Lorca en Asturies: 90 años de un viaje histórico

En septiembre de 1932 el poeta y dramaturgo visitaba Grao, Avilés, Oviedo y Cangas de Onís para actuar con su grupo teatral La Barraca.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El 14 de abril de 1931 una revolución pacífica ponía fin a 56 años de Restauración borbónica. El mundo de la cultura, que se había opuesto mayoritariamente a la dictadura de Primo de Rivera y a la monarquía del rey Alfonso XIII, vería en la Segunda República la oportunidad para construir un país más justo y democrático, pero también culto e ilustrado. Con poco más de 30 años, pero convertido ya en un autor de éxito, Federico García Lorca sería uno de los artistas que se pondría al servicio del nuevo régimen democrático que estaba dando sus primeros pasos.

El gobierno republicano-socialista haría del acceso a la educación una de sus principales batallas políticas. La educación pública recibiría un impulso formidable en un país que todavía era común el analfabetismo, sobre todo en el campo y entre las mujeres. En diciembre de 1931, con la llegada del socialista Fernando de los Ríos al ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, tomaba cuerpo la idea de descentralizar además la actividad cultural a través de diversas iniciativas itinerantes que llevasen el teatro, la música, la literatura y las artes plásticas más allá de las grandes ciudades. Entre ellas estarían las Misiones Pedagógicas, el Teatro del Pueblo dirigido por Alejandro Casona y La Barraca, coordinada por Federico García Lorca y Eduardo Ugarte, escritor y dramaturgo, presidente de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos.

Tanto las Misiones como el Teatro del Pueblo y La Barraca fueron proyectos avanzados que llevaron el arte y la cultura a centenares de pueblos, villas y ciudades de toda España, con precedentes en experiencias anteriores como los trenes-cine de la revolución rusa, y que se anticiparon a otras iniciativas surgidas esos años, como el Proyecto de Teatro Federal puesto en marcha en los EEUU del New Deal y el presidente Roosevelt.

Eduardo Ugarte y García Lorca en uno de los viajes de La Barraca.

Con una subvención del Ministerio, un equipo no profesional reclutado en la universidad madrileña y varios vehículos para los desplazamientos, el verano de 1932 La Barraca echa a andar por las carreteras de España. La primera representación tendría lugar en julio en Burgo de Osma, Soria. El mes siguiente mes la compañía se desplazaría a Galicia y Asturies. En tierras asturianas La Barraca actuaría en Grao, Avilés, Cangas de Onís y Oviedo/Uviéu.

El repertorio del grupo eran los clásicos del Siglo de Oro, que Lorca y Ugarte estaban empeñados en actualizar y popularizar. En su gira asturiana La Barraca representaría los entremeses cervantinos “La cueva de Salamanca” “La guarda cuidadosa” y “Los dos habladores”. En la villa moscona la función tuvo lugar el viernes dos de septiembre en la plaza del Ayuntamiento y le siguió una larga cena y sobremesa en la sidrería El Cabañu de la calle Alonso de Grado. Ejerció como anfitrión el escritor moscón Valentín Andrés, amigo de Lorca, y responsable de la presencia de La Barraca en este concejo asturiano. La compañía sería de hecho alojada en su palacete de Doriga.

Tras una actuación algo accidentada en El Parche de Avilés, marcada por una discusión entre algunos de los asistentes al espectáculo, el domingo la compañía llegaba a la capital asturiana invitada por el Ateneo de Oviedo. Las fuerzas vivas de la ciudad recibirían en la Universidad a los teatreros con honores casi de jefes de Estado. El programa sería muy completo: ofrenda floral al monumento a Clarín del Campo San Francisco, visita a la Catedral y la Cámara Santa, y el lunes al monte Naranco y los monumentos prerrománicos en compañía del delegado de Bellas Artes de la provincia, Aurelio del Llano de la Roza de Ampudia y del escultor Víctor Hevia.

Lorca y Ugarte junto a otros integrantes de La Barraca.

La función del cuatro de septiembre en Oviedo/Uviéu tendría lugar de tarde en la Plaza del Fontán, que fascinaría a Lorca por asemejarse mucho a un corral de comedias del Siglo de Oro, como declararía al diario Región: “Otra cosa notable es la plaza donde levantamos el escenario. Un verdadero marco donde Cervantes estará en su propio ambiente”.

“La plaza del Fontán fascinaría a Lorca por asemejarse a un Corral de Comedias del siglo de Oro”

Tanto la prensa conservadora como progresista de la capital asturiana se haría eco de la presencia de Lorca y su compañía en Oviedo/Uviéu. Así el diario socialista Avance hablaba de la función como “una fiesta encantadora, por cuya organización está siendo felicitado el Ateneo de Oviedo” y calificaba a La Barraca de “simpática farandula” que “está recorriendo España en misión de cultura y aliento”, por lo que resultaba merecedora de “reconocimiento y aplauso de todos”. También El Carbayón saludaría el acto, hablando de “una representación al estilo clásico” en “la típica plaza del Fontán”.

Un momento de la actuación en el Fontán captado por el diario Región.

El último episodio ovetense de Lorca y sus compañeros sería un banquete en el restaurante Los Monumentos. No faltaron ni la fabada ni el folklore asturiano, en el que Lorca estaba muy interesado, y que conocía a través de su amigo el músico ovetense Eduardo Martínez Torner. La nota musical la pusieron Los Cuatro Ases de la Canción Asturiana, el cuarteto de Cuchichi, Botón, Miranda y Calverol, que cantaron para La Barraca y sus anfitriones. De ahí emprenderían rumbo a Cangas de Onís, donde actuaron en el patio del instituto. Los comediantes aprovecharon su estancia en el Oriente asturiano para conocer el río Sella y Covadonga.

Un momento del banquete en honor de La Barraca en Oviedo/Uviéu. Foto coloreada por @Bertoviedo1

En septiembre de 1982, con motivo del 50 aniversario de la visita de La Barraca a Asturies, la asociación cultural Tribuna Ciudadana realizaría varios actos de homenaje, entre ellos el descubrimiento de una placa conmemorativa en la Plaza del Fontán.

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