Visitantes de un mundo que va de lo autóctono a lo onírico. Fotografía: David Aguilar Sánchez

Este viernes se inauguró en Laboral “El mundo es bosque”, una instalación de grandes dimensiones que estará expuesta en el centro de arte hasta marzo de 2023. Combinando referencias a la ciencia ficción con preocupaciones medioambientales de plena actualidad, los creadores del artefacto, Román Torre y Ángeles Ángulo, pretenden sumergir al espectador en un experiencia total. Ya al inicio de la exposición se nos invita a vestir una capucha verde, primer elemento de inmersión de la propuesta de Rotor Studio. Después pasamos por un túnel blanco donde se guardan pequeñas muestras biológicas y aparatos de medición de diferentes clases. Es la antesala a un mundo extraño, mezcla de diferentes posibilidades, a la vez alienígena y de origen terrestre. Cuando salimos a este bosque mágico, el sonido auralizado nos envuelve y las imágenes, que viven como suspendidas de las gasas que cuelgan del cielo, se nos pegan a las ropas y las retinas. Nos refugiamos ante pequeñas cascadas, o sentadas en cómodos cojines entre las hojas del Bosque, que viene a ser lo miso que decir entre los números, o entre los ladrillos. Y así, el sueño deviene realidad y la posibilidad de lo ficticio se vuelve tangible, sensible, escuchable y palpable. Solo al final, a punto de abandonar este experimento de creación de mundos paralelos, nos apuntan el referente: Ursula K. Le Guin, cuya obra “El nombre del mundo es Bosque” inspira el título y parte del contenido de la exposición.

Potencia expositiva, invitación a la participación, espacio de reflexión, belleza estética, aire de multidisciplinariedad y diálogo con otras obras, otras artes y otras propuestas. Todos estos elementos hacen de “El Mundo el Bosque /El Mundu ye Viesca”, una exposición que merece la pena ser visitada y vivenciada. Para que no se nos olvide, no ahora, no cuando es más necesario tenerlo en cuanta, que los números y los ladrillos no crean una atmósfera respirable, que nuestro hogar estuvo y siempre estará en los bosques, en los árboles. Ellos seguirán allí, esperando nuestro regreso, pacientemente, aunque durante el tiempo de la espera cometamos la imprudencia de hacerlos desaparecer.

Fotografías de David Aguilar Sánchez: