“Tras el golpe entré en el bar y tomé cinco whiskys y un gin tonic”, dice el policía ovetense condenado por conducir ebrio

El subinspector de la policía local superaba más de tres veces el límite de alcoholemia.

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Andrés Illescas
Andrés Illescas
Es periodista.

El subinspector de la Policía Local de Oviedo que chocó con su moto (cuando no estaba de servicio) contra un vehículo en la Calle Llamaoscura, ha sido condenado a tres meses de cárcel, al considerar la magistrada probado que se encontraba en estado de embriaguez. Este agente había acudido a un bar de la zona, acompañado de un compañero que iba en su propio vehículo. Al salir, el agente, que responde a las iniciales A. G. C., embistió a un coche. Un incidente cuyo protagonista tildó de “ínfimo” durante el juicio, hasta tal punto que según aseguró, entró “hasta seis veces al bar”, tomando “cuatro o cinco copas de güisqui y la última de ginebra con tónica” hasta que llegó la primera dotación policial a la zona del choque. Fue precisamente esta su defensa frente al resultado de la alcoholemia, que arrojó 0,89 y 0,80 miligramos por litro de aire espirado en las dos pruebas que le realizaron. Más del triple de lo permitido.

Según fuentes de la Fiscalía, los hechos objeto de vista tuvieron lugar, alrededor de las 20.00 horas del pasado 25 de abril. El acusado, subinspector de la policía local que iba de paisano, conducía una motocicleta por Llamaoscura, concretamente por la calzada de acceso al estacionamiento del centro social bar “El Poli” de Oviedo, bajo la influencia de bebidas alcohólicas ingeridas en las horas precedentes, “que disminuían sus facultades para conducir”.

“La víctima del accidente confirmó que el agente con el que colisionó estaba ebrio, pero que su compañero, que llegó después, lo estaba aún más”

Esto provocó que colisionara frontalmente con un vehículo que salía del estacionamiento.
Ambos vehículos resultaron con desperfectos. En las pruebas de alcoholemia, el acusado arrojó un resultado positivo de 0,89 y 0,80 milígramos de alcohol por litro de aire espirado en la primera y segunda pruebas practicadas, respectivamente. Más del triple de lo permitido.

Durante el juicio, el subinspector restó importancia a la colisión asegurando “eufemísticamente” que no hubo un accidente sino “un ínfimo contacto entre dos vehículos” y alegó que no le dio importancia “al incidente”, de forma que entró y salió de un bar “unas seis veces” y consumió “cuatro o cinco copas de whisky y la última de ginebra con tónica” hasta que llegó la primera dotación policial.

Para la magistrada esta versión resulta del todo “inverosímil”, máxime al tratarse de alguien que por su profesión conoce el protocolo de actuación tras un accidente “por leve que sea”. Asimismo, jueza y fiscal advierten que el otro agente que se encontraba en el lugar de los hechos y compañero de copas del subinspector mintió para protegerle, por lo que se dedujo su testimonio y cabe la opción de que se le abra un proceso separado.

Por su parte, la víctima del accidente confirmó que el agente con el que colisionó estaba ebrio, pero que su compañero, que llegó después, “lo estaba aún más”: “Solo quería avisar a un policía que no estuviera borracho”, concluyó durante el juicio.

A. G. C. fue condenado finalmente a tres meses de cárcel, 21 meses de retirada del carnet, al pago de una indemnización al conductor siniestrado y a abonar las costas del juicio.

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