No trabajar por regla dolorosa, ¿estigma o derecho?

Sindicatos y expertas valoran de manera diferente la baja laboral para mujeres con menstruaciones incapacitantes.

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Marta Rogia
Marta Rogia
Periodista, abogada, guionista. Cinéfila y apasionada de la radio, a la que he prestado voz mucho tiempo. Continúo con mi búsqueda de la autenticidad mediante narraciones que nos conecten a través de la emoción.

La propuesta del Ministerio de Igualdad de incluir en la nueva ley del aborto una baja laboral para menstruaciones dolorosas e incapacitantes ha sacudido los fantasmas de los costes empresariales, de los límites del derecho a no trabajar por problemas de salud y sobre todo, de las barreras en la empleabilidad de las féminas. La norma está en borrador y según fuentes oficiales, previsiblemente pasará al Consejo de Ministros este martes. Entretanto, la cuenta de Twitter de la titular de Igualdad, Irene Montero, lo celebraba el día 13 de mayo de esta forma: “Vamos a reconocer por Ley el derecho de las mujeres con menstruaciones dolorosas a una incapacidad temporal especial que será costeada por el Estado desde el primer día. Avanzamos para que ya no sea normal ir al trabajo con dolor y para acabar con el estigma, la vergüenza y el silencio en torno a la regla. Avanzamos en derechos”.

¿Cómo es una menstruación incapacitante?

La cuestión clave radica ahora en definir qué es una menstruación incapacitante. En un ciclo con fuertes molestias, según Cristina Iglesias, gerente de la Clínica Belladona, “el principal síntoma es la dismenorrea, que es lo que conocemos como dolor intenso con la regla y que dependiendo de la mujer puede presentarse en mayor o menor medida, pero que cuando se presenta tipo cólico, en el bajo vientre o el abdomen, puede alterar su calidad de vida. Puede mostrarse con dolores de cabeza y con mastalgia (dolores de pecho) importantes, incluso en algunas mujeres con diarrea y náuseas. Todo ello puede acentuarse en mujeres con endometriosis, un diagnóstico en el que queda mucho por investigar”. Vanessa Llaneza, delegada de EsEndo, agrupación de enfermas de endometriosis en Asturias, incide precisamente en este aspecto: “La regla en sí misma es una circunstancia natural y no tiene que ser incapacitante, lo es cuando existe una enfermedad de base y oculta, como la endometriosis, que agrava la fase menstrual”. Por eso, desde este grupo abogan por desligar la idea de bajas laborales y regla, ya que es un mito que con la menstruación se tenga que sufrir y para no estigmatizar a las mujeres se debe realizar una clara diferencia entre un proceso natural como la regla y uno patológico y en este último caso actuar como con cualquier otra dolencia, con su baja médica.

Cristina Iglesias y Blanca Cañedo en la Clínica Belladona. Foto: David Aguilar Sánchez.

Blanca Cañedo, fundadora de la Clínica Belladona e histórica activista por los derechos de las mujeres, insiste en la necesidad de revisar la endometriosis como causa escondida de esos períodos dolorosos y en que “nos podemos cuidar cada vez más, investigar para dar con fármacos que ayuden a evacuar mejor esas reglas y lo que logremos hacerlo llegar a otros países para una mejor atención de la salud femenina”. La misma idea sobre una mayor dotación de recursos para estudiar la salud sexual la remarca Iglesias, porque los impactantes datos que facilita de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) hablan de que un tercio de las mujeres en edad fértil padecen dismenorrea. EsEndo, aporta, a su vez, una estadística que indica que en Asturias se estiman unas cifras de entre 17.500 y 26.250 pacientes de endometriosis, de las cuales, entre 1.750 y 2.625 sufren la enfermedad en su grado más profundo. Porque esta dolencia soterrada, según recoge la clasificación del Sistema de la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (rASRM), puede desarrollarse desde un estadio I al IV con síntomas más leves o graves respectivamente y que podrían provocar esos cuadros de incapacitación vinculados a la regla.

¿Beneficio o estigma?

La controversia se centra en qué consecuencias se pueden derivar de solicitar una baja por menstruación dolorosa. Con las limitaciones que todas las fuentes consultadas han expresado al desconocer el texto íntegro, Carmen Escandón, responsable de igualdad de UGT Asturias, se muestra favorable a cualquier medida que pueda proteger a las mujeres como la subvención del coste o la rebaja del IVA en productos de higiene femenina, pero precisa que con respecto la incapacidad temporal “hay que encarar estos temas con una profunda reflexión, que parece que el Ministerio de Igualdad no aplica, porque puede generar problemas con la empresa y constituirse en una nueva barrera a la contratación. No vamos a estar a favor de un permiso que ponga barreras. Ha sido y es muy costoso llegar y de hecho, todavía existen empresarios que te preguntan si en tus planes está ser madre, como para un permiso que estigmatice a las mujeres”. Remarca que el espíritu de la norma es loable, pero hay que ser muy prudentes. Además, recuerda que estas licencias se obtendrán con un diagnóstico médico. Ese parte se dicta por un facultativo, como subraya Úrsula Szalata, de la dirección de CCOO, porque “no se dan a la ligera, sino con un motivo sanitario justificado y ni todas las mujeres son iguales, ni todos los ciclos son iguales. Además, que tengas la opción no quiere decir que la uses. Yo lo veo avanzar en derechos, igual que en su momento con la baja maternal, que ahora ya está interiorizada y se asume. No entiendo el ruido, estamos abogando por la salud laboral con perspectiva de género”.

Úrsula Szalata

Ese enfoque lo reclama también Cañedo que expone que durante toda su trayectoria de empresaria con empleadas a cargo nunca tuvo dificultades, pues “esa situación de incapacidad ya se estaba dando de una manera silenciosa, porque ellas acudían a trabajar con poco rendimiento en esa coyuntura, pero se compensaba con otros días de más provecho. Bajará el índice de absentismo. Siempre miramos si va a haber trampas y no es así. La persona que no es responsable podrá esta excusa o un dolor de cabeza y la persona que es responsable lo será con esto también, así que no veo dónde está el problema”. Vanessa Llaneza, sin embargo, resalta que no todo el mundo es tan comprensivo, que hay mucha gente que dice eso de “mira, ya está con la regla otra vez” y que te puedes encontrar a compañeros y jefes que ni entienden ni quieren entender, porque sobre esta dolencia pesa mucho tabú. Ella vivió episodios intensos de dolor, hemorragias profusas o bajadas de tensión, entre otras cosas, que propiciaron su despido objetivo por ineptitud laboral sobrevenida por enfermedad. Comenta que no resulta lo mismo según el tipo de trabajo que tengas, pues, por ejemplo, cargar y descargar cajas o estar muchas horas de pie lo hace más complicado por la exigencia física. Y a la espera de revisar la futura norma, demanda un reconocimiento legal de la endometriosis como causa de incapacidad, ya que es crónica, como sus secuelas.

Un nuevo derecho laboral

La siguiente duda es cómo se integrará este permiso en el ordenamiento actual. Ana Rosa Argüelles, catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de Oviedo explica que se trata de una norma central, “aplicable a todo el Estado porque tanto la legislación laboral como la de Seguridad Social en la materia son competencia exclusiva del Estado y no de las Comunidades Autónomas. Y la tienen que respetar todos los convenios. Y ahí es donde comienzan mis dudas, porque dependerá de cómo se redacte el precepto. En ocasiones (ocurrió con la ley de igualdad) en lugar de crear auténticos derechos subjetivos que puedan invocar frente a toda empresa las personas trabajadoras, lo que introducen son normas promocionales que se remiten a que tendrán tal derecho “si lo establece el convenio o acuerdo con el empresario” o “en los términos que se establezca en el convenio”. Ya que tratan de estimular que haya negociaciones en ese sentido, pero no crean auténticas obligaciones empresariales.

Desde Nortes se contactó con la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) para, a través de su presidenta, María Calvo, recabar el posicionamiento patronal y las posibles complejidades que preveía en la implementación del nuevo derecho, pero no ha querido ofrecer declaraciones. Como última reflexión, Argüelles señala que “más que dificultades técnicas, a ese tipo de medida le veo riesgos, porque es de las normas que tienen un temido efecto búmeran, ya que terminan traduciéndose, en la práctica, en mayores prejuicios para contratar a mujeres”.

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