Andalucía: lecciones para mañana

Julio Anguita nos enseñó un estilo-estrategia desde una convicción definitoria: para cambiar España hay que cambiar Andalucía.

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Manolo Monereo
Manolo Monereo
Es un abogado, politólogo y político español. Ha sido militante del PCE e IU y diputado de Unidas Podemos. Su último libro es "Oligarquía o democracia. España, nuestro futuro" (El Viejo Topo).

Para Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, desde la nostalgia

Grupo dirigente y dirección política son dos conceptos clave en la historia del movimiento obrero organizado, singularmente en la tradición comunista. La formación de un coherente y sólido grupo dirigente era la condición necesaria para una correcta dirección política. La clave estaba en la acción políticamente guiada. Era un organismo vivo que hacía política cotidianamente, que organizaba e intervenía activamente en el conflicto social. Se dirá que esto es muy viejo y que nada tiene que ver con la política que realmente se hace hoy; es verdad. En nuestro entorno ya no existen partidos de masas y, lo que es más significativo, nadie parece necesitarlos. El partido-cártel requiere un jefe o una jefa clara que venda bien y que tenga todo el poder; un fuerte aparato electoral que mantenga sólidas relaciones con los grandes medios de comunicación; que esté atento a las redes sociales y a las encuestas. La tarea fundamental del grupo parlamentario es reproducir el discurso del líder y, sobre todo, dotarse de una férrea disciplina para apoyar las políticas que se deciden en la cúspide partidaria. El resultado electoral es el baremo del acierto o desacierto de la política del grupo dirigente. Así se funciona ahora en todos los partidos.

Jian Antonio Delegado, Podemos, e Inmaculada Nieto, IU, candidatos de Por Andalucía. Foto: Por Andalucía

Desde hace más de un año se sabía que iba a haber adelanto electoral en Andalucía. Se conocía que el PP avanzaba –y mucho- y que Vox también. El PSOE no levantaba cabeza y el liderazgo de Espadas no despuntaba. No hacía falta gran perspicacia para comprender que se abría una gran oportunidad para construir una alternativa de izquierdas popular y andalucista frente a las derechas en alza y a un Partido Socialista prisionero de su pasado y sin credibilidad social. Era –y así lo dijimos algunos- un momento fundante. Lo más triste fue que, cuando esta posibilidad se estaba dejando pasar, el grupo de Adelante Andalucía entró en un conflicto durísimo en el que una minoría expulsó a una mayoría. Los motivos nunca fueron fáciles de explicar políticamente dando, una vez más, la sensación de que en la izquierda el cainismo acaba imponiéndose al margen de las demandas y las necesidades de la población.

Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía. Foto: Adelante Andalucía

No quiero entrar en las miserias de este último proceso. En las políticas unitarias hay, al menos, dos lógicas posibles. Una que yo llamaría del reparto y la otra de mayoría o, si se quiere, de hegemonía. La lógica del reparto se ha usado mucho. Es partir de los resultados previsibles de unas elecciones para competir por los posibles diputados y asegurarse una determinada correlación en el futuro grupo parlamentario. Se trata de un juego de suma cero, lo que gana uno lo pierde otro e impone necesariamente el conflicto por el poder dejando a un lado la política entendida como programa y como contrato con el electorado. Esto es lo que se ha vivido en Andalucía en los últimos meses. Había otra lógica con vocación de mayoría y de (contra)hegemonía. En futbol se diría “crear espacios nuevos” y no repartir los existentes. La llamada operación Yolanda tardíamente entrevió esta posibilidad, pero faltó audacia y proyecto. Las batallas que no se dan se pierden siempre y ahora estamos en una campaña electoral muy difícil con unas derechas al alza, un PSOE que busca desesperadamente movilizar a sus antiguos votantes y hacerse visible como alternativa y con una izquierda dividida externa e internamente.

“En nuestro entorno ya no existen partidos de masas y, lo que es más significativo, nadie parece necesitarlos”

El viejo Qué hacer se impone de nuevo. Hay muchas formas de enfocar esta campaña electoral. Yo la veo como la primera fase de un nuevo proyecto para Andalucía, democrático-plebeyo, federalista y andalucista. Hay que mirar menos al palacio y a los juegos entre partidos turnantes y movilizar a la sociedad. Una campaña electoral como instrumento de organización, de reconstrucción de vínculos solidarios y territoriales, de compromiso colectivo por la transformación social desde un punto de vista de clase, de bloque social y popular. Se trata, en definitiva, de un nuevo inicio que obliga a un talante unitario, de enfrentamiento claro a las derechas y a las viejas políticas de un PSOE sin proyecto, sin programa. Lo diré con más claridad: el futuro empieza ahora. Por Andalucía y Adelante Andalucía serán elementos imprescindibles de ese futuro y se debe de ir más allá hacia un amplio movimiento sociopolítico andaluz de amplio espectro. No hay que esperar recetas de Madrid. Nunca lo hicimos; solo intentamos ir siempre por delante, marcando el camino. Nuestra lógica nunca fue el repliegue identitario sino un estilo-estrategia que valorizaba la renovación, la audacia y la radicalidad desde una convicción definitoria: para cambiar España hay que cambiar Andalucía. Julio Anguita nos enseñó eso.

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