La cohabitación

Se abre la oportunidad de corregir esa cultura interna del todo o nada, de expulsión del bando perdedor, e ir a una organización más integradora.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En un ambiente algo menos crispado que el diciembre pasado, las primarias de Podemos Asturies han concluido con una contundente victoria de la candidatura encabezada por la pediatra Covadonga Tomé, afín al ex secretario general Daniel Ripa. El equipo de Tomé, Laura Tuero y Xune Elipe ocupará los principales puestos de la lista autonómica, tanto en la circunscripción central como en las alas. A nivel municipal, por el contrario, son las candidaturas respaldadas por la coordinadora Sofía Castañón las que se imponen en la mayoría de concejos. Se inicia con ello en la formación morada un novedoso periodo de “cohabitación”, como llaman en Francia al momento en el que coinciden un partido en la presidencia de la República y otro en el gobierno.

En Vistalegre I Podemos fundó una cultura política interna del todo o nada. La homogeneidad de las direcciones salidas de los procesos de primarias dotó al partido de mucha agilidad en la toma de decisiones, pero al mismo tiempo generó una dinámica de expulsión sistemática de los perdedores. Quienes perdían, conscientes de que no iban a pintar nada, se iban a su casa. Una dinámica centrifugadora que, tras un número incalculable de procesos de primarias, contribuyó a la pérdida de músculo militante y territorial del partido.

“En Vistalegre I Podemos fundó una cultura política interna del todo o nada

La cohabitación abre la oportunidad de corregir esa cultura interna del todo o nada, de expulsión del bando perdedor, e ir a una organización más integradora, más basada en la negociación, los pactos internos y el equilibrio de poderes y contrapoderes. O eso, o seguir instalados en el conflicto interno permanente. A los vencedores les toca ser elegantes en la victoria y evitar la tentación del revanchismo, a la dirección abrirse y levantar unas sanciones que dañaron seriamente la imagen pública del partido. Los tuits de Sofía Castañón y Alba González Sanz felicitando a Covadonga Tomé son un gesto de normalidad que no debería caer en saco roto. Podemos necesita quitarse toxicidad, algo nada fácil en una era de política digital que invita al calentón y la bronca en redes sociales.

Por delante queda lo más difícil, estructurar junto a IU, los sindicatos y las organizaciones sociales, una buena oposición de izquierdas al barbonismo-cofiñismo, ese gobierno autonómico situado cada vez más a la derecha. La profesión de Covadonga Tomé no es un asunto menor de cara a este proceso, y puede ser uno de sus mejores activos ante la opinión pública. La denuncia del deterioro del antes modélico sistema de salud público asturiano debería ser una de las banderas de ese frente social y parlamentaria por construir. Si las izquierdas asturianas juegan con inteligencia sus cartas estarán en condiciones de tener su propio Sumar en mayo de 2023.

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