Colombianos residentes en Asturias celebran la victoria de Petro y Márquez

La victoria de la candidatura de izquierdas, Pacto Histórico, abre la posibilidad de una "refundación de la República", comentan.

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Pablo Batalla
Pablo Batalla
Es licenciado en Historia. Ha sido colaborador en medios como La Voz de Asturias o Atlántica XXII y en la actualidad coordina la revista digital El Cuaderno y dirige A Quemarropa, el periódico de la Semana Negra de Gijón. Su último libro es "La virtud en la montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista" (Trea Ensayos).

«Un triunfo popular que costó miles de muertos, desaparecidos y desplazados, muchísimas personas perseguidas y exiliadas; y es el alto a una hegemonía liberal-conservadora que tiene más de un siglo». Así se refiere Javier Orozco al reciente triunfo, en las elecciones presidenciales de su Colombia natal, de la plataforma de izquierda acaudillada en torno a Gustavo Petro. El triunfo histórico de lo que no en vano se llamaba Pacto Histórico es —valora este sindicalista colombiano, exiliado en Asturias desde 2001— «muy importante para los colombianos y para la América Latina toda», puesto que significa que «un país que es geoestratégico por la posición que tiene a la entrada del América del Sur y por haber sido un aliado incondicional de Estados Unidos retoma su soberanía para plantear a Estados Unidos un diálogo en relación a temas muy delicados, como el narcotráfico o el cambio climático». Un triunfo y una derrota: la del bipartidismo de dos partidos «profundamente corruptos, agresivos además con los pueblos vecinos». Se trata ahora de «vivir en paz dentro de Colombia y fuera» y de que «las minorías colombianas, los pueblos indígenas, los campesinos, el colectivo LGTBI, etcétera, se sientan representadas». Todo un «relanzamiento de la República» posibilitado porque «la población le perdió el miedo al llamado castrochavismo, con el que nos infundían terror». El colombiano, proclama un exultante Orozco, «es un pueblo muy organizado, muy valiente, y está dispuesto a jugársela toda para reconstruir la patria. No es fácil, nos lo van a poner muy difícil, pero hay población, hay organización y hay voluntad para hacerlo».

Celebración de colombianos y asturianos en el Café Macondo de Gijón. Foto: Soldepaz-Pachakuti

Otra colombiana residente en Asturias, Jenny Mora, abogada defensora de los derechos humanos, residente en Oviedo, nos participa de su «absoluta felicidad» ante una victoria en la que ve, igual que Orozco, la oportunidad de una refundación profunda de la República: «Llevamos más de doscientos años de ser República y durante todo ese tiempo nunca hubo un gobierno popular; siempre fuimos gobernados por una derecha cuya política ha sido el saqueo, la violación de los derechos humanos, la represión más dura de América Latina y una oligarquía que ha usado la fuerza legal e ilegal para mantenerse en el poder». Mora ha «llorado muchísimo»; lágrimas de alegría por la victoria de «un proceso de unidad que superó a la izquierda; de unidad absolutamente popular, en el que se encuentran miles de personas que no están en ningún partido de izquierda», pero comparte un mismo proyecto. Proyecto cuya victoria ha sido posible —afirma Mora— por «la capacidad de resistencia de la izquierda colombiana» y el trabajo de cientos de miles de mártires: durante sesenta años de lucha,, muchos hombres y mujeres perecieron, «pero las ideas perduraron»; la idea de que «otra vida podía ser posible» prevaleció. A juicio de esta abogada, ha sido clave «la capacidad del movimiento social para dejar atrás la posibilidad de ser estigmatizado como guerrillero cada vez que defendías el agua de tu pueblo».

Una nueva Colombia nace; el tiempo dirá si estas altas esperanzas se frustran o prosperan.

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