85 años de las Termópilas asturianas: la batalla de El Mazucu

Durante dos semanas 6.000 hombres mal armados y sin provisiones resistieron a 33.000 soldados franquistas y la aviación nazi.

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Pablo Batalla
Pablo Batalla
Es licenciado en Historia. Ha sido colaborador en medios como La Voz de Asturias o Atlántica XXII y en la actualidad coordina la revista digital El Cuaderno y dirige A Quemarropa, el periódico de la Semana Negra de Gijón. Su último libro es "La virtud en la montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista" (Trea Ensayos).

«Fue una lluvia de bombas nazis. Llegaban tres aviones por minuto». ¿Gernika? No: El Mazucu, en Llanes. Felipe Matarranz, Lobo, histórico maquis cántabro, nacido en Ribadedeva, recordaba así en 2013, entrevistado por Alejandro Torrús para Público, la batalla que sentenció el destino de la Asturias roja, disputada en septiembre de 1937. Duró exactamente quince días. El 5 de septiembre, el intento de las Brigadas Navarras del general Solchaga de cruzar la sierra del Cuera por el paso de El Mazucu para avanzar hacia el centro de Asturias es detenido por las tropas del Consejo Soberano de Asturias y León, que resistirán hasta el 20.

El anarquista Higinio Carrocera

Al mando de un coronel de la Guardia Civil, el vasco Juan Ibarrola Orueta, que lidera a los soldados regulares —muchos de ellos vascos—, y de Higinio Carrocera, que acaudilla a los milicianos, son 6000 los hombres que combaten allá por la legalidad republicana. Solchaga cuenta con 33.000 y con la ayuda de la Legión Condor, que envía 70 aviones que ensayan sin piedad, en las horas libres de bruma, los bombardeos en alfombra que tiempo más tarde conocerán los campos franceses o polacos. Dos escuadrillas de Messerschmitt 109 y una de biplanos Heinkel 51 al mando de Adolf Galland arrojan bombas incendiarias, una suerte de primitivo napalm inventado sobre la marcha, sujetando latas de gasolina a las bombas. También disponen los ejércitos de Franco de 80 piezas de artillería y un crucero que permite bombardear con cañones desde la costa: el Almirante Cervera. Debido a este desequilibrio de fuerzas, y a que, para mayor mérito, los defensores de la República no contaban con asistencia de comida, ni batallón de refresco, ni asistencia aérea (la escasa aviación que la República poseía en el Frente Norte se destinaba a proteger Gijón), la batalla ha solido ser calificada como unas Termópilas asturianas.

“La Legión Condor, que envía 70 aviones, ensaya sin piedad, en las horas libres de bruma, los bombardeos en alfombra

El topónimo Mazucu lo relaciona el experto Xosé Lluis García Arias con la existencia allá de un pequeño mazu, esto es, un establecimiento destinado a elaborar el hierro en bruto producido por una ferrería. Parece una etimología adecuada para un lugar en el que se produjo una de aquellas tempestades de acero que dieran título al famoso diario de Ernst Jünger. Los rebeldes esperaban una victoria fácil tras haberla conseguido en Santander, tomada el 25 de agosto, y aplastar la línea defensiva del Deva y ocupar Llanes, donde, en los terrenos de lo que hoy es un campo de golf, improvisaron rápidamente un aeródromo para los aviones nazis. La República, como el Pelayo de la leyenda, se replegó a la sierra. Desde el día 7, contaría con ametralladoras para barrer el terreno y evitar el paso de las fuerzas sublevadas, que sufrirían bajas cuantiosas: en los pueblos de la zona, los ancianos del lugar recuerdan todavía los camiones que, al amanecer, recorrían el valle, cargados de cadáveres de requetés. Pero también van mermando las fuerzas del Gobierno legítimo: al final del 8 de septiembre, día de los enfrentamientos más crudos, los 6000 hombres habían pasado a ser 1734. No se rindieron en cambio, y no lo hicieron tampoco cuando, el día 10, los rebeldes alcanzaron el puerto de la Tornería, sino que se replegaron a las estribaciones del pico Turbina y de Peña Blanca, cúspides del Cuera.

Una vivienda de Cangues d´Onís destruida por la aviación nazi.

«En los riscos del Mazuco, en los peñascos ingentes de la sierra de Cuera, en los picachos de los puertos limítrofes con León, nuestros bravos soldados resisten serenamente una vez y otra las arremetidas furiosas del aspirante a invasor, que va dejando una siembra de miles y miles de cadáveres en los valles y en las estribaciones de las cordilleras. Cadáveres que nunca serán bastantes a pagar el tributo de portazgo exijido [sic] por nuestros combatientes», se escribía el día 14 en el periódico CNT, órgano de la Confederación Regional de Asturias, León y Palencia.

El Turbina, al igual que el pueblo de El Mazucu, caería el día siguiente, 15; Peña Blanca resistiría aún hasta el 22. El 24, el Diario de Burgos reconocía de este modo lo costoso de la victoria: «Hoy mismo, a quien visitara el frente le parecería imposible, a la vista de las ingentes montañas rocosas que hasta el Mazuco y más allá se extienden sin interrupción, que fuerza humana alguna lograra vencer una tenaz y bien amparada resistencia. Sin embargo, los soldados de España han ido ocupando, montaña tras montaña, todo ese monstruoso macizo, que parece estar destinado a tentar la paciencia de los alpinistas». Con aquella victoria, Asturias quedaba sentenciada; era ya cuestión de tiempo que el resto de la región cayera y terminó de hacerlo el 20 de octubre, cuando lo hizo Gijón.

Bombarderos alemanes Heinkel 111.

En 1997, tiempo de recuperación de la memoria histórica democrática, se organizó en El Mazucu el primer homenaje a los combatientes republicanos, impulsado por Daniel Palacio —farmacéutico, miembro del Ateneo Obrero de Gijón y el marido de Paz Fernández Felgueroso— y organizado por el propio Ateneo Obrero, el Libertario, la asociación Gesto y la Sociedad Cultural Gijonesa. Era el propósito de aquellos convocantes, sigue siéndolo hoy para un homenaje que se volvió anual y organiza Famyr, recordar «a aquellos hombres y mujeres que, condenados al olvido por compromisos políticos de la historia reciente, fueron con su vida un ejemplo de responsabilidad, de dignidad y de heroísmo».

Este sábado se realizará una visita guiada a los escenarios de la batalla con salida a las 11h del Alto de La Tornería, con una comida popular a mediodía y música en directo de Xuacu Amieva para terminar la excursión.

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