247 euros: el precio por acudir a todos los conciertos de San Mateo

Malestar en Oviedo por la práctica desaparición de los conciertos gratuitos, la eliminación de los chiringuitos y las restricciones a la sidra.

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Andrés Illescas
Andrés Illescas
Es periodista.

La deriva del panorama festivo ovetense era evidente en los últimos años, con asociaciones vecinales alertando de los problemas que tenían para sus montajes, principalmente, por la lentitud en las licencias. San Mateo, el gran festejo de la capital no es ajeno al caos, plasmado este año en dos decisiones del gobierno bipartito. Por un lado, no habrá sidra —al menos en botella— al prohibirse la venta de recipientes de más de 35 centilitros (esto implica que tampoco puedan darse, por ejemplo, cañones de cerveza). Además, en lo que se refiere a la programación, los conciertos se reducen a una serie de figuras, más o menos conocidas, de la música nacional, programadas en el recinto de La Ería —lejos del centro neurálgico de la fiesta— y con costes de entrada que alcanzan en algunos casos casi los 40 euros.

Los cambios no han gustado a muchos ovetenses que sienten que se les está marginando de la fiesta. Esta semana cientos de personas coreaban “¡Canteli vete ya!” en el concierto de Dixebra en el Kuivi, un festival organizado en la capital asturiana al margen del Ayuntamiento.

Las redes también ardieron contra la apuesta de la concejala Covadonga Díaz por llevar casi toda la programación musical a una carpa en La Ería, con un formato de pago que no ha generado mucho entusiasmo.


Tres años de polémica

San Mateo lleva sumido en un proceso de cambio desde el año 2019, cuando, con la entrada del gobierno bipartito (PP y Cs) se empezó a dejar atrás el modelo histórico de las fiestas ovetenses. El primer cambio, previo a la pandemia, fue la eliminación de los conciertos de la plaza de la Catedral. Con todo, en aquella primera edición, la concejala Covadonga Díaz se mostraba satisfecha con los conciertos gratuitos en La Losa de la Renfe, perviviendo aún, por entonces, los tradicionales chiringüitos de asociaciones.

Fueron precisamente estos últimos los primeros afectados por las políticas del bipartito, intimamente vinculado a la asociación de hosteleros OTEA. Optaron entonces por ocupar el espacio de las asociaciones con casetas hosteleras, en un movimiento que no acabó de convencer los vecinos, y que tuvo una fuerte contestación en la calle.

Protesta contra la eliminación de los chiringuitos. Foto: Iván G. Fernández

En esta ocasión, la prohibición de la venta de recipientes de más de 35 centilitros impedirá que se puedan adquirir botellas de sidra. Sin embargo, según parece, los negocios podrían librar o incluso aprovecharse de este veto, vendiendo culetes sueltos. Fórmula que tiende a encarecer el caldo.

La otra cuestión candente tiene que ver con los conciertos. Chimo Bayo, Leiva, Loquillo, Estopa o Fangoria encabezan un cartel plagado de celebridades nacionales, a los que no saldrá barato ver en el alejado recinto de La Ería, y que han actuado en muchas otras ciudades en conciertos gratuitos. Acudir las diez noches de actuaciones tendría un coste de 247 euros, para un total de 10 noches.

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1 COMENTARIO

  1. Extraña manera de contarlo: los “tradicionales chiringuitos de asociaciones” no pervivieron, todos ellos decidieron no hacerle el juego a Canteli y negarse a participar en unas bases podres de la patronal. Salvo unos valientes bloblo, que rápidamente se olvidaron de que los chiringuitos históricos habían sido investigados por Hacienda por tener a ciertos señoros de cierto partido al que OTEA le tenía inquina y arrastraron miles y miles de euros en deudas a Hacienda, que buscaba la “financiación política” incluso en chiringos sin partidos políticos. Y así fue como muchos colectivos y asociaciones con más de 30 años de trayectoria se vieron en la miseria más absoluta, sin fuente de ingresos (no piden subvenciones, tampoco) mientras otros lo meneaban y hablaban de ser oposición a nada. Todavía estamos esperando la solidaridad (mwahahaha) o que paguen a tiempo, que la nueva política tiene plazos muy viejos.

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