¿Qué Asturies queremos?

Nunca hubo tanto debate en público, fuera de los círculos intelectuales, como lo está habiendo ahora.

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Nicolás Bardio
Nicolás Bardio
Es politólogo, escritor y creador de juegos de rol.

Asturies se piensa a sí misma, desde Asturies, por primera vez en mucho tiempo. Llegamos al 8 de Setiembre y al 1300 aniversario de Cuadonga en medio de una reflexión profunda sobre nuestra identidad donde los asturianos resolvemos colectivamente una serie de preguntas: ¿Cuadonga es la cuna de España, como dice el “team facha” sin ningún rigor histórico, es una batalla a reivindicar o un hecho menor que ni debería ser una efeméride festiva? ¿El 25 de Mayu, debe ser el nuevo día d’Asturies, debemos de seguir ignorándolo como hasta ahora, o hacer de él el día de la bandera? ¿Don Pelayo era facha o el primer rey de un reino independiente (sí, aunque a algunos les joda esa palabra) asturiano? ¿O quizás un personaje menor, una figura poco clara y estudiada que merece menos el estudio y la consideración de “Padre de la Patria” que Jovellanos? ¿Somos una región franquista con coros y danzas, o una nacionalidad histórica al mismo nivel que Galicia? ¿Algo intermedio? Nunca hubo tanto debate en público, fuera de los círculos intelectuales, como lo está habiendo ahora. Quizás porque el borrado de nuestra lengua, el gestionar el país como si fuese una empresa sin más identidad que la corporativa y el hablar más de lo que pasaba en Cataluña o Madrid, habían sido la regla hasta 2019.

La negociación del CTA, ejemplo a seguir

Cuando se sirvió café para todos, a nosotros nos lo pusieron descafeinado y nos dejaron cuarenta años durmiendo. Así llevamos desde 1981 aunque ahora, por suerte, empecemos a despertar un poquitín más como pueblo y a pensar en qué queremos ser “de mayores”. Tenemos claro ya, la inmensa mayoría de nosotros, que no queremos ser menos que Galicia, ni que nuestra lengua tenga menor protección que la suya. También, que nuestro modelo no es el despilfarro y la mala gestión que vimos en la era Cascos o en la era Areces, sino que apostamos por gastar con cabeza los (por desgracia escasos) recursos que tenemos en cosas como, por ejemplo, una atención sanitaria a años luz de la de Madrid (pero a años luz para bien), o un sistema de movilidad verde, barato y eficaz en la línea de lo que ha sido la propuesta del CTA.

“Es necesario abordar el estatuto en la próxima legislatura como se ha abordado la reforma del Consorcio de Transportes de Asturias”

Es necesario abordar el estatuto en la próxima legislatura como se ha abordado la reforma del Consorcio de Transportes de Asturias: con diálogo, sin aspavientos mediáticos, poniendo de acuerdo a todos los actores y liderando desde el gobierno una reforma que es buena y es estratégicamente necesaria para Asturies. Este éxito de la aplicación (no se puede calificar de otra manera), debe ser lo que nos inspire a la hora de llevar adelante un nuevo estatuto: Un estatuto que no deje a nadie atrás; que no discrimine en ciudadanos de primera y de segunda en función de la lengua que hable, del conceyu en el que viva o de su situación económica. Urge, para ello, no sólo declarar la oficialidad, sino también establecer una carta de derechos y de deberes de los asturianos; directamente exigible en nuestro estatuto; además de establecer todos los mecanismos que sean oportunos para tener autonomía en el más pleno sentido del término.

Centralismo económico y falta de peso político

No debemos quedarnos ahí, sino ir un paso más allá y plantear de lleno el tema institucional y competencial: Asturies no puede aspirar a tener un poder relacional en el que el desarrollo de los proyectos estratégicos dependan únicamente de las buenas conexiones personales entre nuestro Presidente (y sus consejeros) y el de España (y sus ministros); o en la sintonía política entre unos y otros. El voluntarismo, la historia reciente lo ha demostrado, no da ningún fruto. El hecho de que la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP más rancio de todos los PP de España tenga el mayor porcentaje de inversión estatal ejecutada nos debe hacer pensar en lo irrelevante del sistema relacional y lo necesario que es cambiar las propias estructuras económicas e institucionales. Y, sí, tener en cuenta que la arquitectura económica afecta a la institucional y la institucional a la económica. Es necesario que Asturies pueda reformar su estatuto, siempre y cuando éste respete la Constitución Española y los tratados europeos. Sin pedir permiso a nadie más que a los asturianos; es necesario que las instituciones asturianas sean autónomas de las demás. No puede ser que las elecciones asturianas sean una circunscripción más de una inexistente pero mediáticamente recurrente “eleción general autonómica”.

Trabajadores de Windar Renovables en el puerto de avilés. Foto: Tania González.

Hay una falta de peso político de Asturies en España que debe ser corregida (7 de 350 diputados y un Senado que ni tiene competencias ni igualdad en representación de las Comunidades Autónomas). Hay una falta de autonomía general en todas las comunidades autónomas (especialmente en la nuestra) que hace que todos los departamentos acaben estando subordinados a los ministerios con poquísimas excepciones. Hay un dumping fiscal tremendo y una acción del Estado que en lugar de ejercer como mecanismo de compensación de los efectos de las economías de escala, las alimentan haciendo que lugares como Madrid o Barcelona sean cada vez más pujantes.

El debate está abierto y es bueno que lo esté. Cada vez es mayor el debate público entre los asturianos y asturianas a la hora de pensar qué queremos ser, dónde queremos ir, cómo debemos hacerlo. Y es que ya somos mayorinos para decidir por nosotros mismos, para conseguir toda la cuota de autonomía que la Constitución permite, y para darnos cuenta de que si no nos sacamos los asturianos las castañas del fuego, nadie va a hacerlo por nosotros.

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