CCOO señala a las grandes empresas que “se están forrando” como culpables de la inflación

Unai Sordo defiende en el homenaje a las huelgas del 62 un otoño caliente que siente a la CEOE a pactar una subida salarial.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En los últimos tiempos Unai Sordo se ha convertido en una presencia habitual en Asturies. Ya sea para acudir a actos culturales, políticos o sindicales, las visitas de Sordo suelen ser frecuentes a una tierra que tiene un especial simbolismo para el movimiento obrero en España, y para el sindicato que dirige en particular. El secretario general de CCOO no podía por tanto faltar al homenaje a la generación de la huelgona del 62, un colectivo en cuarto menguante, y del que cada vez faltan más integrantes.

Precedido por su homólogo José Manuel Zapico, Sordo tiró de la memoria histórica para entonar un discurso obrero del siglo XXI que llamó a dejar a un lado la nostalgia. Unas notas de historia, recordando el contexto económico y político en el que estallan las huelgas del 62, un poco de orgullo de tradición, “era bastante más difícil entonces que ahora y lo hicimos”, apuntes de economía, para señalar a las grandes empresas, y no a los trabajadores, como causantes de la subida de los precios que estamos viviendo, “la inflación no es una maldición bíblica”, y un discurso abiertamente feminista, “las políticas de cuidados tienen que profesionalizarse en condiciones dignas”. El sindicalista vasco también llamó a gobernar para la mayoría las irreversibles transiciones en marcha – ecológica y digital -, en lugar de negarlas o refugiarse en pasados idealizados. Un poco, por cierto, lo que Marx y Engels recprochaban a aquellos socialistas utópicos de mediados del XIX que soñaban con frenar el desarrollo tecnológico de trenes, telares y otras máquinas, para volver a las muy romantizadas sociedades de artesanos precapitalistas.

La nostalgia es, deberíamos saberlo, un valor seguro en tiempos inseguros. Y estos, sin duda, lo son.

“Sordo puso los ERTE como ejemplo de una salida de la crisis distinta a la del 2008”

Con cosas que contar, pedagógico pero con pasión mitinera, y todo ello sin mirar un papel, Sordó conectó con un público que sintió que el secretario general de las Comisiones Obreras no había puesto el piloto automático, y correspondió ante ello dejando de charlar en corrillos, un vicio muy habitual en este tipo de actos, así como prestando atención y aplaudiendo un discurso que fue muy celebrado por los asistentes al acto celebrado este viernes en el Parque Jovellanos de Mieres.

Foto: David Aguilar Sánchez.

Precedido por Zapico, Sordo atornilló mucha de las ideas que el secretario asturiano había apuntado previamente en su intervención. Hacía tiempo que no se veía una afinidad tan grande entre un líder asturiano de CCCO y un secretario general de la confederación. Con diferentes acentos y tonos, ambos defendieron el papel y la impronta del sindicato en los aspectos más progresistas de la acción del Gobierno. Sordo puso los ERTE como ejemplo de una salida de la crisis radicalmente distinta a la del crack de 2008, usando el dinero público no para rescatar a la banca a cambio de nada, sino para “salvar tres millones de empleos”.

Unai Sordo. Foto: David Aguilar Sánchez

Deberes para casa. Crear las condiciones favorables a un otoño caliente llevando la consigna salario o conflicto hasta a la última empresa del país. Para Sordo es imprescindible un otoño de movilizaciones que siente a la CEOE a negociar una subida de los salarios. No habrá otra manera. La patronal no lo hará de buena voluntad. El secretario general también pidió al Gobierno “valentía” para regular precios de productos básicos. Para Sordo, o se produce una salida justa de la crisis, o el deterioro de las condiciones producirá desafección, falta de credibilidad de las izquierdas y mayorías ultraderechistas como las de Polonia, Hungría, y quizá muy pronto Italia. La advertencia está ahí. Comienza un curso político imprevisible.

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