Canteli impulsa la izquierda y el antifascismo

Es evidente lo que reclama el grito de la calle: unidad en Asturias, más allá del PSOE, en esa izquierda que cuando es capaz de ilusionar a su base social resulta decisiva.

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Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "No hay país".

Solo los misterios y las miserias de la política explican casos tan peculiares como el del alcalde de Uviéu, Alfredo Canteli. Es un independiente que rechaza los llamamientos a la militancia en el PP, pero en el partido parece el gran dirigente en Asturias, por encima del presidente Álvaro Queipo. No es por sus luces, su olfato político, su capacidad de gestión y mucho menos por un perfil adaptado a los tiempos y la modernidad. Canteli, al que los suyos llaman en el Ayuntamiento El Paisano y del que algunos piensan que pretende impulsar como sucesor a uno de sus hijos, es un señor chapado a la antigua, de otros tiempos. Un tevergano emigrado del mundo rural que comenzó su ascensión social durante el franquismo en el Oviedín del alma, en el que se rinde veneración al más rancio conservadurismo y a las grandes familias financieras. La capital universitaria asturiana es plural, porque ese mundo poderoso, pero reducido, habita la misma ciudad que las clases populares de los barrios y grupos sociales liberales y progresistas, con presencia también históricamente de cierta burguesía ilustrada.

Canteli manda tanto en el PP asturiano, hasta el punto de parecer el líder, simplemente porque es el alcalde de Uviéu, el gran fortín del partido en Asturias, porque en Xixón también gobiernan los conservadores, pero los melquiadistas de Foro con Carmen Moriyón al frente, una muestra de la pervivencia del cantonalismo en la ciudad asturiana más poblada, que fue el feudo del abogado reformista Melquiades Álvarez.

Como es un señor antiguo, Alfredo Canteli tiene problemas para entender los tiempos modernos y los hábitos democráticos, y ya desde el principio de su mandato municipal tomó decisiones, hizo declaraciones o utilizó argumentos que abochornan a cualquier demócrata, incluso en las filas del PP, aunque las voces críticas sobre El Paisano solo se pronuncian en voz baja dentro del partido.

No llevaba una semana en la alcaldía cuando calificó de “accidente” la muerte del joven profesor David Carragal, fallecido tras ser golpeado en la calle cuando volvía de una fiesta. “Los chavales no querían llegar a ese final”, dijo sobre otros jóvenes juzgados por aquella muerte.

Cuando accedió al bastón de mando de la ciudad, Canteli, tomó algunas medidas, más que simbólicas, para marcar territorio no ya sobre sus adversarios políticos, sino con la cultura y los valores democráticos. Canceló los bancos arcoíris en Uviéu pintados por el gobierno tripartito de izquierdas que le precedió y acabó con el modelo popular de las fiestas de San Mateo iniciado en los años 80 por el alcalde socialista Antonio Masip, suprimiendo los chiringuitos ya tradicionales, entregados a la patronal de la hostelería, que tiene en Canteli a un fiel servidor.

Uno de sus primeros choques con la oposición, especialmente con Ana Taboada, de Podemos, fue cuando le reclamaron los gastos de su esposa en desplazamientos oficiales del alcalde. Canteli no entendía por qué no se puede llevar a la mujer a los hoteles, las comidas y las cenas, a Madrid o a donde toquen los viajes de trabajo, como pasaba durante la dictadura.

Más recientemente, durante un minuto de silencio frente al Ayuntamiento por un crimen machista, Canteli culpó a un inmigrante del suceso, cuando había sido un ciudadano español. También reclamó minutos de silencio cuando la víctima es un hombre, un porcentaje insignificante en lo que el alcalde debe llamar aún “crímenes pasionales”.

Todas estas salidas salidas de tono, meteduras de pata o simples muestras de una mentalidad anacrónica y reaccionaria, incompatibles con un sistema democrático, fueron corregidas o rectificadas tras el escándalo provocado y la intervención del PP, salpicado por los errores de El Paisano.

Por eso en Asturias no sorprendió tanto el último despropósito de Alfredo Canteli como en el resto de España, que ahora ha descubierto el inquietante ideario del alcalde carbayón cuando justificó hace unos días la brutal paliza que recibieron dos médicos, activistas del colectivo Asamblea Moza d´Asturies (AMA), por parte de un grupo de ultras, de al menos siete personas, en las fiestas de San Mateo. Vandalizaron carteles y banderas, antiracistas y del colectivo LGTBIQ, y los golpearon salvajemente con patadas en la cabeza cuando se encontraban en el suelo. Todo ello frente a un enorme cartel con la palabra Amabilidá, en asturiano, el eslogan para que Uviéu sea Capital Europea de la Cultura. Suerte tuvieron de que solo resultaron heridos y pudieron ser curados en el HUCA.

Para Canteli este nuevo episodio de violencia neofascista, que vuelve a las calles como en los primeros años de la Transición, fue una anécdota y un suceso en el que llegó a insinuar la culpabilidad de los agredidos, poniendo en duda una paliza grabada por una cámara municipal. De los agresores indicó que sin duda “no son mala gente”. Algo parecido dijo uno de los abogados defensores de los ultras: que eran de buenas familias, como el propio letrado, de una de las grandes sagas carbayonas. Eso les eximió de presentarse en el Juzgado dos veces al mes a la espera de juicio, lo que probablemente hubiera ocurrido si los acusados fueran de “mala familia”, de barrios populares y otra extracción social.

Foto: Pablo Lorenzana

El PP asturiano tiene un problema con Alfredo Canteli, que cerca de los 80 años espera gobernar otros cuatro en la alcaldía con el apoyo de Vox. Hasta las fiestas de San Mateo era solo su incontinencia verbal, pero ahora ha dado un gran balón de oxígeno a la izquierda y al antifascismo, más incluso en la autonomía que en el Ayuntamiento de Uviéu, a ocho meses de las elecciones.

La indignación que provocaron las palabras del alcalde sacó a la calle a la izquierda social y a sectores populares muy preocupados por el auge de Vox y los grupos ultras, un espacio relevante electoralmente, que lleva tiempo desorientado y desmoralizado. Canteli ha sido el revulsivo. Tanto, que ha convertido a Rubén Rosón y Jorge Fernández, los dos agredidos, en referentes para la izquierda social, como lo fueron hace años Cándido y Morala, dos sindicalistas de Xixón convertidos en símbolos de las históricas luchas del movimiento obrero asturiano.

Una masa crítica multitudinaria, heterogénea e intergeneracional plantó cara ya dos veces en la calle en Uviéu al fascismo, que lleva tiempo en auge y se vino arriba con la crisis de Ceuta, y a un alcalde dispuesto a gobernar con los ultras, a los que tiene por buena gente de orden como él. “La buena familia, familia antifascista”, le coreaban los manifestantes frente al Ayuntamiento. La celebración de un gran concierto en la plaza de la catedral, en el lugar de la agresión, tras la amenaza municipal de suspensión, fue otro gran éxito del movimiento cívico antifascista que ha impulsado Canteli. Un movimiento pacifista y democrático: las manifestaciones fueron un clamor contra la violencia.

Emocionada, una de las personas que acudió a la primera de las manifestaciones manifestó su esperanza de que esta respuesta ciudadana en Uviéu fuese el principio de algo nuevo y diferente, informaba Nortes. No está claro que vaya a ser así ni que a la ola reaccionaria la frene una ofensiva democrática. Pero sí es evidente lo que reclama el grito de la calle: unidad en Asturias, más allá del PSOE, en esa izquierda que cuando es capaz de ilusionar a su base social resulta decisiva. Si no lo hace, los suyos se quedarán en casa, como en otras citas electorales.

La buena gente movilizada en la calle no entiende las trifulcas internas, el sectarismo, las luchas partidistas y el cainismo en ese espacio político, ni que IU, Somos, Podemos y Aína no vayan en una candidatura unitaria capaz de frenar la llegada de la extrema derecha al gobierno asturiano. No sería más que continuar una histórica tradición política de la izquierda asturiana, la alianza obrera. Hace 90 años, contra el fascismo, se unió en el gobierno que presidía Belarmino Tomás, donde coincidían los republicanos burgueses de Izquierda Republicana, los socialistas, los comunistas y los anarquistas.

Si los dirigentes políticos no son capaces de tejer ese tipo de alianzas, la izquierda social resucitada estos días por Alfredo Canteli en Uviéu será irrelevante electoralmente y un gobierno con la extrema derecha puede ser probable también en Asturias, aunque los manifestantes estos días gritaran que será la tumba del fascismo.

Y si necesitan candidatos de consenso, caras nuevas e ideas frescas, ahí tienen a Rubén Rosón y Jorge Fernández, representación de la valentía y el coraje cívico frente a la ola reaccionaria. Sus agresores no eligieron bien a las víctimas. Fueron a por dos médicos muy conocidos en el movimiento asociativo, a los que convirtieron en vitamina social para frenar a la barbarie.

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