Amazon, el Principado y las vergüenzas de Asturias

Van como Don Quijote contra los molinos, a la huelga contra un gigante que tiene el apoyo tácito del Gobierno y las instituciones

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Héctor González
Héctor González
Es historiador, sindicalista y anarquista.

Lo que están pasando con Amazon y su instalación en Asturias resulta ignominioso. Y había que estar prevenidos porque de Amazon ya sabíamos muchas cosas y ninguna buena. Sabíamos que su modelo laboral se basa en exprimir al empleado. Sabíamos que se caracteriza por un total control de sus trabajadores, hasta generar estrés y ansiedad. También sabíamos que no permite el sindicalismo en la empresa. No es que no le guste, es que no lo permite y si tiene que saltarse la ley, se la salta. Y para saber todo esto no hace falta ser un lince, hay decenas de artículos de prensa, también libros.

Del Gobierno de Asturias sabíamos muchas cosas, otras solo las imaginábamos, como su hipocresía y su preocupante ausencia de política industrial y laboral. La semana pasada se publicaron tres noticias que deberían haber supuesto un terremoto político en la región. La primera de ellas nos descubrió que Amazon y el Principado firmaron un vergonzoso acuerdo de confidencialidad que atenta contra la Ley de Transparencia. La segunda, que el gigante americano recibió 4,4 millones de euros en una subvención no declarada y la tercera, que Amazon opera sin el preceptivo plan de transporte.

Estas noticias, de las que a pesar de su gravedad solo se hace eco Nortes.me mientras curiosamente el resto de la prensa regional guarda silencio, ponen de manifiesto la hipocresía del gobierno de Adrián Barbón que a la vez que acusa a la Comunidad Autónoma de Madrid de dumping fiscal, permite que Amazon se instale en Asturias a la carta. También de su carente política industrial. Hasta ahora éramos conocedores de que el Principado se inhibía ante cualquier problema de la exigua industria asturiana (desde los conflictos laborales hasta las deslocalizaciones), ahora sabemos que su estrategia para captar inversiones es permitir a las empresas (si son multinacionales) traten Asturias como su cortijo particular. Y Barbón, Cofiño y Enrique Fernández guardan un vergonzoso e irrespetuoso silencio.

El gobierno de Adrián Barbón a la vez que acusa a la Comunidad Autónoma de Madrid de dumping fiscal, permite que Amazon se instale en Asturias a la carta

Las líneas anteriores explican muy bien lo que está pasando con Delcom, subcontrata de reparto de Amazon que, tras un mes de huelga en mayo, vuelven a la huelga, esta vez indefinida, a partir del jueves 2016. Hace dos meses, tres trabajadores fueron despedidos a consecuencia del modelo Amazon, es decir, por exigir que se cumpla el Estatuto de los Trabajadores y el convenio colectivo, que se pueda conciliar la vida laboral y familiar y seguridad en su desempeño profesional, pero Delcom (ejem) no puede permitir eso.

La huelga de mayo no fue fácil y no solo por no cobrar. Para sorpresa de propios y extraños, Delegación del Gobierno les impidió concentrarse delante del centro logístico de la multinacional durante una hora diaria porque entorpecían su normal funcionamiento. La Guardia Civil se empeñó en ir más allá y dificultó el establecimiento de un punto informativo, a pesar de contar con todos los permisos, la prensa miró para otro lado y partidos e instituciones se pusieron de perfil. Hasta Asturias se desplazó incluso el jefe de seguridad de Amazon en España porque este es un conflicto estratégico para sus intereses. Ahora se entiende todo mucho mejor.

Este jueves, los trabajadores de Delcom vuelven a la carga con una huelga indefinida buscando la readmisión de sus compañeros y unas condiciones de trabajo dignas porque no toleran los abusos. Van como Don Quijote contra los molinos, a la huelga contra un gigante que tiene el apoyo tácito del Gobierno y las instituciones. Necesitan mucho apoyo. El de todos.

Ante esta situación sorprende la abulia que está mostrando el conjunto de la izquierda asturiana que, en líneas generales, está a verlas venir ante un escándalo mayúsculo y que es clave para el presente y el futuro de Asturias y sus gentes. Y es que el paradigma laboral al que nos dirijamos, con la inestimable colaboración institucional, no es el modelo de la otra gran multinacional instalada en Asturias, Arcelor, quien por cierto, lleva años en una deriva caciquil sin que nadie le ponga coto. No, el modelo hacia el que nos dirigimos es el de Amazon y con esta carta de presentación, la cosa pinta todavía peor que sobre el papel.

Hasta Asturias se desplazó incluso el jefe de seguridad de Amazon en España porque este es un conflicto estratégico para sus intereses

La actitud del sindicalismo es todavía más preocupante. Ponerse de perfil para facilitar la llegada de nuevas empresas, obviando los términos y condiciones de su instalación, y esperar a su puesta en marcha para vigilar que se cumplan los derechos laborales es garantía de fracaso (y de muchas penurias para los trabajadores desorganizados). No comprender que estas empresas y sus conflictos derivados son estratégicos para la clase trabajadora y el sindicalismo asturiano es una muestra de miopía y torpeza que atraviesa de forma vergonzante, aunque no por ello poco previsible, a todas las organizaciones sindicales.

Iván Fernández, Sergio González y Roni Joel, despedidos de Delcom. Foto: Alisa Guerrero.

Mientras se alimentan ficciones mediante acuerdos institucionales o poniendo el foco  sobre el movimiento obrero tradicional, con Amazon nos jugamos el futuro laboral de las próximas décadas. Los trabajadores de Delcom lo saben y por eso vuelven a la huelga indefinida. Hay un millón de asturianos que deberíamos tomar conciencia de ello.

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