Breve y apresurada defensa de la Ministra Montero

Cuando en el reparto de los ministerios fue adjudicado a Unidas Podemos el de Igualdad, muchas pudimos anticipar que la nueva ministra sería uno de los objetivos a derribar.

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Silvia Cosio
Silvia Cosio
Fundadora de Suburbia Ediciones. Creadora del podcast Punto Ciego.

La creación del Ministerio de Igualdad como un ente autónomo en el año 2008 por el presidente Rodríguez Zapatero fue recibido con tal cantidad de inquina, insultos, burlas y desprecios por parte de la reacción que no hizo más que confirmar lo necesitadas que estábamos de ese Ministerio. Ocurre en ocasiones que la fuerte reacción de odio que suscitan algunas novedades, pongamos, por ejemplo, una sirenita negra, es el reflejo de lo absolutamente necesario que es que se lleven a cabo. El Ministerio y la Ministra, Bibiana Aído, fueron el foco de todo tipo de ataques, la carcundia no disimuló lo más mínimo y tomó a Aido como la prisionera principal en su guerra contra todo y contra las mujeres. Se burlaron de su edad y su apariencia, pusieron en duda su capacitación y sus méritos solo por ser mujer, joven y feminista. Cabe recordar que veníamos de ocho años de gobiernos de Aznar y que el Napoleoncito de La Moncloa había convertido su gabinete en un corral de gallos de pelea con sus bonitas metáforas sobre votar y presentaciones en sociedad o con el Ministro Cascos negando la gravedad de los feminicidios. Esa época no tan lejana en la que las mujeres se “morían” tras ser apuñaladas por su pareja, no se contabilizaba a las víctimas y todo quedaba oculto bajo la etiqueta de “crimen pasional” y los susurros de “algo habrá hecho para que su marido le haya puesto el ojo morado”. Como la caída de Aznar se produjo en un clima de máxima tensión política y social por la masiva oposición popular a la Guerra del Golfo y tras las mentiras del gobierno sobre los verdaderos autores del atentado del 11M, el ambiente de constante guerra contra todos del PP y de sus medios afines encontró en el Ministerio y en su Ministra su presa favorita -los señoritos siempre han sido así de valientes y aguerridos-. Es por eso que en esta segunda legislatura del presidente Sánchez, tras haber vivido el fracaso de la primera y con la resaca aún reciente de la mayoría absolutista de Rajoy, la moción de censura y la montaña rusa de elecciones, muchas intuimos que la nueva Ministra de Igualdad, Irene Montero, estaría en el ojo del huracán. Pero nadie fue capaz de prever lo brutal que iba a ser la reacción y mucho menos que viejas aliadas iban a formar parte de esas tropas reaccionarias. Esto último es un hecho inédito y descorazonador. El feminismo es una corriente política y filosófica diversa, heterodoxa y plural, dentro de él conviven diversos enfoques, visiones y performatividades políticas. En su interior se han vivido debates más o menos enconados y pasionales y se han mantenido posturas antagónicas en torno a ciertas realidades -como todo lo relacionado con el eterno debate entre el regulacionismo frente al prohibicionismo, por ejemplo- y ha habido tensiones por la resistencia a aceptar que un feminismo eurocéntrico que no tenga en cuenta todas las realidades y no incorpore la interseccionalidad es un feminismo incompleto e inefectivo para la gran mayoría de las mujeres, de todas las mujeres.

Pero, por muy intensas y tensas que hayan sido las diferencias y discrepancias entre las múltiples y diversas familias dentro del feminismo, es inédito que algunas antiguas aliadas acabaran haciendo causa común con la extrema derecha y centraran todo su músculo político en cargar contra la Ministra de Igualdad hasta el punto de que hacer campaña contra ella parece ser su única preocupación y ocupación.

La primera Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, fue sometida a campañas muy duras de tergiversación política y manipulación y sufrió todo tipo de ataques personales y exabruptos, muchos de ellos muy duros e intolerables, sin embargo las feministas hicimos causa común a pesar de las discrepancias políticas que pudieran separarnos y de la opinión que de su gestión pudiéramos tener. Y lo hicimos porque en ese momento entendimos que Aido era el objetivo de la reacción y también entendimos que cuando se la atacaba lo que realmente se estaba atacando era el feminismo y los derechos de las mujeres.

Durante el Rajonato, entre recorte social y recorte social y a pesar de que parecían más preocupados por la redestribución de abajo a arriba de la riqueza, se produjeron dos de los ataques más virulentos contra los derechos de todes: la Ley Mordaza y el intento por parte del Ministro Ruíz Gallardón de cercenar los derechos reproductivos limitando el derecho al alborto. La reacción del feminismo fue ejemplar: todas unidas defendimos nuestro derecho al aborto y conseguimos la dimisión de Gallardón. A ninguna se nos escapa que la cabeza de Gallardón era una pieza codiciada por Rajoy desde hacía tiempo, pero sin una reacción tan unánime y masiva en la que el feminismo hizo una exhibición de fuerza, unidad y poder, quizás los reaccionarios se hubieran salido con la suya y Rajoy hubiera tardado más en dar caza a Gallardón. Con la vista puesta en Polonia y en Estados Unidos, a ninguna se nos escapa que limitar el derecho al aborto es la punta de lanza de la reacción antifeminista. Es por eso que causa un gran asombro que algunas hayan decidido convertirse en las aliadas de dicha reacción.

“Cada ley, propuesta o reforma que se ha planteado desde el Ministerio ha tenido que enfrentarse a una campaña brutal de desinformación”

Cuando en el reparto de los ministerios fue adjudicado a Unidas Podemos el de Igualdad, muchas pudimos anticipar que la nueva ministra Montero sería uno de los objetivos políticos a derribar. Poco acostumbrado este país a las coaliciones y al reparto de poder y responsabilidades, y con una derecha desatada y azuzada en su radicalismo por los cachorros de Vox, el gobierno de Sánchez se enfrentaba a retos poco transitados en democracia. Frente a cierta actitud triunfalista desde las filas de los votantes de Podemos y la histeria desatada en la derecha, muches optamos por cierta distancia emocional convencides de que, si bien siempre es mejor un gobierno del PSOE que un gobierno del PP y que definitivamente siempre es mejor un gobierno con UP que un gobierno en solitario del PSOE, quizás se estaban poniendo demasiadas ilusiones en unos pocos ministerios. Pero no tardamos en vernos en la obligación de abandonar nuestro estado de ataraxia voluntario. Los ataques que la Ministra Montero se ha visto obligada a padecer no tienen cabida en un país democrático: ha sido insultada por su apariencia, por su edad, por su pareja, por su maternidad y por su clase social. Los señoritos de los masters regalados y las universidades de chichinabo la han insultado llamándola “cajera” -haciendo alusión a uno de los empleos con los que se financió sus estudios- trasluciendo así la calaña moral de la que están hechos. El acoso a Montero ha traspasado todas las líneas rojas, se la ha acosado a ella y a sus hijes a la puerta de su casa o donde pasaba las vacaciones día y noche, se ha alentado esa violencia desde partidos políticos y desde medios de comunicación sin que los responsables hayan tenido siquiera que dar explicaciones. Cada ley, propuesta o reforma que se ha planteado desde el Ministerio ha tenido que enfrentarse a una campaña brutal de desinformación y bulos mezclada con ataques personales y manipulación informativa que ha emponzoñado el debate público. Que las campañas de acoso y desinformación vieniesen de las derechas era lo esperado pero lo que nos ha pillado con el paso cambiado a muchas es que algunas, bastantes, de esas campañas contra la Ministra Montero hayan sido alimentadas desde las filas del PSOE y encabezadas por una ex vicepresidenta y una catedrática autoproclamadas líderes del feminismo. Durante tres años han colaborado en el acoso a la Ministra y han puesto zancadillas al funcionamiento del Ministerio en lo que solo se puede interpretar como una vendetta tras haber perdido el liderazgo del feminismo institucional. Han secuestrado la aprobación de la llamada Ley Trans utilizando las vidas, los cuerpos y los derechos de las personas trans como arma arrojadiza contra una Ministra y han colaborado y tejido alianzas con la extrema derecha en una carrera desesperada por la irrelevancia. Esta semana, aprovechando unas declaraciones de Montero sobre la necesidad de que la educación afectivo sexual sea parte de la educación general de les menores para que desde la infancia puedan detectar situaciones de abuso y aprendan lo que realmente significa el consentimiento sexual y así de adultes no hagan el ridículo diciendo que hay que firmar un contrato antes de follar, tanto desde la extrema derecha más rancia como desde sectores feministas cercanos al PSOE y el terfismo, se ha aprovechado la ocasión para redoblar los ataques a la Ministra a la que se le ha llegado a acusar de forma rastrera de alentar la pedofilia.

En esta guerra constante, en la ya no caben los matices y se nos obliga a estar en una eterna posición de defensa, se nos está hurtando la posibilidad como sociedad de abrir debates profundos y de calado sobre temas complejos que exigen serenidad y buena fe: todo lo relacionado con el trabajo sexual y sobre todo con los derechos de las trabajadoras sexuales, analizar si el punitivismo es el enfoque correcto o si este afán punistivista se volverá contra nosotras cuando cambie la marea politica o empezar a debatir en serio sobre la forma en la que tenemos que afrontar e incorporar todas las diversidades y la necesidad de reconocer el racismo sistémico que lo emponzoña todo… Hace mucho tiempo que personalmente no espero que desde la derecha se finja siquiera interés por construir en común y dialogar, pero he de reconocer que la inquina y la mezquindad desplegada por algunas de nuestras antiguas aliadas me resulta aterradora. Y si bien es verdad que cada una con su nombre y su prestigio es libre de hacer lo que quiera, no es menos cierto que desde fuera también podemos pensar que quizás su compromiso anterior no era más que una forma de mantenerse en el privilegio y en los carguitos.

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