“Lo de subir al árbol para poner la flor del himno de Asturias viene de antiguas costumbres”

De la Cuesta estudia danzas, gaiteros y tamboriteros en Asturias desde el siglo XII

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Marta Rogia
Marta Rogia
Periodista, abogada, guionista. Cinéfila y apasionada de la radio, a la que he prestado voz mucho tiempo. Continúo con mi búsqueda de la autenticidad mediante narraciones que nos conecten a través de la emoción.

Dani García de la Cuesta (Gijón, 1962) es investigador, músico tradicional y autor de libros como “Harpa y la so presencia n’Asturies, Les gaites, La bandurria y el rabel”, además de otras múltiples colaboraciones en estudios y representaciones musicales sobre el folclore asturiano. El domingo 4 de septiembre presenta a las 11:30 h, en la Casa de los Hevia, en Villaviciosa, su último trabajo: “Dances y gaites n’Asturies dende’l sieglu XII”.

¿Cómo surge la idea de realizar este estudio sobre gaites y dances?

Leyendo un estudio sobre la Iglesia de San Pedro en Xixón, de Agustín Guzmán Sancho, pues lo típico, vas dando con otras cosas que te das cuenta de que no sabías nada de ellas. Y él estaba buscando una relación de la historia de la parroquia que estuvo casi 400 años como única iglesia parroquial de la villa y lo que para él era una línea, para mí era un mundo. Porque decía que para las fiestas de San Roque, un 17 de agosto de 1616, la Cofradía de San Roque contrataba a un gaitero de Candás que se llamaba Pedro de Bares. Y no solo lo contrataban para las fiestas, sino también para las vísperas y también para industriar a los danzantes. Lo que significaba que no era la primera vez y que tanto los danzantes como el gaitero tenían que conocer el oficio y saber qué se iba a danzar. Y tenía que ir con la gaita hubiera o no danzantes para la misa y la procesión. A partir de ahí, lo contrataban para diez años y lo hacían cofrade.

¿Qué beneficios tenía ser cofrade?

Las cofradías eran un poco lo que siguen siendo hoy. Hermandades de gentes, también relacionadas con los gremios que, por distintos motivos, se vinculaban con una parroquia, santo o devoción. En el caso de San Roque, aunque la iglesia era San Pedro, pues existían varias cofradías. Entonces me puse a investigar qué cofradías había, quién era San Roque, qué había pasado ese día, qué danzas y músicos había, por qué habían llamado a un gaitero de Candás y no a uno de aquí y fueron saliendo muchas cosas. A partir de ahí, abrí un abanico secular de investigación hacia atrás y hacia nuestros días, con imágenes de músicos, de danzas, de capiteles, consultando archivos, de Xixón, de Candás, el Diocesano, el Histórico Provincial y con apoyo de muchos libros y trabajos, como los de Yolanda Cerra para los bailes, el de Eugenio Martínez Zamora o el de Juaco López, entre otros.

¿Y cómo encontraste las imágenes?

Muchas ya las tenía porque estoy haciendo otro trabajo de iconografía musical de Asturias y poseo gran cantidad de material. De hecho, llevo ya unas mil desde la Prehistoria hasta nuestros días. Y al pensar dónde existían imágenes de danza me facilitó la labor, por ejemplo, saber que las hay en la iglesia de Sariego, en Manzaneda, o en Amandi o si hay satimbanquis y en ellos hay danza, porque es distinta la danza del baile.

Pues empecemos con eso entonces, ¿en qué se diferencian la danza y el baile?

Aunque la palabra se utiliza muchas veces de manera indistinta y se confunden en ocasiones, el que hace una danza está bailando, pero un pasodoble no tiene que ver con una danza. Normalmente las danzas suelen llevar algún componente ritual, más teatrero, de hacer algo de cara a los demás. Ya los griegos metían la danza en el teatro, expresaban cosas con el cuerpo y se convertía en un idioma, por ejemplo, una danza sobre la recogida de la uva y ya tenía un componente social. El baile no tiene el mismo entorno. Así, si hay que industriar a los danzantes, es que ya existía un ensayo, no es echarte a bailar sin más. Necesita un previo conocimiento de unos pasos, de una relación entre músico y danzantes, tienen que saber qué melodía, cuánto dura, cuáles son los pasos y ya es más complejo.

¿Y qué danzas había en Asturias?

Por ejemplo, las de rueda. Encontramos en Candás datos de 500 danzantes, esas no necesitan un ensayo, te pones y es danzar el mismo paso, tipo danza prima. En 30 segundos te haces al paso, no necesitas una ropa ni un ámbito concreto. Estuve echando un vistazo para saber desde cuándo las conocemos y en los capiteles de la Catedral de Oviedo aparecen grupos de corros ya en el siglo XIV. Pueden ser abiertas, cerradas, en espiral y pertenecen a ese tipo de danza de rueda. Después están las procesionales, que se adscriben a algún rito, a alguna procesión. Entonces ahí ya hablamos de otro tipo de bailadores y danzantes, bailan para algo, para alguien: en honor a un santo, a la Virgen, al Santísimo, es para un festejo y los contratan. En las de rueda no contratan a nadie, como mucho pagaban al gaitero, si lo había, porque normalmente se canta y los demás acompañan haciendo un coro. Pero en una danza procesional ya se llama a un gaitero, a un tamboritero y hay 6, 8, 10 o 12 danzantes y ya hacen algo concreto.

FOTO: Luis Sevilla

También se registran danzas de palos, arcos y espadas

Sí, suelen figurar dentro de las fiestas del Corpus. Y hay que entender qué es el festejo del Corpus: una invención del cristianismo que todos los años cambia de fecha, festejándolo 60 días después de la primera luna llena de entrada de la primavera, después de la Semana Santa con la muerte de Cristo y resulta que cada año muere un día distinto, depende de la luna, es decir, nada que ver con lo humano; es algo astral vinculado a antiguas creencias de las que el cristianismo es continuador a su manera. El Corpus, San Pedro, San Juan, coinciden con festejos vinculados a la recogida de la cosecha, fiestas de entrada de primavera, de cambio estacional, simbolizando que empieza lo nuevo y acaba lo viejo. Y ahí se vinculó el cristianismo con Cristo, que muere y renace, como la vegetación, y de ahí la aparición de los festejos y danzas con ramos o enrames. Existen ciertos ritos desde hace milenios, anteriores a que aparecieran algunas religiones, relacionados con la agricultura. En los festejos y procesiones del Corpus se fueron aglutinando y admitiéndose elementos como comedias, teatrillos, músicos, danzas, carreras de sortija, toros, personajes del Carnaval, gigantones, cabezudos, carrozas, la tarasca…, folclore que nada tenía que ver con lo religioso, lo que generó protestas en diferentes épocas para que se quitara, pero claro, ¿quién lo quitaba? La gente iba a ver eso y tenía mucho éxito. Ahí salían las danzas con arcos, concursos de danzas, algo que fuera llamativo. Los gremios estaban obligados a mantener a los danzantes y músicos y también las cofradías los contrataban. Los zapateros, los ferreros, los panaderos, los sastres, los albañiles, cada gremio, formaba parte del desarrollo social, local y laboral de una ciudad. En Uviéu, si pertenecías a un gremio, iban a darte trabajo. Y cuando venía ese festejo, el gremio tenía que aportar para mantener la actividad y en el Corpus llevaban danzantes, con sus gastos de vestidos y comida.  A veces, si era un gremio potente, de 40 o 50 miembros, podían bailar ellos mismos; otras veces tenían que contratar a danzantes. Durante muchos años hubo una competición en Uviéu, a ver quién hacía la danza más guapa; de premio daban un ramo y unos ducados, que los llevaba la persona que organizaba el baile para ese gremio.

¿Y sabemos quiénes llevaban esas danzas?

En muchas ocasiones eran gitanos o gitanas, como se documenta en las actas municipales. Hubo un tiempo de persecución a los gitanos, casi un genocidio. Sin embargo, este ámbito era unos de los pocos refugios sociales y económicos donde se les permitía convivir y se valoraban sus habilidades. Eran gente trashumante y los gobiernos intentaron que desaparecieran de la faz de la tierra, a no ser que se instalaran en un sitio, donde les permitían trabajar la tierra, pero muy pocos de ellos se afincaron. Los que lo hicieron compaginaron otras labores con el oficio de gaitero, de atambor y de maestro de danza.

¿Eso sucedía solo en Asturias?

En toda la península. Fue uno de los pocos balones de oxígeno, de aire, que se les dio para poder medio vivir. Y danzaron en Cataluña, Sevilla, Pamplona, Aragón, etc. Se las llamaba danzas de gitanos porque las llevaban ellos, no porque bailaran flamenco.

Entiendo que parte de esas danzas se mantuvieron y otras desaparecieron, ¿es así?

Sí, muchas de ellas todavía siguen vivas y te cuento el porqué. Primero, los gremios las mantenían, pero en un momento, los gremios desaparecen, las cofradías se mantienen y ellas se encargaron de que pervivieran, porque las sacaban en distintos festejos a diferentes advocaciones. Muchos pueblos de la península las mantienen, pero no vinculadas a los gremios o cuestiones laborales, sino por ritual, por advocación, ya que durante el franquismo, por ejemplo, se tiró mucho del Corpus. Las danzas tienen relación con el folclore de la primavera, del Antroxu, con antiguas creencias en divinidades, la presencia de los gigantones, de los cabezudos, de engalanar puertas y ventanas para que pasara el Corpus. Esto sigue haciéndose en primavera-verano, enrames de fuentes, ventanas o los mayos. Lo de subir al árbol para poner la flor, que está en el himno de Asturias, no me quedaba muy claro el porqué, hasta que me di cuenta de que lo que cantamos es la antigua costumbre primaveral de poner flores y ramos en ventanas y puertas como señal peticionaria a la moza, un renacimiento del ciclo vital con el amor y como protección contra lo malo. Lo de la palma es una adaptación cristiana.

FOTO: Luis Sevilla

¿Y se pueden identificar las más características según la zona geográfica?

Pues están vivas danzas de palos, que son aquellas donde se entrechocan los palos, haciendo como si fuera una pelea, el tamboritero o el gaitero van tocando una melodía y van danzando al compás. Las vemos en el suroccidente asturiano, por ejemplo, en Degaña, en Trabáu, en Cistierna, en parte de León. También hay algunos pueblos que las están recuperando y en parte, gracias a la participación de mujeres. Antes no se les permitía participar porque era un rito del tránsito de mozo a adulto y solo había plaza cuando uno salía. Era un honor, hasta se pagaba por danzar. Se solía hacer algún tipo de cuestación y con el dinero se mantenía la danza, los vestidos y se podía pagar una comida para todos, una historia muy guapa.

¿Puedes facilitar algún nombre de tamboritero o gaitero de los más lejanos que hayas encontrado?

Hubo un gaitero en Xixón, activo entre 1665 y 1678 al menos, Domingo Martínez, que tocaba para el Corpus en Uviéu y Xixón. Gracias a este dato, entre otros, pude entresacar qué tipo de instrumento tocaba. Porque la gaita dependiendo de los sitios, incluso en Asturias no es lo mismo. Para nosotros, la gaita es una gaita de fuelle, ¿no? Pues no, en unos sitios es solo el puntero, lo que llamamos una dulzaina, y en otros, una flauta de tres agujeros que se toca con un tamboril por el mismo paisano, incluso podía ser un cordófono frotado. Entonces, gracias a las reseñas de pagos pude encontrar mucha información. En Xixón, entre 1572 y 1805, encontré datos, con nombre y apellidos, de 5 gaiteros y 26 atambores.

¿Y económicamente salían bien o pasaban necesidad?

Había de todo, algunos desempeñaban también otros oficios, como sepulturero o molinero. Los que aparecen en las actas municipales de Xixón tenían un sueldo, eran músicos oficiales. Eran los que tenían que tocar para todas las fiestas, para las alboradas, para las fiestas de San Pedro, de San Roque, para el Corpus o que nació el príncipe tal y tenía que tocar. También cobraban de las cofradías. He encontrado datos de lo que se les pagaba tanto a ellos como a los bailarines y a los gitanos por organizar la danza. En Candás, todavía no encontré más referencia que el dato del arreglo de un tambor municipal y de pagos a gaiteros de varias cofradías, pero no sus nombres, solo la referencia de Bares, que seguramente era un topónimo.

FOTO: Luis Sevilla

¿Cuál es el principal descubrimiento del estudio?

Poder concretar el tipo de músico de gaita que había, la antigüedad del uso de la gaita para la danza o en la misa o en la procesión y seguir documentando la presencia de las danzas en distintos sitios de Asturies, en Xixón, Uviéu, Tinéu, Mieres, Grau, Siero, Degaña, Avilés, etc. Lo que hace falta es mirar y remirar esa documentación que hay en esos archivos a los que nadie les presta atención; también son difíciles de leer para distinguir la caligrafía, existen muchas cosas por descubrir en los archivos, sobre todo los parroquiales, donde aparecen gastos y pagos por los festejos. Alguien puede pensar que qué interés tiene mirar lo que hizo un cura en 1651 en una parroquia o cofradía de LLanes, pues ahí figura el pago al gaitero y te pone la fecha, a veces el nombre del gaitero, del tamboritero, del que llevaba la danza, hasta aparecen los nombres de gitanas que las llevaban y tenían que ser buenos para que los dejaran hacerlo. Es un dato muy relevante que durante siglos en Xixón y en Uviéu, por lo menos, hubiera músicos pagados con dinero municipal. También hay que revisar los archivos de cofradías como las de Avilés. Si hubiera más gente trabajando en esto, cada uno en su concejo, conseguiríamos mucha información y recuperaríamos así parte de la historia musical y de la danza en Asturies.

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