“Gijón está diciendo que Ana González no nos vale”

El ex concejal Carlos Zapico, secretario de la Agrupación Socialista de Gijón tras el final de la dictadura, es uno de los promotores de las primarias del partido.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Carlos Zapico fue el primer secretario, el hombre que propuso a José Manuel Palacio ser alcalde de Gijón, en 1979 encabezando la lista de un PSOE transicional, legalizado y esperanzador. También fue uno de los que le depuso, junto al ya secretario general Francisco Villaverde para que otro hombre, Vicente Álvarez Areces, liderara un nuevo proyecto político a partir de 1987. Ahora es, junto a Manuel Vallejo y otros compañeros veteranos del partido, quien promueve unas primarias en la Agrupación Socialista de Gijón que aparten a Ana González de la alcaldía. Durante la entrevista, se ofrecen claves históricas y políticas que explican las razones por las que el partido más votado de la ciudad ha llegado a esta situación que crea un precedente político en el socialismo español: la propia militancia puede retirar de la vida política municipal a su alcaldesa.

Su participación en este proceso de búsqueda de avales comienza con una intervención suya en la última asamblea de la Agrupación Socialista de Gijón, donde manifiesta abiertamente la impopularidad de Ana González, su falta de credibilidad y la inviabilidad de su repetición como candidata socialista a las próximas elecciones municipales. Se diría que hubo cierto alivio en aquella declaración.

En aquel momento fui lo más honesto que pude ser en el marco de un debate interno del partido en el que manifesté lo que pensaba y, analizando el futuro del partido, lo hice en la creencia de que aún estábamos a tiempo para tomar soluciones ante las próximas elecciones municipales. Yo estaba completamente alarmado. Lo que oía en la calle era tremendo y veía que, durante la gestión del anterior Secretario Local, Iván Fernández Ardura, no existía ningún tipo de reacción. Si no se hubiera producido un cambio de ejecutiva, yo no me habría atrevido a pronunciarme de esa manera, pero con una dirección nueva que conectaba con aquellas otras en las que yo estuve, que participaban de una cultura de la integración, del consenso y la búsqueda de soluciones, me sentí impelido a opinar. Quizá era el momento de decirlo. Ana se sintió extrañada y su reacción fue de absoluta estupefacción porque no contaba con que se le pudiera decir. Pero como afirmaba Felipe González, yo se lo dije “sin acritud”.

¿Es cierto que Ana González ya no tiene credibilidad?

Es cierto. Ya nadie la cree y por muy inteligente que sea y por muy buenas que sean sus intenciones, si no dispone de inteligencia emocional para empatizar con la ciudadanía, no tiene nada que hacer. La primera condición de un político es que tenga inteligencia emocional y, si además, tiene de otro tipo, estupendo. Pero si no tiene inteligencia emocional, ese político está absolutamente perdido porque no puede tener comunicación con la ciudadanía. Si genera automáticamente una barrera, si cuente lo que cuente, nadie se la cree, es imposible establecer una relación política.

Con Ana González, la impresión popular que se tiene es que se ha roto cierta convivencia ciudadana.

Efectivamente, y con eso no hay nada que hacer.

Carlos Zapico, promotor de las primarias en la Agrupación Socialista de Gijón. Foto de Luis Sevilla.

¿Qué diferencias encuentra entre este proceso y el de la Laboral de 1987? Aunque se habla de este proceso como pionero en el PSOE, hubo otro precedente anterior que sustituyó a un alcalde socialista como José Manuel Palacio por otro que ni siquiera militaba en el partido, llamado Vicente Álvarez Areces.

Realmente son dos situaciones totalmente distintas desde un punto de vista contextual, pero sí hay un punto de contacto. En ese momento ocupaba el cargo un socialista que no reunía las condiciones necesarias para afrontar un proyecto que respondiera a los retos de la ciudad de las siguientes décadas. El mundo que estaba por venir no podía ser afrontado por quien estaba al mando del Ayuntamiento entonces. Fue difícil, muy difícil, convencer a los compañeros del partido de que aquello que proponíamos no era una locura. Queríamos cambiar de alcalde y sustituirlo, incluso, por otra persona que ni siquiera estaba afiliada al partido. Nos ayudó mucha gente que estaba dentro del Ayuntamiento. Yo había sido, precisamente, el primer secretario, entonces al secretario general se le denominaba así, que había propuesto a José Manuel Palacio como Alcalde en las primeras elecciones democráticas. Ahora puedo confesar que tampoco fue mi primera opción, sino la segunda.

¿Quién fue la primera?

La primera nos dijo que no. Se trataba de Hevia Carriles que había sido un gran líder vecinal. Rafael Fernández y yo fuimos a hablar con él y a nuestro ofrecimiento nos dijo que no. Como alternativa contemplamos a Palacios. Yo lo propuse. En aquel momento, él era ya diputado del PSOE. Dos mandatos después, a muchos veteranos de entonces se les encendieron todas las alarmas, cuando propusimos apartarlo del Ayuntamiento. Porque entonces, en 1986, José Manuel Palacio estaba más preocupado del bache de la esquina que de la crisis industrial que estaba padeciendo Asturias y la ciudad. Palacio dudaba de cualquier solución a la reconversión industrial que arreciaba. Siempre dejaba madurar las cosas y esperaba que se solucionaran ellas solas

“si josé manuel palacio se hubiera presentado, también habría ganado, pero no hubiéramos tenido proyecto político”

El tancredismo, por la vía del socialismo.

Exacto. Y entonces apareció el nombre de Tini Areces que, encima, era un hombre que en aquel año venía de fuera. Se hizo esa apuesta. Los contextos entre aquella decisión y las primarias de hoy son muy distintos. Pero, en definitiva, lo que estamos diciendo ahora y lo que dijimos entonces es lo mismo: el que está no nos vale. Ahora es la ciudad la que está diciendo que Ana González no nos vale y en aquel momento, éramos nosotros, algunos miembros del partido, los que dijimos que Palacio no nos servía. Probablemente si Palacio se hubiera presentado a otro mandato habría ganado, pero no hubiéramos tenido proyecto político.

Estas primarias pueden ser probablemente la mayor encrucijada del Partido Socialista de Gijón en toda su historia pero sigue padeciendo el mismo dilema.

Si no tienes referencias internas, parece difícil entender que una persona que salió de unas primarias y que afirma ser un adalid de las primarias, después califique estas de un barullo. Es importante señalar que el adalid de las primarias en el PSOE ha sido Eduardo Madina. A cada cual lo que le corresponde.

Carlos Zapico. Foto de Luis Sevilla.

También estuvieron las primarias de Borrel.

Borrell es un buen ejemplo de candidato que no triunfa porque el aparato lo tumba. El tema es que no se entiende que el secretario general haga ese tipo de afirmaciones. Pero si tienes referencias internas, es fácil comprender que realmente hay unos compañeros que, analizadas todas sus claves, solo se orientan hacia el control interno de la organización porque ese control les ofrece poder y lo pueden administrar en función de voluntades y compra de voluntades. Los que tenemos una visión de futuro, entendemos el partido como una herramienta que sirve para gobernar, para solucionar los problemas de la gente. Esa razón fue la que nos llevó a sustituir a Palacio y la que nos empuja ahora a seguir gobernando Gijón con una alternativa potente.

La tarea de conseguir un candidato se presenta muy difícil. Los datos parciales del sondeo que maneja la Agrupación afirman que el PSOE perdería un concejal en Gijón: se quedaría con 10. Hay que ser muy valiente para ser candidato del PSOE sabiendo que juegas un partido con un gol de desventaja y que no tienes garantizado en estos momentos nada.

Yo estoy convencido de que los resultados electorales no se pueden analizar desde una clave exclusivamente ideológica. Hubo un tiempo en el que esto sí fue así. Se votaba a un partido o a otro por tradición familiar o por contexto social. Pero hace tiempo que ha aparecido el voto transversal, el voto que trata de ser más útil y más práctico, el del votante que se pregunta qué gana y qué pierde con esto, y ese perfil conforma una gran parte de los votantes.

Tini siempre me decía que Gijón no era una ciudad de izquierda o derechas, sino una ciudad que votaba el mejor proyecto.

Mucha gente de derechas, empresarios, le votaron porque veían en él a un alcalde que generaba un ambiente de convivencia y futuro necesarios para poder generar negocios, inversiones. Hoy el PSOE sigue teniendo un voto seguro, ideológico, pero cada vez es menor, porque es un voto generacional, y luego hay otro grupo de votantes que, en un momento determinado, decidirá votar a un partido u otro, en función de la ilusión que le provoque un proyecto. Y ahí es donde entra el sentido de estas primarias. Visto que la persona que gobierna no conecta con la ciudadanía, yo digo que si nosotros hacemos el debate que estamos propiciando, y acertamos en la búsqueda de esa otra persona que resultará ganadora de unas primarias, tendremos una gran ventaja electoral después. Tendremos a un ganador y eso psicológicamente es importante.

“si la alcaldesa está penando una mala imagen es porque confió la politica a un solo concejal de IU”

¿Encaja el proyecto político de Ana González con los retos de la ciudad?

El problema es que Ana González tuvo que retomar una ciudad que había perdido su ritmo y su contexto tras ocho años de gobierno al mando de Carmen Moriyón. Es fundamental generar ese nuevo contexto que viene a ser un sentido optimista de la ciudad. La gente de Gijón está orgullosa de su ciudad, cosa que no lo estaba en 1979 cuando veía aquella otra más fea, gris, mal concebida y mal urbanizada. Entonces se vivía con un complejo de ciudad. Y hoy es al revés. Está orgullosa de su ciudad, bien compensada, abierta al mar, tras ganar la bahía oeste para que Gijón pudiese volver a mirar al Cantábrico, a través de las playas de Poniente y del Arbeyal. Después de haber tenido una cloaca, aquello era impensable. Pero ahora le falta proyecto.

Un Ayuntamiento no puede vivir de las rentas del pasado.

La gente ya ha amortizado el pasado. La playa del Poniente es de la gente, es de ellos.

La sensación es que el proyecto que nació del 87 sigue tirando de la actividad y la vida de los gijoneses y, sin embargo, inexorablemente, se ha quedado obsoleto, después de más de 30 años.

Gijón tiene una gran ventaja: su proyecto está desarrollado pero, a mi juicio, se necesita dotarlo de contenido. Si la Alcaldesa está penando su mala imagen es porque se dejó llevar por la política de un concejal de IU que quiso convertir Gijón en una ciudad exclusivamente ecologista. Primero debería haberse preguntado qué ciudad tiene tras de si. Me pregunto si quienes gobiernan la ciudad están escuchando a la ciudadanía. En política nunca se debe ir por delante de la ciudadanía cuando estás al mando de un ayuntamiento. Se debe acompasar siempre el paso, porque se puede recibir una grave contestación. La mejor idea del mundo sin apoyo popular se muere. Si te adelantas a los tiempos te considerarán un genio dos o tres siglos después.

Necesito un ejemplo práctico.

Decir que Gijón se va a convertir en una ciudad sin coches cuando una estadística que manejan ellos mismos afirma que el 46% de los gijoneses se desplaza en coche, es una insensatez. Claro que Gijón tiene un problema de sostenibilidad, pero los mismos estudios también dicen otra cosa: cómo quitas a ese 46% el hábito del uso del vehículo privado. La siguiente pregunta es: ¿y por qué lo hacen? Gijón es una ciudad descentralizada. Por una lado está compactada en el centro, pero por otro también es una ciudad con una zona periurbana condenada al coche, inspirada en el modelo anglosajón de ciudad jardín. No somos Vitoria, ni tampoco podemos adelantarnos a Vitoria. Esos son conceptos teóricos difíciles de llevar a la realidad sin el consenso de los vecinos. Cuando abrimos la bahía oeste de Gijón y su salida al mar, los vecinos del Natahoyo y de La Calzada llevaban pidiéndonoslo 15 años y nosotros no podíamos ofrecerles una respuesta. ¿Quitábamos los astilleros? Había una cloaca en el río Cutis junto a Naval Gijón y otra en el Arbeyal. Fue la reconversión naval la que nos ofreció una oportunidad después del cierre del astillero del Cantábrico.

Uno de los nombres que se está colando es el de María Luisa Carcedo desde el SOMA. ¿Ese nombre se descuelga porque efectivamente habrá 592 avales?

Cuando comenzamos a barajar unas primarias, estaba convencido de que en la FSA se estaban barajando alternativas a esta situación. Los primeros que quisieron moverle la silla a Ana González fueron ellos. Ellos mismos saben que están abocados a un proceso de primarias. Siempre hubo la posibilidad de negociar alternativas, una transición pacífica. Había que poner nombres encima de la mesa. El de María Luisa está muy identificado con un pasado somático, muy fácil de ver de la mano de José Ángel Fernández Villa al que ahora tratan de esconder detrás de un biombo. Pero es que no se puede esconder. Quienes fueron sus portavoces oficiales, uña con carne, no pueden afirmar ahora que son renovadores. Me pareció una hipocresía que hace tres años se presentaran como los renovadores del partido de la mano de Pedro Sánchez. ¿Cómo se podía afirmar eso entonces cuando habían gobernado con mano de hierro al son de Villa?

¿Cree que Adrián Barbón no es consciente de que una derrota electoral del PSOE en Gijón arrastraría otra de la FSA en las autonómicas?

Quizá no lo sea tanto, pero sin duda es un problema grave porque existe una inercia inherente en sendas elecciones. La gente que coge una papeleta suele coger también la otra del mismo partido. Una caída del voto electoral en Gijón puede conllevar otra en las elecciones autonómicas y como estamos en una horquilla tan corta, esa caída puede comprometer un resultado electoral, desde no gobernar a gobernar en una situación parlamentaria muy precaria con pactos muy raros. Por eso, desde el primer momento, muy inocentemente, pedí que nos sentáramos a hablar para buscar una alternativa y una solución a este problema, para que la opción socialista fuera la ganadora. Pero el problema es que las claves que manejamos unos y otros son distintas. Nosotros pensamos en transformar la ciudad y ellos en controlar el partido. Para ellos gobernar la ciudad es secundario, eso es algo que ya vendrá.

Carlos Zapico, promotor de las primarias en la sede de la Agrupación Socialista de Gijón. Foto de Luis Sevill¡a.

¿Qué ha pasado para que hace seis meses, durante la negociación del Estatuto, se hubiera consolidado que Barbón estaba acariciando la mayoría absoluta y tiempo después, estemos preguntándonos si a lo mejor se está jugando una derrota?

Influyen muchos factores pero la opinión general contagia a otras opiniones. Las encuestas electorales han arrojado ese tipo de resultados. En la opción socialista está calando la idea de que garantizar la convivencia en este país es muy complicado si el gobierno de España esta negociando permanentemente con una jaula de grillos que ofrece soluciones muy dispares. Eso fue lo que sucedió en Andalucía. Moreno Bonilla se desvinculó de la extrema derecha y se apoyó en su gestión. Nuestra opción en Andalucía se sostenía con un candidato que llegó tarde y con la idea de gobernar con una mayoría precaria. Esa idea está calando en otros territorios.

Quizá uno de los factores sea que la agenda de Barbón ya no es la agenda de Sánchez y quizá otro es que se está produciendo una descomposición de ese control que la FSA mantuvo en los municipios durante estos tres años. El poder municipal ha reaccionado. Ya no se controla Llanes, ni Gijón, ni Avilés, y en Oviedo no son capaces de encontrar un candidato. ¿No cree que esos factores también están influyendo?

Ellos llegaron al sanchismo planteado como una coyuntura. También llegaron a Zapatero de la misma manera. En aquel congreso aparecieron como guerristas y salieron como zapateristas. Ahora puede ser que estén en una coyuntura en la que tienen que encontrar nuevamente acomodo. Su clave es controlar la organización interna. Que Cofiño sea Secretario de Pola de Siero no es ninguna casualidad.

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5 COMENTARIOS

  1. Señora Gervasia le queda muy poco en la silla, espero que vea muchos amaneceres y atardeceres en la poltrona de la Fresneda. Esta señora lleva viviendo de la política demasiado tiempo. Se cree que la gente es imbécil, estos sociatas de la antigua escuela ya sobran. Para cuando gente joven que sepa dónde vive, para este ser, es más importante no dejarte bajar en coche al centro, que hacer un colegio y un ambulatorio en nuevo roces. Que si las corridas de toros, que no aparques en el centro, que si los hombres son animales… El último candidato que fue igual acabo llorando cuando perdió con Morillon el chiringuito de 32 años, otro que no tiene profesión aparte de la política y se paseaba en un buen BMW 700 y pico con un buen reloj de oro, como les ha puesto esta señora a la policía local de Gijón.

    Gervasia tic, toc, tic, toca…..

  2. Este señor habla con Gijón todos los días y Gijon le cuenta lo.que quiere ¡ Vaya suerte! Así no tendría.os falta de elecciones.
    Ya Gijón le diría a él lo que quería y punto.

  3. Mucho sabe de los Gijoneses
    Y mucho perjudica a su partido
    Criticando en público a la Sra.Alcaldesa
    Las discrepancias se discuten y aclaran en casa

  4. La izquierda fastidiando a los trabajadores? Qué queda del partido obrero? Mientras existan los polígonos industriales utilizar el coche no es “un hábito”, es una necesidad ineludible para muchos gijoneses. Algunas de las ideas esbozadas desde el equipo de gobierno nos harían la vida imposible. Y ahora, a quién votamos?

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