Mallada no es Ayuso

La dimisión de la Presidenta del PP deja a un partido a la deriva, con el liderazgo de Feijóo cuestionado por la crisis del CGPJ.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Vini, vidi, vinci. Alberto Núñez Feijóo sólo aterrizó en la sede de Génova, cuando la cabeza de Pablo Casado estaba ya servida en una bandeja fría. Un gallego nunca llega tarde ni pronto, sólo cuando exactamente se lo propone. Feijóo se sentaba ante la mesa de su despacho con un aparente programa reformista y un halo de solvencia que le hacía parecerse a Julio Cesar después de haber cruzado el rio Rubicón de la política conservadora española. Apremiado por las encuestas, devorado por VOX, trató de reformular el proyecto político del Partido Popular vistiéndolo con ropajes de gobernante pragmático y eminentemente técnico, y sería recompensado con la mayoría absoluta de Juan Manuel Moreno Bonilla en Andalucía y la descomposición del partido neofascista de Santiago Abascal.

Pero no todo iba a ser tan fácil. El tiempo y la sagacidad de Pedro Sánchez han demostrado que el gobierno de coalición puede ser perdurable y, sobre todo, transformador, combinando las políticas del cambio de su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, tribuna de la plebe, con las políticas del vértigo. Hoy, unas y otras se funden en una misma acción de gobierno determinada por la coyuntura internacional y celebrada por el conjunto de estados de la UE. La excepción ibérica, el tope al precio del gas, la entente fiscal USA-UE, el nuevo gaseoducto Barcelona-Marsella, o los buenos datos de empleo han arrinconado a Feijóo que llegaba a Madrid con un programa liberal obsoleto. El PP de Feijóo está solo en todas las instituciones y eso se paga.

Mientras el gobierno de Pedro Sánchez ha venido aprobando leyes, Núñez Feijóo sigue tratando de dirimir el mismo dilema que aniquiló a Pablo Casado de la presidencia el PP. O afronta un modelo que apueste por gestores liberales como Juan Manuel Moreno Bonilla o se entrega al discurso iliberal de Díaz Ayuso. En ninguno de los dos casos, se percibe que el discurso conecte con las políticas de la UE. Ni rastro de Macrón en sus palabras ni mucho menos de su correligionaria Ursula von der Leyen. Se diría que en estos momentos, el objetivo de Feijóo no es ganar las elecciones, sino consolidar un liderazgo balanceante. Por el medio, al presidente popular español sólo se le han conocido decisiones de orden orgánico que han tratado de reforzar un liderazgo de carácter dirigista. Una de las primeras directrices fue convocar congresos de urgencia donde no los hubo en los últimos años. Primera parada: Asturias.

El PP en Asturias es una anomalía. En Génova buscan candidatos ganadores. Se buscan vencedores, como el propio Núñez Feijoo o Moreno Bonilla, que lograron destruir a Ciudadanos en Andalucía. Teresa Mallada no encajaba en ese perfil. Demasiado amable, demasiado camaleónica y, al tiempo, previsible, sin suficiente fuste político, sin conexiones perennes con los capitales. Convocada hace cuatro meses a una reunión con el líder en Génova, se le comunicó que ya no contaban con ella. Permanecerá en los cargos de forma transitoria y se le reconocerá su sacrificio. Hasta hoy.

Como un guion cuya puesta en escena se difiere, por fin, el mes pasado, Teresa Mallada renunciaba públicamente a ser candidata del PP en Asturias. Consecuentemente, esta semana dimitía como presidenta. La bicefalia es imposible en el PP, a diferencia de FORO. Recuerden la importancia de ser dúctiles. El PP es un partido rígido y anquilosado. Otro factor de su fracaso. Sea como fuere, el miércoles, las televisiones nacionales se hacían eco de una noticia que, en otras circunstancias, sólo ocuparía un breve en la sección de sucesos de un diario nacional. A nadie sorprende una nueva dimisión en Asturias. El PP asturiano lleva encadenando crisis internas desde la escisión que impulsó Francisco Álvarez Cascos y que propició la fundación de FORO. Pero el medio es el mensaje. Y la dimisión de Mallada, un poco adulterada, no ha caído en saco roto en los noticiarios conservadores. El medio es el mensaje.

Alberto Núñez Feijóo y Teresa Mallada, en el Teatro Campoamor de Oviedo. Foto: Iván G. Fernández

La derecha asturiana tiene una sólida y granítica armazón de orden cesarista, pero carece de una estructura social y económica, que le otorgue estabilidad y posibilidad de movilizar el voto en Asturias. El PP no es atractivo para las grandes fortunas, tampoco lo es para las grandes empresas e industrias y tiene competidores con menos lastre y más porvenir en Adrián Pumares, capaz de desestabilizar una negociación. El PP de hoy es incapaz de influir en las grandes decisiones, algo de lo que FAC sí era capaz desde Madrid. La derecha social y los grandes capitales asturianos han sabido tejer alianzas desde otro prisma, más diverso, más heterogéneo y multipolar: desde el localismo de Alfredo Canteli, pasando por el alfil socialista de Juan Cofiño, y cristalizando en la cohesión de la FADE y las Cámaras de Comercio.

Teresa Mallada no está en esas esferas ni tampoco es Ayuso. El carácter es el destino del hombre, afirmaba Heráclito. Entre la renuncia a ser candidata y la dimisión como presidenta del PP asturiano han sucedido cosas. La dimisión de José Carlos Lesmes del Consejo General del Poder Judicial agravó hace unas semanas la mayor crisis institucional del Estado español. El Poder Judicial se encuentra en la situación más precaria de toda su historia. Lleva 4 años sin renovar sus cargos. Sus decisiones no están apoyadas en ninguna legitimidad democrática. No está de más volver a recordar que una falla en la arquitectura constitucional de esa magnitud, puede poner en peligro el papel de España en la UE. España corre el riesgo de ser Hungría o Polonia. Piensen en Fondos Europeos y no sólo en el funcionamiento de un ordenamiento jurídico, tocado en uno de sus pilares principales.

La dimisión de Lesmes activa una negociación urgente entre el Gobierno y el Jefe de la oposición, alentada por el Comisario de Justicia de la UE que será saboteada por Ayuso. Es la primera vez que Feijóo interviene activamente en la política institucional. Desde la Puerta del Sol se subordina la negociación a la suspensión de la reforma del delito de secesión. El torpedo lanzado desde las filas de Isabel Díaz Ayuso a un acuerdo acariciado con las manos estalla en la línea de flotación del liderazgo de Núñez Feijoo que se ha visto obligado a descabalgar de ese caballo, obligándole a continuar violentando la Constitución. Más allá de la cuestionable solvencia o buena fe del gallego, esta es la primera manifestación de verdadera debilidad del último presidente del PP, alentada por la presidenta de la Comunidad de Madrid.

La dimisión de Mallada pretendía ser una expresión del nuevo dirigismo de Núñez Feijoo: estos son mis poderes y sólo quiero rodearme de vencedores. Posiblemente, el nuevo presidente del PP desconocía que detrás de Mallada, no quedan muchos repuestos sobre los que escoger. El deterioro de los populares en Asturias, con Pablo González como eterno segundón, ha llegado a un abismo insondable. Navegan a la deriva, sin presidenta, sin candidatos, sin horizonte al corto y medio plazo. Solo Canteli consigue mantener el fuerte defendido desde los postulados clásicos de una derecha vetusta o, mejor dicho, neorrancia. Alvaro Queipo, alejado de Mallada y Secretario General, puede ser una solución moderna y razonada. Una verdadera apuesta desde la derecha por la reforma del Estatuto desde el consenso institucional y parlamentario y, lo más importante, capaz de mantenerle un pulso político a Adrián Pumares.

Ciertamente, a Feijóo no le pasará factura una debacle electoral en las próximas elecciones autonómicas asturianas. El PP asturiano influye más desde Oviedo que desde Fruela y el alcalde de Oviedo ha convertido la capital del principado en el bunker de la derecha asturiana, a falta de saber qué sucederá en las próximas elecciones locales de Gijón. Todos los fracasos, por pequeños que sean, suman y para entonces, Ayuso, con una nueva victoria en Madrid, puede salir reforzada y atreverse a moverle la silla al actual inquilino en Génova. Habrá que ver que posición adopta Mallada, que seguirá siendo miembro del Comité Nacional del Partido. Por el momento, ella apuesta por un candidato que sea militante de su partido. Esta declaración puede parecer una obviedad, pero quién sabe, quizá por obvia desvela una sospecha: a lo mejor, el candidato de Feijoo para el PP en Asturias está en otras siglas. Yasssss.

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