Los recuerdos de Julián Ariza

El histórico dirigente de CCOO reivindica el papel del movimiento obrero en sus memorias: "El precio de la libertad: recuerdos de un antifranquista".

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Héctor González
Héctor González
Es historiador, sindicalista y anarquista.

88 años es una buena edad para recordar, sobre todo si uno conserva intactas gran parte de sus facultades. Tal es el caso de Julián Ariza, quien presentó hace unas semanas en Oviedo “El precio de la libertad: recuerdos de un antifranquista” (Catarata, 2022). El acto, celebrado causalmente el día que se cumplían 55 años de la última de sus detenciones, justo tras salir de una reclusión previa de 4 años; fue organizada por la Fundación Juan Muñiz Zapico, CCOO de Asturias y el colectivo Tribuna Ciudadana.

Las memorias de Ariza hacen buena aquella reflexión de que toda historia (y sus recuerdos) es contemporánea. No solo porque es desde el presente desde donde se visita el pasado sino también porque es el presente el que genera la inquietud de adentrarse en las vivencias de hace décadas. El veterano dirigente comunista lo dejó patente desde el principio.

Ariza interviniendo en un acto público.

Según relató, la génesis de sus memorias parte de una reflexión acerca de qué hacer frente al descrédito de que las instituciones democráticas y los partidos políticos sufren desde hace tiempo a manos de una parte importante de la sociedad, que los ve como algo caduco. “Sin partidos políticos no hay democracia. Sin sindicatos no hay democracia”, afirmó de manera tajante. “Asistimos hoy a un descrédito general que puede acabar con la democracia. Las libertades se pueden perder” si, más allá de la crítica razonable, plantean la falta de legitimidad del modelo actual. En clara referencia a Díaz Ayuso, manifestó que las apelaciones a la libertad no deben confundir al ciudadano: “Yo me he hinchado a tomar cañas en la dictadura, pero no era libre”. El retroceso democrático hacia un modelo autoritario, aunque no franquista, es uno de los problemas más acuciantes a los que se enfrenta España (y Europa entera).

Julián Ariza, Marcelino Camacho y Nicolás Redondo en una imagen de archivo

Ariza se definió como un dirigente “prehistórico” de CCOO, una persona que aportó al nacimiento de un modelo de reivindicación que posteriormente, otras generaciones transformarían en una “organización de éxito” que siempre se ha comportado con ambición y responsabilidad ante el país, la democracia y la clase trabajadora. En sentido, reivindicó el apoyo explícito del sindicato frente a los pactos de la Moncloa, que permitieron la modernización de la Seguridad Social, y constante preocupación por el empleo: “siempre hemos reivindicado el empleo por encima de todo. Siempre lo hemos considerado más importante que el salario. Ahí están los motivos por los que hemos convocado huelgas generales”.

El veterano sindicalista con Úrsula Szalata y José Manuel Zapico, dirigentes de CCOO de Asturias.

En la última parte de su intervención, Ariza se centró en “reivindicar la Transición”. Expuso que fue la movilización lo que logró imponer la democracia, pero recordando que nunca pudieron desbordar su papel de oposición al régimen, que fue, a la postre, quien hizo las concesiones políticas. “Se hizo lo que se pudo y salió razonablemente bien”. Defendió, para finalizar, la Constitución de 1978, mostrándose muy cauteloso acerca de una posible reforma que, considera, no sería en un sentido favorable a la izquierda: “hoy no tendríamos ese artículo 7 que nos confiere a los sindicatos un papel especial que no otorga, por ejemplo, a otras organizaciones”.

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