“La industria de la música está llena de gente rica que va de gente pobre”

Las Shego presentan sus canciones en el VESU FEST el próximo domingo

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Maite Gallardo, Raquel Cerro, Irene Garrido y Aroa Delgado componen Shego, cuatro energías del punk, su lado más dulce anuncia el Spoty con su algoritmo diabólico, aunque también puede ser su lado más salvaje, su lado más tierno y su lado más gamberro, el lado oscuro de la luna, la cara be de la noche, la vida de cuatro chicas vuelta del revés, el corazón en la mano, la sal en la herida, el brillo en sus ojos, estimulantes, insultantemente jóvenes, espontáneas y lúcidas. Cantan sin pudor, elegantes, cotidianas, urbanas, deliciosamente locas. En cualquier caso, su actitud es puro punk de clase obrera, rebelde, luminoso y fascinante. Alejadas del pop chicloso con el que habitualmente se ha encasillado a los grupos noveles, tocan este domingo en el VESU FEST. Porque Shego es otra cosa, algo nuevo que no entiende de géneros; tan femeninas que cualquier tío puede cantar sus canciones si guarda alguna neurona en su cabeza. Sus letras atrapan, sus melodías queman. Han publicado 8 EP´s redondos, vertiginosos y pegadizos que hablan de las relaciones de este tiempo, de su tiempo, o sea, del nuestro. Charlamos con Maite Gallardo y Raquel Cerro, pocos días antes de que presenten sus canciones en Oviedo.

Vuestras canciones tienen un carácter muy disruptivo, rompen muchas convenciones, tanto desde los asuntos y los temas que tratáis como en la manera en que musicalmente los presentáis.

Raquel: No hay ninguna intención en ello. Se destaca mucho lo reivindicativo de las letras y en realidad sólo tenemos una canción que lo petó porque era más feminista y de denuncia pero al final es una canción de amor o desamor como cualquier otra canción del punk.

Shego. Foto promocional.

Sí, pero yo percibo una diferencia y es, precisamente, como reflejáis ese sentido del amor o del desamor. En vuestro caso es mucho más valiente, sin sublimar o romantizar las relaciones tóxicas que es algo bastante habitual en el indie español desde sus inicios hasta hoy. En vuestro caso, no es así. Si hay que mandar una relación al carajo, porque es una puta mierda, vosotros lo cantáis y eso, en sí mismo, sí supone una novedad o, por lo menos, no es lo habitual.

Maite: Supongo que tenemos algo más de información que bandas de otras generaciones y, aún así, todavía hay mucha desinformación. Sospecho que tiene que ver con eso. Antes no se hablaba tanto de lo que estaba bien o estaba mal en la dinámica de una relación de pareja y hoy sí disponemos de más herramientas que nos permiten decir “por aquí no voy a pasar” o “voy a intentar no pasar” y eso, supongo, se refleja en las letras.

Raquel: Estoy de acuerdo. Al final, es una cosa que nos ha pasado a nosotras. Hemos tenido relaciones de mierda y hemos sabido decir que no. Y no sólo porque hayamos tenido más información, sino porque entre nosotras es un tema que sale. Quedamos y hablamos de eso. Quizá, antes no estaba tan claro y ahora es más fácil identificar ese tipo de relaciones y decir que no me apetece.

Maite: Oh boy es una canción que se escribió en el momento de darse cuenta de una relación tóxica, pero igual nos pilla en un momento en que la estamos romantizando y nos sale de esta otra manera. No creo que haya una intención por nuestra parte de adoctrinar. No hay esa pretensión porque en cualquier momento nosotras mismas podemos caer en eso y cagarla.

“Creo que llega mas una canción cuando no la haces ni desde la perspectiva de ella ni desde la perspectiva de él”

Creo que en relaciones tóxicas hemos caído todos y eso no se lo deseamos ni al peor de nuestros enemigos. Sucede con tíos y tías. Si hay algo muy interesante con vuestras canciones es que, independientemente de lo que se cuenta, o que sea desde la perspectiva de una mujer, el mensaje llega tanto a hombres y mujeres. Ynos y otros pueden sentirse partícipes de la canción.

Raquel: Hay algo que siempre teníamos en cuenta: que el género cuente lo menos posible. No sólo nos interesa que la canción pueda llegar a todo el mundo, si no que a la hora de cantarlo, no tengamos la necesidad de creérnoslo. Porque puede suceder que el discurso que ahora proponemos, años después no nos identifique, pero queramos seguir defendiendo esa canción por otros motivos, sin necesidad de estar hablando en primera persona. Creo que llega mas una canción cuando no la haces ni desde la perspectiva de ella ni desde la perspectiva de él. En el nuevo disco Raquel quería una canción que hablase de una historia entre dos chicas, de algo personal, e hicimos una canción así. Intentamos que sea bastante neutro.

Cristina V. Miranda ha publicado una gran novela, La entusiasta, que desde la mirada de una groupie, desvela una escena musical independiente muy machirula. Vosotras acabáis de aterrizar en ese escena tocando en salas y festivales, ¿observáis que ese cliché se sigue repitiendo o percibís que se ha modificado para que pueda haber bandas como vosotras?

Raquel: Yo creo que esto no ha cambiado una mierda. Sigue oliendo fatal y si estamos consiguiendo que haya más pibas sobre el escenario es porque nosotras lo estamos conquistando y no porque se facilite o porque haya gente más amable o se haya quitado privilegios ni hostias. Estamos porque queremos estar y estamos, pero no es un espacio fácil.

Maite. De hecho son espacios bastante hostiles, sobre todo en los festivales, donde la cosa es muy tremenda. En general, en el mundo de la música hay una red de contactos entre pibes que es muy heavy y en el que si das un paso en falso, puedes joder tu carrera perfectamente. Y no sólo eso. Aterrizas en la realidad de la música cuando llega la hora de tocar a una sala o un festival. Ahí te relacionas con los promotores, los técnicos…o sea, nosotras hemos tenido mucha suerte, pero nos hemos encontrado en baños a pibes que van muy pasados o personal de la propia organización del festival, técnicos o productores, trabajadores del propio festival que te miran mal o te tratan mal por el hecho de que eres una piba y estás empezando o no tienes ni puta idea. Igual llega un pibe que no tiene ni puta idea pero con una guitarra guapa y su padre no se cuantos y no lo tratan así, sobre todo. porque es un tío.

” hay mucha peña que se puede dedicar a la música porque tiene un colchoncito de papá y de mamá que les ayuda a poder seguir haciendo eso”

Raquel: Yo creo más en el tipo de sitios en los que estamos ahora. Festivales de gente que hace música con guitarras y bandas y está como más complicada la cosa para que suceda eso.

Maite: Había que ver como está la cosa en los festivales de música urbana y meterte y vamos te revientan.

Raquel: Siguen siendo espacios que no están preparadso para que todas estemos cómodas y a gusto.

Shego. Foto promocional.

¿Habéis percibido en los macrofestivales un sentido clasista de las relaciones sociales entre los músicos y entre el público?

Maite: La música está llena de gente rica que va de gente pobre. Es acojonante porque yo vengo de una familia muy humilde. Nosotras venimos de un entorno de clase obrera, clase media e incluso baja y no teníamos ni idea de que por dentro la escena está llena de gente que se puede dedicar a la música e, incluso, si no hicieran música, podrían seguir viviendo en una casa en Chamberí pagando 800 euros al mes sin ningún problema porque son peña de pasta. Podrían ser músicos o podrían ser lo que mañana quisieran ser.

Raquel: Cualquier cosa.

Maite: Peña con tatuajes talegueros que va de indie y no sé qué y luego tiene un puto Iphone de 2000 euros y ningún problema para llegar a fin de mes. De manera que mañana puede dejar de ser músico sin ningún problema también.

Raquel: Yo creo que no es cien por cien así, pero hay una gran parte de peña que realmente es el prototipo que acaba de contar Maite. Hay mucha peña que se puede dedicar a la música porque hacer música no es sólo componer y grabar. Hacer música son más cosas. De manera que se pueden dedicar a eso porque tienen un colchoncito de papá y de mamá que les ayuda a poder seguir haciendo eso.

Un promotor musical puede llegar a contratar o dejar de contratar a un artista en función de las escuchas. No sé hasta qué punto pervierte, trastorna, perturba al artista, si os preocupa, ocupa… Podría decirse que la cara be del artista es un broker de Spotify. Me llama la atención cómo el Spotify de los músicos condiciona su vida hasta el punto de que dejen de pensar en componer para estar más pendiente de la métrica de escuchas o de visitas en Youtube, que estén más preocupados en aparecer en listas de influencers de la música antes que en asuntos más creativos. ¿Os habéis sentido embebidas, imbuidas o atrapadas en la vorágine de esos números?

Raquel: Nosotras no nos fijamos mucho en el tema de las escuchas porque tampoco es exagerado lo que tenemos. Tan sólo hemos sacado ocho canciones o así. Es verdad que, actualmente, si te pones un grupo, miras su Spoty y comparas las cifras, pero no es una cosa que nos ralle muchísimo. Hay grupos que no tienen una cifra tochísima de escuchas y luego lo petan en los festivales y son gente que vale más escucharles en directo y en conciertos que meterte en Spoty o en redes. Yo creo que es una forma de ver como va cada artista pero no es el 100% de la realidad.

Maite: Al principio me emparanoié con la aplicación para artistas. Es muy loco. Te ilusiona, te da feedback, creo que es gracias a Josiño, nuestro repre, que nos enseñó a valorar cómo un artista se curte tocando y tocando y así hace su base de peña. Las escuchas no son nada realistas. Hay artistas con un millón de escuchas porque lo ha petado en Tik Tok con un tema o lo han usado para una peli o una serie y después les cuesta llenar una sala en Madrid. Tuve que hacer un ejercicio mental para separar lo que se escucha en Spoty de lo que es tu música en un concierto y la gente que va.

Raquel: Yo creo que es mucho más válido lo que nos pasó en la Copernico. Hay un montón de gente que se lo pasa genial en los conciertos, que se sabe las canciones que lo que te escuchan en las redes sociales. Sinceramente, eso me da igual.

¿Para cuándo un Lp? Lo está pidiendo a gritos.

Raquel: a mi también me encantaría saberlo, jajaj.

Maite: Para después del verano.

Tocáis diferentes géneros y me llama poderosamente la atención lo cuidadas y rimadas que están las letras, con una métrica más exigente de lo habitual y con la dificultad añadida de hacer una versión de Pablo de los Big Thief traducida del inglés que logra tener más corporeidad o más materialidad sonora que la original.

Raquel: Que guay que nos digas eso

Maite: Qué chulo saberlo. La forma de composición varía un poco. En el disco nuevo, las canciones han comenzado de forma instrumental y luego hemos hecho las letras. Yo venía antes de escribir poesía. No hacía música ni nada. Escribía en notas de móvil para proyectos y quizá si hay un poco de paranoia con las letras.

Raquel: Sí, la hay, jajaj.

Maite: me suelen decir que no pasa nada si sustituyes esta palabra por la otra.

Raquel: En general las letras son cosa de Maite. Puedes tener una canción impresionantemente buena, que si hay algo que no le cuadra, pues olvídate.

Shego. Foto promocional.

A mi hay algo que me saca de una canción y es cuando un autor cambia la acentuación de las palabras. En vuestro caso, sucede que todo es diáfano y limpio, la música está perfectamente acoplada a la métrica y la rítmica de las palabras. Lográis una unidad y para eso hay que tener mucha intuición y oído poético.

Maite: Nos preocupamos mucho por las letras pero sin rallarnos demasiado. Al final, es bastante fluido. Pero es cierto lo que dices, hay algo característico de este grupo: sus letras. Dicho eso, también nos importan otras cosas: que el rollo nos mole.

¿Cómo os ha cambiado la vida desde que empezáis a llenar las salas?

Raquel: Es una sensación brutal. Cuesta digerir tanto agradecimiento. Que gente que no te conoce de nada se acerque a ti después de un concierto y te de las gracias, me flipa. A veces, incluso, me agobio un poquito pero es lo que hay.

Maite: Empezamos a finales de 2019 juntas y como banda completa hace un año, en Palma. Ha sido un proceso en el que debíamos estar entendiendo qué pasaba a pasos agigantados desde que comenzamos con el sello Ernie. Y en ese tiempo hemos estado aprendiendo cosas de las que no teníamos ni puta idea. Teníamos que llegar con nuestros jacks de un metro y medio porque no medían más. No sabíamos que existían más ni donde se enchufaban. Y no sabíamos que teníamos que llegar con una pedalera para afinar las guitarras y de pronto estamos en una sala llena con 450 personas que se sabe nuestras canciones o dar tres bolos en una semana. Es superchulo y emocionalmente tenemos que estar entrenadas para estar lo suficientemente elásticas y que lo que te venga no sea una puta hostia en la puta cara. Entre las cuatro se está formando algo muy especial: una conexión y una amistad chulísima que no sé si pasa con otras bandas.

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