Gerardo Iglesias, para que las batas sigan blancas

No quiere privilegios ni saltarse las listas de espera que lleva años padeciendo, sino exponer su caso como ejemplo de la situación de la sanidad.

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Xuan Cándano
Xuan Cándano
San Esteban de Bocamar (1959). Periodista. Redactor en RTVE-Asturias. Fundador y exdirector de Atlántica XXII. Es autor de "El Pacto de Santoña" (Madrid, 2006)

Las imágenes y las palabras hace unos días de Gerardo Iglesias frente a la entrada del HUCA provocaron una cierta conmoción en Asturias. Escuchar al exdirigente comunista en silla de ruedas, con el hilo que voz que provoca su deterioro físico, pero con la firmeza y la talla moral que aún conserva, fue una bofetada de realidad para los responsables politicos de la sanidad asturiana, cuyo discurso casi triunfalista sobre el drama de las listas de espera y el deterioro del servicio público contrasta con la abierta y detallada denuncia de quien fuera el fundador de Izquierda Unida.

Gerardo Iglesias no quiere privilegios ni saltarse las listas de espera que lleva años padeciendo, sino exponer su caso como ejemplo de la situación de la sanidad pública. Y eso es en realidad un ejercicio de generosidad, porque su gesto puede animar a otros pacientes y ha conseguido sensibilizar a la opinión pública ante la necesidad de poner freno al deterioro de la asistencia sanitaria y a las insoportables listas de espera, de las que solo se beneficia la sanidad privada, que ya empieza también a colapsarse.

“Gerardo Iglesias no quiere privilegios ni saltarse las listas de espera que lleva años padeciendo”

Gerardo conmocionó a la gente porque su caso tiene una evidente carga simbólica, tanto por las malas prácticas que lleva años padeciendo su espalda, hasta provocarle una progresiva pérdida de movilidad y grandes dolores, como por la historia personal de su protagonista, verdaderamente excepcional.

Nacido en una familia minera de las cuencas que padeció una dura represión por parte del franquismo, Gerardo fue uno de esos comunistas heroicos durante la dictadura, a la que se enfrentó desde que era un chaval. Padeció cárcel, malos tratos y torturas, pero jamás delató a un compañero de la lucha antifranquista, como le había pedido su padre.

Gerardo Iglesias durante su comparecencia en el HUCA. Foto: Iván G. Fernández

Iglesias fue como un hijo para Horacio Fernández Inguanzo, “El Paisano”, que sería el primer consejero de Sanidad en Asturias en el gobierno preautonómico del presidente Rafael Fernández, y accedió a la secretaría general del PCE tras su debacle electoral de 1982, justo hace 40 años. Santiago Carrillo se equivocó con él, confundiendo su probada obediencia a la jerarquía del partido y a su disciplina interna con docilidad. Gerardo no se plegó a su pretensión de convertirlo en un títere y acabó fundando Izquierda Unida, un experimento moderno que pretendía superar los viejos dogmas de la izquierda y a los partidos políticos clásicos, empezando por el PCE. Pero su propuesta, adelantada muchos años a las nuevas dinámicas políticas e incluso a los aires renovadores que trajo el 15-M, acabó fagotizada por la ortodoxia comunista.

Su dimisión y su regreso a Asturias para volver a trabajar de picador en Hunosa, en el pozo Polio, fue una decisión insólita que prestigió su figura ante la opinión pública, nada acostumbrada a que un político profesional, con escaño en el Congreso, abandonara esa cómoda y bien remunerada actividad para volver a vestir el mono de trabajo, además en las entrañas de la tierra. No fue bien recibido por los suyos, ni siquiera en el pozo. Mucha gente no le perdonó su desplante porque quedaba en evidencia. El desprecio de Gerardo Iglesias por la política profesional, un verdadero cáncer para la democracia, con conexión en el mundo del trabajo a través de las liberaciones sindicales, conocidas en Hunosa como “la chequera”, le pasó factura ante muchos dirigentes políticos y sindicales de las organizaciones en las que militó y en las que tuvo responsabilidades desde el franquismo. También con los socialistas, del PSOE, del SOMA y de la UGT, con quienes siempre fue muy crítico, en especial con José Ángel Fernández Villa. Cuando volvió a la mina se sintió decepcionado con la pérdida de valores que observó en la clase obrera y la burocratización de sus organizaciones. También contra eso se rebeló, algo que no suma precisamente adhesiones. IU le propuso encabezar la lista en las elecciones autonómicas, pero pidió primarias y una candidatura pactada con los sindicatos y los movimientos sociales, lo que fue rechazado.

Emilio Huerta “Triqui”, Gerardo Iglesisias, Horacio Fernández, Armando López Salinas y Marcelino Camacho

Una fatal caída en el pozo desde unos 15 metros inició en 1990 un calvario que no ha hecho más que agravarse. Los médicos y el resto del personal en hospitales y centros de salud son los héroes durante la pandemia de la covid, que no ha remitido definitivamente, y su esfuerzo y dedicación la esencia del sistema sanitario, un pilar del Estado del bienestar y una fortaleza en España, a pesar de su retroceso tras recortes y privatizaciones. Pero el caso de Gerardo Iglesias es un toque de atención sobre su crisis y la falta de atención a determinados pacientes, víctimas de malas prácticas.

El propio expolítico las detalló frente a los periodistas y en un amplio dossier que les proporcionó, porque mantiene la cabeza despierta y la lucidez intacta, así que no hacen falta mayores explicaciones. Gerardo padeció en su largo periplo por consultas, hospitales y quirófanos tratamientos chapuceros, errores médicos y maltrato profesional.

“El historial médico de Gerardo Iglesias es demoledor y justifica su denuncia ante el Defensor del Pueblo”

El historial médico de Gerardo Iglesias es demoledor y justifica su denuncia ante el Defensor del Pueblo. Denota incompetencia y desacierto en su diagnóstico, y en las cinco intervenciones a las que fue sometido, hasta llegar a lo que se denomina “síndrome de cirugía lumbar fallida”. Algo inquietante si repasamos un informe de 2012 de la aseguradora AOK, la mayor de Alemania con veinticuatro millones de asegurados, en el que se indica que en ese país dos terceras partes de las intervenciones realizadas sobre la columna vertebral (las más caras en cirugía ortopédica) eran innecesarias. Y que médicos y hospitales sobreindicaban este tipo de intervenciones en ese país, donde la sanidad es semipública, con ánimo de lucro.

También describe Gerardo el problema de la descoordinación, con médicos aconsejando tratamientos radicalmente diferentes, sin querer comunicarse a pesar de estar en despachos separados por pocos metros. Sin faltar incompatibilidades tan legales como manifiestas, con el paciente acudiendo a la clínica privada de un doctor porque no logra que lo atienda en su puesto de trabajo en la sanidad pública. Nada que no puedan ratificar otros pacientes con cuadros similares.

Gerardo Iglesias tras su regreso a la mina en 1989. Foto: Ayuntamiento de Mieres.

Gerardo Iglesias entiende que padece una gran animadversión desde algunos estamentos de poder y tiene razones para ello. Lo pudo comprobar cuando quisieron impedir que cobrara la pensión que le correspondía, lo que logró gracias a la intervención de un alto funcionario de ideología conservadora que le confesó que había una mano negra en un organismo público empeñada en impedirlo. Más dudoso y discutible es que en este calvario que sufre, cuyo último episodio es retrasarle año y medio una nueva operación para retirar un tornillo y paliar los grandes dolores que padece, se deba a una especie de castigo personal. La indiferencia y la deshumanización que denuncia más bien parecen consecuencia del desconcierto y la falta de respuesta del sistema sanitario español ante casos como el suyo, provocados por errores clamorosos que no sabe como solucionar.

Lo que admite pocas discusiones es el retroceso de la sanidad pública española, de la que las primeras víctimas son sus profesionales, sometidos a una actividad estresante en la que apenas pueden atender en condiciones a los pacientes. Y con trabajos precarios y mal remunerados, lo que explica que más de 18.000 médicos hayan emigrado de España en los últimos diez años. También la falta de transparencia del sistema, que no hace públicas las listas de espera.

Que Gerardo Iglesias – miembro de esa minoría de valientes que se enfrentaron a una dictadura y en democracia hicieron posibles los servicios públicos que ahora disfrutamos- tenga que padecer este tormento y sufrir innecesariamente en una lista de espera que nadie le explica indica que en la sociedad española algo está fallando, más allá del sistema de salud. Serán esos valores que fueron desapareciendo con el movimiento obrero. Él los conserva, como demuestra que en estos últimos años, en la soledad de su domicilio de Uviéu, donde no faltan las visitas y ánimos de amigos, los haya empleado en sumarse a la querella argentina contra los torturadores del franquismo y en varias publicaciones, entre ellas un libro monumental y enciclopédico sobre la guerrilla que ya forma parte de la mejor bibliografía asturiana sobre el tema. Su coraje, su dignidad y ese talento autodidacta que sigue cultivando se conservan sanos, activos y robustos. Y lo mantienen en pie, aunque no sea por tiempo prolongado y necesite a menudo la ayuda de una silla de ruedas como la que usó para comparecer ante los periodistas frente al HUCA.

La ciudadanía nunca olvidará la labor impagable de los hombres y mujeres de las batas blancas en su lucha contra la covid. Tampoco consentirá que se ensucien y se vuelvan negras porque las administraciones no sepan o no quieran atajar la grave enfermedad que padece la sanidad pública, como están haciendo con Gerardo Iglesias.

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7 COMENTARIOS

  1. Lo que le está pasando a Gerardo es lamentable. Un hombre que siempre estuvo defendiendo al obrero, exponiendo su vida para defender causas injustas , formando un partido donde las personas tenían cobijo y podían exponer sus pensamientos políticos en plena libertad, no tiene sentido que después de lo hecho, sea tratado de forma tan injusta. A mi me parece que, por lo menos, los que conocemos la trayectoria de Gerardo Iglesias, no le dejemos ahora en manos de esa chusma que solo busca sus propios intereses. NO SOMOS POCOS LOS QUE ESTAMOS A TU LADO.

  2. La sanidad pública se acaba. No se pueden mantener 12 hospitales públicos en Asturias con tan pocos médicos y con los sueldos más bajos de Europa. Casi 20.000 médicos se fueron a trabajar al extranjero donde cobran tres o cuatro veces más y trabajan en mejores condiciones. Nosotros pagando su formación, que cuesta un huevo, y ellos emigrando.
    Además eso de que todo sea gratis para todos es muy peligroso, porque abusamos del sistema para chorradas y luego no se puede atender lo importante.
    Gerardo puede decir que le tienen manía, pero esto nos pasa a todos. Estamos viendo que el edificio se cae y nadie hace nada.

  3. Deberia hacerse una ley nacional sobre las listas de espera sanitaria y que regule los medicos y personal sanitario que tienen que tener las comunidades autonomas por habitantes. Se esta deteriorando la sanidad y al final será demasiado tarde cuando queramos solucionarlo.

  4. Deberia hacerse una ley nacional sobre las listas de espera sanitaria y que regule los medicos y personal sanitario que tienen que tener las comunidades autonomas por habitantes.

  5. En la foto de la salida de la mina, veo a los políticos de la derecha española, entrando en los consejos de administración de las eléctricas (es ironía).

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