Barbón, un presidente socialista sin agenda progresista

El Gobierno asturiano llega al final de su mandato muy distanciado del giro a la izquierda que Pedro Sánchez está dando en el Ejecutivo de coalición.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Este jueves Enrique Fernández justificaba en sede parlamentaria el despido del 16% de la plantilla asturiana de Duro Felguera como “mal menor” para asegurar la “viabilidad” de la centenaria compañía de ingeniería y bienes de equipo. Fernández, para quien no lo sepa, no es consejero de la empresa, como bien podría deducirse de sus palabras, sino del Principado de Asturias, institución que junto con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales rescató en 2021 a la empresa cuando se encontraba al borde de la quiebra. Una semana antes, otro consejero socialista, Pablo Fernández, responsable de sanidad, elogiaba la colaboración público-privada a propósito de llegada del Grupo Quirón, con argumentos que perféctamente podría firmar su homólogo en el gobierno de Isabel Díaz Ayuso. ¿Tan difícil es hoy encontrar a políticos asturianos del PSOE diciendo cosas que suenen a izquierda?

La defensa de los impuestos frente a la exigencia de rebajas fiscales, el monotema de las derechas locales, es la señal más progresista que el Gobierno de Adrián Barbón ha emitido en los últimos tiempos a la sociedad asturiana. Es cierto que el presidente no ha querido apostar por mayor progresividad fiscal, tal y como le pedían Podemos e IU, pero también lo es que no se ha sumado a las bajadas de impuestos de Ximo Puig en Valencia o a las críticas desde la Castilla La Mancha de Emiliano García-Page a la reforma tributaria del gobierno de coalición por su “frentismo barato”. Centrismo fiscal.

Pablo Fernández, consejero de sanidad. Foto: Iván G. Fernández

Más allá de esta defensa de principios tan básicos como “sin impuestos no hay servicios de calidad” o “los que más tienen deben contribuir más”, no abundan las señales progresistas en un Gobierno que hace no tanto generaba ilusiones incluso más allá del espacio socialista, sobre todo en temas simbólicos y de derechos civiles. El fiasco de la Ley LGTB, considerada por el propio movimiento LGTB como una tomadura de pelo que no cambia nada, es el último episodio de este desencanto con Barbón que empezó fraguarse con el fracaso/renuncia de la oficialidá.

“Terminada la pandemia y fracasada la reforma del Estatuto, el presidente se quedó sin demasiado que contar a los asturianos y asturianas”

Inmovilismo, centrismo y mejor dejamos las cosas como están marcan el final de una legislatura con más ruido que nueces. Barbón puede seguir siendo un personaje público amable y simpático, no es poco para un gobernante, pero ha resultado decepcionante para quienes esperaban algo más de él. Terminada la pandemia y fracasada la reforma del Estatuto, el presidente se quedó sin demasiado que contar a los asturianos y asturianas. Lo que ha venido después, el Adrián Barbón tardío, tiene un tono bastante plano y las señales que emiten sus consejeros son por momentos inquietantes, tratándose de personas que se autoproclaman como “socialdemócratas”, como esta semana hacía con orgullo el vicepresidente Juan Cofiño.

Adrián Barbón y Juan Cofiño en la Junta General. Foto: Iván G. Fernández

Y es que lo de Cofiño merece punto y aparte. Es el peso pesado del Gobierno Barbón y un socialista muy a la derecha, cuyas ideas políticas están en completa sintonía con la Cámara de Comercio y lo que queda de Cs. La Ley de Calidad Ambiental promovida desde su consejería, es, a pesar de su edulcorado nombre, una normativa redactada en exclusiva para reducir los controles medioambientales a las empresas, en la línea de medidas similares aprobadas por el PP en Andalucía.

También del departamento de Cofiño viene un protocolo para La Vega que entrega un buen trozo de la histórica fábrica ovetense al mercado inmobiliario: 100.000 metros cuadrados de edificabilidad en un espacio que condensa 166 años de historia. De nuevo la apuesta económica pasa por el ladrillo. El vicepresidente ha contado para la operación con una ayuda inestimable: el silencio de la Consejería de Cultura, encargada de velar por el patrimonio de la fábrica. Hasta la fecha la consejera no ha dicho ni mu. Berta Piñán, la que venía de la literatura a la política para ser la consejera de la oficialidá, puede terminar siendo recordada como la colaboradora necesaria en la desmembración de La Vega, el derribo de los chalets y otros edificios de uno de los conjuntos industriales mejor conservados de España

Central eléctrica de la Fábrica de La Vega, uno de los edificios amenazado de derribo. Foto: Javier Ordás

Siguiendo con el repaso, en el área de Cohesión Teritorial Alejandro Calvo se ha apuntado un muy buen tanto con la tarifa plana de transporte público CONECTA, pero su defensa de la movilidad sostenible parece limitada a aquellas actuaciones que sean coincidentes con los intereses de ALSA, y sobre todo resulta muy contradictoria con su reiterada apuesta por la contestada Ronda Norte, una autopista a través de la ladera del Naranco, cuyos principales valedores son en estos momentos Alfredo Canteli, Vox y él mismo.

En derechos sociales Melania Álvarez ha sido suspendida por los olvidados inquilinos de las viviendas públicas de VIPASA, pero también por los matratados beneficiarios de las ayudas al alquiler, desesperados por los retrasos en los cobros de las subvenciones. No deja de sorprender que quien no ha sido la más brillante en la gestión de su negociado, se ponga sin embargo dura con los asturianos más pobres, los receptores del salario social. Su propuesta de endurecer las condiciones para cobrarlo han escandalizado a Podemos e IU, que la han acusado de “asumir” el discurso de Vox sobre el salario social. Álvarez por cierto, fue anteriormente militante de IU, el partido que instauró esta ayuda cuando gobernaba junto a Vicente Álvarez Areces. Desde 2014 milita en el PSOE.

Barbón llega pues al final de su mandato con un Gobierno asturiano sin agenda progresista, justo cuando el Ejecutivo de Pedro Sánchez parece girar a la izquierda en temas centrales como fiscalidad, y con unos presupuestos expansivos que buscan reconectar con unas clases medias y trabajadoras angustiadas por la crisis que viene. Mientras el Ejecutivo central despliega esa agenda social que habla de fortalecer el Estado del Bienestar, a Barbón, sanchista de primera hora, hasta se le atraganta la gratuidad del 0 a 3, y propone con alternativa un cheque para las familias que no pueden acceder a la muy deficiente red pública. No solo parece que el presidente no tiene agenda progresista, sino que todo apunta a que buena parte de su gobierno tiene otra, y es de signo abiertamente liberal.

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1 COMENTARIO

  1. Falta indagar y denunciar el despilfarro de dinero público en un proyecto pensado para favorecer a militantes del PSOE, la Z.A.L.I.A., que sigue aumentando la deuda multimillonaria año tras año sin que nadie ponga nombre a los responsables y les exija responsabilidades de todo orden.

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