“La prioridad debe ser la regeneración ambiental de las cuencas mineras: nadie quiere vivir en zonas degradadas”

Esmeralda Palacio, presidenta del Conceyu Pola Transición Xusta, considera fundamental evitar los errores de los fondos mineros.

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Andrea Núñez
Andrea Núñez
Es periodista.

Esmeralda Palacio es la presidenta del Conceyu Pola Transición Xusta, entidad que acaba de celebrar esta semana en La Felguera sus jornadas anuales. Desde su fundación, en 2019, la búsqueda de nuevos empleos, la fijación de población y la recuperación urbanística y medioambiental de las antiguas cuencas mineras están en la base de una asociación muy activa, sobre todo en la cuenca del Nalón. Está convencida de que la participación ciudadana es fundamental para lograrlo.

¿Qué características tiene que tener la transición justa? ¿Cambió en algo vuestra visión desde el inicio de la agrupación hasta la actualidad?

Desde hace tres años que comenzamos a trabajar para impulsar la participación ciudadana, nuestro programa de transición se ha visto reforzado. Estamos más convencidas y convencidos de que la prioridad tiene que ser la regeneración urbana y ambiental de los valles del Nalón y Caudal, porque esa es la condición de posibilidad para cortar el éxodo poblacional, atraer gente joven y abrir nuevas oportunidades de localización de empresas y equipamientos del siglo XXI. Ni la gente se queda a vivir en zonas degradadas urbanística y ambientalmente, ni las empresas de tecnología puntera, como las que aspiramos a que se instalen aquí, vienen con esas condiciones. Vendría ser algo así como “dime qué calidad territorial y ambiental ofreces y te diré que empresas puedes atraer”.

¿Hay nuevos planes y objetivos? ¿Cuál es el papel de las zonas rurales en la transición justa?

Muy importante. Tanto el documento de diagnóstico como el de participación pública del Instituto para la Transición Justa hacen hincapié en las potencialidades del sector agroalimentario y forestal de las zonas altas del Nalón y el Caudal. Aunque parezca paradójico, nos parece que las zonas rurales de los concejos más al Sur tienen las “pilas” más puestas sobre las oportunidades que brinda la transición justa a través de los Grupos de Desarrollo local que tienen constituidos desde hace años.

Hablamos de “la última oportunidad para el futuro de las Cuencas” pero… ¿hasta cuándo?

El último tren está en marcha y tiene su estación de llegada en 2027, al final del próximo mandato de los ayuntamientos y del Gobierno regional. Que subamos al tren o nos quedemos en la estación viéndolo pasar depende, en primer lugar, de los ayuntamientos como instituciones más cercanas, después del Gobierno del Principado de Asturias y, a continuación, de empresas, organizaciones sindicales, asociaciones cívicas y toda persona comprometida con estos valles.

Esmeralda Palacio. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cuántas oportunidades van? ¿Qué falló en los antiguos planes?

En efecto, tenemos que tener en cuenta los fallos en los planes llevados a cabo a lo largo de más de 20 años para no cometer los mismos errores. A la vista de lo recogido en el informe del Tribunal de Cuentas sobre la gestión de fondos mineros y otras aportaciones, en nuestra opinión, cuatro son los factores que explican el fracaso de los planes de la minería desde la óptica de crear una estructura económica alternativa al carbón: la ausencia de planificación, la falta de objetivos medibles en cuanto a nuevos empleos a crear, que compensasen en alguna medida los desaparecidos por el cierre de explotaciones, la ausencia de un horizonte de regeneración urbana y ambiental a alcanzar y, en cuarto lugar, la ausencia de canales para el ejercicio de procesos de participación pública.

Uno de los pilares de este movimiento podríamos decir que es la “fe” o confianza en la participación ciudadana. Activar ese espíritu revolucionario del que tanto habláis. ¿Seguís creyendo que es posible? ¿Habéis visto un avance en los vecinos y vecinas de Langreo en este aspecto?

Es el obstáculo más difícil de remover. 20 años de cierre de explotaciones mineras y otras actividades complementarias, contabilizando plan tras plan el fracaso de la diversificación económica y el desarrollo alternativo, generaron un profundo desanimo y una actitud de fracaso muy arraigado, muy difícil de revertir. Esa visión social dominante sólo se modifica con hechos. Por eso confiamos en que la transición justa traiga nuevas realidades y con ellas la recuperación del espíritu de lucha y emprendimiento que tiene la gente del Nalón y el Caudal.

Además de esta participación ciudadana, desde el Ayuntamiento, ¿las propuestas se ajustan a las necesidades? ¿Contáis con apoyo municipal?

Como comentamos anteriormente, en nuestra opinión, los ayuntamientos son las instituciones “clave” para impulsar la transición justa. Por dos razones: su cercanía a la ciudadanía y sus competencias en materia de planificación urbana y regeneración ambiental. En los ayuntamientos recae la mayor parte de responsabilidad para generar un nuevo liderazgo sobre la transición justa.

Esto nos lleva a mencionar una vez más los baldíos industriales de Langreo y el “famoso” Consejo Municipal. ¿En qué situación nos encontramos?

Después de la reunión celebrada con los grupos municipales hace un mes somos optimistas, confiamos en que se materialice un órgano de participación pública. Es parte de ese liderazgo que tiene que tener la corporación municipal, junto a la ciudadanía, para impulsar la transición justa.

Si ponéis en una balanza lo conseguido, miráis atrás y pensáis en el porqué de crear este movimiento… ¿Creéis que mereció o sigue mereciendo la pena? ¿Tenéis esperanza en que se siga avanzando y lograr esa recuperación y rehabilitación de las cuencas, en este caso de Langreo?

No podemos decir que hemos conseguido cosas, somos conscientes de nuestras muchas limitaciones y que nuestra actividad es fundamentalmente propagandista. En este sentido no nos centramos en el “qué”, sino que hacemos hincapié en el “cómo”, porque la forma en que se hacen las cosas determina en contenido de los proyectos a materializar. Si en el proceso de definición de los contenidos de los Convenios de Transición Justa sólo participan los de siempre, los que se aprovecharon de los anteriores fondos mineros, los beneficiarios serán los de siempre. Por el contrario, si logramos que el horizonte sea el resumen de diferentes miradas, que los objetivos a lograr sean el resultado del acuerdo de ayuntamiento, instituciones, empresas, sindicatos, Universidad y asociaciones, habrá más posibilidades de que la transformación sea en beneficio de todas las partes.

¿Cuál es vuestra visión del futuro de Langreo?

Si logramos que la participación pública se tome en serio, y se concrete en una planificación de los objetivos y medidas en el horizonte 2027, podemos lograr que Langreo y los valles del Nalón y del Caudal se parezcan a cómo nos lo gusta imaginar.

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