Marisa Fanjul, la allerana a la que “Las zapatillas rojas” cambió la vida

Siendo una niña, la película musical de Michael Powell le descubrió la danza, que con los años se convertiría en su pasión y profesión.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

La coreógrafa asturiana y profesora de danza Marisa Fanjul Argüelles ha fallecido este lunes en el Hospital Monte Naranco de Oviedo, donde permanecía ingresada desde hacía días. Sufría una larga enfermedad que en los últimos meses se había agravado deteriorando su ya muy precario estado de salud. El azar ha querido que su muerte haya coincidido con el día de su cumpleaños, y con las de otros dos artistas a los que siempre había admirado: su amigo el pintor Carlos Sierra y el director teatral Peter Brook, fallecidos ambos este domingo.

Nacida en Caborana, Aller, nada presagiaba que fuera a terminar dedicándose al ballet. El cine tendría la culpa de ello. Siendo una niña, la película “Las zapatillas rojas” cambió su vida para siempre. El clásico musical de Michael Powel le abrió una puerta que aquella muchacha inquieta no quiso que se cerrara. Fascinada por algo tan lejano a su entorno minero y rural como el ballet, logró de su familia, propietaria de una pequeña industria cárnica, el apoyo para dedicarse a la que había descubierto como vocación, y que con el tiempo sería su pasión y profesión.

Estudió en los conservatorios de Oviedo y Málaga, ampliando posteriormente sus estudios en Madrid, Barcelona, Londres y Cannes.

Marisa Fanjul con una alumna.

De regreso en su tierra se asentó en Oviedo. En la capital asturiana se volcó en lo que se conoce como Ballet Drama, al lado de personajes emblemáticos de la escena cultural asturiana de la Transición y los primeros 80 como Luis Antonio Suárez, Emilio Sagi o el actor Nacho Martínez. No obstante, si por algo será recordada siempre Fanjul será por su dedicación a la enseñanza. Generaciones de asturianas y asturianos pasaron por sus academias. En 1977 abrió su escuela, el Centro de Danza Marisa Fanjul, que posteriormente se ampliaría con otro espacio similar en Gijón.

Como profesora fue pionera en la introducción del Aerobic Dance, el Pilates y el método Vaganova. Asimismo, en paralelo a su labor docente, impulso también a finales de los 70 su propia compañía, el Joven Ballet Contemporáneo.

Coqueta, sociable y con un divertido punto extravagante, su hijo, el periodista y poeta Sergio C. Fanjul destaca de ella su capacidad “aglutinadora” de personas muy variopintas. “Trabajaba mucho y de niño me habría gustado haber pasado más tiempo con ella, pero le debo haberme criado en un hogar en el que se apreciaba la cultura y no había prejuicios. Mi madre no era una persona especialmente política, pero tenía un espíritu abierto y progresista. Tenía muchos amigos y muy variados, de clases sociales, edades e ideologías muy distintas” destaca Fanjul, que lamenta que haya podido coincidir tan poco en el mundo con su nieta Candela.

Tras jubilarse fundó una tertulia semanal en su casa, el Círculo de Curiosos, en el que personas muy diferentes se citaban para cenar y debatir después de la ponencia de un comensal invitado. Fanjul señala que la tertulia y las excursiones con sus amigos eran las actividades que más llenaban la vida de su madre en los últimos tiempos: “había redescubierto la naturaleza de mayor”. Fran Díaz-Faes, uno de los habituales de la tertulia, la despedía en sus redes sociales destacando de ella su curiosidad intelectual, sensibilidad artística y pasión por compartir la vida con aquellos a los que quería: “Creyó en el progreso y rechazó honores y sectas ideológicas que proliferan e intoxican la amistad, la verdad, la belleza y la justicia”.

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