El rearme de Mélenchon

Áspero y sentimental, el candidato de izquierdas llega a la segunda vuelta como un ciclista movido por la perseverancia antes que por sus piernas.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

La primera vuelta de las legislativas francesas se presenta con un empate técnico entre los de Macrón y los de Mélenchon. La histórica abstención de los votantes franceses, un 53%, ha permitido que la izquierda se rearme a través de la figura de un candidato áspero y sentimental que llega a la segunda vuelta del próximo domingo como un ciclista movido por la perseverancia antes que por sus piernas. Los macronistas han pagado cara la anunciada reforma de las pensiones, tras ser reelegido presidente de la República un Macrón que tuvo que partirse la cara contra la extrema derecha mostrando su perfil más centrista tan sólo hace unas semanas. En la segunda vuelta del próximo domingo, sabremos si habrá o no un gobierno de cohabitación, con Emmanuel Macrón en el Elíseo y Jean-Luc Mélenchon mudándose a las dependencias del Hotel Matignon.

La lista Ensamble por la que la socialista Elisabeth Borne se presentaba, después de ser nombrada hace menos de un mes Primera Ministra de Macrón (un guiño a los socialdemócratas), no logrará superar esta noche el 26% de los votos, con un Mélenchon que asoma la cabeza por delante en la foto finish de la primera vuelta electoral. Es la primera vez que un partido que aglutina a ecosocialistas, comunistas, socialdemócratas e, incluso, algún centrista de corte liberal, le disputa en condiciones de igualdad el legislativo al centro derecha.

“Las legislativas verifican la muerte de los partidos tradicionales”

Las legislativas verifican la muerte de los partidos tradicionales. Los Repúblicanos se han convertido en una anécdota parlamentaria, los socialistas viven su mayor división después de integrarse en la misma lista que aglutina a la francia insumisa y la izquierda ecologista bajo la figura amarga de Mélenchon. Un populismo institucional, de diseño que rebusca el significado de la grandeur francesa en los modernidad y el personalismo de su presidente frente a otro que ha logrado encajar las plurales energías de la marginalidad han logrado fraguar una dialéctica que aparta del tablero de ajedrez las viejas fórmulas orgánicas de representación a través de los viejos partidos. Ni republicanos ni socialistas son capaces de hacer una lectura acertada de las nuevas bases sociológicas que sostienen las estructura políticas del país.

Twitter Macron

Las legislativas inauguran una situación inédita de la política francesa que no permite conocer cómo será la conducta de los votantes el próximo domingo. Casi más de la mitad del censo se ha quedado en su casa. Por eso nos preguntamos si Macrón será capaz de animar a la extrema derecha a votarle o, en el peor de los casos, se dejará querer para mantener el color uniforme en las instituciones francesas. Sea como fuere, no es probable que logre alcanzar una victoria respaldada con una mayoría absoluta, cifrada en 289 escaños, y tendrá que pactar con otras fuerzas políticas.

A la vista de los grandes resultados de la izquierda, comparados con los registros de comicios anteriores, puede afirmarse que la izquierda minoritaria, aglutinada bajo unas mismas siglas, gana siempre. La menos optimista de las fotos despeja su horizonte y abre un camino de optimismo dentro de cinco años que son unas cuantas vidas. Si por el contrario, Mélenchon lograse el triunfo electoral el próximo fin de semana, volvería a reproducirse un gobierno de cohabitación que devolvería a la política francesa a una situación que no se había vuelto a vivir desde 1997 con el neogalluista Jacques Chirac y el primer ministro socialista Lionel Jospin.

Es demasiado pronto para advertir qué futuro le deparará a Francia. Si Borne logra auparse con la victoria, Macrón seguirá el rumbo marcado hasta ahora, el presidencialismo del que ha hecho gala desde que fue nombrado jefe de Estado de la República francesa, con una izquierda dispuesta a seguir movilizando a la clase obrera mediante un discurso distinto al que nos tenía acostumbrados, en el que también se incluyen las reivindicaciones de los chalecos amarillos y de las periferias de mayoría inmigrante, del soberanismo francés y de cierta empatía con los movimientos antivacunación. Pero si Mélenchon logra acariciar el triunfo, aunque fuera sin una mayoría absoluta, la política de bloques no sólo habría logrado restar poder a Macrón. También habría arrinconado a la extrema derecha de Le Pen. No obstante, la ultraderechista podría alcanzar grupo propio en el legislativo, verificando que la extrema derecha no ha perdido pulso. El grupo le supondrá subvenciones e influencia en el corazón de la política francesa. Por último, no debemos olvidar que fuera de París, Macrón sólo es una marca devaluada, mientras que Le Pén y Melenchón han logrado que su nombre se identifique con muchos y variados movimientos. Estaremos atentos.

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