voy a contar un cambio muy significativo que he vivido en los últimos años. Antes la radio era más cosa de mujeres porque eran mayoritariamente las que estaban en casa. Yo durante el fin de semana viví una incorporación del hombre a la radio del fin de semana porque también los había que se quedaban en casa, o que viajaban, y a veces se quedaban planchando o cocinando, que es algo que antes los hombres no hacían. También he notado un cambio muy importante en el asunto de Internet, cómo nos ha favorecido mucho a la radio, igual que ha perjudicado mucho a los periódicos en muchos aspectos, al cine o a la música, pero a nosotros nos ha beneficiado porque nos ha abierto el público. Nuestro público objetivo ahora es inmenso, y nos ha dado la posibilidad de la radio a la carta, que eso es buenísimo, ahora que se habla tantísimo de los podcast. Un programa de radio es un podcast porque lo troceas, lo cuelgas y me lo cuentan mis compañeros de interactivos, que el nuestro es un programa muy descargado: creo que tenemos más audiencia en diferido que en directo. Todas las semanas estamos entre los programas más descargados de Radiotelevisión Española. Eso demuestra algo: que la gente se baja el programa, se lo escucha por la noche, en el fin de semana, cuando le va bien, trocea, elige lo que quiere. Es buenísimo para nosotros, Internet ha sido la bomba.

¿Y hay gente joven que se incorpora como escuchante de la radio?

Yo creo que poca, fíjate. Los que lo hacen no es que se incorporen, sino que tienen el hábito desde niños. Es decir, a mí me para también gente joven y me dicen “es que yo crecí escuchándola a usted; en mi casa los fines de semana siempre estaba su programa; es que yo la escucho desde pequeña o pequeño”. Esto me conmueve mucho. Con eso te quiero decir que no creo que se incorpore a la radio la gente joven, pero hay gente joven que lleva la radio inyectada porque sus padres se la han inyectado. Son muy importantes los hábitos. Mi abuela era modista y teníamos la radio puesta, mi madre trabajaba fuera, pero en mi casa siempre sonaba una radio y cuando te vas a vivir sola, te llevas la radio.

¿Cómo es pasar de trabajar 20 años en un programa de fin de semana a un diario?

Duro. Duro porque me pilló ya mayorcica, quiero decir, que no tienes la misma vitalidad a los 30 que a los 50 y para mí madrugar cinco días a la semana es un auténtico calvario. Yo siempre digo que me pagan por los madrugones (risas). Pero físicamente ha sido duro. Y estoy contenta con el programa, creo que estamos haciendo un programa correcto y a mí me gusta, no sé si a los demás, aspiro a que sí. Pero el esfuerzo ha sido duro, y el cambio de vida también porque yo llevaba veinte años en Radio 1, y cinco temporadas anteriores en Ràdio 4, que es la emisora catalana de RNE. En total 25 años. Y aprendes a vivir a la contra: ya no vas a bodas, a fiestas familiares, a donde va la gente, pero tu cerebro está ya estructurado en modo fin de semana. Entonces el cambio ha sido… Mis hermanos y mi familia están contentos, pero a mí me ha costado.

Vienes a Uviéu por el tema cincuenter. ¿Qué te sugiere este palabro?

Me sugiere mi edad, gente de mi edad o más edad pero que ya estamos en la parte de la vida en la que te queda menos por delante que por detrás. Antes decía cincuentañera, que me gusta, pero ahora diré cincuenter. Otra cosa es cuando nos llaman cincuentonas, que no me gusta nada, y por eso lo de cincuentañera.

Una cincuenter a la que le cuesta madrugar pero que no deja de rabilar nuevas ideas y contenidos a cada minuto del día. Foto: Iván G. Fernández.

Esto también habla en cuanto a los nuevos referentes con el correr de los tiempos.

Sí cambian los tiempos. Quizás también porque uno va evolucionando y lo ves de otra manera. Pero independientemente de esto, los tiempos han cambiado mucho y las personas de 50 años son como las de 40 de hace un par de generaciones. Ha cambiado por suerte todo, la manera de vestirse, de trabajar, de actuar, de relacionarse. Una persona de 50 años está bien, no voy a decir que está en su esplendor, pero está bien.

El objetivo de los Encuentros Cincuenter es visibilizar a las mujeres en un espacio que no tenían reconocido.

Los hombres de 50 también parecían mayores, pero físicamente la biología trata mucho mejor a los hombres que a las mujeres. Y ahí todavía se impone un cambio en futuras generaciones para que no esté tan descompensado. Un señor con pelo blanco es un señor interesante, una mujer con pelo blanco ahora empieza a ser interesante, pero hace cuatro días era “¿pero no te vas a teñir esas canas?”. Eso es muy molesto. Los señores son maduritos interesantes, y las señoras son maduras a secas.

las mujeres de más de 50 no necesitamos que nos pongan en el foco porque ya nos ponemos nosotras

¿Qué te parece una iniciativa como ésta, que formáis parte del programa con la emisión de ‘De Pe a Pa’ en directo?

Pues fantástica, por eso he venido. Cuando vamos a un sitio es porque nos gusta ese sitio, darlo a conocer y creemos que vale la pena. Yo creo que es una iniciativa fantástica. El año pasado estuvimos hablando de ella pero en la distancia, no pudimos venir por tema covid, y este año, cuando hemos visto un poquito de luz, que tampoco sé si va a ser mucha, dijimos “¡vamos a Oviedo!”. Merece la pena apostar por todas las iniciativas serias como ésta que den visibilidad a todas las mujeres de una determinada edad, que es que lo necesitamos, y esta reivindicación es justa y necesaria. Aunque también te digo que ya las mujeres de más de 50 no necesitamos que nos pongan en el foco porque ya nos ponemos nosotras, ¿sabes a qué me refiero? Hemos dicho “oye, aquí las primeras en reivindicarnos somos nosotras, no vamos a esperar que nos aplaudan”. Cada vez hay más mujeres que están en la palestra, que tienen un reconocimiento absoluto y que saben muy bien lo que quieren y lo que no quieren, que también es muy difícil saber lo que no quieres.

Y este año ponen como referente a las sesenter y las setenter, un ejemplo para todas las generaciones que vamos detrás.

¿Has visto? He visto este documental de ‘Por ser mujer’ que es fantástico porque te das cuenta… Decimos que no hemos evolucionado… nos queda mucho, sí, pero hemos evolucionado mucho. Cuando he visto lo de la Sección Femenina… el poder que tenían los hombres sobre las mujeres en todos los aspectos, que las mujeres no eran autónomas, eran un simple apéndice de los hombres, que no tenían ningún criterio, no podían decidir. Y de esto mi madre se acuerda, y gente un poco mayor que yo se acuerda. Yo, por fortuna, no me acuerdo de ese tiempo porque era muy pequeña, pero es que fue hace cuatro días. Ha habido que romper muchas barreras, y se han roto, y no pasa nada. Y hay que seguir rompiendo barreras, todas las que hagan falta. Yo soy positiva, normalmente soy negativa, pero en este sentido soy positiva porque creo que han cambiado tanto las cosas, está cambiando tan rápido la mentalidad, que cosas que nos parecían antes absolutamente normales, cosas detestables que nos parecían normales, son vistas como detestables por todo el mundo, y eso lo hemos conseguido en muy pocos años. Cuando veo lo de Epstein, un tío rico que se aprovechaba de las niñas jóvenes, y ahora te parece… Comportamientos que antes la sociedad, no digo que aceptara, pero las veía medio normales ahora decimos “¡madre mía!, ¿cómo han podido parecer normales esas cosas?”.

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