Escuchando escuchar a Yolanda Díaz

La vicepresidenta ensaya en Asturies su "proceso de escucha", con vistas a la reconstrucción acelerada de lo que un día se llamó "el espacio del cambio".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Caminar por las calles del Antiguo de Oviedo/Uviéu con Yolanda Díaz es pararse cada pocos metros a recibir un saludo, una petición de selfie o una palabra de ánimo. Yolanda no pierde la sonrisa ni la amabilidad -“en Madrid hago vida normal en el barrio, la clave es no perder la normalidad” – pero reconoce el cansancio y agotamiento de gobernar y montar al mismo tiempo una nueva plataforma política para 2023, de la que poco sabemos más que unas vagas ideas que se resumen en un infinitivo: sumar. Hacerlo todo, y además tratar de hacerlo bien, supone robarle muchas horas al sueño, a la familia y al ocio: “estamos trabajando por encima de nuestras posibilidades, y cuando ya no puedo más me enfermo. Para el cuerpo por mí porque yo no puedo parar”.

Yolanda Díaz y Rodrigo Cuevas en Piloña. Foto: Luis Sevilla

En el monasterio de Las Pelayas una monja le regala unas pastas de elaboración propia: “cógelas aunque no seas creyente”. Viene de reunirse con la Academia de la Llingua Asturiana, que comparte sede con las hermanas benedictinas. El día antes visitó La Benéfica con Rodrigo Cuevas en Piloña, por la tarde tiene un acto en Xixón, y ahora camina a toda velocidad hacia El Manglar para reunirse con trabajadores de diferentes sectores. Todo el mundo quiere hablar con Yolanda. Todo el mundo quiere ser escuchado por la política de moda. En la izquierda asturiana nadie quiere quedarse fuera de lo que puede ser el último tren para reconstruir y relanzar, o incluso resucitar, lo que un día se llamó “el espacio del cambio”. La denominación de origen del yolandismo está muy disputada en estos momentos, y varias corrientes, sectores y personalidades de la izquierda asturiana han estado discretamente colaborando entre bambalinas para que el debut asturiano de Sumar fuera un éxito.

Foto: Iván G. Fernández

Soportar la presión de ser la gran esperanza progresista en tiempos de aúge de las extremas derechas en toda Europa no debe ser fácil, mucho más si se es “muy autoexigente”, como reconoce de sí misma Díaz. Y es que todos los ojos miran a España en estos momentos de miedo, inflación y guerra. Se viene un invierno duro. Lo sabemos. Nos lo repiten cada tertulia y cada telediario. Si el gobierno de coalición resiste la embestida de las derechas, demostrará ante las izquierdas europeas que hay alternativa a un viejo continente gobernado por gentes tan inquietantes como Le Pen y Meloni. Si sucumbe, la desmoralización por el contrario puede ser absoluta.

“Si el gobierno de coalición resiste, demostrará ante las izquierdas europeas que hay alternativa”

En el equipo de Yolanda son optimistas. También con los datos del empleo, que aguanta por ahora la crisis energética y la subida de precios. Hay malestar e incertidumbre, pero creen que las medidas para mitigar el impacto de la inflación, la reforma de la reforma laboral, que ha disparado la contratación indefinida o los nuevos presupuestos que refuerzan el Estado del Bienestar, van en el camino de infundir en las clases medias y trabajadoras la esperanza de que la política sirve para mejorar la vida cotidiana. Están satisfechos con los últimos presupuestos, pero saben que se han quedado mucas cosas en el tintero. Consideran que todavía hay tiempo para seguir negociando y tensando con el PSOE en temas en los que no quiere dar su brazo a torcer, como la Ley de Vivienda y la derogación de la Ley Mordaza. También apuntan la importancia de más medidas universales, pensadas para esas “clases medias y trabajadoras” de las que tanto habla Pedro Sánchez, y no solo para los más pobres, como el Ingreso Mínimo Vital o el bono social de la electricidad. Un ejemplo de esa centralidad es la gratuidad de los trenes de cercanías, un éxito indiscutible que está llenando los cercanías de toda España, y que beneficia por igual a sectores con rentas muy diversas. “Queríamos que la ayuda para las familias con niños pequeños también fuera universal, pero el PSOE no quiso” reconoce alguien del círculo de confianza de Díaz. La paradoja, apunta esta misma persona, uno de los ideólogos de Sumar, es que el PSOE primero se resiste, pero luego termina haciendo suyas una a una las mismas medidas que primero trató de torpedear dentro del Gobierno. El repaso de Nadia Calviño el otro día a Vox en el Congreso parecía escrito por los guionistas de Unidas Podemos. Lo divertido es que sin embargo venía de alguien que ha sido la guardiana de la ortodoxia neoliberal en el Consejo de Ministros. “El PSOE nunca regala espacios. Eso ya se estudiaba en Primero de Transición” ironizaba el periodista Enric Juliana en Twitter a propósito del inesperado “giro izquierdista” de Calviño.

Foto: Luis Sevilla

Díaz llega al Manglar. Hay expectación entre los trabajadores del bar-restaurante-centro social, y entre los trabajadores de distintas empresas que esperan en la terraza para el acto de escucha. Díaz es una obrerista del siglo XXI. Como ministra de Trabajo se declara no neutral: “este ministerio está para apoyar a los trabajadores”. Está convencida de la centralidad del trabajo en cualquier proyecto progresista, lo que no significa que niegue la importancia de otras identidades y problemáticas. La plurinacionalidad es una de ellas. En 2012, cuando era coordinadora de la federación gallega de IU, Esquerda Unida, lo demostró impulsando Alternativa Galega de Esquerda, una nueva formación que rompía la tradicional barrera divisoria de la izquierda gallega entre nacionalistas y no nacionalistas. En esta visita acelerada a Asturies tampoco falta un guiño asturianista como la visita a la Academia de la Llingua Asturiana. Un gesto inusual en una figura política nacional.

Acto con trabajadores en El Manglar. Foto: Luis Sevilla.

En El Manglar la vicepresidenta escucha a una buena representación de la clase trabajadora asturiana del siglo XXI. CCOO ha colaborado con el equipo de Yolanda en organizar en el encuentro. Hay trabajadores de HUNOSA y el metal, gente del telemarketing, la Universidad, el servicio de atención a domicilio, de la construcción y también de una quesería. En los temas laborales la vicepresidenta está en su salsa. También en este formato que se sale del mitin y que es más bien un pregunta-respuesta que simplemente tomar notas y escuchar. La gente se suelta a hablar y ella también. De sueldos, de convenios, de enfermedades laborales, de precariedad… Yolanda defiende el “contrato relevo” frente a quienes apostaron y apuestan por alargar la edad jubilación. Cuenta las diferencias internas dentro del Gobierno de coalición, “estoy envejeciendo de tantas peleas que llevo”, y pide solidaridad a los compañeros de los sindicatos de la industria para que se movilicen al máximo cuando un sector feminizado y con mucha precariedad como la atención a domicilio se pone en huelga. También lanza otro recado a la CEOE, “tienen un problema con la igualdad”, y reitera que la transición ecológica debe ser justa, “con los empleos dentro”, cuando surge la problemática de las cuencas.

El acto termina. “Lo siento tenemos que irnos, entre otras cosas para que este sitio vuelva a ser un restaurante” bromea alguien del equipo. Yolanda sale corriendo para Xixón. Ahora queda lo más difícil. Organizar todo esto. Se admiten sugerencias.

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