“Nuestra solidaridad es una forma doméstica de plantar cara al horror, al clasismo y al fascismo detestable”

Belén Suárez Prieto gasta sombrero, pero hay algo que la caracteriza más: ella es la ideadora de los desayunos solidarios del Antiguo, hoy reconvertidos en merienda-cenas.

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Elena Plaza
Elena Plaza
Es periodista, formadora en cuestiones de género, contadora de historias y enredada entre ruralidades.

Parafraseando a Clarín, a Belén Suárez Prieto la nacieron cerca de la calle Uría de Oviedo, pero su hábitat natural es el barrio del Antiguo. En cuanto pudo independizarse se trasladó al histórico barrio, del que se declara “absolutamente enamorada”, en una decisión reflexionada y buscada. Primero se instaló en la calle Paraíso y desde hace 20 años vive en el Postigo Alto. “Siempre extramuros pero cerca de la muralla”. Este sábado recibe el Premio Derechos Humanos 2022 de La Ciudadana “por todos los años que lleva dedicados a contribuir a que los Derechos Humanos estén más cerca de los colectivos más vulnerables de la ciudad de Oviedo”.

Una muralla que nos acaban de limpiar en una ciudad que en mi imaginario siempre fue y será de piedra gris.

Una muralla siempre gris y con un jardín colgante con todas aquellas plantas. No tengo un criterio técnico ni artístico, pero al verla tan revocadísima me llamó tanto la atención… Los expertos dicen que se acerca más a la original, pero me sigue chocando y en esta tierra se oscurecerá pronto. De hecho ya hay plantas colgando. Un imaginario gris, oscuro, pero no es eso lo que me molesta, casi rechazo más la pulcritud un poco artificial. Los planes de choque trajeron cosas muy buenas, algo que nos chocaba mucho fue sacar los coches, que ahora ya hacen todas las ciudades. Me rechina la pulcritud impostada y la profusión de estatus. No quiero decir que me guste una ciudad sucia y descuidada, pero se dejan de lado otras cosas, como las necesidades de las personas.

Foto: Alisa Guerrero.

Mañana te entregan el premio de La Ciudadana por la defensa de los derechos humanos.

Cuando me lo anunciaron quedé abrumada porque cuando pienso en los derechos humanos de las personas, pienso en acciones de más impacto, más arriesgadas que la mía, pienso en grandes ONG como Amnistía Internacional, contra la pena de muerte, las violaciones como arma de guerra… Y lo que llevamos haciendo un grupo de gente hace 9 años es dar de comer al hambriento, juntarnos porque nos gusta estar juntos y reivindicarlo y ayudar desde el eslabón más débil de la cadena con pequeñas acciones sencillas. Estoy muy agradecida y me doy cuenta de que esto también es luchar por los derechos humanos.

Hay que pensar también en pequeño, al lado de casa.

Tienes razón. Yo es así como lo pienso y no me quiero frustrar. Llegamos a pocas personas pero creo que estamos haciendo cosas buenas y, sin querer caer en frases vacías, creo que una acción pequeña puede tener un gran impacto porque se multiplica con cierta facilidad. Quien critica desde el sofá, eso no tiene ningún tipo de impacto social.

¿Cómo surge esta iniciativa?

Hace 9 años oí diferentes noticias en los medios de comunicación que hablaban que como consecuencia de la crisis de 2008 se había detectado que muchas criaturas iban al colegio sin desayunar. Es terrible que en el siglo XXI, en una sociedad opulenta, esté todo tan mal repartido y hay criaturas que se queden sin comer, con el impacto tan negativo que tiene en el rendimiento escolar. Yo conocía a la Asociación Partycipa en la calle Paraíso de aquella que ofrecía el local para iniciativas de participación. En 2013/14 comenzamos a dar desayunos antes de ir al cole. Lo comenté con amigas cercanas e hice un llamamiento por Facebook. Nos reunimos en septiembre del 13 un grupo de personas para echarlo a andar. No éramos asociación ni teníamos forma jurídica porque así éramos más dúctiles, sin criticar otro tipo de iniciativas, lo que nos permite llegar de forma solidaria al vecindario donde no pueden otros con estructuras más rígidas, y necesarias. Surge por mi fuerte amor a mi ciudad. Está la Administración, el tercer sector, y nosotras con un puro y duro trabajo de calle. Sufrimos una crisis espantosa, primero con el covid y el confinamiento, ahora con unas economías muy maltrechas y una inflación sumamente loca y devastadora para la gente más vulnerable que está siendo tremenda.

Foto: Alisa Guerrero.

Empezamos hace 9 años hasta diciembre 2015, dos cursos y un trimestre porque de aquella la corporación municipal del tripartito echó a andar los desayunos en los colegios. Nos parecía que ya habíamos cumplido nuestro objetivo y nos retiramos, aunque siempre en contacto con la realidad.

En verano de 2018 en medio de una gran crisis personal tenía que sacar algo bueno a ese dolor que sirviera para algo y se me ocurrió las merienda-cenas, una comida muy doméstica, cada quince días con menos presencia sin tener una sede fija, siempre en una sede cedida en el Oviedo Antiguo. Siempre me interesó más el componente de convivencia en la diversidad, no me interesa el asistencialismo. Me interesa esta actividad porque cada vez más hay un discurso racista, xenófobo que se está legitimando en las urnas. Tenemos el fascismo con todo lo que significa en las urnas. Y yo quería demostrar que todas tenemos nuestras diferencias y diversidades y nos gusta estar juntas aunque a veces discutamos. Es una forma pequeña, doméstica, de plantar cara al horror, al clasismo y al fascismo detestable. Me interesaba ser un modelo en esto y más ahora porque desde mi punto de vista esa gente está ocupando las más altas instancias y son votados por el pueblo.

Decía mi güela paterna que Oviedo es una ciudad de abolengo, aristocrática.

Tiene esa fama, pero es mucho más que eso y su fama. A veces hay un discurso de Oviedo acrítico amparado en una de mis novelas favoritas, ‘La Regenta’ que la confunden con Vetusta. Esa sociedad de Clarín de hace más de un siglo no es la de ahora. Dicen que hay muchos Oviedos y yo creo que hay un Oviedo con muchas caras, como casi todas las ciudades. Oviedo es una ciudad de servicios con poca industria, salvo la fábrica de Trubia, que nos olvidamos del concejo. Con capas sociales que ofrecen esa realidad. No es solo una ciudad de señoritos.

Antes hablabas del asistencialismo. Hay una delgada línea ahí.

Hay una línea sutil entre el asistencialismo y la solidaridad de barrio o ciudad. Defiendo que no practicamos el asistencialismo porque el nuestro es un recurso horizontal. No somos ricas que dan de comer a los niños pobres o madres desesperadas, sino que, independientemente del origen, nos ayudamos. Las personas con las que merendamos son nuestras amigas. Huimos del paternalismo. Muchas son mujeres con situaciones tremendas que vienen de historias terribles: violencia machista, mujeres pegadas durante el embarazo por sus parejas, acosadas en trabajos precarios… son madres a las que ayudamos. Pueden ser de donde sean, pero son nuestras compañeras y ahí está la clave entre ser o no asistencialistas. Cuando vienen quedamos con ellas una por una y hablamos. Viven situaciones duras de narices y trato de crear ambientes agradables. Ésa es una forma de acercarme y entenderlas para crear situaciones cómodas, espacios de cuidados. Ésa es la diferencia entre un recurso asistencialista y no serlo.

También te digo que una vez una adolescente me dijo que ese domingo se levantó al mediodía porque no había nada para comer y le mandé comida en ese momento. Si eso es hacer asistencialismo, sí hago asistencialismo. Habiendo comida y recursos en Oviedo… o una guaja que llora por tener un rollo de papel higiénico… Sé que es una línea muy fina y el universo de la ayuda a la gente necesitada es complejo.

Foto: Alisa Guerrero.

Y cómo te cuidas tú en medio de todo esto, porque la vida cambia de un momento para otro.

Empiezo a contestar por lo último. Cuando veo discursos tan tremendos, comentarios peyorativos como el de la presidenta de la Comunidad de Madrid… Pensar que nunca vas a ir a una cola de la cocina económica, de nuestras meriendas… Esos discursos me provocan un absoluto rechazo porque creen que viven en el país de las personas salvadas. Me viene una canción de Luis Eduardo Aute que versiona Rozalén maravillosamente, La belleza: ‘Antes iban de profetas / Y ahora el éxito es su meta/ Mercaderes, traficantes / Más que náusea dan tristeza / No rozaron ni un instante / La belleza‘. Esos comentarios… No saben si ellos mismos o personas que quieren pueden acabar ahí. Y no viven la tremenda experiencia de la solidaridad, que es una escuela de vida. Soy una privilegiada por conocerlo y conocer gente tan diferente que nos puede ayudar a abrir nuestras pequeñas mentes cerradas.

¿Cómo me cuido? Soy filóloga y nada tiene que ver con aspectos sociales. Desde el principio supe protegerme. Escucho historias muy duras. El universo de la pobreza es muy duro. Muchas vienen de la violencia machista, es tremendo, mucho maltrato físico, psicológico y abusos y agresiones sexuales. Me cuido tratando que ellas adquieran una actitud de lucha. Cuando hay que llorar, se llora, pero como dice Jorge Ilegales, levántate y lucha. No nos quedemos en el victimismo y el llanto. Si yo me quedo ahí, mi capacidad de ayuda se vería muy limitada. Una vez acabados los repartos me protejo tomando cervezas con mis amigas, escuchando rock and roll. No pretendo que la reacción sea una carita llorando, sino de puñetazo en la mesa: ¡Levántate y lucha!

Foto: Alisa Guerrero.

Señalas en ese perfil de usuaria mujeres precarizadas, víctimas de las violencias de género. Situaciones que dan lugar a la feminización de la pobreza.

El perfil de usuarias de las meriendas son familias monomarentales con hijos a cargo cuyo padre de los hijos ni es pareja ni ejerce de padre en absoluto, ni siquiera en sus obligaciones aunque sean materiales. Es un perfil absolutamente vulnerable con criaturas pequeñas absolutamente imposibilitada para el desempeño profesional porque tienen que cuidar a sus hijos. Estamos en un círculo de vulnerabilidad económica y material, social y laboral, y personal. Salen de malas relaciones, pero no deja de ser algo traumático, aunque el tío sea un cabronazo. Somos las mujeres tirando por la vida, por el mundo. Las convoco y vienen lloviendo desde cualquier punto de la ciudad, revuelven Roma con Santiago para dar de comer y lavar a sus criaturas. El problema de la higiene es tremenda, la pobreza menstrual poniendo este tema en el tapete político: pañales, compresas y papel higiénico. Son unas auténticas luchadoras por la vida. Y cuando hay una figura masculina, siguen siendo ellas las que vienen.

En las meriendas logramos crear espacios de encuentros entre mujeres, liberadas de no tener un paisano diciendo lo que tienen que hacer o decir. Y la iniciativa es fundamentalmente de mujeres, aunque tenemos hombres que participan, pero somos más mujeres arrimando el hombro. Yo soy la que mando y dirijo (risas). Hay familias que vienen de un machismo agarradísimo. Aunque lloren, que hace falta, pero tratamos de ser un recurso de empoderamiento, de que se lo crean, que son tan válidas como cualquiera.

Volviendo la mirada al Antiguo, ¿qué le falta, qué le destacas?

Combato los discursos apocalípticos del Oviedo Antiguo y los que problematizan el barrio colocándolo fuera del orden público, por usar una expresión fea y muy policial, y quieren acabar con él con la gentrificación y el turismo. Y lo dije en el pregón del Oviedo Redondo: es un barrio doméstico, con estructura, obrero, solidario… es mucho más que ocio nocturno, botellón y grafitis y la obsesión por borrar esos grafitis. Quien lo reduce a la actividad nocturna negando la diurna o miente, o simplifica. Los problemas de ocio son consustanciales a las zonas de ocio, no al Antiguo. Si hay que intervenir, lo principal no es una solución policial. No estoy nada a favor de las cámaras y el discurso de “como yo estoy del lado bueno, no me importa que me graben”. Es un discurso alienante. ¡Claro que me importa que me graben cuando paseo o entro o salgo de mi casa aunque no haga nada malo! El Antiguo sufre un discurso apocalíptico, negativo donde no hay alternativas positivas… eso es contraproducente. Ahora se encuentra en la encrucijada de ir hacia un modelo de gentrificación para el turismo, o un barrio para la gente que vive en él. Hay que pensar en la habitabilidad con características de un barrio histórico y acogedor para el turismo, pero que la solución no sea construir un barrio pensando en que vengan muchos turistas.

Foto: Alisa Guerrero.

Tiene pequeños grandes problemas urbanísticos, como el martillo de Santa Ana, que me hubiera gustado que alargaran la zona de la Corrada con bancos. Hay otros espacios para la cultura, como la Fábrica de Gas o La Vega. Me gustaría que éste fuera un espacio abierto. La Fábrica de Gas es un monumento a la puerta del Antiguo que espero que no acabe bajo la especulación de los pisos de lujo. Hay mucha vivienda vacía camino de la ruina. Respeto la propiedad privada, pero tendría que haber soluciones arriesgadas para resolver los problemas de ordenación del territorio en el Antiguo. Para otra gente está el problema de los grafitis, pero yo no le doy tanta importancia. El otro día el alcalde presentaba un sistema novedoso para quitarlos y decía que es uno de esos momentos que a todo alcalde le gustaba vivir. Y yo pensaba en otras tantas necesidades tan importantes para las vecinas y vecinos…

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