Barbón y La Vega

La buena sintonía de los presidentes autonómicos socialistas con los alcaldes de derechas de la capital es una larga tradición en la política asturiana.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El sábado, mientras 2.500 vecinos y vecinas, cálculos de la policía, o 3.000, cálculos de Nortes, concluían una multitudinaria manifestación en defensa de la fábrica de La Vega, Adrián Barbón tuiteaba su indignación con la acción de dos jóvenes en el Museo del Prado contra el calentamiento global: “Con estas cosas me pongo malo. ¿Salvar nuestro patrimonio natural exige destruir o dañar nuestro patrimonio cultural? ¿En serio? ¿Qué forma de reivindicar es esta?”. Error de cálculo. El presidente había puesto en bandeja el troleo, y los tuiteros oviedistas afearon a Barbón que ponga el grito en el cielo con el incidente del Prado mientras firma con Alfredo Canteli y Margarita Robles un protocolo que destruye parcialmente una joya del patrimonio industrial español como la antigua fábrica de armas de la capital asturiana.

“Pocas cosas unen tanto al bipartidismo como el cemento y el hormigón”

La buena sintonía de los presidentes autonómicos socialistas con los alcaldes de derechas de la capital es una larga tradición en la política asturiana. Si Gabino de Lorenzo y Vicente Álvarez Areces se pusieron de acuerdo para favorecer los intereses inmobiliarios de los Cosmen en la Operación de los Palacios y el rescate del Calatrava, o los de HC en la Fábrica de Gas, Canteli y Barbón son dignos continuadores de la tradición con su apoyo a la Ronda Norte y el protocolo de La Vega. Pocas cosas unen tanto al bipartidismo como el cemento y el hormigón.

Los dilemas de Llaneza

Miles de personas manifestándose por un asunto de política local no es una imagen que se vea todos los días. La plataforma Salvemos La Vega ha logrado unir a ovetenses de todas las ideologías en torno al espacio que puede reinventar la capital asturiana y convertirse en un nuevo símbolo de la ciudad y de la comunidad. En la marcha, que la delegada de Gobierno y secretaria de la AMSO Delia Losa trató de boicotear hasta el último momento, estuvieron cargos públicos de Podemos/Somos, el partido más comprometido en la defensa del patrimonio de La Vega, de IU, Foro y Vox, que no ha tenido miedo en mezclarse con las izquierdas en un asunto en el que intuye puede abrirle un buen boquete por la derecha a Canteli. Bastantes afiliados socialistas participaron a título individual, pero ningún edil estuvo en la manifestación. Tampoco el candidato Carlos Llaneza.

Desde las movilizaciones contra la Ronda Norte, en las que participó activamente, Llaneza se enfrenta al dilema entre convicciones oviedistas y lealtad socialista. Sin embargo, el principal atractivo del aspirante a la alcaldía no está en la identificación con las siglas del PSOE, sino en la identificación con la ciudad. Es su perfil municipalista, netamente carbayón, outsider del aparato de la FSA, el que puede atraer a otro tipo de votante, ese ciudadano volátil, poco encasillable, que ha pasado en la última década por Foro, Somos y Cs. Debe cuidarlo, aunque le pueda costar algún disgusto con la cúpula del partido. Ahí está la clave para 2023.

Reconquistar la alcaldía pasará por asumir cierto grado inevitable de tensión con la dupla Barbón-Cofiño. Es decir, por poner al partido al servicio de Oviedo, y no a Oviedo al servicio del partido. Otra triste tradición de la política local resumida en esa delirante frase de Alfredo Carreño, el socialista que en 2011 se negó a desbancar a Gabino De Lorenzo con los votos de Foro e IU: “¿Cómo voy a presentar candidatura, y si salgo alcalde?”.

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