Merecemos más que ruinas: Kuivi, La Vega y otros espacios de sociabilidad.

El éxito de los festivales programados en el antiguo HUCA y la vieja fábrica de armas no puede hacernos desistir de reivindicar la dignificación de esos espacios.

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Sara Ballesteros
Sara Ballesteros
Investigadora musical e intérprete violista. Doctoranda en historia y ciencias de la música en la Universidad Complutense de Madrid y eterna estudiante de sociología

Todos los ovetenses sabemos que la capital asturiana sufre en verano los efectos de una sensación de despoblación y vacío, ya sea por el parón en la vida universitaria, por la vuelta temporal de algunos a sus lugares de origen y zonas rurales o por el desplazamiento de otros hacia las costas y sitios vacacionales. Pero a estos motivos más comunes se les añade otro que con el paso de los años se hace cada vez más evidente: la propia estructura social de la ciudad.

La pandemia dejaba para las urbes asturianas un escenario desesperanzador con respecto a la recuperación de su vida pública, y el verano de 2021 se presentó prácticamente como una prueba de fuego que nos permitiría comprobar hasta qué punto estábamos preparados para recobrar la sociabilidad. Fue entonces cuando se plantó el germen –que hasta el momento vemos continuado en lo que llevamos de verano 2022– de una sociedad uvieína verdaderamente interesada por esta recuperación del tiempo en espacios públicos y de una vida veraniega activa dentro de la ciudad. 

Foto: Kuivi

Uno de los focos culturales que puso de manifiesto esta tendencia fue la plataforma Kuivi Pop Up, que se ubicó temporalmente en una explanada del barrio de San Lázaro, y que este año volvió a repetir su celebración en un terreno del antiguo HUCA. La propuesta del Kuivi no se queda solo en una alternativa de entretenimiento, sino que presenta un modelo de espacio social que podría convertirse en un referente de respuesta a las necesidades comunitarias que la población reclama, en este caso indirectamente a través de su participación, tal y como mostraron sus favorables números durante la edición de 2021. En una época de tendencias urbanísticas enfocadas a que las ciudades se conviertan en meros tránsitos entre la vivienda, la vida laboral y viceversa, Kuivi ofrece un emplazamiento verdaderamente público donde la población local, además de compartir, pueda simplemente estar. A través de la sinergia entre actividades, tiendas, restaurantes, artistas y un público dispuesto, Kuivi ha demostrado la diferencia entre la comercialización de un espacio público y la cesión del espacio público al disfrute y beneficio del comercio y el arte local, evidenciando esto último como uno de los grandes hitos que pueden suponer un antes y un después para el entendimiento de la calidad de vida en una ciudad.

“La ciudad merece espacios dignos donde estar”

Otro de los espacios que actualmente cuenta con potencial para convertirse en un revitalizador clave de la comunidad cultural y social ovetense es la Fábrica de La Vega. Además de sus virtudes particulares, comparte con el Kuivi algunas características que juegan en su favor para la labor que podría desempeñar. Su ubicación está relativamente apartada del centro de la ciudad, por lo que, en primer lugar, descentralizaría la actividad pública y ofrecería un desarrollo más panorámico de la urbe; y, en segundo lugar, es un espacio idóneo para que su enfoque tenga en un primer plano la participación autóctona, lo que lo diferenciaría de aquellos que están dirigidos principalmente a la atracción de turismo. De esta forma, se integraría en la rutina ciudadana como uno de los puntos de confluencia comunitaria por los que tanto clama la población en un sistema cada vez más desprovisto de estructuras plurales de encuentro. No obstante, un planteamiento de estos rasgos no impide que en su crecimiento se encuentre también una oportunidad de atracción para participantes externos y su correspondiente beneficio socioeconómico para la ciudad.

VESU. Foto: Alisa Guerrero

Ahora bien, tenemos disposición por parte de la población que demuestra su interés a través de la participación activa en las propuestas culturales, tenemos comerciantes y artistas locales de calidad y tenemos espacios públicos donde ubicar su convergencia. Solo un elemento le falta a la ecuación, sin el cual está siendo imposible que este tipo de proyectos lleguen a alcanzar los resultados para los que están realmente proyectados: infraestructuras de calidad, lo que se entendería como un interés genuino por parte de las instituciones. 

El manifiesto sobre los beneficios de los lugares realmente públicos no puede ir desprovisto de la pertinente reivindicación sobre la dignidad de los mismos. La Fábrica cuenta con varias edificaciones impresionantes y de gran valor patrimonial, pero que, sin una inversión en estructura y accesibilidad, actualmente no están preparadas para soportar por mucho tiempo la vida pública que se les atribuye. La Fábrica está en ruinas, al igual que infinidad de espacios aprovechables en Uviéu. Enfatiza la necesidad de la población por este tipo de espacios el hecho de que, a pesar de las inclemencias del urbanismo antisocial, siempre consigan florecer de la adaptación de sitios abandonados por la producción; sin embargo, no se debe tomar esto como una afirmación de conformidad, sino como un mensaje de reclamación sobre un asunto realmente clave para el desarrollo. 

No hay manera de demostrar el verdadero poder de los espacios públicos reales de intercambio cultural y comercial si se alienta a que nos conformemos siempre con las ruinas. No es lícito que pretendamos invitar indefinidamente a artistas a lugares donde no podemos asegurar su seguridad ni la de sus obras, perdiendo así grandes oportunidades de crecimiento en todos los sentidos. Y, sobre todo, a la hora de pensar en inversión y en estructura, no se debería de dejar a la propia ciudadanía en otro lugar que no fuera el de prioridad. La ciudad merece espacios dignos donde estar, porque está demostrando que estará.

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