¿Hay algún Indalecio Prieto en la sala?

La previsible derrota del PSOE andaluz determinará la relación de los barones socialistas con Pedro Sánchez. ya muy enfriada en el caso de Barbón.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Los síntomas de distanciamiento entre Adrián Barbón y Pedro Sánchez son cada día más evidentes. Volvió a quedar de manifiesto en la sesión de preguntas al gobierno que se celebró este martes en el sótano de Fruela cuando la consejera de Hacienda, siguiendo la estela de Enrique Fernández en ocasiones anteriores, le pidió a Daniel Ripa que exigiera a sus ministros de Unidas Podemos el cumplimento de los plazos de ejecución de las inversiones en Asturias. Lo hizo con la misma inseguridad que expresó Barbón hace una semana: desde la decepción.

La desazón, la desidia, la decepción…en el fondo de este ánimo político, que orada cada día más la epidermis de un gobierno herido de gravedad, subyace un sentimiento de abandono, de separación, de enfriamiento… Un conmigo no cuentes, un aquí te quedas y un búscate la vida alentado desde Madrid, que deja a Barbón sin paraguas ideológico en el que cobijarse de la tormenta económica y política que a partir de septiembre asolará en toda España. Quizá eso explicaría los bandazos que da últimamente en su discurso, desempolvando del arcón del abuelo los viejos símbolos menendezpelayistas que reafirman su carácter ortodoxo.

El primer terremoto se producirá este domingo y promete ser un cataclismo. Todos los faros del partido apuntan hacia Andalucía. Quienes están implicados en la valoración de la gravedad de los daños que ocasionará la victoria de Juan Manuel Moreno Bonilla, analizarán el resultado en clave de primarias locales y, sobre todo, como en el caso de Barbón, estudiando hasta donde deben acercarse a Pedro Sánchez para que la derrota no les contagie.

Barones socialistas en Córdoba junto a Juan Espadas. Foto: Twitter de Juan Espadas.

Mientras Moreno Bonilla se presta a ser el parapeto de la ultraderecha, si a cambio Juan Espadas le permite gobernar los próximos cuatro años, los laboratorios de Ferraz estudian la longitud de la falla y su profundidaz para poder determinar hasta donde quedará resquebrajado el partido. La onda sísmica que se anticipa ha puesto en guardia a los futuros candidatos que encabezarán algunas listas en las próximas municipales. En Valencia y Barcelona las direcciones políticas tensan su relación con Adriana Lastra, que ya piensa en regresar a Asturias, y están dispuestos a plantear primarias si hace falta. En Gijón tampoco se descarta, y Barbón deberá medir hasta dónde está dispuesto a llegar con Ana González como candidata, si no se quiere verse arrastrado por la debacle que el clima político local está anticipando a un año vista. Con lo suyo ya tiene suficiente. Lo que está claro es que Pedro Sánchez comenzó su legislatura como el guapo y hoy algunos ya se apartan porque empieza a oler a derrota. Tienen la impresión de que las baterías cargadas de resiliencia entonces, hoy están agotadas. O no.

Enric Juliana se hacía eco en su columna de La Vanguardia del rumor que afirma que Sánchez no se presentará a la reelección, para ocupar un alto cargo en Europa. “Los orfebres más laboriosos apuntan que podría aspirar a la presidencia del Consejo Europeo, cargo que actualmente ocupa el belga Charles Michel. Si los malos vaticinios se cumplen, el PSOE deberá hacer frente a una campaña derrotista que intentará fijar la idea de un presidente abatido, pensando ya en la fuga hacía las instituciones europeas” escribe el periodista catalán.

Las palabras de Juliana dibujan el paisaje de un presidente en Asturias que se subió a lomos del sanchismo hace 6 años, y hoy camina disolviendo su figura en un horizonte políticamente incierto. Desempolvar a Pelayo o afianzare en un discurso identitario como ha hecho estos días no va a despistar a los votantes. Los comentarios de Barbón destapan al socialista sentimental que leía a Besteiro. Hay malos hábitos que, pasado un tiempo, no se pueden evitar. ¿Hay algún Indalecio Prieto en la sala? En cualquier caso, sea como fuere, la política no deja de darnos sorpresas. Hace tan solo seis meses hablábamos de un presidente que ansiaba la mayoría absoluta con un Estatuto reformado en la mano y hoy sólo encontramos un globo que cuando habla, se desinfla. Ay.

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