Las primarias socialistas gijonesas explicadas por un marciano

El PSOE debate sobre si Ana González debe repetir o no candidatura, mientras Carmen Moriyón deshoja la maragarita en Foro.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

No deja de sorprender la solidez orgánica del PSOE. Un partido en el que se han producido victorias, a pesar del aparato, como las de Borrell o Sánchez, y en el que se producen experimentos de democracia interna tan insólitos como unas primarias para cambiar a una alcaldesa en ejercicio. ¿Alguien se imagina esto en otro partido?

No es la primera vez que se produce un conflicto entre un alcalde socialista y una parte de la organización gijonesa, la principal agrupación de la FSA. Carlos Zapico, primer secretario general del PSOE gijonés lo recordaba en una reciente entrevista en Nortes. En 1987 una asamblea de afiliados cambió contra todo pronóstico al alcalde José Manuel Palacio por Vicente Álvarez Areces, ex dirigente del PCE asturiano y que todavía no militaba en el partido socialista. Renovación para unos, golpe de Estado para otros, esto nos habla en todo caso de a) una organización viva, b) una organización que no le tiene miedo al conflicto interno, ese baruyu que el presidente Adrián Barbón advertía recientemente, no ayuda a ganar elecciones.

En efecto hay baruyu. Nadie lo niega. Entre los promotores de las primarias para sustituir a Ana González se reconoce que la crisis abierta en el PSOE es peligrosa y puede restar votos, pero que más peligroso todavía resulta mantener como candidata a una alcaldesa que “no conecta con la ciudad”, o dicho en otras palabras, que “no cae bien”.

El PSOE de 2022 no es el de 1987, cuando su hegemonía en la ciudad era incuestionable y el partido se podía permitir experimentos que hoy parecen bastante más arriesgados. La sombra de Carmen Moriyón es alargada y el regreso de la presidenta de Foro a la arena municipal pondría mucho más difícil la victoria socialista, cuyo flanco izquierdo, IU y Podemos, tampoco le asegura a día de hoy los votos suficientes como para compensar una fuerte caída del PSOE. Para los críticos con Ana González este regreso de Moriyón no está escrito, y se dará sobre todo si el PSOE se encuentra débil. Para este sector repetir con Ana González como candidata pondría en bandeja de oro el regreso de Foro a la alcaldía.

La encuesta de la discordia

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En abril de este año Monchu García derrotaba a Iván Fernández Ardura, secretario de la agrupación, y candidato de González y Barbón para seguir dirigiendo el partido gijonés. Lo hacía abanderando el proyecto de recuperar la vida orgánica e interna del partido, así como su autonomía frente a la federación socialista. “La agrupación de Gijón no puede ser una oficina administrativa de la FSA” decía en una entrevista a este medio.

Monchu García, secretario del PSOE gijonés. Foto: Paco Paredes/EFE

Se iniciaba así un periodo de cohabitación entre las dos grandes corrientes del socialismo gijonés. La “coexistencia pacífica” entre el secretario general y alcaldesa pronto saltaría por los aires. ¿El motivo? Una encuesta preelectoral encargada por el partido en la que se anuncia el descalabro socialista en las próximas municipales. En el entorno de Ana González restan credibilidad al sondeo que da al PSOE perdedor y señalan que el cuestionario fue diseñado por la actual dirección del partido precisamente para justificar las primarias y la urgencia de relevar a la alcaldesa. “No se trata de ideas o de proyectos de ciudad sino de una disputa puramente personal” reprocha un afín a Ana González. Frente a ello destaca los buenos resultados que González cosechó en las elecciones de 2019, los mejores desde 2007, si bien reconoce, en una coyuntura bien favorable como fue el momento más dulce del sanchismo.

“La coexistencia pacífica entre el secretario general y alcaldesa pronto saltaría por los aires”

Para los partidarios de la alcaldesa una parte del partido se ha instalado en una nostalgia del “arecismo” y los tiempos de Paz Fernández Felgueroso, idealizando el pasado y olvidando que apuestas que hoy nadie cuestiona como el Elogio del Horizonte, fueron muy controvertidas en su momento: “Basta mirar las hemerotecas y ver cómo fue recibido lo que hoy es un símbolo de la ciudad”. Para los partidarios de González una parte del partido nunca la ha podido digerir y desde el primer momento ha practicado una política de acoso y derribo contra ella, con “ataques furibundos” y reprochándole entre otras cosas ser natural de Oviedo. “Se inventaron incluso falsos carnets del Oviedo” para desprestigiarla apunta esa misma fuente. Otra persona cercana a la alcaldesa destaca de ella su valentía en decisiones como el final de los espectáculos taurinos, la apuesta por el laicismo o la renaturalización del río Piles, enfrentándose a las presiones del poderoso Grupo Covadonga. “Dudo que sus críticos hubieran tomado medidas como esas” explica.

Ana González, alcaldesa de Xixón, junto a Pedro Sánchez. Foto: Iván G. Fernández

Movilidad sostenible, consensos urbanos y chalecos amarillos

Todos los observadores de la política gijonesa coinciden en que el verdadero hombre fuerte del gobierno de Ana González no ha sido uno de sus compañeros de partido, sino curiosamente un político de otra formación, Aurelio Martín. Pocas veces en la historia del municipalismo un solo concejal le ha sacado tanto partido a su acta. El veterano político de IU, ex diputado y ex consejero de Medio Rural, ha brillado con luz propia con su apuesta política por las políticas medioambientales, algunas de ellas muy controvertidas, y que han generado un fuerte malestar en una parte del PSOE. No ha sido Gijón una ciudad en la que las izquierdas hayan abanderado en exceso las peatonalizaciones. Quizá por miedo a entrar en contradicción con parte de sus bases sociales. Quizá por la tradicional rivalidad con Oviedo, donde las grandes peatonalizaciones tuvieron lugar con el derechista Gabino de Lorenzo en la alcaldía. Quizá porque nadie lo ha reclamado.

Foto: Luis Sevilla

En el entorno de Ana González se saca pecho de la política de movilidad sostenible, poniendo como ejemplo de éxito la eliminación del tráfico de la avenida del Molinón, y se señala como inquietante que haya sectores de la agrupación que “estén más cerca de Vox que de lo que pide la UE y la Comisión Europea”. En cambio, entre los críticos con Ana González consideran que las discrepancias no tienen tanto que ver con los objetivos, que afirman compartir, como con la forma de llevarlas a cabo, que consideran han sido torpes y contraproducentes, sin buscar consensos ni ir pactando los pasos con el tejido social de la ciudad para que sea incluso este el que lo reclame. Para los críticos con González y Martín la introducción de las peatonalizaciones y de la movilidad sostenible debería ser gradual, generando consensos y sobre todo buscando no dañar a los sectores populares, por ejemplo en la restricción a la circulación de coches contaminantes, “porque si no haces eso lo que estás es entregando a esa gente a la extrema derecha”. Este afiliado, uno de los promotores de las primarias, pone el ejemplo de la revuelta de los chalecos amarillos, cuando se trató de implantar en Francia una ecotasa al combustible: “si a la gente de los barrios le pones dificultades para moverse en coche tienes que ofrecerles a cambio compensaciones”.

Afiliados del PSOE en la sede gijonesa. Foto: EFE/Juan González.

Un partidario de Ana González considera que los críticos exageran la contestación social a medidas como la peatonalización del Muro o la zona de bajas emisiones y recuerda las multitudinarias movilizaciones de la zona rural en los tiempos de Paz Fernández Felgueroso. “En Gijón cada vez que haces una reforma importante se monta un follón de la virgen. Gijón es así. Es una ciudad que lleva en el ADN la protesta y es bueno que sea así porque significa que nada escapa al control ciudadano.

Una ciudad en busca de autor

Mientras los puñales vuelan en el Ayuntamiento, la Casa del Pueblo y sobre todo la prensa, Gijón está inundado de una campaña municipal, “Gijonomía”, que reivindicaba “una forma de sentir y vivir el auténtico Gijón/Xixón”. La cosa tiene algo de retro, como lo fue la celebración del aniversario de “Volver a Empezar” de José Luis Garci en el Teatro Jovellanos. Y es que el telón de fondo de esta historia es una ciudad, la “ciudad más triste de este mundo” que cantaba Nacho Vegas, que envejece a orillas del Mar Cantábrico sin un proyecto claro de futuro, sin el orgullo cívico de otros tiempos, y con un partido, otrora hegemónico, ahora más en discusión, que se debate sobre cuál debe ser su oferta a la ciudadanía tras los años dorados del “arecismo-felguerismo” y el largo paréntesis del “moriyonismo”, que demostró la no imbatibilidad del PSOE en su tradicional plaza fuerte.

¿Quién es la izquierda en esta confrontación? No está muy claro en un antagonismo que parece moverse en otras coordenadas y líneas de demarcación, que tienen que ver con lo generacional, lo cultural, las afinidades personales, siempre importantes a la hora de conformar equipos, o con la tensión Gijón-Asturias-FSA. Aunque el obrerismo, las políticas de bienestar y la apuesta por el Gijón industrial sean quizá más una seña de identidad del sector del secretario general, lo cierto es que Ana González no se ha salido tampoco demasiado de ese guión, si bien sus temas estrella son otros. Tampoco el aterrizaje de la multinacional sanitaria Quirón, muy contestada por la izquierda política y sindical, que acusa a Ana González de haber puesto el Ayuntamiento al servicio de la sanidad privada, es un motivo de discordia. Los críticos con González tampoco se han salido del guión con declaraciones en contra del hospital de la multinacional y parecen bastante conformes con la posición de la alcaldesa.

De momento, los partidarios de las primarias siguen sumando firmas por su convocatoria. Una de las últimas es la de Daniel Gutiérrez Granda, el que fuera concejal de Cultura y Deportes con Tini Areces. Por su parte, los afines a la alcaldesa piden un “órgano neutral” para controlar el proceso. El desenlace de esta historia pesará, y mucho, en el futuro de la FSA y en los equilibros internos de Barbón.

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