Pioneras de la Nueva Ola

Isabel Acosta (Pelvis Turmix y Las Chinas) y Beatriz Alonso (Los monaguillosh) relataron la semilla de la Nueva Ola en la segunda jornada de Fiasco que tiene lugar en Mieres

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Ni siquiera era La Movida. Eso fue mucho después, a partir del 82, con la primera victoria del social-felipismo. Antes del triunfo por mayoría absoluta de Felipe González, aquel viaje musical era otra cosa, a la que algunos se referían como la Nueva Ola, una explosión contracultural, de orden nacional, interclasista, ominosamente generacional, adolescente y juvenil, que aglutinaba a mods, punks, rockers, góticos, estudiantes, pijos y jóvenes procedentes de una paupérrima clase obrera.

Sería muy ingenuo pensar que aquella ola había nacido de forma espontánea. Habría que remontarse a 1977. Aquel año Jimmy Carter tomaba posesión del cargo como Presidente USA, la crisis del petróleo se hacía hueco en el marco de la Guerra Fría. David Bowie publicaba Heroes, todo un hito en la historia del rock.

Foto: Iván G. Huerta

Si acercamos la lupa a lo que sucedía en España en 1977, afinaremos aún más el marco: había transcurrido un año y medio de la muerte de Franco y España podía ser una fiesta o un polvorín político, en el marco de la Guerra Fría. Merece la pena tomar en cuenta algunos acontecimientos. Estamos en el primer gobierno de la UCD, con Adolfo Suárez al frente. En abril eran asesinados cinco abogados laboralistas, afiliados a CCOO, en su despacho de Atocha; se había pedido la legalización del PCE, mientras el PSOE era legalizado. Unas semanas después se derogará la censura informativa y, finalmente, se firmarán los Pactos de La Moncloa, el primer gran acuerdo entre la patronal y CCOO auspiciado por los partidos para ponerle freno a una inflación que se acercaba peligrosamente al 30%. En un contexto de grave crisis económica, surge la Nueva Ola.

Y de eso fue este martes la charla que Isabel Acosta, Speedy, miembro de Pelvis Turmix y Beatriz Alonso, teclas de Los monaguillosh, mantuvieron junto al novelista y periodista musical Rafa Cervera, autor del mejor libro que se ha publicado en español dedicado a la figura de Lou Reed. En el marco de la séptima edición de Fiasco dedicado a La Movida, ¿Qué Movida? indagaron en los orígenes de la Nueva Ola y, sobre todo, como la vivieron estas dos pioneras de la música española de finales de los 70 y la primera mitad de los 80.

En ese eléctrico año de 1977 Sid Vicious fallecía e Isabel Acosta, la futura batera de las Pelvis Turmix estaba en Paris. “Yo no era punk entonces, pero tuve muy claro desde que llegue que quería ser una de ellos. Yo quiero ser de estos”. Después de aquel periplo por París, regresó a Madrid con el pelo corto y enfundada en unos pantalones cheviot: “Mamá, ahora soy punk”. La llamaban Speedy porque aporreaba la batería a toda pastilla, a un ritmo desaforado, algo necesario para una banda como las Pelvis pero un obstáculo para Las Chinas, la segunda formación pop para la que después tocó.

En el año 78, la futura teclas de Los monaguillos, Beatriz Alonso, se pasaba el día con la oreja pegada al transistor, grabando las canciones de los Undertones o Kaka de Luxe. “Estaban pasando cosas”. Los monaguillosh llegaron a publicar dos sencillos y a telonear a Alaska y Los Pegamoides en su concierto de despedida. “Los grupos podían durar un día o ninguno”. Entonces Bea hacía horas como niñera para pagarse un bajo. Demasiado duro. Su educación al piano terminaría empujándola a los teclados de Los Monaguillosh.

Berna, Lucerna, Zurich. Suiza también tenían sus punks y Speedy era una de ellos. Trabajaba en un restaurante de montaña y todos sus amigos tenían una banda. Así se fue haciéndose una biografía musical, juvenil y rabiosa. Su querencia por los instrumentos de base la llevó a tocar la batería. “Al final, quien lleva la canción desde el principio hasta el final es el bajo y la batería”. Mientras tanto, en Madrid, Bea se contagiaba de una escena musical que comenzaba a encontrar su público en garitos pequeños y colegios mayores. No solo se escuchaban, también se leían en los fanzines como La pluma eléctrica, de donde surgirían poco tiempo después Las hornadas irritantes y el nacimiento de La Nueva Ola.

Como todo es sabido, no sabían tocar, pero todos querían tocar y componer. Ninguno tenía un duro y la escasez de recursos agudizó el ingenio y el “háztelo tú mismo”. Todos tenían algún single, algunos un disco. Y la gran mayoría fueron a caer en 1980 a la Escuela de Caminos de Madrid, donde se celebraba un concierto dedicado a Canito, el batería de Tos, fallecido en accidente de tráfico. Paraíso, Mermelada, Mamá, Alaska y los Pegamoides, Nacha Pop, Trastos, Los bólidos, Mario Tenia y Los Solitarios.

El concierto homenaje a Canito se convirtió en la puesta en escena de un movimiento musical informe, tan influido por Sid Vicios como por Bowie, el glam o el postpunk. En realidad todo cabía en ese placenta cultural que sería retransmitida por TVE y locutada por el crítico musical Diego Manrique.

Foto: Iván G. Huerta

Tanto Isabel como Beatriz recuerdan una escena muy plural y con muchas mujeres, muy alejada de la mirada machista y tóxica que la revisión de la escena indie surgida en la segunda mitad de la década de los 90 y las olas le sucedieron después. “No sabría decirte muy bien cuándo se rompió ese hilo. Por qué dejó de haber tantas mujeres en las bandas o los escenarios desde esa época” reconoce Beatriz. A partir del año 83, las grandes discográficas como RCA primero e Hispavox después se hicieron con el negocio de la música en España. La Nueva Ola había dado paso a La Movida Madrileña. La creatividad de los pioneros y de las pioneras como Speedy o Bea pasaron a ser una segunda o tercera línea de trabajo. La actitud había sido reemplazada por el negocio y muchas de las canciones que grababan en aquellos estudios eran retorcidas por el productor que imponía su criterio sobre el de los músicos. Ante esa situación, muchos se descolgaron. El ejemplo más conocido fue el de Radio Futura. Pero esa es otra historia, otra movida.

Actualidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí