“La inquietud de EEUU no es la seguridad de Ucrania sino desangrar a Rusia”

El periodista Rafael Poch presentó con la Sociedad Cultural Gijonesa su último libro, "La invasión de Ucrania".

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) estudió historia en Barcelona y Berlín Occidental, pero se ha dedicado casi toda su vida a escribir en medios de comunicación. Ha sido corresponsal internacional durante 35 años, la mayor parte de ellos en URSS, más tarde Rusia (1988-2002) y China (2002-2008) para La Vanguardia. También fue periodista en Berlín, antes y después de la caída del Muro, y en París. Autor de varios libros sobre el fin de la URSS (traducido al ruso, chino y portugués), sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un pequeño ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis (traducido al italiano), acaba de publicar “La invasión de Ucrania” para el sello editorial del digital CTXT, medio para el que colabora escribiendo sobre política internacional. Este martes lo presentó en Gijón invitado por la Sociedad Cultural Gijonesa.

A la luz de la situación en Ucrania, hay alguien que esté ganando la guerra y qué discurso está contando la guerra tal y como es realmente

No hay una sola guerra sino tres. Una es la de Rusia contra Ucrania. Otra es la de Rusia contra la OTAN y hay una tercera que es la que está detrás de todo y es la más peligrosa, aunque sólo sea como hipótesis: EEUU contra China. Rusia es socio de China. Si observamos la guerra militar, la que se desarrolla ahora en el campo de batalla, podemos afirmar que está perdiendo todo el mundo. En el campo militar está perdiendo más Ucrania desde hace unas semanas. Está perdiendo entre 100 o 200 soldados cada día. Pero eso tampoco quiere decir que esté venciendo Rusia porque, a parte de las acciones militares, incluso con un avance lentísimo, no podemos obviar la razón política. Qué hacemos después en ese territorio. Lo que es el Donbast, los rusos lo tienen bien computado. Ya tienen una administración pro-rusa, eso no cambiará mucho. Pero qué pasará en las otras regiones, Jersón, Zaporiyia, regiones nuevas que han conquistado. No sabemos todavía qué nivel de aceptación tendrá entre la población. Pero supongamos que, en la mejor de las hipótesis, es una aceptación considerable o que la población, cansada de la guerra, no sólo la acepta sino que, incluso, la saluda; supongamos que sólo una minoría se resiste a esa situación con atentados apoyados por el gobierno de Kiev o por la OTAN. Pues bien, la administración rusa o rusófila que se afirme en esas regiones tendrá que ser muy represiva para controlar o estabilizar la zona. Por lo tanto, a medio y largo plazo eso será un avispero de muy mal gobernar.

¿Pero qué esta perdiendo Rusia además de esas incertidumbres de futuro?

Si pretendía forzar un retroceso de las infraestructuras de la OTAN, ahora las tiene más cerca que nunca; desde la OTAN se han aumentado las fronteras directas con la OTAN, más de 1300 km de extensión, con la futura incorporación de Finlandia; su prestigio mundial se ha hundido, por completo; la relación energética que tenía con Alemania, que era muy sólida y a partir de la cual se podía construir muchas otras relaciones políticas, se ha jodido o se está jodiendo; la OTAN que Macrón dijo que estaba en muerte cerebral y está mas viva que nunca. Y eso es lo que tenemos sobre la mesa.

“La OTAN está más viva que nunca”

¿Y a más largo plazo?

Ya veremos, pero lo que tenemos es eso. Está perdiendo la población civil de Ucrania con 13 millones de refugiados, miles de muertos civiles, está perdiendo Rusia con miles de soldados muertos. Yo no veo ganadores en esta guerra. Es un desastre general.

La incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN, tras salvar los reparos de Turquía, en una cumbre que tendrá lugar en Madrid, ¿qué implicaciones puede tener en el medio plazo?

Los obstáculos con Turquía se solucionarán, pero creo que lo más importante de esta incorporación y de la que nadie habla es el Ártico y sus recursos. Hay una vía comercial entre Europa y China que permite, gracias al calentamiento global, reducir las rutas marítimas entre ambos continentes de 10 a 15 días, y esos dos países se sumarán al Consejo Ártico que ya está absolutamente dominado por la OTAN, de manera que Rusia se va a ver sola contra todo un club de países bastante hostiles. Respecto de la seguridad de Finlandia y Suecia, honestamente no creo que mejore con su incorporación a la Alianza. Más bien se va a resentir.

Rafael Poch en Gijón. Foto: Luis Sevilla

Tengo la sensación de que el conflicto se está cronificando. En el relato de esta guerra, hemos pasado del temor provocado por una amenaza nuclear o del temor a una tercera guerra mundial, derivada de un aumento de la escalada de violencia entre los países aliados y las sanciones, a una situación estancada, ya digo, cronificada, que sólo admite, por el momento la guerra en el Donbast por una parte, y una guerra económica entre Europa y EEUU y Rusia a través del aislamiento y las sanciones de consecuencias durísimas.

Pues no sé si habrá una estabilización del conflicto, porque el peligro de que se salga de las manos sigue ahí. Los polacos son los más peligrosos: han pedido varias veces intervenir Ucrania occidental. Intervenir Ucrania con bandera de Polonia y apoyo militar de los países de la OTAN. Técnicamente, sería una guerra entre Polonia y Rusia. Y estamos hablando de su primer ministro y su ministro de Defensa. Por otra parte, los estonios han pedido una zona de exclusión aérea y en la opinión pública americana se leen cosas tales como las que publica el Wall Street Journal que ha titulado que EEUU debe mostrar su capacidad para ganar una guerra nuclear contra Rusia. Este tipo de insensateces se escuchan también en la televisión rusa. El otro día vi a tres besugos que afirmaban que con un solo misil Smart ruso con varias cabezas nucleares capaces de descomponerse en tres proyectiles podrían eliminar la Gran Bretaña. Todo esto es muy peligroso porque no se puede banalizar la destrucción masiva.

Una de las críticas que se está haciendo con la entrega de armas al gobierno de Kiev es que se desconoce en qué manos recaen, al tiempo de que algunos medios alertan del rearme de grupos fascistas y de extrema derecha nazis que podrían desestabilizar más Ucrania cuando la guerra haya terminado, sea lo que sea Ucrania.

Me cuesta mucho cuantificar la situación sin estar allí, pero es evidente que esta guerra, entre sus efectos negativos, va a radicalizar los regímenes políticos, tanto de Rusia como de Ucrania. El régimen ruso se va a endurecer, entre otras razones, porque está sometido a unas sanciones durísimas que van a cambiar la vida de la clase media. Tendrá problemas de abastecimiento importantísimos. No habrá piezas para fabricar coches, no habrá piezas para nada porque hay una gran dependencia en los mercados. El cambio será drástico. ¿Y todo eso cómo se va a administrar desde el poder? Pues apretando la mano. Respecto de Ucrania, lo que no nos gusta de Ucrania a los que conocemos el país se va a redimensionar. Por ejemplo, la influencia que tiene la extrema derecha en los aparatos del Estado aumentará. Las armas de la OTAN están entrando en ese país y en esa situación. ¿Van a contribuir a que se defiendan mejor? No lo sé. Lo que sí pienso es que la inquietud de la OTAN y de los EEUU no es la seguridad de Ucrania, sino machacar y desangrar a los rusos. Esta guerra es una guerra por país interpuesto. Leon Panetta, ex jefe de la CIA respondió exactamente eso cuando le hicieron esta misma pregunta; no lo decimos pero, incluso si no lo decimos, se trata exactamente de eso.

En el principio de las sanciones, se pretendió forzar a una oligarquía a que tratase de derrocar a Putin. Con un planteamiento estratégico de intervención en la política interna de Rusia ¿no es un gran error?

Hace mucho tiempo que no he vuelto a Rusia. Para Rusia esta guerra puede ir de dos maneras: o mal o muy mal. Si van muy mal las cosas, puede haber un golpe de palacio. Es una hipótesis que no se puede descartar ni a medio ni largo plazo. A corto, sin embargo, no lo parece, porque tiene un gran apoyo popular del 70%. De igual modo, esos apoyos pueden ser muy efímeros, en función de cómo evolucione la situación. Los oligarcas rusos están sometidos a un pacto que hicieron con Putin hace muchos años en virtud del cual ellos podrían enriquecerse como quisieran, pero no podrían intervenir políticamente. Si no observan ese pacto, es muy posible que sean reprimidos. Que ellos se coaliguen e inicien una conjura par echar a Putin es posible. Pero, ¿Qué vendría después? El problema no es Putin, el problema nos habla de una Rusia humillada, de una seguridad europea sin Rusia y contra Rusia, de una OTAN expandida. Todo eso, con Putin o sin Putin seguirá ahí. Por lo tanto, cuando desaparezca, el que venga ¿será mejor? Esa es la primera pregunta que nos hemos de hacer. Una presión como la que hay ahora para cambiar el régimen de Rusia es una insensatez porque es un país muy grande, en una situación explosiva que exige manejarse con cuidado, porque tiene un potencial nuclear y desestabilizador enorme. Una Rusia desestabilizada es mucho más peligrosa, así que yo no me metería en ese terreno e intentaría, más bien, apaciguarla.

“Una Rusia desestabilizada es mucho más peligrosa”

Si ampliamos el campo de batalla, lo que subyace es la crónica de una guerra económica que ya no es contra Rusia sino contra Eurasia.

Sí, lo que se insinúa detrás de este conflicto es un choque de masas continentales entre Euroatlántida por un lado, y Eurasia por el otro. China lidera este bloque euroasiatico y EEUU el bloque euroatlántico. Lo ideal sería salirse de esta dinámica desde el punto de vista de los intereses europeos que no pasan por confrontar con su principal socio comercial, ni pasa por llevarse mal con Rusia que es su proveedor energético. Tu puedes condenar la invasión de Ucrania y, al mismo tiempo, intentar lo que se ha hecho siempre en política: reforzar la vía diplomática. Esto de que cuando hay un problema la respuesta siempre son sanciones, es algo relativamente nuevo pero que forma parte del modus operandi occidental desde el fin de la guerra fría. Cuando hay un problema se imponen sanciones, se invade o se hace la guerra. Eso lo hemos visto desde Yugoslavia pasando por Irak o Afganistán y esto ha producido más de 38 millones de desplazados y más de 3 millones de muertos. Es una perspectiva muy contradictoria con lo que son los retos del siglo que buscan una concertación internacional que afronte el calentamiento global, la proliferación de los recursos de destrucción masiva, la desigualdad regional y social. Todo ese tipo de problemas que el hombre de la calle y el sentido común identifica como los problemas que tenemos que resolver. Si por el contrario, lo que hacemos es la guerra entre grandes potencias, vamos muy mal enfocados.

Rafael Poch en Gijón. Foto: Luis Sevilla

Ahora le pido a cerrar el plano para intentar ofrecer una mapa del cambio de relaciones internacionales que ha producido la guerra en el Mediterráneo occidental, con el abandono del gobierno de Sánchez de la posición que España ha mantenido históricamente apoyando el referéndum de autodeterminación del Sahara. Enric Juliana relataba en uno de sus últimos artículos como los altos cargos americanos y rusos habían pasado por Argelia en el mes de marzo.

Lo que pasa en España, lamentablemente, se explica desde el seguidismo de la política imperial de EEUU. Si EEUU decidiera mañana que Andorra fuera un país preeminente de la geopolítica mundial y que su lengua oficial fuera el sueco, el gobierno español se pondría firme y lo aceptaría. Lo que está haciendo con Marruecos, en esa lógica, es ponerse en sintonía con los EEUU. Tampoco quiero decir que para España, su cambio de posición sea una vergüenza diferente a la de la UE que también ha renunciado a sus pretensiones de autonomía, con algunos murmullos en Francia y Alemania, pero que tampoco consiguen resultados. Ahora parece que manda más el triángulo Reino Unido, Países Bálticos y Polonia que Francia y Alemania y es por eso que todos se han puesto en la estela del lado de EEUU que se suma a la lista de desastres que arrastra Rusia. Este es otro de ellos. La posibilidad de que la UE afianzara una política militar y exterior más autónoma e independiente parece que se ha diluido y España se ha resituado en este contexto.

Una cosa es ponerse en sintonía con los aliados de la OTAN y otra es renunciar a una posición política histórica sanciona por la ONU, una posición que internamente había generado un consenso entre la izquierda y la derecha española. Y lo que sorprende es que se lo hayan ventilado de un plumazo.

Es el pragmatismo del vasallo. EEUU ha optado por apoyar a Marruecos y olvidarse del Sáhara Occidental y nosotros estamos con los que mandan y ya está. No hay más vuelta de hoja. Sucede que con esta decisión, Pedro Sánchez se pega un tiro en la pierna porque los argelinos han reaccionado. Pero la misma situación ha sucedido con Alemania respeto de Rusia. Su beligerancia ha sido otro tiro en la pierna. Y con China ha sido todavía peor. La última cumbre UE-China ni siquiera logró alcanzar un comunicado final porque los europeos pretendían la estupidez de que los chinos se sumasen a las sanciones contra Rusia. Como decía un comentarista chino, lo que nos están diciendo es “ayudenos a dominar a su socio para que podamos después atacarle a usted de una manera más holgada y menos peligrosa”.

“Los europeos pretendían la estupidez de que los chinos se sumasen a las sanciones contra Rusia”

¿De qué manera el periodismo europeo y, particularmente, en España, se ha involucrado en la lógica de la guerra atenazando la libertad de expresión? Percibo que hemos entrado en una dinámica represiva, en la que cualquier crítica a Ucrania es percibida como munición entregada al enemigo y, por lo tanto, se censura. Dicho de otro modo, el periodismo español parece estar embargado por la lógica bélica de los Estados. Sólo puede ser aceptado aquel que instiga al odio del enemigo, o sea, un periodismo que practica la propaganda. Todo lo que se salga de esa lógica, no existe o se ataca.

Yo no veo una gran diferencia respecto de la guerra de Irak o de Yugoslavia. Aquí siempre se aplica un standar que yo llamo periodismo Disneylandia, una cultura de Hollywood muy maniquea que divide el relato entre buenos y malos. Los medios de comunicación nos presentan a los villanos: Hussein, Milosevic, Putin. Se trata de reducir un conjunto de relaciones internacionales complejo en una cuestión moral de derechos humanos confrontada entre buenos y malos. En septiembre y octubre del 39 La Vanguardia informó que Polonia había atacado a Alemania. Como todo el mundo sabe, la II Guerra Mundial comenzó al revés. Pues bien, La Vanguardia publicó en septiembre del 39 lo contrario. Pero días después, se lee en la página que da cuenta de todo esto, cómo conviven un comunicado del III Reich que informa de lo que está pasando en Polonia junto a otra nota del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, publicando su propia versión. Hoy día no es así. Lo que nos encontramos es una crónica de lo que nos cuentan los ucranianos y la OTAN. Lo que cuentan los rusos está censurado. Si tu haces unos comentarios considerados pro-rusos en twitter que no se ajustan al relato, serán censurados. Y esto es lo que le ha pasado a un periodista brasileño de renombre como Pepe Escobar que ha sido expulsado de twitter y también está pasando con los medios de comunicación estadounidenses más interesantes desde el punto de vista de su heterodoxia: los están jodiendo. En la prensa española no se explica lo que está pasando en la zona del Donbás. Se hablan de las masacres exageradas o correctas de Bucha y no se habla de lo que han hecho con los prisioneros de guerra rusos. Hay videos de los propios soldados ucranianos que muestran a un tipo preguntando por los oficiales ucranianos y cuando éstos responden, son disparados a la pierna. Eso nadie parece haberlo denunciado y, como eso, mucho más. Mariupol ha sido terrible. Pero qué opina esa población y a quién se le atribuye la responsabilidad. No quiero relativizar la catástrofe que ha provocado Rusia porque ha cometido un crimen violando la soberanía ucraniana y ha atentado contra la carta de la ONU, eso es obvio, lo que critico es que no se ha explicado como se llega a esta situación, del mismo modo que no se ha explicado todavía cómo se fraguó Yugoslavia, quien era Sadam Hussein, quien es Al Assad y qué ha pasado en Siria. Y los medios se han castrado.

Rafael Poch en Gijón. Foto: Luis Sevilla

A eso me refería, a la lógica de la guerra de países que no están oficialmente en guerra pero sí lo están y en cómo afecta esta situación al periodismo. Pensemos en Pablo González, periodista o espía, detenido al comienzo del conflicto, preso en Polonia, y que como compatriota nuestro, no está recibiendo la debida atención consular. Eso ya nos da una relación que tiene que ver con una lógica diferente de lo que está siendo esta cobertura y que se diferencia claramente de otras anteriores.

Estamos más implicados, es verdad. Pero esto tiene matices también en Europa. En Francia, los medios de comunicación están mas abiertos a ofrecer claroscuros de la parte ucraniana y en Italia, la población, pese a la toma de partido de los medios de comunicación, tiene dividida su opinión al 50%.

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