Asturies, el país que necesita “una fartura de autoestima”

El periodista Xuan Cándano repasa en 'No hay país' los últimos 47 años de la realidad política de una región que "se ha equivocado de camino"

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Elena Plaza
Elena Plaza
Periodista, formadora en género, contadora de historias y enredada entre ruralidades. En mi haber cuento experiencias maravillosas como Atlántica XXII o Rural Experimenta.

Apenas hace una semana que acaba de salir de imprenta ‘No hay país’, el último libro del periodista Xuan Cándano. Justo 44 años después de que Rafael Fernández formara en Cangues d’Onís “el primer gobierno, de concentración, de la preautonomía asturiana”. Ayer se presentaba en la Biblioteca de El Fontán de Uviéu esta crónica de los últimos 47 años de Asturies surgida de “la necesidad de pensar hacia dónde queremos que vaya” esta región, como explicaba Dani Álvarez, de la editorial Hoja de Lata.

Una reflexión periodística y personal, la de Cándano, que analiza la cronología política “y sentimental”, según añade Álvarez, de Asturies entre 1975 y 2022. Un recorrido que arranca un poco antes, en el tardo-franquismo, para dar contexto a esta entruga de por qué no hay país en esta Asturies nuestra, que en los años 70 era puntera: una región joven, casi con pleno empleo, de las primeras de España en el PIB, con un movimiento obrero pujante, “y grandona, que hasta eso perdimos”, como recordaba el propio Cándano.

Pilar Rubiera, Xuan Cándano y Daniel Álvarez. Foto: Iván G. Fernández.

No hay país se refiere a la debilidad o inexistencia de país en los términos de Jovellanos, no desde un concepto nacionalista o regionalista. Es un lugar determinado con las características de un país, territoriales, culturales, históricas, que tuvo su propia monarquía…, y sin embargo la debilidad de su sociedad lo paraliza”, explicaba el autor.

A lo largo de 30 capítulos Cándano repasa cronológicamente, y desde la visión de un periodista, cómo Asturies se equivocó de camino, y recordaba en la presentación las diferentes evoluciones del resto de las regiones del Norte, Galicia, Cantabria y Euskadi, que apostaron en el desarrollo de sus autonomías por los valores endógenos, mientras que la nuestra lo hizo por lo exógeno en “una autonomía otorgada, que no demandada”.

En torno a tres grandes temas agrupó “lo exógeno” que nos cambió como país, como ese país que “necesita una fartura de autoestima”: lo político, lo económico y lo cultural.

En cuanto a lo político, primó el sucursalismo de los grandes partidos, dependientes de Madrid, aunque Pedro de Silva fue un declarado autonomista. En la actualidad ejemplificó con el PP, a la espera de que sea Madrid quien designe a su candidato o candidata. Un hecho, éste de ser sucursal, que “por momentos resulta hasta grosero y grotesco”.

En lo económico “hay una clara prevalencia de lo exógeno, frente al País Vasco con su apuesta por lo endógeno que supuso motor del desarrollo de su sociedad y de su gobierno”. Desde Asturies “miramos siempre a Madrid: cuando éramos Inilandia, con 50.000 trabajadores, un modelo viejo que pervivió demasiados años; cuando sustituimos a Inilandia, seguimos demandando soluciones, que reindustrializase Madrid; y después la demanda la traspasamos a las multinacionales”.

Y en lo cultural, “Asturies no solo rechazó ese camino, sino que desarrolló un auto odio. Rechazó su identidad, su historia, su movimiento obrero, arrinconó a su lengua y la dexó morrer”.

El movimiento obrero, que vertebró la región desde el siglo XIX hasta principios del XXI, que desapareció, con la pérdida de sus valores como la solidaridad, la justicia social, la igualdad. La clase obrera pervive pero atomizada. “Se decía que Asturies se salva luchando. El movimiento obrero pasó a la defensiva hasta su desaparición. Pero Asturies se salva también pensando”, reivindicó, a la vez que criticó “el cosmopaletismo que tiene que ser desterrado”, frente al concepto de “glocal”, que ya defendía Juan Cueto, también recordado. “Habrá más actividad económica cuando haya autoestima”, sentenció.

Y volvió a referenciar la figura de Jovellanos, del que pidió “no mencionar su nombre en vano. No le seguimos en absoluto aunque tenga calles por todas partes. Jovellanos estaba pegado a su tierra, tenía ese concepto de glocal de Cueto. Fue el primer partidario del asturiano y de la creación de una academia. Su hermana Xosefa fue una gran autora en asturiano”.

No hay país evoca a personajes como Rafael Fernández o Gerardo Iglesias y aborda temas como el arecismo, el gabinismo, el casquismo, el villismo…

Foto: Iván G. Fernández.

Se trata de un libro “sin ningún tipo de ajuste de cuentas”, algo para lo que hay que “saber ser profesional” y coger esa distancia, señaló Cándano, quien afirmó que no quería hacerse spoiler a sí mismo, pero adelantó historias jugosas e intrahistorias. Una crónica periodística que presenta “la realidad bajo mi prisma”, “con una tesis que podéis compartir o no, porque es tremendamente subjetivo”, advirtió.

Y cerró su intervención afirmando que “no soy pesimista, algo que es paralizante y no tenemos motivo para ello. Creo que hay brotes verdes” y se refirió a la Asturies en el exilio, “las leyendas urbanas de Areces”. Confía en las nuevas iniciativas, el talento joven, “grandes proyectos de todo tipo”. Y en este punto se declaró fan de la figura de Rodrigo Cuevas, que representa “una Asturies joven, glocal, desacomplejada” y recordó las palabras de Diego Díaz, director de NORTES y en su día colaborador de ATLÁNTICA XXII, igual que la que firma este artículo: “valientes son los que se quedan para luchar por esta región”.

Intrahistoria es también el origen de este libro, que tanto Dani Álvarez como Xuan Cándano recordaron. Es el homenaje a Luis Arias Argüelles-Meres, quien iba a ser el autor de esta crónica, de título entonces ‘De carbón y de rosas’, del que el propio periodista iba a ser prologuista. El fallecimiento de este profesor “orteguiano, republicano y asturianista” trastocó esos planes que dieron lugar a otra obra, la que hoy tenemos entre manos.

Recuerdo también para protagonistas del libro recientemente fallecidos como Toño Blanco o David Ruiz. Y el agradecimiento para la prologuista, la periodista y escritora Ángeles Caso, ausente en la presentación por motivos laborales y a la que sustituyó en la mesa la también colega, ya retirada como el propio Cándano, Pilar Rubiera, conocedora y lectora de los primeros borradores de No hay país.

Foto: Iván G. Fernández.

Un salón repleto en el que se dieron cita nombres como los socialistas Carlos Fernández Llaneza o Pilar Alonso, primera consejera mujer en el gobierno de De Silva; el ex sindicalista de CC.OO. Salvador González; el ex diputado popular Isidro Fernández Rozada; el diputado de Podemos Dani Ripa; la candidata del partido morado Covadonga Tomé; la concejala de Podemos Equo-Xixón Laura Tuero; o la ex diputada de Ciudadanos Laura Pérez Macho. El músico Xune Elipe; los periodistas José Ramón Paterson, Mercedes Marqués, Melchor Fernández, Alberto Menéndez o Javier Cuervo; el foto periodista Javier Bauluz; el ex presidente de la Academia de la Llingua Asturiana Xosé Lluis García Arias; el cantautor Jerónimo Granda; el arqueólogo Ángel Villa o el comisario artístico, y compañero en ATLÁNTICA XXII, Luis Feás, son algunas de las personas que acompañaron a Cándano en esta presentación de un libro del que ironizó “todavía no podéis retrucar porque aún no pudisteis leer”.

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